Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

Av. Bolivia 5150 (4400), Salta, República Argentina. TE: ++54(387) 425 5560 Fax 425 5458
ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


ESCUELA DE HISTORIA:   REVISTA 15


Año 2016, Nº 15, Vol. 1 Dossier
 

ARTICULOS (04):

De la letra a la acción en Roanoke, la primera tentativa colonial de Virginia (siglo XVI)

(From letter to action in Roanoke, the first colonial attempt in Virginia, XVIth C.)



Malena López Palmero           

         Universidad de Buenos Aires, CONICET/ Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti,
           Moreno 350 (C1091AAH), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

           Email: malelp@yahoo.com.ar



 

Resumen:

La colonización inglesa de Virginia tuvo su primera y fracasada experiencia en Roanoke, entre 1584 y 1590. Este artículo analiza la dinámica colonial contraponiendo las ambiciones de los promotores de la expansión inglesa en Ultramar con la evidencia de la experiencia concreta. El aspecto programático de “la letra” fue desafiado por la acción de colonos que, por su enfrentamiento con los indígenas, debieron abandonar el sueño de una colonia americana en tiempos isabelinos.

Abstract:

The English colonization of Virginia had its first and unsuccessful experience in Roanoke, between 1584 and 1590. This work analyzes the colonial dynamic by contrasting the ambitions of the promoters of the English expansion overseas, and the evidence of its concrete experience in America. The programmatic aspect of “the letter” was challenged by the actions of the settlers, whose confrontation with the natives led to the abandonment of the dream of an American colony in the Elizabethan times.

Palabras clave: Virginia; Roanoke; colonización; siglo XVI

Keywords: Virginia; Roanoke, colonization; XVIth century





      La colonización inglesa de Virginia representa uno de los mayores hiatos entre la letra y la acción de la historia de la expansión ultramarina europea. El primer intento inglés de establecer un dominio efectivo en el Nuevo Mundo fue gestado por Sir Walter Ralegh y tuvo sede en la actual costa del estado de Carolina del Norte, en una región que los habitantes nativos llamaban Wingandacoa en honor a su máxima autoridad, Wingina. Este pertenecía a la tribu Roanoke y residía en una isla homónima, que fue precisamente donde los ingleses levantaron un fuerte en 1585. De ahí que fuera la región de Roanoke el primer escenario de la colonización inglesa, el cual fue abandonado a pocos años de su fundación.

      El proyecto de ocupación de Roanoke fracasó rotundamente. Durante los once meses –entre agosto de 1585 y julio de 1586- que duró la experiencia colonial, se sucedieron conflictos entre colonos e indígenas, que determinaron el fracaso de la colonia También influyeron adversas condiciones climáticas y episodios desafortunados que pusieron en crisis la subsistencia de los colonos en la región. Los colonos, al mando del gobernador Ralph Lane, abandonaron el asentamiento de Roanoke en julio de 1586, valiéndose de la colaboración de Francis Drake, quien haciendo una escala en las costas de Roanoke, ofreció su flota para trasladar a Inglaterra a sus exangües compatriotas.

      A los pocos días del abandono del fuerte, llegó a Roanoke el convoy con los refuerzos enviados por Ralegh por medio de su primo, Richard Grenville. Éste encontró el fuerte destruido y la isla de Roanoke deshabitada, por lo que dejó un grupo de quince soldados al resguardo del emplazamiento y retornó a la metrópoli.

      En 1587 Ralegh envió otro contingente de colonos al mando de John White (un pintor que viajado en la exploración de 1584 y había residido entre 1585-1586). White iba con instrucción de trasladar la colonia a la más segura y rica región de la bahía de Chesapeake, pero este plan quedó truncado a raíz de una discordia entre el gobernador y el almirante del buque, Simón Fernández. A fines de julio de 1587 éste desembarcó a los colonos en Roanoke, con sus pertrechos y pinazas, y regresó a Inglaterra, lo cual imposibilitó a los colonos continuar el trayecto hasta la bahía por mar. White también debía rescatar a los quince hombres que había dejado Grenville, pero no encontró ni siquiera sus rastros. Tampoco pudo el gobernador-artista asegurar un asentamiento para los 115 colonos –hombres, mujeres y niños- a causa de los ataques de los nativos y su renuencia a entregarles alimento en intercambio. White retornó a Inglaterra en una embarcación ligera para buscar refuerzos y llevarlos nuevamente a Roanoke. Pero las hostilidades desatadas entre Inglaterra y España, que desembocaron en la guerra contra la Armada Invencible en 1588, impidieron el uso de flota y provisiones para socorrer a los ingleses de Roanoke. White pudo retornar allí recién en 1590, tan solo para presenciar los restos deshabitados y ruinosos del fuerte. La suerte de ese centenar de colonos sigue siendo, hasta hoy, un misterio.

      La explicación sobre el fracaso de esta primera fundación de Virginia se emplaza en una dinámica concreta de ocupación que se apartó de manera ostensible de los objetivos. El objetivo de este trabajo es, pues, analizar el derrotero colonial tomando como faro la dimensión de los objetivos, lo que en la letra se consignó como colonización deseable, y la dimensión de los hechos concretos, es decir, la propia experiencia de colonización. En el pliegue entre ambición y realidad se destaca la hostilidad entre colonos e indígenas, que fue un factor decisivo en el desfasaje entre la letra y la acción, y por lo tanto, causa principal de la derrota.

      En la letra, manuscrita o impresa, se plasmó el aspecto programático de la empresa ultramarina. Los tratados sobre colonización, elaborados por agentes metropolitanos, se anticiparon a la acción concreta de viajeros y colonos y fueron concebidos como guía para su acción. Tal como apuntó Howard Mumford Jones, estos textos “teorizaban por deducciones o por el ejemplo de las demás [potencias coloniales] sobre el carácter de la futura colonia”.1 Dependiendo del tipo de tratado, puede hallarse una amplia gama de objetivos, desde los más generales que apuntaban a la gloria del reino de Inglaterra, hasta los más puntuales relacionados con aspectos militares, disposiciones legales, prescripciones sobre exploraciones, vínculos con los nativos, etc.

      La acción concreta de los aventureros, sin embargo, se apartó ostensiblemente de la letra durante la frustrada experiencia colonial en Roanoke. Los relatos de viaje dan cuenta del defasaje, en la medida en que recogen la experiencia sobre el terreno, exponen las adversidades que los actores debieron enfrentar y señalan acciones que con frecuencia contradicen al programa colonizador. A la vez, los testimonios de los viajeros enmascaran realidades en función de la posición del enunciador en la empresa de expansión. Como se verá más adelante, las versiones sobre la experiencia colonial durante 1585-1586 difieren según la autoridad y función del autor. Sea por la necesidad de promocionar la continuidad de la empresa colonial en Virginia, sea por la recurrencia a argumentos justificadores de cuantas prácticas desafiaron las instrucciones recibidas, el conjunto de los testimonios expresa interesantes contrapuntos que hacen a la explicación del fracaso del proyecto de Roanoke.

      El análisis exige la confrontación de dos tipos de documentos cuya naturaleza difiere en el carácter y la circulación. Por un lado, los documentos que exponen los objetivos e instrucciones de la empresa colonizadora son mayormente los documentos privados, muchos de los cuales permanecieron inéditos en su época y tuvieron una circulación reducida a los agentes involucrados con la empresa (funcionarios, cortesanos, inversores, militares, etc.). Por otra parte, los relatos de los viajeros, que por ser dados a conocer a un público amplio a partir de sus ediciones y reediciones, fueron sometidos a diversas operaciones de selección, distorsión y omisión de contenidos, de acuerdo a los intereses del autor, del editor, o de ambos. Ello responde principalmente a la necesidad de promover, alentar inversiones, seducir eventuales viajeros, etc. Por otro lado, las omisiones de hechos (que salen a la luz a partir de cotejar con otros documentos en los que la referencia reviste verosimilitud) podrían pensarse como recursos del autor para evitar que se pusiera en duda su autoridad, habilidad, valor o leal servicio.

      Cotejar estos dos tipos de documentos permite revelar un aspecto opaco del proceso histórico de la temprana colonización y que gira en torno a las intenciones de los actores de la colonización. La complejidad del análisis estriba en el carácter transitorio, precario de toda actividad pionera, en la que los resultados de las iniciativas de exploración y conquista eran impredecibles, puesto que la dominación era un orden que debía ser construido, tanto en lo que respecta a la dominación de los habitantes nativos como al disciplinamiento de los propios colonos. De ahí que el método propuesto pretende ilustrar al “proceso de ensayo y error” y de “continuo ajuste” de la temprana colonización inglesa en el Nuevo Mundo.

      Otro problema particular del análisis está dado por el escaso número de fuentes que expresan las intenciones de los agentes coloniales. La documentación disponible hace referencia solo de manera tangencial a los objetivos concretos y los medios para llevarlos a cabo. Esto significa que no se puede hablar, en rigor, de “instrucciones” tal como se aplica en el dominio de la colonia madura en cada una de las potencias de Europa Occidental. En la medida en que Inglaterra de finales del siglo XVI se lanzaba a la carrera ultramarina en una cada vez más franca y abierta rivalidad con España, sus planes debían mantenerse al resguardo de los embajadores y espías ibéricos. La clandestinidad en que se gestó y desarrolló el proyecto de expansión inglés –como así también el francés desde mediados de siglo- explica pues la ausencia de documentos de carácter normativo. A ello se le suma el carácter privado de la empresa, a instancias de una concesión real plasmada en una cédula de colonización. Esta establecía numerosas e importantes prerrogativas al beneficiario, quedando la corona con un estrecho margen de acción para imponer, instruir o intervenir el curso de la expansión. No obstante, personajes con mucha influencia en la corte, como los homónimos primos Richard Hakluyt, expresaron las bases del programa de colonización a través de diversos tratados durante el último cuarto del siglo XVI.

      Uno de los más emblemáticos fue compuesto por el joven Richard Hakluyt, quien expuso los principales objetivos coloniales en su Discourse of Western Planting (1584). Este pormenorizado escrito apuntaba a persuadir a la reina Isabel y otros miembros influyentes de la corte sobre las ventajas de la expansión ultramarina, valiéndose de una retórica anticatólica y antiespañola. De ese modo, Hakluyt expuso un plan de ocupación colonial que permitiría al reino expandir tanto su religión reformada como sus mercados.

      El plan que suponía el descubrimiento y control del pasaje interoceánico en América del Norte, lo cual se pensaba que podía conceder a Inglaterra un predominio en el comercio con el Extremo Oriente. El desarrollo exponencial de las actividades pesqueras en los preciados bancos de Terranova, junto con un mayor tráfico de materias primas para la elaboración de manufacturas en Inglaterra, eran para Hakluyt las soluciones para dos problemas de la Inglaterra de su tiempo. Por un lado, una flota todavía deficiente que mantenía a Inglaterra en una posición rezagada respecto de potencias como Francia o España. Por otro lado, altos niveles de pauperización social que impactaban en un aumento del desempleo y la delincuencia.

      Si bien es cierto que en el Discourse de Hakluyt predominan los alegatos sobre una supuesta gloria de Inglaterra asequible a través de la conquista de los mares, también resulta interesante el tratado por los elementos que podrían ser considerados en una dimensión programática, es decir, en su carácter de guía de acción para exploradores y colonos. Entre estos elementos se cuentan los medios para evangelizar a los indígenas y conciliar alianzas con ellos, tomando ventaja del odio hacia los españoles (especialmente en la región de Florida que Hakluyt pretendía para Inglaterra) y de los conflictos con otras comunidades locales. Con el propósito de alcanzar no solo ventajas económicas sino también la paz social para Inglaterra, Hakluyt propuso el envío de contingentes de compatriotas desocupados que se dedicaran a la extracción de recursos naturales y la labranza. En cuanto a los imperativos geoestratégicos, recomendó la fundación de fuertes en puertos estratégicos en la extensa región que media entre Florida y Cabo Bretón.

      Hakluyt escribió el Discourse mientras cumplía en París sus funciones de capellán y secretario del embajador inglés en Francia, Edward Stafford (tareas desempeñadas entre 1583 y 1588). De manera coherente con su doble condición de clérigo y funcionario de estado, ponderó la expansión del evangelio en los nuevos territorios descubiertos de América. Hakluyt hallaba los fundamentos de su programa en experiencias previas de viajeros europeos, especialmente españoles y portugueses, cuyos relatos éditos -especialmente la colección Delle Navegationi et Viaggi de Giovanni Battista Ramusio, de 1556- pero también inéditos se esforzó primero por adquirir y poco después por difundir a través de sus libros. Los relatos de viajeros habrían demostrado que mientras los portugueses implantaron exitosamente el cristianismo “de acuerdo a su modo” -católico- tras haber afirmado sus colonias en el “Sur” y en el “Este”, los españoles vieron fracasar sus misiones en tierras todavía no conquistadas. Ese era el caso de la zona meridional de Florida, donde los frailes habían sido “masacrados miserablemente por los salvajes”.

      Las guías de acción contenidas en el Discourse of Western Planting fueron confrontadas con la realidad de la primera ocupación colonial inglesa patrocinada por Walter Ralegh. Su medio hermano, Sir Humphrey Gilbert, había sido promotor y protagonista activo de las expediciones para la colonización de las zonas más septentrionales del continente americano, donde al igual que el célebre John Dee, esperaba encontrar el pasaje interoceánico. El viaje de Gilbert, con sus frustrantes y dramáticos resultados (entre los que se cuentan su propia muerte), persuadió a los más activos promotores de la colonización inglesa sobre la conveniencia de conducir los esfuerzos hacia zonas meridionales más aptas. En marzo de 1584 Walter Ralegh se valió de su privilegiada posición en la corte para lograr que le fuera concedida en herencia la cédula de colonización de Gilbert. Al mes siguiente envió una expedición con dos barcos para reconocer las costas del territorio que los ingleses habrían de llamar Virginia.

      Este primer viaje de reconocimiento a las costas del actual estado de Carolina del Norte, comandado por los capitanes Philip Amadas y Arthur Barlowe, llevó mucho entusiasmo a Ralegh y los agentes asociados a él. Barlowe escribió un atractivo informe sobre la geografía del área, recursos naturales y pobladores nativos. Según este capitán, “la tierra es la más abundante, placentera, fructífera y saludable de todo el mundo” y los indígenas la gente más “gentil, amorosa y confiable, desprovista de toda argucia y traición, del modo en que vivían en la Edad de Oro”. Este relato tuvo, sin duda, el efecto esperado en tanto se obtuvieron los apoyos para la preparación del viaje de colonización efectivo que se emprendería el año siguiente. Pero además de su contenido propagandístico, el texto también cumplía en informar sobre las costumbres indígenas y la organización política de las comunidades. Barlowe concluyó su informe afirmando haber cumplido, muy posiblemente, una de las tareas asignadas por Ralegh: “trajimos también a casa dos de los salvajes, hombres saludables, cuyos nombres eran Wanchese y Manteo”. Ellos también sirvieron como los “principales propagandistas de Ralegh”, al ser presentados ante la reina primero, junto a algunas pieles y perlas, y luego ante el Parlamento, para favorecer la ratificación de la patente.

      Con la toma de estos dos indígenas, cuyo grado de violencia es imposible de establecer a partir de los documentos, Ralegh se anticipó a lo que Hakluyt formulara como un requisito para la fundación de la colonia, el cual consistía en aprender la lengua de los nativos. Así, el Discourse prescribía “primero aprender la lengua de la gente cercana”. Manteo y Wanchese fueron asignados a Thomas Hariot, un eminente astrónomo y matemático que prestó servicios a Ralegh como instructor y participó como informante directo en la empresa de colonización de Virginia. Ralegh le encargó a Thomas Hariot que aprendiese de los nativos su lengua y que se esforzase en hacerles entender el inglés, como parte de los preparativos para el próximo viaje. La fundación de una colonia permanente requería de intérpretes, y en este punto Ralegh siguió los consejos de Hakluyt, enviando de nuevo, en abril de 1585, a los dos lenguaraces entrenados por Hariot. Según Alden T. Vaughan, Manteo y Wanchese fueron “traductores conscientes y aliados leales” de los ingleses que visitaron sus tierras.

      El capitán Barlowe también cumplió el cometido de informar sobre las rivalidades existentes entre las comunidades indígenas. De este modo describía la disposición de las distintas fuerzas locales:

      “Contiguo al mencionado país Secotan comienza un país llamado Pomeiuk, perteneciente a otro rey que ellos llaman Piamacum, y ese rey está en alianza con el próximo rey contiguo hacia el poniente, y el país Newsiok, situado sobre un río llamado Neus: Esos reyes mantienen guerra mortal con Wingina, rey de Wingandacoa, pero hace algo de dos años hubo una paz entre el rey Piemacum y el Señor de Secotan, tal como nos dieron a entender esos hombres que llevamos con nosotros a Inglaterra...”.

      El final de la cita demuestra, que fueron Manteo y Wanchese quienes aportaron la información sobre la política local, que Barlowe describió en detalle también respecto de otras comunidades. Tan delicado esfuerzo descriptivo se debía sin dudas a las instrucciones impartidas por Ralegh y acordadas entre él y Hakluyt. En su Discurso, este último expresó la “conveniencia” de “entrar en alianza con los pequeños príncipes, sus vecinos, que están siempre en ligeras guerras unos con otros, y de hacer alianza ahora con uno y después con el otro”, a partir de lo cual, pensaba, “podremos adquirir nuestra propia seguridad y hacernos nosotros mismos Señores de todo”. La intervención en la política local tenía para Hakluyt también aristas comerciales, en tanto creía que “el comercio con la gente… debería ser provocado o bien por cortesía o bien por la política y la fuerza, aliándonos ahora con su pequeño rey, y ahora con otro, etc.”.

      El viaje de reconocimiento que se inscribe en el único testimonio disponible atribuido a Barlowe, muestra un alto grado de acatamiento respecto de las indicaciones de Ralegh y concertadas muy probablemente en conversaciones con Hakluyt. De allí que los exploradores cumplieron en transportar hombres a Inglaterra y en hallar información útil que permitiera asegurar el dominio colonial. El distanciamiento entre la letra y la acción se hizo más visible durante la frustrada experiencia colonial de los años 1585 y 1586. Fue entonces cuando el proyecto de Ralegh y Hakluyt sucumbió ante una realidad que, de tan adversa, dio lugar al abandono. En términos generales, y siguiendo las prescripciones del Discourse de Hakluyt, se identifican rotundos fracasos a la hora de hallar puertos seguros, por un lado, y de mantener relaciones pacíficas con los habitantes locales, por otro.

      En relación con la pretendida posición estratégica, Hakluyt recomendó “construir dos o tres fortificaciones fuertes sobre buenos puertos (de los cuales hay en cantidad) entre Florida y Cabo Bretón, de modo tal que en poco tiempo se hiciera mucho daño tanto a la flota [de España] como a las propias Indias Occidentales”. Estas líneas ponen de relieve un aspecto central del argumento colonizador de la Inglaterra isabelina: atacar a España en los mares americanos, aspecto sobre el cual puede argumentarse un grado alto de realización. El ejemplo más resonante fue la escala que hizo Francis Drake en la costa de Virginia, a mediados de 1586, en su viaje de regreso a Inglaterra, tras asolar dominios españoles en el Caribe. Pero ¿cómo mantener una base de operaciones de piratas sobre puertos de poco calado?

      Ese era el caso de la costa del primer asentamiento de Virginia, con su fuerte en la Isla de Roanoke, emplazado sobre una geografía dominada por bancos y coronada por las Outer Banks o “islas barrera” del litoral atlántico. A la falta de profundidad se le agregan otros dos peligros a esta zona costera, que la hacen merecedora del poco feliz apodo “cementerio del Atlántico”. Lejos de ser un “buen puerto”, esta es una zona vulnerable a los huracanes y además es donde confluyen las corrientes oceánicas del Labrador y del Golfo, provocando oleajes bravíos y la atracción de los barcos hacia la costa. La única ventaja posible de la localización de la primera colonia inglesa en América es señalada por David B. Quinn, para quien “el fracaso de los españoles en 1588 para encontrar el fuerte [inglés] justificó la decisión de ocultarlo en la Isla de Roanoke”. Esta presunta ventaja consta en una carta que el gobernador de Roanoke, Ralph Lane, escribió a Sir Francis Walsingham a mediados de 1585:

      “todas las entradas al mismo [territorio de Virginia] son por naturaleza muy fortificadas hacia el lado del mar a causa de una poco profunda y más peligrosa costa, sobre 150 leguas dispuestas a lo largo de los dominios de su majestad ya descubiertos. De tal modo que no tiene gran actividad naval como para ocuparse”.

      El primer accidente naval fue protagonizado por el Tiger, el barco principal de la flota comandada por Grenville. El 29 de junio de 1585, haciendo su ingreso a Roanoke a través de Wowocon, una de las Outer Banks, “por la impericia del capitán cuyo nombre era Fernando, el Almirante chocó el fondo y se hundió”. Si bien es sabido que el barco no se hundió sino que encalló y debió ser remolcado, el incidente tuvo un alto costo para el contingente recién llegado, ya que las provisiones que llevaba en bodega se echaron a perder. La carta de Lane anteriormente citada hace referencia al arduo trabajo empeñado en desencallar el barco, “con gran ruina de nuestras provisiones, nosotros salvados y nuestro noble barco también”. Ante la dificultad para desembarcar, Gilbert ordenó a Manteo, el nativo instruido por Hariot, para que guiara a uno de los capitanes, John Arundel, a tierra firme. Al menos en este aspecto, las instrucciones de Ralegh respecto de los intérpretes nativos habrían sido de utilidad.

      En cuanto a la construcción del fuerte, se decidió su emplazamiento en la isla de Roanoke, zona de residencia de Wingina y su comunidad, tras un aparente acuerdo entre éste y Lane. Una vez que comenzaron los trabajos de construcción del asentamiento, a principios de agosto, fueron partiendo los barcos de la flota, incluido el Tiger, quedando cerca de un centenar de colonos al mando del gobernador Lane.

      La construcción del fuerte era un elemento clave de la estrategia de ocupación. Una “Nota anónima para la guía de Raleigh y Cavendish” expresa su importancia “para prevenir la invasión de los españoles”, y establece que “el fuerte tendría forma pentangular de esta manera: con cinco bastiones grandes, sus casamatas grandes y abiertas, [y] con una salida al bastión y otra a la calle”. En el centro del fuerte se emplazaría una “plaza comercial”, precisamente en el cruce de las calles rectas que conducen a cada uno de los bastiones. Además, se consigna la construcción de una empalizada y la excavación de una zanja exterior a ella. La nota pronosticaba que “este fuerte, con 500 hombres y la ayuda y aliento del comandante, será finalizado en un mes”.

      La evidencia arqueológica demuestra que la fortificación, si bien contaba con una fosa y un parapeto (no así con una empalizada) fue más reducida y simple de lo que pretendía el autor de esta nota. David B. Quinn no descarta el hecho de que pudiera haberse completado la construcción dentro del mes previsto. Pero no habría sido con la colaboración de 500 hombres, a causa de la temprana partida de los barcos de Grenville. Ello necesariamente desbarató otro plan asociado al de la fortificación: la composición de un ejército de 800 soldados (divididos entre 400 arcabuceros, 100 munidos de espadas, 150 arqueros, 100 piqueros y 50 portadores de armas cortas).

      Hasta aquí se han considerado tres aspectos de las instrucciones que debían cumplimentar los colonos sobre el terreno. El primero, la utilización de los indígenas como facilitadores del proceso de contacto colonial, que implicaba la tarea de recabar información sobre la organización política y las costumbres locales. En este aspecto, los miembros de la colonia habrían tenido sus más satisfactorios resultados. El segundo, el emplazamiento sobre un puerto seguro que permitiera servir de base para ataques a la flota española, por un lado, y desarrollar un dinámico mercado facilitado por las riquezas naturales de la región. Este segundo aspecto sin dudas se vio frustrado ante la realidad de una geografía indócil. La región de Roanoke no solo constituía un puerto en extremo peligroso para la navegación, sino también una tierra poco apta para alimentar a los nuevos habitantes llegados desde el Viejo Mundo. El tercer aspecto relacionado con la construcción del fuerte fue alcanzado con relativo éxito, sin por ello morigerar la situación de extrema vulnerabilidad que atravesó el asentamiento.

      Durante los once meses que duró el experimento colonial en Roanoke, la escasez de alimentos dominó la preocupación de los colonos, sin distinción de rango y en modo creciente. Finalmente la hambruna provocó la hostilidad de los colonos sobre las comunidades para hacerse de alimento, lo cual puso en crisis la propia estabilidad del asentamiento. La falta de alimentos se debió sin dudas a una errada concepción sobre el clima, lo que Karen Ordahl Kupperman ha descripto como “la perplejidad ante el clima [norte]americano durante la temprana colonización”. La historiadora estadounidense ha señalado que los ingleses de finales del siglo XVI se basaban en la latitud para determinar características homogéneas del clima en todo el globo, por lo que esperaban que Virginia compartiera los mismos atributos naturales que el sur de España. Pero si los veranos eran tan calurosos como pensaban, las restantes estaciones resultaron ser mucho más frías que en el sur de Europa. Los pioneros de Roanoke tampoco hallaron las ansiadas materias primas que Richard Hakluyt sintetizó en base a

      “muchos testimonios impresos de las personas creíbles que estuvieron personalmente en América entre los 30 y los 63 grados, tanto en la costa como en el interior del territorio (…), donde encontraron oro, plata, cobre, plomo y perlas en abundancia; piedras preciosas, como turquesas y esmeraldas; especias y fármacos, como pimienta, canela, clavos, ruibarbo, almizcle de ricino, trementina, gusanos de seda mejor que los nuestros en Europa; algodón blanco y rojo; multitudes infinitas de toda clase de bestias (…); cochinilla (…) y muchos otros tipos de colores para teñir telas; (…) toda clase de frutas; (…) toda clase de árboles aromáticos (…)”.

      Las condiciones productivas de la región de Roanoke distaban de ser lo provechosas que Hakluyt creía. Los colonos no hallaron riquezas minerales, ni desarrollaron la producción de vino o de seda. Todavía más grave, fueron incapaces de producir su propio alimento, lo cual fue atribuido al hecho de haber arribado en una estación impropia para la siembra de maíz, el principal producto local. Hariot también hizo referencia a la “falta de medios ingleses para la captura de bestias, peces y aves de caza, que conseguimos sólo con la ayuda de los habitantes y sus medios”.

      A pesar de estas dificultades, los colonos resaltaron insistentemente los prodigios de la naturaleza. Se destaca en este sentido el informe de Hariot, el cual brindaba el más completo muestrario de los “recursos hallados y por desarrollar, así como también de los comercializables y otros”. Por su parte, en una carta al viejo Richard Hakluyt Lane encumbró al territorio descubierto como el más “abundante y placentero del mundo”, atreviéndose a asegurar que “no hay reino en la cristiandad que sea comparable con éste”.

      Llegado a este punto, resulta necesario desentrañar la tensión existente entre abundancia y escasez ñeque se desprende de las fuentes. Ciertamente, el primer término era una pieza clave del discurso destinado a promover la empresa colonizadora, mientras que la escasez se presentaba como una contingencia que fácilmente podría remediarse mediante envíos regulares de provisiones, hombres de oficio para emplear en las distintas actividades productivas, etc. Pero la clave para desentrañar la tensión tiene sede en la conflictividad desatada entre colonos e indígenas, aspecto que es precisamente el más esquivo de los documentos de la época.

      Tal como se señala más arriba, el conflicto entre colonos e indígenas fue decisivo para el abandono del proyecto colonial en Roanoke. Los hombres de Ralegh desafiaron toda instrucción de conciliar relaciones pacíficas con las poblaciones locales, no solo para comerciar, sino también para trabar alianzas, sea en contra de otras poblaciones locales rebeldes, sea en contra de eventuales rivales europeos. Estas directivas fueron una pieza clave del discurso colonial inglés, lo cual explica la omisión o cuanto menos la distorsión de los episodios de confrontación y hostilidad que efectivamente tuvieron lugar.

      En contrapartida, los testimonios de los pioneros de Roanoke comparten la principal característica de presentar un vínculo amistoso con los habitantes locales y destacar las virtudes de su organización política y económica. Los ejemplos más notables son aportados por John White y Thomas Hariot. El artista y avezado viajero John White, elaboró idílicas imágenes en acuarelas que pronto se convertirían en célebres alegorías del buen salvaje americano. Por su parte, Hariot auguraba un dominio colonial pacífico forjado en el propio consentimiento de los indígenas, quienes según su diagnóstico

      “encontrarán que nuestros modos de conocimiento y habilidades exceden a los suyos en perfección y velocidad para hacer o ejecutar, por tanto es más probable que deseen nuestra amistad y amor y que tengan gran respeto por complacernos y obedecernos. De modo que se puede esperar, si los medios del buen gobierno son utilizados, que en poco tiempo ellos sean traídos a la civilización y a la adopción de la verdadera religión”.

      Los marginales trazos de la violencia aparecen en el “Anónimo diario de viaje del Tyger”. El primer ataque de los ingleses se produjo pocos días después de la llegada de la flota, mientras un grupo hacía un viaje de reconocimiento por las tierras interiores. El mencionado testimonio indica que

      “El 16 [de julio de 1585] (…) uno de nuestros botes con el almirante fue enviado a Aquascococke [sic] para reclamar una copa de plata que uno de los salvajes nos había robado, y no recibiéndola de acuerdo a su promesa, quemamos y destruimos su grano y el pueblo, provocando la huida de toda la gente”.

      Gary Nash interpretó el ataque a Secotan como un recurso de los ingleses para amedrentar a los indígenas. Dado que los colonos se encontraban en una posición vulnerable y eran conscientes de ello, la demostración de fuerza habría servido como lección para lograr la sumisión y la cooperación de los nativos. Esta política de intimidación y afirmación de la autoridad ya había resultado efectiva durante las campañas inglesas en Irlanda, en las que, a la sazón, habían participado Richard Grenville y Ralph Lane.

      Pero su aplicación en América resultó contraria a los propósitos de dominación, dado que profundizó la crisis de abastecimiento, en la medida en que los indígenas reacomodaron sus alianzas para defenderse de los invasores europeos y debilitarlos negándose a entregar alimentos. El propio gobernador Lane reconoció, en su reporte dirigido a Ralegh (de septiembre de 1586), que “entre las razones que en general nos llevaron a resolver nuestra partida inmediata con el general Sir Francis Drake” se hallaba la “conspiración de Pemisapan con los salvajes del continente para aislarnos”.

      Para marzo de 1586, cuando los vínculos con los indígenas se habían tensado a causa de las presiones ejercidas por los colonos durante el invierno para hacerse de alimentos, Lane decidió remontar los ríos interiores Choanoke y Roanoke en dirección al norte, donde esperaba dar con tierras de las que se decía eran más ricas, sus ríos más profundos, y donde creían que había abundancia de perlas y cobre. Lane contaba con la información provista por otro grupo de exploradores, que incluyó Hariot y White, el cual habría llegado –se cree parte por mar y parte por tierra- hasta la boca sur de la Bahía de Chesapeake hasta el Cabo Henry, en la boca sur de la mencionada bahía. En este grupo se encontraban Thomas Hariot y John White, quien incorporó trazos de la costa sur de la bahía (el cabo Henry) a su mapa de Virginia.

      Como represalia por la falta de colaboración de los indígenas de la tribu choanoke, y para obtener información más certera de las distancias y recorridos, Lane tomó prisionero a su werowance (o cacique), Menatonon, quien recién después de dos días le brindó la información requerida y fue liberado. Sin embargo, Lane secuestró a su hijo Skiko y lo mandó con algunos de sus hombres al fuerte en Roanoke, negándose a aceptar la oferta de rescate del líder choanoke. En el argumento de Lane, Skiko cumpliría un papel fundamental más adelante como informante de la supuesta conspiración de Wingina.

      Las prácticas violentas de Lane estaban guiadas una lógica militar que suponía que los indígenas eran traidores por antonomasia. Por cierto, esta visión no era excluyente con el reconocimiento de la autoridad que revestían en sus respectivas comunidades. Lane consideró, pues, que Menatonon,

      “a diferencia de los salvajes, era un hombre muy serio y sabio, con un muy buen y singular discurso en cuestiones concernientes al estado, no solo de su propio país y de la disposición de sus hombres, sino también de los vecinos que lo rodeaban, los cercanos y los lejanos, y de los productos que cosechan. Cuando lo hice mi prisionero, en los dos días que estuvimos juntos, me enseñó e ilustró más sobre ese país que lo que yo o algunos de mi compañía habíamos podido averiguar de los salvajes con los que habíamos mantenido conferencias”.

      Lane se jactó de haber sido “muy inquisidor” con Menatonon, para lo cual debió valerse necesariamente de la traducción de Manteo, que lo acompañaba junto con tres nativos más, probablemente enviados bajo presión por el mencionado werowance para oficiar como guías. Lane prosiguió con 40 hombres su recorrido por el río Roanoke en busca de “los países de gran fertilidad”.

      Ciertamente, Wingina había preparado su ofensiva, adoptando el nombre guerrero de Pemisapan luego de la muerte de su más conciliador hermano Granganimeo. Pero esa ofensiva consistió en trabar alianzas con las tribus del interior (Moratuc y Mongoak) para dejar morir de hambre a los exploradores ingleses. Según Lane, Pemisapan hizo correr la voz sobre un posible ataque de los ingleses y ordenó que evitaran todo contacto, para privarlos de maíz y de guías. Las órdenes de Pemisapan fueron acatadas, al punto tal que los hombres de Lane “habiendo remontado el río por tres días”, no encontraron “ningún hombre, ni grano de maíz en ninguno de sus poblados”. Pese a que se estaban quedando sin provisiones, continuaron el recorrido corriente en contra, hasta que uno o dos días después fueron atacados, sin bajas que lamentar, por arqueros desde la costa. Tras este episodio emprendieron el regreso, apenas aliviados con la ingesta de un guiso elaborado a base de hojas de sasafras y la carne de dos mastines que los habían acompañado todo ese tiempo.

      Cuando regresaron los exploradores, Pemisapan se mostró colaborador, probablemente porque el desconcierto provocado por la supervivencia de los ingleses fue asociado a la creencia de que eran inmortales. Así fue que ordenó sembrar y construir presas de pesca para ellos, pero los colonos no podían esperar a la próxima cosecha. Los refuerzos prometidos por Grenville para Pascuas no llegaban, y los pedidos de grano a los indígenas eran cada vez más violentos, a punto tal que Pemisapan decidió abandonar la isla e instalarse en Dasemunkepeuc, próximo en el continente. El propio Lane admitió que una de las causas del retiro era la de “evitar los envíos que diariamente le hacía para proveer de vituallas a mi compañía, sobre lo cual él temía mucho negarme alguna cosa”.

      La retirada de Pemisapan significó, muy probablemente, la renovación de su estrategia de resistencia consistente en dejar morir de hambre a los invasores. El argumento de Lane, sin embargo, insiste en una supuesta conspiración que incluía ataques individuales y el inminente arribo de un ejército compuesto por 700 u 800 arqueros. El 1º de junio de 1586 Lane y algunos soldados se dirigieron hasta Dasemunkepeuc con la pretendida excusa de pactar comercio con Pemisapan, para perpetrar la masacre que así describe:

      “Y una vez que el rey consintió que fuera hacia él, y encontrándome yo entre siete u ocho de sus principales werowances y partidarios (ninguno de los cuales era de común condición) lancé la consigna acordada (que era Cristo, nuestra victoria) e inmediatamente aquellos hombres principales y él mismo, gracias a la misericordia de Dios para nuestra salvación, [recibieron] aquello que se habían propuesto contra nosotros. El propio rey recibió un disparo del coronel con una pistola, yaciendo en el suelo como si estuviera muerto (…) de repente se paró y escapó como si no hubiese sido tocado (…) siendo en el camino disparado en las nalgas por mi muchacho irlandés con mi petronel. Al final, otro irlandés que me servía, un tal Nugent, y el delegado prevoste, lo siguieron en el bosque y lo alcanzaron… volviendo del bosque con la cabeza de Pemisapan en la mano”.

      El ataque impiadoso de Lane contra la máxima autoridad nativa y sus “siete u ocho” dignatarios obturó por completo las posibilidades de un gobierno colonial pacífico. Tras la masacre las comunidades abandonaron las inmediaciones del fuerte, evitando todo contacto. Los hombres de Lane, sin posibilidad de recurrir al alimento indígena ni con medios para obtener el propio, aprovecharon la incursión de Francis Drake, ocurrida unos días después, y abandonaron la colonia para volver a Inglaterra en los barcos del temerario pirata.

      El derrotero de la estadía colonial en Roanoke hasta aquí analizado demuestra que el mayor hiato entre las pretensiones y las concreciones corresponde a la cuestión del vínculo con los indígenas. Prácticas tales como el saqueo y el ataque directo habían sido expresamente prohibidas por el anónimo autor de las “Notas para la guía de Raleigh y Cavendish”. Entre las diez acciones punibles, la mitad estaban referidas al trato con los indígenas:

      “[1] que ningún soldado viole a ninguna mujer”, 2) Que ningún soldado tome cosas de hombre honrado (indígena) por la fuerza, 3) Que ningún indio sea forzado a trabajar en contra de su voluntad (…), 6) que ninguno golpeará o maltratará a algún indio, 7) que ninguno entrará a la casa de un indio sin su permiso”.

      Las severas penas que el autor de estas notas asoció a estos delitos, bien podrían explicar las sobresalientes omisiones y distorsiones de los documentos. Llamativamente, Hariot no hizo mención alguna de confrontación con los indígenas, sino por el contrario subrayó su predisposición para ser gobernados por los ingleses e insinuó su creciente inclinación por abrazar la fe cristiana. Hariot también mencionó que los indígenas “también notaron que no había mujeres entre nosotros ni que teníamos interés por ninguna de las suyas”. El énfasis de Hariot en las relaciones cordiales y la invisibilización de todo conflicto con los nativos fueron las dos caras de un discurso colonial que apuntaba a promover la ocupación de América.

      Contrariamente, tal como se desarrolló más arriba, Lane describió el conflicto en todos sus grados –desde las escaramuzas hasta la ejecución de la máxima autoridad local-. Su énfasis en la conspiración de los indígenas no solo se debe a su ruda formación militar, como señala H. C. Porter, sino también, como sostiene Stick, a su necesidad de encontrar un medio para justificar su fracaso para llevar a cabo las órdenes específicas que le habían asignado.

      La necesidad de establecer un dominio pacífico que garantizase la seguridad del asentamiento y el desarrollo del intercambio comercial fue central en los posteriores y también frustrados intentos de Ralegh de recuperar la colonia. En 1587, el artista devenido en gobernador, John White, se encontró con la situación de una abierta resistencia indígena, que imposibilitó la alternativa, no ya de un dominio colonial pacífico, sino su mera existencia.

      La supervivencia en el fuerte de Roanoke, el cual debieron reconstruir por haber sido incendiado, se hizo extremadamente difícil a causa de la hostilidad de los nativos. La única narrativa sobre este viaje. “The Fourth Voyage into Virginia”, adjudicada a John White, fue también incluida en la primera edición del Principall Navigations de Hakluyt. El documento fue sin dudas elaborado a partir del diario de viaje de White, pero al igual que los otros testimonios sobre Virginia publicados por Hakluyt, existe la posibilidad de que haya sido reescrito parcialmente por Ralegh para acomodar la narrativa a sus propósitos de promoción de la colonización.

      El testimonio de White puso de relieve la hostilidad de los indígenas, a los cuales refirió como “salvajes”. Respecto de la búsqueda de los hombres de Grenville, White informó que la expedición se dirigió primeramente a Roanoke, donde “habían sido dejados nuestros quince hombres, pero no encontramos a ninguno de ellos ni señal alguna de que hubiesen estado allí, exceptuando los huesos de uno de esos quince, al cual los salvajes habían asesinado mucho antes”. A los pocos días del desembarco, prosigue White, “George Howe, uno de nuestros doce asistentes fue asesinado por varios salvajes que habían venido a Roanoke, ya sea con el propósito de espiar a nuestra compañía y en qué número estábamos, o para cazar venado, de los cuales había muchos en la isla”.

      White traía instrucciones de Ralegh de ganarse la amistad de los indígenas, de los que se esperaba que ofrecieran resistencia como consecuencia de la matanza perpetrada por Lane un año antes. Para ello contaban con la lealtad de Manteo, que por segunda vez en Inglaterra había sido apuntado para convertirse en jefe de Roanoke al servicio de los ingleses. Ralegh esperaba que Manteo, que pertenecía al linaje Croatan, se trasladara a Roanoke con su tribu y que se ganara la lealtad de las tribus aledañas. En un principio White y veinte hombres se dirigieron a Croatan para obtener información sobre el destino de los hombres de Grenville, “pero especialmente para conocer la disposición de la gente del país hacia nosotros y renovar nuestra vieja amistad con ellos”. Cuando se acercaron en sus botes con Manteo como mediador, algunos nativos reaccionaron lanzando flechas desde la costa, y cuando lograron entablar un diálogo, éstos le reclamaron que

      “No recojamos ni desparramemos nada de su maíz, del cual tenían poco. Le contestamos que ni su grano ni ninguna de sus cosas serían mermadas por alguno de nosotros, y que nuestra visita era solo para renovar el viejo amor que había entre ellos y nosotros al principio, y vivir con ellos como camaradas y amigos, respuesta que pareció agradarles y por ello nos hicieron ir al poblado”.

      El testimonio de White también da cuenta de otros enfrentamientos, uno de los cuales fue protagonizado por el capitán Stafford, el mismo que en 1585 había participado en el ataque de Secotan como represalia por el supuesto robo de una copa de plata. Las hostilidades irían en aumento, sin posibilidad de alcanzar acuerdos pacíficos, ni siquiera cumpliendo las órdenes de Ralegh respecto de la instauración de un gobierno local en manos de Manteo.

      De hecho, la orden de coronar a Manteo fue acatada “el 13 de agosto”, cuando “nuestro salvaje Manteo, por el mandato de Sir Walter Ralegh, fue bautizado en Roanoke y nombrado Señor de allí y de Desamonguepeuk, en recompensa por su leal servicio”. Este episodio, que constituye el primer caso documentado de la admisión de un indígena a la Iglesia de Inglaterra, manifiesta las intenciones coloniales de Ralegh en América. Éste suponía que Manteo podría ocupar el lugar de Wingina en Roanoke, pero reportando, cual vasallo, a su autoridad. Sin embargo, estas expectativas fueron desafiadas por los werowances de las tribus vecinas, que rechazaron acuerdos de paz con los ingleses y desconocieron la pretendida autoridad de Manteo. Por otra parte, el farsesco ritual feudovasallático quedó eclipsado por una política hostil contra los indígenas que, como entiende David Quinn, era una continuación de la política perseguida por Lane.

      La escalada de violencia, como hemos visto, impactó en un aumento del hambre, por la negativa indígena a entregar alimentos a los colonos. En 1587 White debió volver a Inglaterra a buscar provisiones, para comprobar, tres años más tarde, que las ambiciones coloniales habían cedido de forma definitiva a la realidad del abandono y la desolación. Habrían de pasar dos décadas hasta que se renovaran los esfuerzos, en la vecina y más propicia región de la bahía de Chesapeake, aunque desafortunadamente teñidos de los mismos ominosos métodos.





__________________________________________________________

1 -  Howard Mumford Jones, Este extraño Nuevo Mundo (México: Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, 1966), 142.

2 - William H. Goetzman, “General Introduction” en The Colonial Horizon: America in the Sixteenth and Seventeenth centuries. Interpretative Articles and Documentary Sources, ed. William H. Goetzman (Reading, Massachusetts: Addison-Wesley Publishing Company, 1969) 1. Todas las citas del inglés, tanto de la bibliografía secundaria como de las fuentes, pertenecen a la autora.

3 - Richard Halkluyt, “A Discourse Concerning Western Planting. Writing in the year 1584”, en Collections of the Maine Historical Society. Second Series, ed. Charles Deane (Cambridge: Press of John Wilson and Son, 1877).

4 - Hakluyt, “Discourse…”, 47. Hakluyt hace alusión explícita a la confrontación entre chichimecas y los españoles de Nueva España.

5 - Hakluyt, “Discourse…”, 37, 88.

6 - Hakluyt, “Discourse…”, 45. Más adelante Hakluyt considera que la construcción de un fuerte en las cercanías de Cabo Bretón redundará en mayores ingresos aduaneros, en la medida en que Inglaterra podría forzar a pagar a las otras potencias –España, Portugal, Francia- que enviaban 200 o 300 barcos anualmente. Hakluyt, “Discourse…”, 87-88.

7 - Para Hakluyt, no solo se trata de una misión religiosa hacia fuera, sino también de evitar conflictos en Inglaterra “en cuestiones de ceremonia”, los cuales tendrán su fin. Es decir, su plan es también un remedio contra la disidencia religiosa. Hakluyt, “Discourse…”, 12.

8 - Hakluyt, “Discourse…”, 9. La empresa misionera fue dirigida desde el Virreinato de Nueva España. En 1549, bajo la autoridad del dominico fray Luis de Cáncer, los misioneros intentaron establecerse en la costa noroeste de la península, con trágicos resultados a causa del ataque de los indígenas. Isabel Arenas Frutos, “Intentos colonizadores en Florida a mediados del siglo XVI”, en Congreso de Historia del Descubrimiento (1492-1556). Actas, (ponencias y comunicaciones), ed. Real Academia de la Historia, tomo III (Madrid: Real Academia de la Historia, 1992) 14-16.

9 - La cédula fue concedida el 11 de junio de 1578, dos semanas después de que Martin Frobisher emprendiera su tercer viaje a Newfoundland. La cédula es la primera concesión real a un agente privado para “descubrir, buscar, explorar y observar tales remotas, paganas y bárbaras tierras, países y territorios que aun no sean posesión de príncipes cristianos o estén habitados por cristianos”. Samuel Eliot Morison, The European Discovery of America. The Northern Voyages, A. D. 500-1600 (New York: Oxford University Press, 1971), 566. La empresa de Gilbert estuvo marcada por la desgracia desde un primer y frustrado comienzo, a mediados de 1578. Por entonces la partida se demoró unos meses por mal tiempo y una parte de la flota defeccionó. Cuando el tiempo hizo posible el viaje, las provisiones ya no eran suficientes para afrontarlo, y fue cancelado. En 1583 finalmente partió la flota rumbo a Newfoundland [Terranova] y Norumbega [Nueva Inglaterra], con el calamitoso saldo de dos naufragios, uno al sur de Nueva Escocia y el otro de la fragata que transportaba al propio Gilbert mientras navegaban de regreso a Inglaterra.

10 - [Arthur Barlowe], “The first voyage made to the coasts of America...”, en vol. VIII de The Principal Navigations, Voyages, Traffiques and Discoveries of the English Nation, ed. Richard Hakluyt (Glasgow: McLehose & Company, 1904), 304.

11 - [Barlowe], “The first voyage…”, 305.

12 - [Barlowe], “The first voyage…”, 310. Según el experto David B. Quinn, el texto de Barlowe fue reescrito, probablemente por Ralegh, y de ello se desprende que no hubiera mención de hostilidades entre colonos e indígenas. David B. Quinn, North America. From Earliest Discovery to First Settlements (New York: Harper & Row, 1977) 327. En otro trabajo, Quinn menciona las diferentes actitudes de Manteo y Wanchese frente a los ingleses. Mientras Manteo habría insistido en volver a viajar a Inglaterra en 1586 (retornando a Roanoke en agosto de 1587, donde fue bautizado y nombrado por el gobernador White como Señor en representación de la reina Isabel), Wanchese fue reacio a colaborar con los ingleses y una vez que retornó a la comunidad contribuyó a tensar las relaciones con los ingleses. David B. Quinn, The First Colonists. Documents on the Planting of the First English Settlements in North America, 1584-1590 (Raleigh: North Carolina Division of Archives and History, 1982), viii.

13 - David B. Quinn, “Preparations for the 1585 voyage”, en vol. 1 de The Roanoke Voyages, 1584-1590, ed. David B. Quinn (New York: Dover Publications, Inc., 1991) 119.

14 - “Y ciertos hombres nacidos en aquellas partes fueron traídos a nuestro reino de Inglaterra, [y] cuyos súbditos de su majestad fueron enviados allí por los medios y dirección del mencionado Walter Rawleigh, [gracias a lo cual] singulares y grandes artículos de esa tierra son revelados y siendo conocidos por nosotros”. “Bill to Confirm Raleigh’s Patent…” en vol. I de Quinn, The Roanoke Voyages... op. cit., 127. H. C. Porter señaló que “Ralegh era uno de los nuevos miembros del Parlamento en noviembre de 1584 –junto con Drake, Robert Cecil, Fulke Greville y Francis Bacon. Aparentemente él mismo fue responsable del bosquejo de la cédula”. H. C. Porter, The Inconstant Savage. England and the North American Indian, 1500-1660 (London: Duckworth, 1979) 229.

15 - Hakluyt, “Discourse…”, op. cit., 9. Si bien la expedición de Ralegh retornó a Inglaterra poco antes de que Hakluyt entregase su Discurso a la reina, resulta muy probable que ellos hubiesen discutido y acordado sobre la conveniencia de aprender la lengua de los nativos. Esta conjetura se refuerza con la frase que Hakluyt agrega a continuación, con indicación de tiempo presente: “el don de lenguas siendo ahora aprendido”. Hakluyt, Discourse…, 9.

16 - Malena López Palmero, “Thomas Hariot: viajero y científico de la Inglaterra isabelina”, en Fragmentos imperiales. Textos e imágenes de los imperios coloniales en América. Siglos XVI- XVIII, de María Juliana Gandini, Malena López Palmero, Carolina Martínez y Rogelio C. Paredes eds. (Buenos Aires: Biblos, 2013), 71.

17 - Alden T. Vaughan, “Sir Walter Ralegh’s Indian Interpreters, 1584-1618”, The William and Mary Quarterly, Vol. 59, Nº 2 (April 2002): 343.

18 - [Barlowe], “The first voyage…”, 308.

19 - Hakluyt, “Discourse...”, 96, 107.

20 - Hakluyt, “Discourse....”, 45.

21 - Dirk Frankerberg, The Nature of the Outer Bank (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2012), 18.

22 - David B. Quinn, The Roanoke Voyages... 202 (nota nº 4).

23 - “Ralph Lane to sir Francis Walsingham” (12 de agosto de 1585), en vol. 1 de Quinn, Roanoke Voyages… 200. Quinn apunta que 120 leguas (360 millas o 580 kilómetros) es la distancia aproximada entre Cape Fear y a línea costera de Cape Henry. Quinn, Roanoke Voyages... 200 (nota nº 7).

24 - [Anónimo] “The voyage made by Sir Richard Greenuile, for Sir Walter Ralegh, to Virginia, in the yeere, 1585”, en vol. 1 de Quinn, Roanoke Voyages... 189.

25 - “Ralph Lane to sir Francis Walsingham”, 201. Raphael Holinshed, el célebre cronista de la Inglaterra isabelina, detalló que “el agua salada entró tan copiosamente dentro de suyo [del Tyger] que la mayor parte de su grano, sal, harina, arroz, bizcocho y otras provisiones, que debió haber quedado en el país, se echó a perder”. “The Holinshed account of the 1585 expedition”, en vol. 1 de Quinn, Roanoke Voyages… 177.

26 - [Anónimo] “The voyage made by Sir Richard Greenuile…”, 189.

27 - Algunos barcos partieron con destino a Newfoundland con el objetivo de barcos pesqueros de portugueses y españoles, mientras que el Tiger encaró a fines de ese mes hacia Inglaterra en busca de refuerzos para la colonia. Este último navío, comandado por el propio Grenville, durante el trayecto capturó un barco español de 300 toneladas (casi el doble de tamaño que el Tiger) de valiosas mercancías, que solventaron el costo de la expedición. Karen Ordahl Kupperman, Roanoke, The Abandoned Colony (Savage, Maryland: Rowman & Allanheld, 1984), 27.

28 - “Anonymous notes for the guidance of Raleigh and Cavendish”, en vol. 1 de Quinn, Roanoke Voyages..., 130. Este texto, muy posiblemente escrito en 1584 por un militar, resalta la importancia estratégica del emplazamiento, aconseja sobre la composición de las fuerzas militares y expresa las instrucciones que deben ser ejecutadas por los agentes de la empresa de Ralegh, con mención especial de su comisario principal, Thomas Cavendish, quien protagonizaría pocos años más tarde el segundo viaje de circunnavegación inglés (1586-1588).

29 - “Anonymous notes…”, 132.

30 - “Anonymous notes…”, 133. Las notas también consignaban el envío de labradores, trabajadores de oficio para la construcción, incluyendo un ingeniero, y otros especialistas: un médico, un boticario, un cirujano, un “excelente” pintor. “Anonymous notes…”, 135. De todos ellos, se constata la presencia de un médico al menos hasta septiembre de 1585 (posiblemente habría vuelto con Grenville a Inglaterra) y la más notable participación de un pintor, John White. Llamativamente, la lista no consigna ningún clérigo.

31 - Las excavaciones decisivas fueron realizadas bajo la dirección de J. C Harrington en 1947, 1948 y 1950. A partir del hallazgo de la fosa se pudo determinar la forma exterior del fuerte, el cual guarda semejanza con el que Lane había hecho construir durante la escala en Puerto Rico y que John White representó en una de sus acuarelas. Charles W. Porter, Adventures to a New World. The Roanoke Colony, 1585-1587 (Washington: Office of Publications, National Park Service, 1972) 48-49.

32 - Quinn, Roanoke Voyages… 133 (nota nº 6). La lista de colonos fue publicada por Hakluyt, indicando 107 hombres, además de Ralph Lane. Hakluyt, vol. VIII de Principal Navigations… 117-118.

33 - “Anonymous notes…”, 131.

34 - Cabe señalar otras características climáticas que, como sostiene Kupperman, afectaron las iniciativas de colonización inglesas. Una de ellas, de alcance general, es lo que se ha denominado “pequeña edad del hielo” y que tuvo su mayor intensidad entre 1550 y 1700. Karen Ordahl Kupperman, “The Puzzle of the American Climate in the Early Colonial Period”, The American Historical Review, Vol. 87, Nº 5 (Dec., 1982) 1264. La otra característica típica del clima de los actuales Estados Unidos es que está gobernado por masas de aire provenientes del continente y no del mar, como en el caso de Europa occidental, lo cual hace a su clima más extremo: un “`invierno genuino’ con capa de nieve y un auténtico verano’ intercalado con una corta primavera y un corto otoño”. Kupperman, “The Puzzle…”, 1263.

35 - Hakluyt, “Discourse…”, 34. Hakluyt prosigue su larga lista, hasta “concluir, con razón y autoridad, que todas las materias primas de todos nuestros viejos, decadentes y peligrosos comercios en toda Europa, África y Asia (...) [se podrían obtener] en aquella parte de América entre el grado 30 y el 60 de latitud norte, siempre y cuando la negligencia que sufrimos no permita que los franceses u otros llegaran antes”. Hakluyt, “Discourse…”, 35.

36 - Thomas Hariot, “Breve y verdadero reporte de la nueva tierra de Virginia: de los recursos hallados y por desarrollar, así como también de los comercializables y otros”, en Fragmentos Imperiales...,100.

37 - Así consta en el subtítulo del Brief and True Report en la edición de Principal Navigations de Hakluyt (1589), pero se despliega aun más en la edición original de 1588. Cfr. Hariot, “Breve y verdadero reporte…”, 82 (nota 20).

38 - “Ralph Lane to Richard Halkluyt the Elder and Master H--- of the Middle Temple (3 de septiembre de 1585)”, en Roanoke Voyages… 208.

39 - Para confrontar a rivales europeos, Hakluyt se apoyaba en el ejemplo de los chichimecas, enemigos de los españoles al norte de Nueva España. Habiendo accedido a testimonios que relataban los disturbios allí, Hakluyt concluía que “nosotros (siendo allí [en América] provocados por las injurias de los españoles) podríamos aliarnos con esos salvajes o mandarles o darles armas, del mismo modo que los españoles hacen con nuestros rebeldes irlandeses”. Hakluyt, “Discourse…”, 47.

40 - Malena López Palmero, “Los ecos visuales de la incipiente colonización de Virginia: John White y Theodoro de Bry (1585-1590)”, en El pensamiento crítico desde Sudamérica. Tres años de Huellas de los Estados Unidos, de eds. Fabio Nigra y Valeria Carbone (Valencia: Biblioteca Javier Coy d’ etudis nord-americans, Universitat de València, 2015).

41 - Hariot, “Breve y verdadero reporte…”, 90.

42 - [Anonymous] “The voyage made by Sir Richard Greenvile, for Sir Walter Ralegh, to Virginia, in the yeere 1585”, en vol. VIII de Principal Navigations... 316.

43 - Gary B. Nash, “The Image of the Indian in the Southern Colonial Mind”, The William and Mary Quarterly, Vol. 29, Nº 2 (April 1972) 208.

44 - Ralph Lane, “An account of the particularities of the employments of the English men left in Virginia...”, en vol. VIII de Principal Navigations… 320.

45 - Este grupo habría mantenido relaciones pacíficas con una tribu que Lane identifica como chesepians, pero que Quinn sospecha eran los skicóak. Estos nativos habrían brindado información sobre los dominios de Powhatan en la región delimitada por los ríos Powhatan [James] y Pamunkey [York]. Lane, “An account...”, 321. Muy conjeturalmente, Quinn sugiere que el viaje habría durado entre octubre de 1585 y febrero de 1586. Quinn, Roanoke Voyages..., 245.

46 - Lane, “An account…”, 322-3.

47 - Lane, “An account…”, 329.

48 - Estos otros tres personajes eran “Tetepano, su cuñado Eracano y Cossine”. Lane insinió que la resistencia ya estaba instalada entre los choanoke antes de su visita: “los choanoks y los mangoaks (…) no permitían que nadie nos sirviera, y aquellos que nos sirvieron fueron asesinados”. Lane, “An account…”, 335.

49 - Lane, “An account…”, 321.

50 - Lane, “An account…”, 327.

51 - Lane hace mención a la compañía de “dos mastines, cuyo potaje junto con hojas de sasafras (…) la compañía podría arreglárselas para vivir dos días”. Ni bien Lane anunció el regreso al fuerte, “empezaron a hacer el potaje de perros”, Lane, op. cit., 329, 331. David Stick alude al episodio de la siguiente manera: a los perros, compañeros y guardianes, se les dio una doble función en la tierra de los moratuks –el de vigilancia esa noche, y el de desayuno la mañana siguiente”. David Stick, Roanoke Island. The begginings of English America (Chapell Hill and London: University of North Carolina Press, 1983) 127. De camino, los exploradores saquearon los peces de las presas de la deshabitada tribu de Weapemeoc. Lane, “An account…”, 331.

52 - R. Hariot. Lane alude a una asamblea que habría mantenido Pemisapan con otros werowances, en las que habría dominado la moción de paz, considerando que “algunos tenían la opinión de que nuestros hombres muertos retornaban al mundo, y que no permanecíamos muertos sino por un cierto tiempo, y que después retornábamos”. Lane, “An account…”, 335. Esta creencia también es registrada por Thomas Hariot: “algunos eran de la opinión de que nosotros no éramos nacidos de mujeres y por esa razón no éramos mortales, sino que éramos hombres de una generación remota, que se hubo levantado nuevamente a la inmortalidad”. Hariot, “Breve y verdadero reporte…”, 94.

53 - Lane, “An account…”, 339. Las otras dos causas eran que en “Dasamonquepeio” el suelo estaba roturado para una segunda siembra y que desde allí podía enviar mensajeros a “Weopomeiok y Mandoages”, cargados con cobre para comprar su lealtad militar. Lane, “An account…”, 339

54 - Lane, “An account…”, 341. El irlandés referido era un sirviente de Lane. H. C. Porter señala que “Ralph Lane, que había servido en Irlanda, llegando a ser comisario de Kerry, se llevó algún personal irlandés con él, incluido el muchacho que habría de disparar a Wingina en las nalgas con una pistola cavalry”. Porter, The Inconstant Savage..., 231.

55 - “Anonymous notes…”, 138.

56 - Para el primer delito se consignó la pena de muerte. Para el segundo, la restitución doble, so pena de un año de prisión con latigazos o la condena a galeras por siete años. Para el tercero, tres meses de prisión. Para el sexto delito, sobre el maltrato a indígenas, se prescribía veinte golpes con garrote frente al damnificado. El séptimo indicaba seis meses de prisión o esclavitud. “Anonymous notes…”, 139.

57 - Hariot, “Breve y verdadero reporte…”, 94.

58 - Porter, Inconstant Savage…, 234.

59 - Stick, Roanoke Island…, 132. En este sentido, sostiene el autor, Wingina habría sido visto como un conveniente chivo expiatorio. Stick, Roanoke Island …, 132.

60 - John White, "The Fourth voyage into Virginia with three ships, on the yere 1587. Wherein was transported the second Colonie”, en vol. VIII de Principal Navigations...

61 - White, "The Fourth voyage…”, 391.

62 - White, "The Fourth voyage…”, 392. White retoma esta escena unas líneas abajo, resaltando la crueldad de los atacantes: “y después de que lo mataron con sus espadas de madera, le rompieron la cabeza en pedazos y huyeron por el agua al continente. White, "The Fourth voyage…”, 393.

63 - White, "The Fourth voyage…”, 393.

64 - White, "The Fourth voyage…”, 393.

65 - David B. Quinn, vol. 2 de Roanoke Voyages..., 531 (nota nº 4).






 

ÍNDICE :

REVISTA 2| REVISTA 3| REVISTA 4| REVISTA 5| REVISTA 6| REVISTA 7

REVISTA 8| REVISTA 9| REVISTA 10| REVISTA 11| REVISTA 12| REVISTA 13

REVISTA 14 Vol 1| REVISTA 14 Vol 2| REVISTA 15 Vol 1 Dossier

INICIO - HOME: REHUNSA

ISSN 1669-9041

Cátedras de Historia - Escuela de Historia - Fac. de Humanidades - UNSa - © 2005/2017 Todos los derechos reservados.
www.unsa.edu.ar/histocat  
       histocat@unsa.edu.ar
    800x600 recomendado (10/JUN/2017)


Diseño, Implementación y Mantenimiento:
Ariel Silvio Norberto RAMOS.-