Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 14 

ESCUELA DE HISTORIA
Año 2015, Nº 14, Vol. 2 (segundo semestre)
 

           Colaboración nacional

           (National collaboration)


La influencia de las elites para caracterizar a las clases gobernantes
(The Elite’s Influence Characterizing Governing Class)

Luis Ernesto Blacha           

         CEAR-UNQ/CONICET

           Email: sin mail



 

Resumen:

           Las teorías modernas de las elites interpretan la complejización de los vínculos sociales, a partir de concebir a la sociedad compuesta por una minoría gobernante y una mayoría gobernada. En esta perspectiva, el fundamento del orden social se vincula tanto con la organización interna del grupo gobernante (Mosca, Pareto y Michels) como con la socialización en tanto fundamento del orden social (Wright Mills).

           La propuesta de este trabajo es caracterizar a las clases gobernantes a través de una puesta en valor de “la clase política” (Mosca), “las élites” (Pareto y Michels) y la “élite del poder” (Wright Mills), en dialogo con la sociología figuracional(Elias), el estructuralismo genético de (Bourdieu) y las prácticas gubernamentales del biopoder (Foucault).

Abstract:

           Modern theories of the elite interpret the complexity of social bondings, as they conceive a society formed by a governing minority and a governed majority. From this point of view, the the basis of social structure is connected with not only the inner organization of the governing group (Mosca, Pareto and Michels) but also the socialization related to the basis of social structure (Wright Mills).

           The proposal of this research is to characterize the governing classes through the achievement of “the political class” (Mosca), “the elite” (Pareto and Michels) and “the power elite” (Wright Mills), together with figurational sociology (Elias), genetic structuralism (Bourdieu) and governmental practices of biopower (Foulcault).

Palabras clave: Elites; Poder; Socialización; Estado

Keywords: The Elite; Power; Socialization; State


           Las teorías modernas de las elites abordan el entramado social a través de una conceptualización “realista”,que divide a la sociedad en una minoría gobernante y una mayoría gobernada. Con este esquema mínimo e invariable como punto de partida proponen reflejar las transformaciones que acontecen en los vínculos sociales. Es la perspectiva de los neomaquiavelianos, Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels, donde el fundamento del orden social se basa en la organización del grupo gobernante.

           Este abordaje clásico puede complementarse con la perspectiva sociológica de Charles Wright Mills, quien incorpora la socialización de las clases gobernantes al fundamento de su posición de privilegio. Los ámbitos administrativos, las instituciones educativas y el tiempo de ocio consolidan y actualizan las interacciones de los miembros del grupo gobernante al fundamentar y potenciar la asimetría de las relaciones de poder.

           La organización y la socialización de las clases gobernantes es el punto de partida para caracterizar su constitución y establecer un dialogo entre estas perspectivas pioneras en el abordaje de estos sectores con algunos de los aportes más significativos de la sociología contemporánea. Como parte de la influencia de las teorías elitistas modernas en los abordajes sociológicos contemporáneos, el objetivo es poner en valor “la clase política“de Mosca, “las élites” de Pareto y Michels, así como la “élite del poder” de Wright Mills.

           El entramado social, en donde individuos interdependientes median sus interacciones a través de las relaciones de poder, destaca la importancia de las clases gobernantes y la capacidad mediadora del poder. El estudio de las clases altas es el punto de partida para un estudio interdisciplinar de estas interacciones que consolidan el orden social. Un dialogo entre las perspectivas elitistas modernas mencionadas y los procesos de psico-sociogénesis de la sociología figuracional de NorbertElias, la naturalización de prácticas en habituscomo fundamento del orden social que Pierre Bourdieu, así como las políticas públicas que delimitan el biopoder disciplinar que identifica Michel Foucault. A través de una concepción amplia de las ciencias sociales, el vínculo entre sociología, historia, ciencias políticas y psicología permite destacar cierto carácter fundacional en las teorías elitistas modernas. Su puesta en valor es un ejercicio necesario para poder interpretar la complejización del entramado social y ponderar el impacto de sus transformaciones a través de los vínculos de poder.

La organización de las elites

           La preocupación por dar cuenta de las transformaciones sociales que resultan de la complejización del entramado de interacciones, promueve una perspectiva “realista” del fundamento del orden. Los teóricos neomaquiavelianos -cuyos representantes más destacados son Gaetano Mosca (1858-1941), Vilfredo Pareto (1848-1923) y Robert Michels (1876-1936)- conciben la sociedad divida en una mayoría gobernada y una minoría gobernante, donde el fundamento del orden social descansa en la organización interna de la clase gobernante. Un abordaje que propone una alternativa crítica al modelo de organización social liberal, subrayando los límites de las prácticas democráticas en las sociedades de masas. Una perspectiva que anticipa algunas de las discusiones intelectuales y políticas de la primera postguerra. También supone una “renovación” en el abordaje social del poder, como alternativa a la explicación marxista del fundamento del orden.

           El gobierno de la minoría se justifica por su organización, que se potencia a través de las estructuras administrativas modernas. El poder entendido como “la capacidad de hacer real lo posible” da cuenta de la importancia que tiene estructura interna del grupo para interpretar e interpelar a los actores que conforman la estructura social. La organización debe ser entendida como “la unión estable y ordenada de recursos con vistas a la realización de un proyecto.” A su vez, las estructuras estatales compiten con otras instituciones y prácticas sociales en las distintas áreas de actuación. El Estado debe ser abordado dentro de su entramado de interacción, tal como propone el abordaje contemporáneo de Joel Migdal y destacaron, previamente, los neomaquiavelianos.

           El poder adquiere un carácter “práctico”, que se conjuga con sus implicancias sociales al vincular a los individuos interdependientes como fundamento último del orden social. La consolidación de prácticas y la internalización de normas sociales permite vislumbrar el vínculo de la tradición elitista modernas con las perspectivas sociológicas contemporáneas.Limites y potencialidades se conjugan en el fundamento del orden social y permiten dar cuenta del carácter mediador de los vínculos de poder.

           Los neomaquiavelianos consolidan una caracterización de la clase gobernante identificada como elite. Este término será difundido a escala mundial por Vilfredo Pareto y refiere al vocablo con el cual los franceses designaban a “los mejores”, es decir, a “quienes, por cualquier razón –quizá muy poco valedera- se destacan y se sitúan por encima de los demás.” Desde esta perspectiva, la historia es concebida como el escenario donde surgen y desaparecen los elencos gobernantes que posibilitan la organización social, en un proceso que se extiende desde las antiguas polis griegas hasta nuestros días. Un recorrido histórico que incorpora la perspectiva temporal al análisis de las relaciones de poder.

           En consonancia, la teoría del sociólogo y politólogo Vilfredo Pareto, cuya obra influyera en los trabajos del jóvenTalcott Parsons, interpreta que la historia es “un cementerio de aristocracias.” Los momentos de auge de estos grupos gobernantes se alterna con los de su decadencia. Es posibleidentificar dos tendencias contrapuestas que conviven en todas las sociedades humanas: "el instinto por las combinaciones" y "la persistencia de los conglomerados". La primera es la búsqueda por establecer nuevas relaciones sociales mientras que la segunda es un impulso conservador por mantener "las combinaciones ya formadas". A nivel analítico, ambas conforman el orden social y por este motivo las élites deben mantener un equilibrio entre estas tendencias contrapuestas. Estos autores identifican un dinamismo en los vínculos de poder, que deben actualizarse a pesar destacar el carácter estático con el que interpretan al orden social.

           El carácter actualizable del orden social es un descubrimiento de los neomaquiavelianos cuando lo vinculan con las transformaciones del entramado de interacciones. La clase gobernante debe incorporar a nuevos individuos, para que el grupo de referencia no pierda las “virtudes” que justifican su posición de privilegio. Una interdependencia que puede ser interpretada desde el vínculo saber-poder, que Michel Foucault identificará como parte del fundamento del orden social. Perspectiva en la cual los actores son constituidos por las prácticas gubernamentales que delimitan y potencian sus interacciones.

           En la tradición elitista moderna es Gaetano Mosca quien destaca la importancia del consenso para delimitar el vínculo gobernantes-gobernados. A través de la “fórmula política” caracteriza al conjunto de valores, creencias, sentimientos y hábitos comunes que resultan de la historia colectiva de un pueblo y se corresponde con “una genuina necesidad de la naturaleza social del hombre, (...) de gobernar y sentirse gobernado, no en base a la fuerza material e intelectual, sino a un principio moral” . Es un intento por representar el consenso popular acerca de lo que es considerado “justo” para una comunidad, en una época determinada y puede ser interpretado como equivalente del concepto weberianode “legitimación”.

           La fórmula política también incluye al aparato administrativoque delimitando el modo y el alcance de los vínculos de poder. El orden social adquiere un carácter interdependiente del orden social en la perspectiva de Mosca, que demanda a los miembros de la clase gobernante actuar en varios órdenes sociales. La fórmula política también media entre los distintos proyectos que pugnan dentro del grupo. A su vez, el crecimiento de las estructuras administrativas refleja la complejización del entramado social y la importancia de la división del trabajo para el sistema productivo, pero también para los vínculos de poder. Desde una perspectiva amplia de las ciencias sociales, Mosca, Pareto y Mitchels combinan las preocupaciones fundacionales de la ciencia política con las de la sociología y construyen un fundamento del orden social que también incluye implicancias psicológicas. Es una alternativa al marxismo, pero también al liberalismo en la interpretación de las sociedades de masas.

           Las teorías elitistas modernas comparten una perspectiva “realista” de los vínculos sociales, en donde la democracia de masas es interpretada como el método que utilizan los distintos grupos gobernantes, a la manera de oligarquías, para dirimir la competencia por el poder y legitimar su posición gubernamental. Este enfoque es desarrollado con particular interés por Robert Michels, para quien es una constante “la dominación de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores.” Estas críticas reflejan tanto el carácter actualizable del fundamento del orden social como la capacidad diferenciada para resignificar elementos culturales de gobernantes y gobernados.

           El abordaje de Michels denota una preocupación por los mismos problemas que “predominaban en las obras de contemporáneos suyos como Schumpeter, Mannheim, Lukács, Geiger, De Man, Ortega: democracia, socialismo, revolución, lucha de clases, sindicatos, intelectuales, élites, masas, nacionalismo e imperialismo en la civilización occidental.” Su contribución consiste en su análisis de “los presupuestos organizativos, sociopsicológicos y no económicos que, si no se combaten firmemente, dan origen a la formación “de un estrato social dominante, germen o de una futura clase”.” Los aspectos políticos del poder consolidan una “subordinación por medio de la teatralidad, más ostensible en unas sociedades que en otras, en tanto que sus diferencias civilizadoras las distribuyen en distintos niveles de “espectacularización”.” En esta representación hay jerarquización y diferenciación entre los actores que potencia el alcance de las decisiones políticas e incrementa la estabilidad del orden social. También permite incorporar las preocupaciones weberianas a un estudio de caso concreto, como es su abordaje del Partido Socialdemócrata alemán.

           Es otro punto de contacto con los padres fundadores de la sociología porque ambos destacan la complejización del entramado social. En toda organización social surge una “ley de hierro de la oligarquía”. La minoría gobernante se diferencia del resto de la sociedad y lucha con todos sus medios institucionales y sociales para conservar la posición gobernante. El rol del “experto” y sus “pericias” son interpretadas como parte de la autolegitimación que refuerza la organización del grupo. Los líderes aumentan, paulatinamente, sus “atributos” y se diferencian de los gobernados a través de un conjunto de saberes que fundamentan la asimetría de los vínculos de poder.

           A su vez, recientes interpretaciones de la teoría weberiana, como la que desarrolla Paul DuGay, destacan la importancia de las estructuras administrativas para promover la democracia en las sociedades de masas. El saber-poder permitiría una mayor división del trabajo y de los vínculos de poder, acordes a la complejización del entramado social, pero también una mayor participación ciudadana. El saber adquiere un carácter fundacional del poder y es imprescindible para la consolidación del orden social.

           En el caso de Michels, el autor pareciera reconocer sólo una parte de estas implicancias, en base a sus críticas de la democracia de masas y su descreimiento de la participación ciudadana. La democracia la concibe como “un culto de incapacidad y en un mezquino temor a asumir cualquier responsabilidad.” De todos modos, Juan Linz retomando a Giovanni Sartori, afirma que “los desarrollos antidemocráticos de sus teorías son los aspectos menos realistas de sus obras, o, mejor dicho, los aspectos más afectados por sus preferencias.” Estas limitaciones a las prácticas democráticas permiten reconocer la importancia del liderazgo en las sociedades modernas, que supone un punto de atención para las perspectivas liberales y las socialistas.

           La importancia de la organización del grupo gobernante como fundamento del orden social también destaca el carácter potencial del poder. Los vínculos sociales están mediados por las relaciones de poder y el orden social supone un conjunto de prácticas intersubjetivas que los actores internalizan. El carácter amplio de la “organización” que destacan los neomaquiavelianosrefleja las múltiples formas que adquieren los vínculos de poder y su capacidad mediadora de las interacciones sociales. El reconocimiento de estas implicancias en los vínculos sociales es un acierto de las teorías elitistas modernas que dan cuenta de las importantes transformaciones sociales acontencidas en las sociedades occidentales a principios del siglo XX.

La socialización de la elite del poder

           La propuesta de Charles Wright Mills se diferencia de la perspectiva neomaquiavelianapor tratarse de un abordaje sociológico que incorpora la socialización al fundamento del orden social. El análisis de la clase gobernante se convierte en central para abordar la estructura social. Es un abordaje que conforma “una crítica clásica a la estructura de poder de Estados Unidos, pero también es evidente que el mundo ha cambiado profundamente en los cincuenta años transcurridos desde su publicación.”

           En relación con los neomaquiavelianos, el foco del análisis se desplaza de la organización interna como fundamento del orden social a la toma de decisiones gubernamentales con alcance nacional. El fundamento último de la asimetría de las relaciones de poder será la socialización de los miembros de la “elite del poder”. Su rasgo característico es la intercambiabilidad de funciones entre sus miembros a través de los diferentes órdenes de la sociedad, entre los que se destacan para Wright Mills, el económico, el político y el militar. Esta interacción supone un alto grado de interdependencia, a partir de la intensa socialización compartida de sus miembros que refleja la complejización del entramado social. Los ámbitos de interacción, las instituciones educativas y las estructuras administrativas cobran renovada significación como fundamento del orden social. El poder se convierte en un proceso que puede “determinar, dirigir, decidir la acción de otra persona.” El Estado se inserta en la sociedad, tal como propone Joel Migdal.

           Las interacciones tienen un carácter potencial que se multiplica al insertarse en las estructuras administrativas del Estado moderno. Los desarrollos del sistema productivo son referencia ineludible para dar cuenta de la complejización del entramado social. La división del trabajo también incluye a las esferas de poder, dando cuenta de la complejización del entramado social y de un contexto en crecimiento. Los contextos de interacción se delimitan mientras se expande el alcance de las decisiones políticas que toman los grupos gobernantes. Es un abordaje que encuentra continuadores en otros países, como sucede en el caso argentino con la obra de José Luis de Imaz y su preocupación por “los que mandan.”

           Las estructuras administrativas son interpretadas como ámbitos de socialización, que aumentan la intercambiabilidad e interdependencia de los miembros de la clase gobernante y potencian el alcance de sus decisiones. En estas interacciones se delimita un “ethos” burocrático que configura un conjunto de prácticas y responsabilidades que caracterizan a los funcionarios y delimita su accionar. Desde una interpretación reciente de la teoría weberiana del Estado, Paul DuGay sostiene que este “ethos” es fundamental para la consolidación de la democracia. A su vez, Wright Mills enfatiza que sólo a través de las estructuras administrativas que conforman el Estado moderno es posible dotar de alcance nacional a las decisiones políticas de la elite del poder. La socialización se combina con la generación de saber que delimita los vínculos de poder y determina la interacción social.

           La originalidad de la elite del poder que propone Wright Mills, la diferencia de la aristocracia porque no refiere a una nobleza hereditaria a pesar de los orígenes similares de sus miembros y de la educación común. La socialización internaliza pautas de comportamiento y normas sociales que pueden ser interpretadas a través de algunos elementos desarrollados por la sociología contemporánea. El poder adquiere características espaciales, al delimitar prácticas y dotar de, al menos, escala nacional a las decisiones de la minoría gobernante. La delimitación de un territorio nacional se convierte en una propiedad indispensable del Estado-Nación que Wright Mills incorpora a su abordaje de la élite del poder. A través de la consolidación de fronteras, nacionales, pero también administrativas, se delinean las interacciones institucionales que potencian la socialización entre los miembros de la minoría gobernante.

           Las preocupaciones de Wright Mills encuentran continuadores en autores contemporáneos que analizan a los grupos que toman decisiones con implicancias planetarias desde la cúspide de la pirámide social. Esta élite global refleja que “la era del poder vitalicio heredado ha terminado, y ahora la influencia es transitoria para la mayoría de los miembros del grupo.” En consecuencia, la estructura de esta clase global “es mucho menos estable, menos formal y menos formalizada que las élites nacionales u otras con raíces históricas más profundas. Esto se debe, en gran parte, a la mayor movilidad y democratización de las sociedades, así como al hecho de que esta nueva élite tiene menos tiempo para establecer los mecanismos y asegurar su estatus.” La socialización permite consolidar un sentido práctico entre sus miembros que actualiza el orden social e interpela a todos los actores sociales. Son vínculos entre redes, donde “trabajar juntos, hacer negocios juntos, participar en las juntas directivas y asistir a las fiestas de gala con cosas que ayudan a forjar las redes que potencian y definen a la clase superior.”

Las élites y la moderna teoría social

           Los dinamismos del poder se reflejan en su “naturaleza polimorfa”, que se vincula con la división social del trabajo y la interdependencia subjetiva. Cuestiones que son centrales para la sociología contemporánea. La creciente individualización es un proceso posibilitado por el desarrollo de la estructura social. La evolución del autocontrol individual, de los monopolios fiscales y de la violencia legítima por parte del Estado, son el marco de referencia ineludible para comprender la organización de las sociedades modernas y la constitución reflexiva de los sujetos. La sociología figuracionalde NorbertElias (1897-1990) propone una perspectiva interdisciplinar de amplio alcance temporal y espacial para dar cuenta de estas transformaciones.

           El fundamento del orden social adquiere un carácter dual: son procesos sociales y, al mismo tiempo, individuales. Esta interdependencia destaca el dinamismo de las interacciones sociales, así como “los impulsos de la creciente centralización del poder.” . El entramado de interacciones sociales supone un “marco de referencia” que no sólo posibilita las acciones sociales y reúne las interacciones pretéritas. Se estimulan ciertas prácticas mientras se limita otras, transformando en sociales las acciones individuales.

           El carácter dinámico del poder hace referencia a un proceso cuya trayectoria puede reconstruirse de forma analítica pero siempre está latente cierto margen de incertidumbre. Elias identifica este carácter “incierto” como propio del mundo social, entendido como “configuraciones de hombres interdependientes." La multiplicidad de entramados resulta en relaciones de poder variables y vinculan el pasado con el presente y el futuro. Es lo que Elias caracteriza como configuración, es decir, “ese tejido concreto que toman las diversas interdependencias humanas.”

           Los procesos de psicogénesis y sociogénesis, son las herramientas acuñadas por la perspectiva figuracionalpara destacar la importancia explicativa del contexto de interacción social. También subraya el “desarrollo” paralelo entre la internalización de la norma social en los individuos y la consolidación de las estructuras administrativas que resultan en el Estado burocrático y racional moderno. A estos procesos de escala occidental, el autor los unifica en el “proceso civilizatorio”. Estos cambios se observan a nivel colectivo -la "sociogénesis"- como a nivel individual -la"psicogénesis"- donde la mayor diferenciación de los roles sociales entre los individuos, aumenta su interdependencia y resulta en un mayor desarrollo sujetivo. El vínculo psico-sociogénesisrefleja las dos escalas de un mismo proceso.

           Esta interdependencia individuo-sociedad de la sociología figuracional limitael alcance de la “ley de hierro de la oligarquía” que propone Robert Michels, porque las características subjetivas que este último destaca no supondrían una internalización de normas sociales sino un reflejo de las relaciones de poder imperantes. En la perspectiva de Michels los gobernados podrían fingir su apoyo a un grupo gobernante que resultaría en un rápido debilitamiento del fundamento del orden social si otro grupo más “efectivo” entra en escena. Las implicancias de la teoría de Elias complejizan el estudio del poder y dan cuenta de la capacidad de estos vínculos para interpretar el contexto de interacción e interpelar a sus actores. El aporte de Michels da cuenta de los límites que tienen las prácticas institucionales y cómo son permeables a las interacciones imperantes en el entramado social.

           El vínculo entre socialización y orden social también incluye el uso y resignificación de los elementos culturales compartidos, a través de los cuales se incorporan las normas sociales. Es un proceso en el cual los actores y las instituciones se constituyen y consolidan de forma interdependiente. El ámbito de interacción permite la “conformación del espacio, donde los respectivos hombres, si no juntos, al menos en unidades parciales, conviven o pueden convivir efectivamente." En estos espacios, “los conflictos son, entonces, un aspecto de las estructuras sociales y no una respuesta instintiva predeterminada por la naturaleza humana.” Las estructuras estatales deben interpretarse en su inserción en el entramado social, para dar cuenta de sus límites y potencialidades.

           La interacción gobernantes-gobernados supone una relación social, en donde su propia condición de posibilidad es también, social. La minoría gobernante debe poder dar cuenta de la evolución de los procesos de psico y sociogénesis para fundamentar su posición. La sociología figuracional aporta matices a la perspectiva neomaquiaveliana a la vez que refuerza el alcance de las decisiones políticas tomadas por un pequeño grupo gobernante. A través de la obra de Elias pueden caracterizarse as actualizaciones en las relaciones de poder que influyenen la internalización de las normas. La internalización de pautas sociales incluye distintos tipos de normas moldean las prácticas individuales, convirtiéndose en fundamento del orden social. Una vez incorporadas difícilmente pueden ser cuestionadas sin implicar crisis a nivel individual.

           Los vínculos de la sociología figuracional con la propuesta de Wright Mills se establecen en la importancia de la socialización como un proceso de capacitación, selección y delimitación de los individuos que se produce simultáneamente a la consolidación de las estructuras administrativas centrales. En ambas perspectivas, la educación tiene una importancia central para la socialización porque supone la incorporación de elementos culturales compartidos en las primeras etapas de la vida del individuo y su continua actualización. Ambos abordajes otorgan especial atención al carácter variable de la interacción social que contrasta con la visión pesimista del “realismo” neomaquiaveliano. A su vez, la sociogénesisdestacala existencia de cierta coincidencia entre el fuero interno subjetivo y el contexto social de actuación. La sociabilidad como fundamento del orden social potencia su importancia.

           El vínculo intenso entre los individuos y el entramado social también es destacado tanto por los habitus de Pierre Bourdieu (1930-2002) que suponen la naturalización de prácticas como por las políticas públicas que implementan el biopoder de Michel Foucault (1926-1984). En el caso de este último, las normas sociales no sólo se internalizan, sino que se encarnan en los actores. Los espacios físicos de las instituciones dan cuenta de esta preocupación por “gobernar” sujetos. El poder es una tecnología basada en el saber, que se perfecciona para dar cuenta del dinamismo del mundo social y de sus “ciudadanos”, que resulta en la consolidación de un complejo orden social.

           La división social del trabajo refleja la complejización de las interacciones sociales y la consolidación del sujeto moderno con conocimientos que lo caracterizan y prácticas que lo individualizan. A través del concepto de habitus, Bourdieu destaca la interdependencia individuo-sociedad, así como el carácter polimorfo del poder. El habitus debe ser entendido como una estructura estructurante que determina lo que un individuo puede hacer. Son “sistemas de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes.” Permite al actor economizar el cálculo y la reflexión a través del uso de esquemas de clasificación y de percepción que se vinculan con el orden social vigente. También destaca cierto grado de libertad de acción que destaca el carácter actualizable del poder en las interacciones sociales.

           El orden social se complejiza al tener en cuenta aspectos materiales y simbólicos. El capital cultural adquiere una importancia destacada como fundamento de un orden social determinado a través de las distintas esferas sociales, a las que define como “campos”. Es una redefinición del fundamento de las relaciones de poder que pasa de una legitimidad a la “naturalización” de las prácticas sociales que conforman los habitus. El concepto marxista de capital expande sus implicancias de la esfera económica a la sociocultural y política.

           El poder “existe físicamente, objetivamente, pero también simbólicamente.” Es un proceso donde las prácticas actualizan sus fundamentos. A través de los habitus se asegura la reproducción del orden social, estableciendo continuidades -y la consiguiente posibilidad de rupturas- entre distintos momentos de un continuo histórico socialmente constituido. Se genera una situación donde “la libertad condicionada y condicional que él asegura está tan alejada de una creación de novedad imprevisible como de una simple reproducción mecánica de los condicionamientos iniciales.” Además, Bourdieu insiste en las estrategias utilizadas por los diferentes grupos sociales para extender en el tiempo su posición privilegiada dentro del campo. La fórmula política y las estrategias que implementa la elite del poder pueden ser interpretadas como parte de la extensión temporal y espacial del habitus. Un modo de abordar el carácter actualizable del poder que identifican tanto el estructuralismo genético de Bourdieu como los neomaquiavelianos.

           El carácter actualizable y reproducible del poder potencia la diferenciación social que promueve el carácter “transferible” del habitus. La socialización promueve prácticas y un conjunto de conocimientos que se vinculan con la “experiencia” que Michels identifica con las prácticas institucionales y Wright Mills con las estrategias familiares de los miembros de la elite del poder. El carácter práctico del habitus se fundamenta en el conocimiento que los actores tienen del mundo social. Su carácter reproductivo coexiste con su capacidad para “producir prácticas en número infinito, y relativamente imprevisibles (como las correspondientes situaciones), pero limitadas no obstante en su diversidad.” La sociología de Bourdieu permite identificar las prácticas concretas que resultan en estrategias para reproducir el capital simbólico.

           Los actores establecen estrategias con distinto grado de efectividad que promueven o debilitan la perpetuación de asimetrías. La posibilidad de que surjan cambios, así como la continuidad de lo establecido, se presentan como mutuamente conformados por certezas e incertidumbres propias de lo social. La tensión entre novedades y continuidades adquiere gran relevancia en el sentido práctico, como “dominio práctico del sentido de las prácticas y de los objetos permite acumular todo aquello que va en el mismo sentido, todo lo que se combina al menos groseramente sin dejar de ajustarse a los fines perseguidos.” Esta capacidad para resignificar los elementos culturales disponibles promueve tanto la actualización del orden social como la posibilidad transformaciones paulatinas. El equilibrio entre “conglomerados” y “combinaciones” que teoriza Vilfredo Pareto adquieren nuevas implicancias en estos abordajes sociológicos contemporáneos que promueven los aspectos culturales del poder. A su vez, la fórmula política de Mosca actualiza y reproduce el fundamento del orden social a través de métodos que van mucho más allá de la política, como son la educación, la sociabilidad y hasta el “sentido social del gusto.”

           La internalización de las normas sociales adquiere un nuevo significado con la perspectiva disciplinar del poder de Michel Foucault (1926-1984). El poder es “el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; los apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras.” Es omnipresente, en tanto “se está produciendo a cada instante” y, a su vez, viene de todas partes. Esta continua reproducción del poder, delinea las acciones de los sujetos, tal como sostienen los habitus de Pierre Bourdieu. El saber es fundamental en esta caracterización del poder porque el punto de partida para vincular la consolidación de las estructuras administrativas con el surgimiento de individuos que se convierten en ciudadanos. La fórmula política de los neomaquiavelianos también puede ser interpretada como el conjunto de saberes que posee la minoría gobernante para adaptar su posición de privilegio a la actualización del fundamento del orden social. Es un punto de contacto entre el vínculo saber-poder de Foucault y las prácticas de las elites neomaquivelianas.

           La perspectiva foucaultiana destaca que no puede interpretarse la internalización de las normas sociales sin tener en cuenta la regulación disciplinar de las conductas y de las necesidades individuales. Además, con la consolidación del aparato estatal, se politizan las características biológicas de los actores y se consolida una “economía” característica de las políticas públicas. Tal como propone Elias, el incremento de la calculabilidad que caracteriza a las sociedades modernas tiene su influencia en la conformación de los actores sociales que internalizan normas y parámetros de comportamiento.

           Las prácticas administrativas del Estado moderno promueven un ethos característico en los funcionarios que se fundamenta en la selección originada en títulos académicos y capacitaciones específicas. En este sentido puede afirmarse que “los Estados nacionales se desarrollaron y cambiaron a medida que interiorizaban las diferentes racionalidades parciales y contestadas del capitalismo, el militarismo y la representatividad.” El carácter práctico del poder circula en los ámbitos administrativos estatales y amplía la importancia de esta institución en el entramado de relaciones sociales, donde el propio Estado interactúa con múltiples grupos que compiten por legitimar su autoridad. Tal como destaca Robert Michels el conocimiento necesario para participar en las estructuras administrativas consolida un conjunto de expertos que se diferencia del resto del entramado social. La división del trabajo social en los ámbitos del poder encuentra su correlación con las transformaciones del sistema productivo mientras fundamenta la asimetría de los vínculos y complejiza el sostén del orden social.

           El biopoder supone la politización de los rasgos biológicos fundamentales del hombre que se inicia en el siglo XVIII en Europa. Sus consecuencias se expanden por la todo del entramado social y es “un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo” al proveer el control de los cuerpos individuales en el aparato productivo. Es una perspectiva que pareciera trascender la propuesta de NorbertElias en tanto el poder social produce marcas visibles en los cuerpos de los ciudadanos. La politización de los cuerpos subraya la interdependencia entre el biopoder y el surgimiento de la “población” como objeto de gubernamentalidad. Esta racionalidad propia del gobierno tiene como finalidad transformar a la población en sujeto de necesidades, en las cuales el Estado debe intervenir a través de prácticas e instrumentos. La población se convierte en “problema económico y político” con sus propias variables, tales como la natalidad, la mortalidad, la fecundidad, la salud pública, la alimentación, la vivienda. A través de la “población” Foucault pareciera otorgar “un cuerpo” a la psico-sociogénesis de la perspectiva figuracional mientras amplía la influencia de la élite del poder en la vida de los ciudadanos.

           Este conjunto de prácticas es “un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo; éste no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos.” El surgimiento del capitalismo supone una resignificación de las “funciones” del poder que “ya no apunta a reprimir sino a controlar y regular la vida y los movimientos de las poblaciones.” Surgen entonces un conjunto de políticas públicas interdependientes que Foucault identifica con la gubernamentalidad, es decir, “el poder que se ejerce sobre la población concebida como un conjunto de procesos vitales, el poder que actúa como una técnica de regulación de los intercambios metabólicos entre el Estado y la sociedad.”

           En el abordaje focaultiano, el Estado adquiere una importancia inusitada en la conceptualización del poder acuñada por los neomaquiavelianos. Su “realismo” pesimista es reemplazado por otro más “real”, cuyas prácticas constituyen no sólo ciudadanos sino también “hombres”. Las relaciones de poder cobran una nueva perspectiva, la de los cuerpos, y el orden social se encarna en los ciudadanos. Foucault concibe un Estado con múltiples funciones, acorde a su omnipresencia, tareas que en parte delinea la elite del poder Wright Mills. A su vez, la organización del grupo gobernante posibilita estas múltiples ocupaciones del biopoder que conjugan socialización, organización, psico y sociogénesis y habitus. Para Michel Foucault el Estado asegura “el mantenimiento de las relaciones de producción” y resignifica las prácticas institucionales anteriores. La tensión entre “conglomerados” y “combinaciones” de Pareto adquiere nueva dimensión con la biopolítica.

           Tal es el caso de la gubernamentalidadque “se ocupa de nuestra capacidad, cada día mayor, de controlar, administrar, modificar, redefinir y modular las propias capacidades vitales de los seres humanos en cuanto criaturas vivas. Es, como sugiero, una política de “la vida en sí”.” Las políticas públicas vinculadas al biopoder, resultan en la configuración de una “población” entendida como un amplio conjunto de individuos que es identificable y mensurable a través de un espacio y tiempo delimitados.El conjunto de prácticas que conforman las políticas públicas puede vincularse con la fórmula política de Gaetano Mosca. Tanto Foucault como el politólogo italiano destacan el vínculo entre el poder y la resistencia, que delimitan el alcance de las prácticas sociales y complejizan las interacciones por su carácter consensual.El vínculo saber-poder es indispensable para dar cuenta de estas transformaciones que recorren todo el entramado social.

           La mayor injerencia del Estado en la vida social y en la constitución de los ciudadanos es posible a través de un nuevo tipo de registro administrativo. La estadística se convierte en la “ciencia del Estado que administra estas nuevas concentraciones humanas y su nueva política de control sanitario.” En este sentido Foucault destaca la dependencia del saber que tiene el poder. La regulación disciplinar necesita de un conocimiento específico para implementar políticas públicas que producen ciudadanos, interpretan e interpelan a la población y delimitan el alcance de la gubernamentalidad. A través de una caracterización amplia del saber, como “todos los procedimientos y a todos los efectos de conocimiento que son aceptables en un momento dado y en un dominio definido”, Foucault puede caracterizar la gran influencia del conocimiento en la delimitación de prácticas de poder. La estadística no sólo demanda saber experto como reconocen Michels y Wright Mills, sino que también es un insumo que permite una mayor extensión de la fórmula política como un conjunto de interacciones que media el vínculo entre gobernantes y gobernados. Es parte del vínculo saber-poder que permite delimitar y modificar el entramado social a través de la interpelación de sus actores.

Reflexiones finales

           El carácter poliformo del poder refleja un objeto de estudio complejo en el cual intervienen elementos políticos, económicos, institucionales y culturales. El vínculo gobernantes-gobernados es redefinido por la perspectiva “realista” de las teorías elitistas modernas que reconoce la capacidad de “ocultarse” que tienen ciertos vínculos sociales del poder. Estos abordajes, alternativos al socialismo, pero también al liberalismo, proponen dar cuenta de la complejidad del entramado social a través de una caracterización mínima de la sociedad: una minoría gobernante y una mayoría gobernada. El vínculo entre ambos es asimétrico siendo mediado y delimitado por el poder.

           El abordaje elitista moderno propone una perspectiva interdisciplinar de las ciencias sociales. La interdependencia subjetiva, la división del trabajo, la asimetría del poder, la importancia de las instituciones es analizada desde el “realismo” de las prácticas, suponen un punto de contacto entre las sociologías modernas y las contemporáneas. La influencia de estos autores pareciera quedar relegada en las historias de la disciplina, bajo la oscuridad que los vinculan como insumo para que los regimenes fascistas justificaran sus atropellos. Se destaca la importancia que tienen estas teorías y su carácter fundacional para las preocupaciones que abordará la sociología contemporánea.

           Los debates de la entre guerra y las preocupaciones de la sociología contemporánea comparten preocupaciones con la teoría elitista moderna. Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels propone un orden social fundamentado en prácticas y vínculos. Su carácter actualizable permite identificar continuidades y rupturas entre los distintos fundamentos de las asimetrías de poder. Es posible comparar gobiernos de diferentes latitudes y períodos históricos como implementan Mosca y Pareto. También permite delimitar el carácter democrático de las sociedades de masas, “desnudando” las propuestas del liberalismo y limitando las transformaciones propuestas por el socialismo.

           La interacción gobernantes-gobernados es interpretada como un vínculo social dentro de una relación asimétrica de poder. La organización al interior del grupo es el verdadero fundamento del orden social, más allá de la importancia que Gaetano Mosca otorga al consenso. Este “realismo” también destaca la importancia de las estructuras administrativas en las sociedades de masas modernas y el vínculo interdependiente ente los actores. Las minorías gobernantes y las estructuras burocráticas racionales que conforman el Estado, delinean el carácter “moderno” de las sociedades de masas. La sociología contemporánea, a su vez, aporta la constitución de los ciudadanos como signo de modernidad. Las implicancias de las decisiones políticas adquieren dimensiones inéditas con el inicio de la Modernidad. Las coacciones se transforman en autocoacciones; mientras se consolidan las estructuras administrativas del Estado-Nación y el sujeto moderno. Son los procesos de psico-sociogénesis pero también el biopoder y los habitus. El contexto de interacción da cuenta del carácter dinámico de los vínculos sociales, permitiendo explicar, y en parte predecir, las prácticas que promueven los actores.

           El incremento de la administración y la “ley de hierro de oligarquía” gobiernan la versión “realista” de los teóricos neomaquiavelianos pero excluyen a la socialización como parte constituyente de la vida en sociedad. Esta situación es destacada por Charles Wright Mills, quien la incorpora al fundamento de las relaciones de poder y permite reducir el alcance de la “dominación” porque “las viejas fantasías acerca del dominio del mundo simplemente no tienen sentido.” Es una forma de interpretar y dar cuenta de la complejización del entramado social.

           El poder también potencia su alcance a través del saber que las propias estructuras administrativas producen y consumen. La estadística como insumo de la gubernamentalidad refuerza la organización de la minoría gobernante y potencia el alcance de la socialización de la élite del poder porque se incrementa su capacidad para interpretar el contexto de interacción e interpelar a sus actores. Las decisiones políticas encuentran en el aparato burocrático racional el medio idóneo para materializar las decisiones políticas.

           Los aportes de la sociología contemporánea permiten dar cuenta de esta caracterización de la interacción entre gobernantes y gobernados, yendo más allá de la perspectiva “realista” fundacional de los neomaquiavelianos y rescatando la complejización de la socialización como fundamento del poder. La interdependencia entre individuos y sociedad es una constante en los aportes de NorbertElias, Pierre Bourdieu y Michel Foucault. Hay un dialogo entre las perspectivas en donde es posible identificar influencias, problemáticas compartidas y el esfuerzo por dar cuenta de un objeto de estudio que se complejiza al incrementarse las interacciones.

           La importancia de las instituciones públicas para promover la democracia fundamentada en las “conversaciones generales que atraviesan las barreras de clase. La vida cívica requiere lugares en los que las personas se encuentren como iguales, sin tener en cuenta la raza, la clase o el origen nacional.” La importancia de las teorías elitistas modernas vuelve a hacerse presente para alertarnos de la previsión y salvaguarda que demanda la democracia en las sociedades de masas. El carácter oculto del poder pareciera atentar contra estas prácticas y el “realismo” debe advertirnos sobre estas prácticas. La interdependencia debe promover vínculos fluidos que las relaciones de poder deben mediar, pero no incrementar su asimetría. En este sentido cobra valor una perspectiva ficcional que potencia el alcance del realismo, porque “Los hombres no nacemos libres, pero vamos a intentar que eso suceda. Los hombres no nacemos iguales, pero vamos a comportarnos como si lo fuéramos. Un proyecto es una idea, un ficto, una ficción que queremos convertir en realidad.”



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1 Raymond Aron, Las etapas del pensamiento sociológico (Buenos Aires: Ediciones Fausto, t II, 1996), 175.

2 José Antonio Marina, La pasión del poder. Teoría y práctica de la dominación (Barcelona: Editorial Anagrama S.A., 2008) 13.

3 Marina, La pasión del poder, 121.

4 James H. Meisel, El mito de la clase gobernante. Gaetano Mosca y la elite (Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1975), 8.

5 Aron, Las etapas del pensamiento,184.

6 Juan Carlos Agulla, Teoría sociológica. Sistematización histórica (Buenos Aires: Ediciones Depalma, 1987) 226.

7 Gaetano Mosca, La clase política (México: FCE, 2002) 133.

8 Para mayores detalles de la obra de Max Weber ver ReinhardBendix, Max Weber (Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2000).

9 Robert Michels, Los partidos políticos I. Un estudio sociologico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna (Buenos Aires: Amorrortu, 2008) 15.

10 Juan J Linz, Michels y su contribución a la sociología política (México: FCE, 1998) 9-10.

11 Linz, Michels y su contribución, 53.

12 Georges Balandier, El poder en escenas. De la representación del poder al poder de la representación (Barcelona: Paidós Studio, 1994) 23.

13 Linz, Michels y su contribución, 19.

14 Linz, Michels y su contribución, 66.

15 David Rothkopf, El club de los elegidos. Cómo la élite del poder global gobierna el mundo (Barcelona: Tendencias Editores, 2008) 40.

16 Marina, La pasión del poder, 31.

17 José Luis De Imaz, Los que mandan (Buenos Aires: EUDEBA, 1964).

18 Rothkopf, El club de los elegidos,18.

19 Rothkopf, El club de los elegidos,139.

20 Rothkopf, El club de los elegidos,208.

21 NorbertElias y Eric Dunning, Deporte y ocio en el proceso de civilización (México: FCE, 1996) 21.

22 Vera Weiler, Figuraciones en proceso (Colombia: Utópica Ediciones, 1998).

23 NorbertElias, La sociedad cortesana (México: FCE, 1996) 10.

24 Luis E. Blacha, “Certezas e incertidumbres de lo social. Las perspectivas culturalista y figuracional”, Revista de Ciencias Sociales. Segunda Época (2013).

25 Elias y Dunning, Deporte y ocio, 31.

26 Jesús Romero Moñivas, Los fundamentos de la sociología de NorbertElias(Valencia: Tirant Humanidades, 2013) 178.

27 NorbertElias, El proceso de la civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas (Colombia: FCE, 1997).

28 Natalie Heinich, NorbertElias. Historia y cultura en Occidente (Buenos Aires: Nueva Visión, 1999).

29 Para mayores detalles ver: Gina Zabludovsky, NorbertElias y los problemas actuales de la sociología (México: FCE, 2007).

30 NorbertElias, La sociedad cortesana, 62.

31 Carlos Belvedere, “Prólogo” en NorbertElias, Los alemanes (Buenos Aires: Nueva Trilce, 2009) 10.

32 Pierre Bourdieu, El sentido práctico (Buenos Aires: Siglo XXI, 2007) 86.

33 Alicia Guitiérrez, “La tarea y el compromiso del investigador social. Notas sobre Pierre Bourdieu” en Pierre Bourdieu, Intelectuales, política y poder (Buenos Aires: EUDEBA, 2011) 10.

34 Bourdieu El sentido, 90.

35 Pierre Bourdieu, La nobleza de Estado. Educación de elite y espíritu de cuerpo (Buenos Aires: Siglo XXI, Editores, 2013).

36 Bourdieu El sentido, 90.

37 Pierre Bourdieu, La distinción. Criterio y bases del gusto (Buenos Aires, Taurus, 2012).

38 Bourdieu El sentido, 414.

39 Bourdieu, La distinción.

40 Michel Foucault, Historia de la sexualidad. 1- la voluntad de saber (México: Siglo XXI, 1999) 112-3.

41 Paul Du Gay, En elogio de la burocracia. Weber, Organización, Ética (Madrid: Siglo XXI España,2012).

42 Michael Mann, Las fuentes del poder social, II. El desarrollo de las clases y los Estados nacionales, 1760-1914 (Madrid: Alianza, 1997) 125.

43 Joel Migdal, Estados débiles. Estados fuertes (México: FCE, 2011) 34.

44 Michel Foucault, Seguridad, territorio, población: curso en el Collage de France: 1977-1978 (Buenos Aires: Siglo XXI, 2007) 15.

45 Foucault: Historia, 170.

46 Enzo Traverso, La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX (Buenos Aires: FCE, 2012).

47 Traverso, La historia, 35.

48 Foucault: Historia, 170.

49 Traverso, La historia, 217.

50 Traverso, La historia, 218.

51 Foucault: Historia, 170-1.

52 Nikolas Rose, Políticas de la vida. Biomedicina, poder y subjetividad en el siglo XXI (La Plata: UNIPE, 2012) 25.

53 Tomás Abraham, Los senderos de Foucault (Buenos Aires: Eudeba, 2014) 97.

54 Michel Foucault, “¿Qué es la crítica?” en Michel Foucault, Sobre la ilustración (Madrid: Tecnos, 2011) 27.

55 Rothkopf, El club de los elegidos,20.

56 Christopher Lasch, La rebelión de las élites y la traición a la demoracia(Barcelona: Paidos, 1996) 105.

57 Marina, La pasión del poder, 210.

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