Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 10 

ESCUELA DE HISTORIA
Año 10, Vol. 1, Nº 10, Año 2011
 

           PARTE 1: ENTRE LA HISTORIA ECONÓMICA Y LA HISTORIA FISCAL

           ARTÍCULO

LOS PARADIGMAS DE LA HISTORIA ECONÓMICA: DE KARL MARX A DOUGLASS NORTH
(THE PARADIGMS OF ECONOMIC HISTORY: FROM KARL MARX TO DOUGLASS NORTH)

Héctor Omar Noejovich           

         Pontificia Universidad Católica del Perú, Apartado Postal, Lima 1, Perú

           Email: hnoejov@pucp.edu.pe



 

Abstract:

           This paper aims to discuss between methodological ways for historical search within economical areas. In other terms the question is if models and theoretical framework are necessary for economic history or not. Classic and Neoclassic paradigms are contrasted with Annales’ approach.

Resumen:

           Este trabajo plantea una discusión sobre la metodología en la investigación histórica en el área económica. Especialmente se refiere a si los marcos teóricos y modelos son necesarios para la historia económica. Los paradigmas clásicos y neoclásicos son contrastados con el enfoque de Annales.

Keywords: Models; Economics; History; Method

Palabras clave: Modelos; Economía; Historia; Método


           Hace algunos años esbocé este ensayo en donde intento reflexionar sobre aspectos epistemológicos y metodológicos de la historia económica, especialmente sobre la aplicación de “modelos”, “paradigmas” y/o “marcos teóricos”. No se trata de un balance historiográfico, ni de un “estado de la cuestión”, sino de mis propios pensamientos sobre aspectos sin duda transitados, pero en los cuales jamás se dirá la última palabra; en particular tengo en mente los distintos enfoques sobre la historia económica en América Latina.

           En consecuencia, escribiremos algunas más para engrosar la copiosa literatura sobre el tema y fomentar, así, la sana discusión de ideas, fuente vital del conocimiento humano.

EL SUJETO DE LA DISCUSION

           La leal discusión académica es “procesar a un sujeto”. Althusser escribió “... como ninguna lectura es inocente, digamos de la cuál somos culpables...” El sujeto es, pues, la “lectura” que efectuamos de determinada cuestión; cómo la defendemos y cómo la criticamos. El jurado son los oyentes, mayoritariamente los colegas que nos aplauden o nos denigran.
           Este proceso fue iniciado con una corriente de pensamiento que considero brillante y fue origen de la historia económica como disciplina o especialidad, el historicismo alemán del siglo XIX , pero allí el “sujeto” era el “origen de la historia económica”.
           En el presente ese “sujeto” se traslada a aquello que he denominado “los paradigmas de la historia económica”. Es decir las “soluciones metodológicas paradigmáticas”, y el rechazo consiguiente, que se han propuesto a lo largo del tiempo, para aquello que Eucken denominó la “Gran antinomia”, cuyos efectos cito textualmente:

           “El economista considera con razón el acontecer económico cotidiano como una parte de la correspondiente situación individual-histórica; y ha de hacerlo así, si no quiere alejarse de la realidad. Pero también con razón ve en ello un problema teórico general; y está obligado a verlos así, si no quiere que se le escape la realidad en todas sus relaciones. Pero ¿cómo ha de unir ambas cosas? Si hace sólo una u otra se aleja de la realidad”.

           Estas líneas, a mi entender, plantean la esencia del problema ¿paradigma o lectura histórica? En el primer caso, ¿me adhiero a los modelos existentes?; en el segundo, ¿qué hago?
           Comencemos por analizar los paradigmas, concepto intrínsecamente circular. Según Kuhn,
           “… un paradigma es lo que comparten los miembros de una comunidad científica y a la inversa una comunidad científica consiste en unas personas que comparten un paradigma…”
           Y agrega:
           “… una comunidad científica consiste en quieres practican una especialidad científica…”.

           Podemos seguir la polémica. Los títulos de trabajos como Cipolla, Entre la historia y la economía y de Rollinat, Entre la economía y la historia, por cierto bien actuales, muestran claramente que la polémica decimonónica es aún vigente.

           ¿Sin teoría no hay historia? ¿Sin historia no hay teoría? Esa es también una discusión metodológica entre Hempel y Von Wright. Para el primero, en la historia puede aplicarse un razonamiento causal del acontecimiento histórico y establecerse proposiciones generales, utilizando razonamientos contrafactuales; las relaciones causales pueden sustentar leyes generales, de donde habría una causalidad teleológica —causa fin—.
           La posición opuesta, que me atrevo a etiquetar como “antiparadigmática”, en términos filosóficos la ubicamos en Von Wright, quien resalta la diferencia entre la “explicación” y la “comprensión”; la primera atribuible a las ciencias naturales y la segunda, a las ciencias humanas, en la que podríamos incluir a la historia . Pero, además, está el tema de la “repetibilidad” del hecho histórico que lleva a Collinwood, siguiendo a Crocce, a presentar a la historia como un arte.

           Ese parece ser el “sujeto de la discusión” y él será “procesado”. Es frente a ese “proceso” que surgen los “paradigmas de la historia económica” y aquello que he denominado “antiparadigma”; todos ellos motivo de este ensayo.
           Planteado en la economía como el Methodenstreit, este fue un conflicto metodológico subsistente, a mi juicio, hasta la actualidad, cuya primera síntesis fue la obra de Marx; una segunda fue la econometría, en la segunda mitad del siglo XX.
           Esto es una discusión actual y, entonces, las líneas que siguen consisten en analizar los paradigmas como intento de solución, los cuales, a mi entender, tienden a distorsionar la realidad histórica.

EL PARADIGMA CLASICO: MARX Y EL MATERIALISMO DIALECTICO

           Esto no pretende ser, de manera alguna, un recuento de la obra de Marx, desde luego mucho más amplia que los aspectos mencionados aquí. Quiero referirme solamente a ciertos aspectos metodológicos y a la ubicación de Marx dentro de la corriente del historicismo alemán. Estos se consideran los herederos del “Idealismo”, mientras que Marx es el representante del “Materialismo”.

           Marchal sostiene que el método de Marx, al integrar la hipótesis dialéctica con la hipótesis marxista, pudo sintetizar el problema deducción-inducción, en tanto metodología de la ciencia económica.

           Coincidentemente, Althusser, en un brillante trabajo, analizaba la “tesis de la inversión” de Hegel practicada por Marx en estos términos:

           ”… la idea de que la relación de Marx con Ricardo se reduce a una relación de aplicación de Hegel a Ricardo”.

           Pero,

           “no es Hegel quien es aplicado a Ricardo, sino Hegel invertido”.

           Es decir que primero se invierte a Hegel -es decir su dialéctica-, modificando lo IDEAL por lo MATERIAL y luego se hace operar esa dialéctica invertida sobre el esquema clásico de Smith-Ricardo que se sustenta en la teoría del valor-trabajo como elemento universal. Podemos resumir la idea con dos sencillos diagramas. El sistema hegeliano se observa en el diagrama Nº1, donde cada segmento vertical representa la tesis y cada segmento horizontal, la antítesis; los vértices representan la síntesis. Esta suerte de “escalera ascendente” es la historia del hombre y la humanidad en pos de la IDEA o concreción del ESPIRITU absoluto, que subyace a esa “escalera ascendente” como “motor” de la misma. Así se dice que el hombre es un “enajenado de la IDEA”; su carrera en la vida está sometida a su búsqueda.

DIAGRAMA Nº 1
La dialéctica hegeliana


DIAGRAMA N°2
Dialéctica marxista


           En el diagrama Nº2 reemplazamos IDEA por CULTURA y ESPIRITU por MATERIA. Pero resulta que la explicación de las contradicciones de la MATERIA ya no puede serlo en términos de la dialéctica hegeliana y requiere de un fundamento teórico. Le introducimos la teoría del valor-trabajo que, indisolublemente unida con la MATERIA, nos explica las contradicciones a través de la teoría de la plusvalía y su expresión social, la lucha de clases. Se ha transformado la explicación hegeliana de la historia -cf. supra- en la interpretación materialista de la misma o materialismo histórico.

           La ideología de Marx es presentada como una síntesis entre la historia y la economía, dando origen a una nueva concepción de la historia económica, como investigación sustentada en un modelo determinista, el materialismo dialéctico. Como se dijo en un inicio, esta posición ganó terreno en el mundo académico de la historia económica, confundiéndose e identificándose con esta última.

           El sistema hegeliano, despojado de su mística, es “invertido” por Marx “dialécticamente”. La dialéctica marxista surge, así, como una nueva dialéctica en la cual, se hace trabajar a Hegel en Ricardo; con este sustento el sistema marxista (cf. Althusser, 1973, 103 y ss.) se convierte en un paradigma.

           La simple inversión o reemplazo de la IDEA por la MATERIA, no modifica simétricamente la dialéctica, ya que se necesita un operador teórico para explicar las contradicciones de la MATERIA; esa es la función de la teoría del valor-trabajo, o teoría clásica del valor, en la cual descansa el pensamiento marxista.

           Un punto de vital importancia es el rol del marco institucional, habida cuenta de que el desenvolvimiento histórico se expresa a través de las instituciones creadas por el hombre. Así, desde el ángulo marxista, estas instituciones expresan las relaciones de producción; en otros términos, el origen de las mismas está en la estructura económica, de la cuál aquellas son una superestructura, un mero reflejo.

           En términos de Marx,

           “toda forma de producción engendra sus propias instituciones jurídicas”.

           De tal forma que cada cambio de la estructura de producción se refleja en una modificación del marco institucional. De esta manera, la economía clásica aplicada a la historia, reduce la investigación a la utilización del modelo provisto por el materialismo dialéctico. Crisis y lucha de clases, en relación a la extracción de la plusvalía, son los elementos de base para este tipo de análisis.

           Por su parte, Kula puntualizó que

           “… el marxismo no era sólo una concepción sintética de la historia económica, sino también una teoría y un programa para la práctica revolucionaria…”.

           En el campo académico el marxismo suscitó reacciones que condujeron al desarrollo de una nueva visión del historicismo, esta vez con una decidida interpretación de los fenómenos históricos y, en el campo económico, con la controversia sobre el valor —Werturteilstrei.

           Esta consiste en la discusión entre quienes postulaban que la ciencia económica es libre de valoraciones, éticamente neutral, como en las ciencias de la naturaleza, o, por el contrario, no puede librarse de ellas. Además, el conflicto se superpone con la distinción entre la teoría objetiva del valor - teoría clásica o valor trabajo - y teoría subjetiva del valor - teoría psicológica o neoclásica -.

           En historia esto conduce a discutir si existe un valor en sí, atemporal, frente a considerar explicitaciones del valor según las distintas conformaciones culturales. Dicho en otros términos, ¿existe una noción de valor que admite una teoría verificable a lo largo de la historia? ¿O, por el contrario, cada noción de valor responde al contenido social de cada contexto cultural histórico?

           Además, la noción misma de valor económico responde indudablemente a una concepción particular; si conceptuamos a la economía como una axiología regional que se ocupa de los valores económicos, sólo esa axiología como un todo global puede determinar su campo de acción y en definitiva prevalecerá la ética de la sociedad en esa discriminación entre valor económico y los valores éticos y estéticos.

El diagrama Nº3 sintetiza nuestra formulación:

           En el Diagrama Nº 4 hemos ejemplificado tres posibilidades de sociedades A1 A2 A3, B1 B2 B3 y C1 C2 C3, en las cuales, dentro de la totalidad, los “valores económicos” tienen distinta significación.

           Así, en las sociedades tipo B1 B2 B3 los “valores económicos” son más importantes que en las otras; podemos asimilarlas, por ejemplo, a las actuales sociedades de consumo. Por el contrario, en el otro extremo, las del tipo C1 C2 C3, son menos importantes que los estéticos y los morales, como por ejemplo en la Grecia antigua. El tipo A1 A2 A3, representaría un tipo intermedio, que podría asimilarse a las sociedades latinoamericanas del siglo XIX.

EL PARADIGMA NEOCLÀSICO: NORTH Y EL NEO-INSTITUCIONALISMO

           En 1957, Alfred Conrad y John Meyer presentaron el trabajo “Teoría económica, inferencia estadística e historia económica”; este enfoque pretendía tender un “puente” entre la teoría y la historia económica. Para la primera, sólo existían proposiciones falsables dentro de una lógica popperiana; para la segunda, sólo existían hechos a ser interpretados.

           La inferencia estadística transformaba la interpretación histórica en un proceso estocástico, susceptible de ser analizado en términos de la teoría económica.

           La aleatoriedad podía ser acotada en los fenómenos históricos, limitando como variable residual todo aquello fortuito o azaroso; así, la operatibilidad con variables cuantitativas se acrecentaba, a la vez que podían sustentarse modelos con sustento teórico. Aun cuando no fuesen muy rigurosos, permitían mejorar la interpretación histórica y vestirla de un matiz de “cientificidad”.

           La cuantificación en la historia no era desconocida. François Simiand (1873-1935) en Francia y Mitchell (1874-1948) en Estados Unidos, habían utilizado la estadística como herramienta analítica.

           Por otra parte, la demografía francesa había ya construido, en el primer cuarto del siglo XX, modelos teóricos –estable y estacionario— que en nada tenían que envidiar a los modelos económicos; por parte del institucionalismo norteamericano, con Mitchell, también introdujo esta metodología en el estudio de los ciclos económicos.

           Un crítico, Pierre Vilar, la denominó despectivamente econometría retrospectiva, como parte de la economía que utiliza a la historia para discutir sus teorías. Chaunu, historiador cuantitivista, criticó a la “cliometría”, señalando que “... el historiador nada gana forzándose a imitar a los economistas, ni el economista improvisándose como historiador...”.

           Por su parte, Levy-Leboyer, sumado a esas críticas, hizo hincapié en que ni la cuantificación en historia, ni la utilización de la teoría económica, eran novedades; está estribaba en la metodología que, discutible, planteaba un nuevo enfoque.

           De allí el enfrentamiento entre los historiadores tradicionales y la “cientificidad” que los “cliómetras” pretendían imponer a sus colegas en aras de la modernidad, apoyados en los adelantos de la informática.

           Frente a un análisis económico fundamentalmente estático, Kuznets reclamaba una mayor dedicación a la dinámica económica, con referencia al problema de las fluctuaciones económicas, tanto en los “ciclos de negocios”, como en la “variaciones seculares” (long swing); la interpretación de éstas últimas conducía irremediablemente hacia la historia.

           Kuznets y Mitchell fueron pioneros en el relevamiento de series históricas correspondientes a variables macroeconómicas que sirvieron, posteriormente, para la discusión de los modelos teóricos. Ante este aporte, unido a una tradición cultural norteamericana en la cual la economía es el centro de la vida nacional y la estadística la evidencia mejor aceptada para la explicación de cualquier fenómeno, no es extraño que las ideas de Conrad y Meyer prendiesen rápidamente en las universidades de ese país y, a su vez, sus métodos fueran controvertidos fuera de ellas, especialmente por la historiografía francesa.

           A 60 años de ello todavía se discuten esas posiciones, pero el nuevo avance del neo-institucionalismo, desde las canteras de la New Economic History ha transformado la polémica numérica en otra más conceptual desde que Fogel y North recibieron el Premio Nobel de Economía en 1993 por sus trabajos en historia económica.

           La aplicación de la teoría económica neoclásica realizada por los cliómetras, implicaba suponer un marco institucional dado; es aquí donde se vuelve al problema, para mí central, ofreciendo una interpretación distinta, pero igualmente paradigmática, a la propuesta por el materialismo dialéctico.

           En efecto, las interpretaciones sobre el esclavismo, por ejemplo, descansan en el contexto de la relación capital/trabajo, semejante a la composición orgánica del capital del modelo marxista.

           Al respecto, North señala:

           “Quiero atribuir un papel mucho más fundamental a las instituciones; son el determinante subyacente del desempeño de las economías. Si queremos construir una teoría dinámica del cambio —algo que falta en la corriente principal de la economía y que fue tratado muy imperfectamente en la teoría marxista— debe edificarse un modelo de cambio institucional”.

           Su propuesta sobre una “teoría del cambio institucional”, es mejorar el paradigma neoclásico, introduciendo la noción de “costos de transacción”, indicando (ibídem):

           “El procesamiento de la información por los actores como resultado de los costos de transacción por los actores como resultado de los costeos de transacción está en la base de la formación de instituciones. Están en juego tanto el significado de la racionalidad como las características de negociación que impiden a los actores lograr la maximización conjunta resultante del modelo de costos de transacción cero”.

           Sobre esta base, por ejemplo, es el análisis de la historia occidental de North y Thomas; pero además existen trabajos con modelos econométricos y sustentados en un análisis contrafactual, como los de Fogel y Fogel y Engelman sobre la influencia del ferrocarril en el desarrollo norteamericano y los factores económicos como causa de la Guerra de Secesión, respectivamente.

           La adhesión al paradigma por parte el mundo académico norteamericano, se refleja en la siguiente cita:

           “La nueva histórica económica o cliometría, formalizó la historia económica en forma similar a la introducción de los modelos matemáticos y la estadística en el resto de la economía”.

EL ANTIPARADIGMA: “ANNALES” Y LA VISION TOTALIZANTE

           El origen es harto conocido: Lucien Febvre (1878-1956 ) y Marc Bloch (1886-1944) fundaron la revista Annales d'histoire économique et sociale en 1929 y, desde ese entonces, aun cuando ha reunido pensadores de las más diversas ideologías, se lo considera como el grupo de los “Annales”. Después de la Segunda Guerra Mundial se inició una nueva etapa en la que descolló la figura de Fernand Braudel (1903-1985).

           Los movimientos intelectuales no surgen de la nada; tienen su génesis en el desarrollo del pensamiento; son la cristalización de una etapa evolutiva. Visto retrospectivamente, el resultado ha sido un enfoque alternativo tanto a la cliometría, a la historia marxista y a la sociología económica derivada del historicismo alemán.

           Durkheim (1858-1917) significó un vuelco al concebir la separación entre los hechos sociales y las manifestaciones individuales: el todo no es igual a la suma de las partes. Ello será, también, uno de los pilares de “Annales”, al distinguir entre événement y sériation, que tiene una reminiscencia de Weber (1864-1920), con sus “tipos ideales” y su “sentido mentado”.

           Al mismo tiempo, y como se mencionó anteriormente, François Simiand, discípulo de Durkheim, trató de integrar la historia económica con la economía positiva; en esa perspectiva se trataba del estudio de fenómenos económicos concretos y no abstractos, poniéndose frente al historicismo, en la medida que éste no establecía relaciones de causa a efecto. No obstante, rechazaba la apriorística teórica, sosteniendo que “lo ideal era comenzar el estudio de los hechos sin ideas preconcebidas y hasta sin hipótesis”.

           Era el rechazo de la historia “historizante”, aquella que se limitaba a la descripción y análisis de los acontecimientos, y fue Simiand quien introdujo una línea de análisis temporal de tendencias y ciclos, que será utilizada por la nueva historiografía nacida de Annales, separándola de la cliometría norteamericana y sus paradigmas.

           H. Berr en la Revue de la synthèse, fundada en 1900, puso sobre el tapete la discusión sobre la cientificidad de la historia y sus métodos. Era la búsqueda, precisamente, de una “síntesis histórica”; esta última concepción y la sociología de Durkheim fueron el comienzo de la ruptura con la historiografía “sorbonista” y “narrativa”.

           En términos globales, los fenómenos sociales tienen cabida en el devenir histórico; es decir, se definen en el tiempo y en el espacio; es entonces donde la interdependencia de los diversos factores –económicos, demográficos, culturales, geográficos- se conjuga en la dinámica social.

           Paulatinamente se amplía la gama conocimiento histórico a otros aspectos de la vida cotidiana, surgiendo aquello que hoy llamamos “historia de las mentalidades”; el historiador recrea los hechos históricos dentro de una estructura colectiva, la cual, a su vez, responde a una determinada mentalidad.

           Es esa mentalidad colectiva del grupo la condicionante de la forma en que los individuos sienten, piensan y actúan; de esa manera se comparte con Simiand la metodología; el hecho debe apreciarse en su contexto despercudido de apreciaciones apriorísticas.

           Bloch, por su parte, hará hincapié en el comprendre -comprender- en lugar del savoir -saber-; es el reemplazo de la simple erudición por el análisis. La ubicación del sujeto cognoscente frente a testimonios sobre hechos no presenciados deviene en fundamental, toda vez que la simple elección de los históricos a describir y las fuentes a utilizar, conducen a una opinión especial del historiador.

           La historia del acontecimiento -evenementielle- queda desplazada a una totalizante donde aquella será el centro. Por otra parte, la seriation -que permitió la estadística- permite incorporar y definir al acontecimiento no sólo en un marco de “mentalidades”, sino también en marcos cuantitativos, sin formulaciones teóricas apriorísticas.

           Este será el esquema de la segunda etapa correspondiente a la post-guerra, al que se añadirá el estructuralismo, como aporte de la antropología de Lèvi-Strauss. Reanudada la publicación de la revista en 1946, con su nombre actual, evolucionará en una línea independiente frente al materialismo histórico y la cliometría norteamericana, siendo conducida por Braudel a partir de 1956.

           Este es, quizás, uno de los autores más importantes en la renovación de la historiografía contemporánea. Se podrá estar en acuerdo o en desacuerdo con sus ideas, más éstas no pueden ser ignoradas; el énfasis en el sujeto cognoscente, al que se refería Bloch, en Braudel toma la forma de “la historia es hija de su tiempo”.

           Es el historiador quién escribe la historia; el pensamiento y la cultura cambian, de donde los mismos hechos históricos pueden ser leídos de distinta manera. Las ciencias sociales, cualesquiera fuera su instrumental analítico, son las distintas puertas para ingresar a la historia; es ésta la que prevalece por encima de las distintas disciplinas.

           Como fruto del pensamiento de su tiempo, la lectura de los hechos históricos es hecha desde el punto de vista del investigador; cuando más completa sea la búsqueda, más “totalizante” será el resultado; como bien dice Forster, cada tiempo tiene su propio paquete de ciencias sociales.

           ¿Planteaba Braudel un modelo de análisis? En sus propios términos “el modelo, bajo un nombre bastante nuevo, no es sino una forma tangible de los medios más clásicos de razonamiento” y no son más que “hipótesis, sistemas de explicación sólidamente ligados según la forma de la ecuación o función”.

           Esta tónica de pensamiento nos conducirá a la posición braudeliana frente a la antropología estructural, a la economía, a la sociología y a las matemáticas sociales en general. Pero antes de analizar aquella veamos en qué consiste la esencia del análisis braudeliano.

           La historia discurre en tres niveles entre los cuales existen lazos y relaciones conformando en conjunto el devenir histórico. Esos niveles se diferencian por la duración de los fenómenos y no por el tiempo cuantitativamente medido; de allí el problema de la continuidad o discontinuidad de los fenómenos sociales.

           De esta manera se definen tres unidades de duración:

(a) longue durée (duración larga) muestra los movimientos de la structure. Este representa un marco global que impone limitaciones a la actividad humana, tales como el clima, los recursos naturales, etc.

(b) moyenne durée (duración media) o historia de la conjonture. Este nivel se entronca con el concepto de sériation, que fue el comienzo de Annales.

(c) court durée (corta duración) o historia événemientielle (o del acontecimiento).

           Aquí se ubica la narrativa tradicional.

           Críticos como Fontana arguyen una falta de enlace entre las “tres grandes rebanadas”. Obviamente, es un punto de vista particular del cual discrepo ¿Por qué? Porque el enlace lo provee el instrumento analítico utilizado; por ello Braudel y su grupo se inclinaron hacia el análisis estructural, como aparato teórico flexible y más apropiado para el historiador.

           La proclividad hacia el estructuralismo se nota en la visión sobre el problema de la continuidad o discontinuidad de los fenómenos sociales. ¿Existe un quiebre en la secuencia de los mismos o las “crisis” son parte de la dinámica de los mismos? Para Braudel la discontinuidad social no es sino un “ruptura estructural”.

           Hasta aquí el distanciamiento frente al materialismo dialéctico. Veamos la posición frente a la cuantificación. Braudel decía que el número es como una amante que fascina pero que no debe tomarse muy en serio; esa es una posición que tuvo sus derivaciones y ampliaciones en Chaunu y Furet.

           Chaunu enfoca una historia serial, “numérica” pero sin marco teórico apriorístico. “El historiador no gana esforzándose con imitar al economista, ni tampoco el economista improvisándose como historiador”. Su monumental Séville et l’Atlantique (conjuntamente con Hugette Chaunu) es un testimonio de esa metodología, donde el rechazo a la cliometría anglosajona es evidente.

           Por su parte, Furet hacía hincapié en la debilidad de las estadísticas francesas para efectuar análisis macroeconómicos, con anterioridad a la Primera República. Sin embargo, admite la necesidad de construir una historia social, cuantitativa y seriada, sin modelos matemáticos.

           Esto explica la inclinación al análisis estructural; la antropología estructural, desarrollada por Lèvi-Strauss, impulsó la utilización de este tipo de análisis en historia, especialmente apropiada para las sociedades ágrafas que se catalogan como “pueblos sin historia”.

           Esta visión, unida a los aportes de la antropología económica, formula la llamada “etnohistoria” que tuvo un desarrollo importante para el estudio de América prehispánica y el África subsahariana.

           Existe para el estructuralismo un código que gobierna al grupo, cuyo origen es desconocido. Pero a diferencia del pensamiento europeo tradicional ese código no es válido para todos; ergo, el código precede al mensaje. Aquello que resulta importante es, entonces, decifrar los códigos para comprender los mensajes que nos transmiten los hechos históricos.

           Annales no se sumió enteramente en el estructuralismo, toda vez que su visión de distintos niveles rítmicos de duración de los procesos históricos proporcionaba un marco más flexible. Frente a estos conceptos e ideas, lo económico es entendido como parte de la civilización material: “La economía en sí es evidente que no existe”. La circunstancia de utilizar métodos cuantitativos no implicó una visión apegada a la cuantificación y modelización como en el caso de la cliometría anglosajona.

           Tal como señaló Vilar, ¿historia cuantitativa o econometría restrospectiva? La relación entre Annales y la historia económica, en aspectos cuantitativos, debe buscarse a través de la historia de los precios y, por ende, las fluctuaciones y tendencias de estos.

           Como ejemplo podemos citar la obra de Labrousse y su tesis sobre la Revolución Francesa; en la misma línea, Tandeter y Wachtel buscaron explicar la Revolución de Tupac Amaru. Finalmente, el trabajo de Chaunu antes citado es una muestra metodológica alternativa.

           Al ubicarse entre la cliometría y la historiografía marxista, el movimiento de Annales se presenta como una continuación, en la versión francesa, del historicismo y del institucionalismo, subordinando las ciencias sociales a la historia; la utilización de la estadística, es planteada en ese rol y los métodos establecen una diferenciación clara frente a la “cliometría”.

           Pero, al mismo tiempo, se hace hincapié en la “vida cotidiana” (ciudades, fundos, etc.) y en los “pueblos sin historia”, tanto en el análisis coyuntural, reflejo de los movimientos sociales, como en la dinámica de largo plazo.

           Con referencia a la evolución técnica, considerada poco menos que universal, ésta pasa a segundo plano frente a la evolución de los grupos humanos en sí, independientemente de los grados de “civilización”. Esto, en el plano de la historia económica, representa un distanciamiento no sólo del materialismo dialéctico, sino también de la teoría económica neo-clásica.

           Finalmente, a diferencia del historicismo alemán, donde existen líneas clave de pensamiento –como la problemática del Estado--, en el pensamiento de Annales apreciamos una continuación “todista”, en el sentido más amplio del término. El objetivo es disponer de un espectro amplio, el mayor posible, donde la integración de diversos segmentos proporciona una mejor visión histórica.

           De allí la afirmación de que a la historia se puede entrar por cualquier puerta que abren las ciencias sociales y la integración pluridisciplinaria de las distintas visiones perfecciona la apreciación de los fenómenos.

LA DISCUSION DE LOS PARADIGMAS Y EL ANTIPARADIGMA

           En forma simplista, podemos decir que se trata de una confrontación de paradigmas versus historia crítica; modelos versus análisis particular del caso. Hasta allí pasaría por ser una discusión metodológica, pero la cuestión, como señaláramos, estriba cuando el paradigma se convierte en dogma y éste genera una ideología particular.

           La ideología, derivada de la dogmatización del paradigma, se transforma en un credo particular, como vemos en la discusión actual entre “neoliberales” y sus detractores “socialistas”, para simplificar.

           En el caso específico de la historia, que podemos extender a las ciencias sociales, Cipolla, citando a Pascal, presenta el conflicto diferenciando el esprit géométrique del esprit de la finesse.

           “En el esprit géometrique los principios básicos son palpables, pero alejados de la experiencia común... En el esprit de la finesse los principios proceden de la experiencia común y están delante de los ojos de todo el mundo... Lo que hace que a los geómetras les falte sutileza mental es que no ven lo que tienen delante de los ojos y que, estando a los principios exactos y sencillos de la geometría, y no razonan hasta que ha inspeccionado bien y ordenado sus principios, se pierden en las cuestiones de sutileza”.

           Como señalamos, ambos paradigmas, de Marx y North, sirven como fundamentos de sendas praxis políticas, aunque completamente opuestas. Y es que en los casos el punto central está en el marco institucional, al que se hace responsable de los aspectos económicos, sea como superestructura de las relaciones de producción, sea como requisito necesario para el funcionamiento del mercado; siempre, también, en ambos casos con referencia a los derechos de propiedad.

           Es la edificación de un sistema bajo premisas prefijadas que separa los sistemas jurídicos de los sistemas económicos como si fuesen dos elementos divorciados de un solo sistema social. Pero ¿qué es un sistema?

           “Un conjunto de estructuras vinculadas entre sí por ciertas reglas (leyes)... estructura es un conjunto de objetos vinculados entre sí según ciertas reglas (leyes)... objeto es cualquier realidad posible, individuo, concepto, institución y cosa... reglas”. “... principios explícitos de combinación, de planteamiento de relación entre los elementos de un sistema y las normas intencionalmente creadas y aplicadas para organizar la vida social...”.

           Esta definición de corte estructuralista es utilizada por el autor para tipificar el sistema económico como una articulación entre estructuras de producción, distribución y consumo, donde está inmersa la variable institucional. Formado en las canteras del marxismo, Godelier representa un intento estructuralista de revisión de Marx.

           Desde otra perspectiva, para Weber, de inicio, el orden jurídico pertenece a la esfera del deber ser, en tanto que el orden económico se refiere a los acontecimientos reales; la integración se verifica en el plano social donde ambos interactúan.

           Es aquí donde el sistema se unifica, en el acontecer, quedando los instrumentos teóricos como elementos interpretativos de esa realidad y de ese devenir cotidiano. Es indudable que tanto en el campo privado, como en el de la gestión pública, las instituciones juegan un rol fundamental.

           Ese instrumental teórico entraría dentro de los “tipos ideales” weberianos a los cuales la experimentación les daría el “sentido mentado”; recordemos que el experimento, en las ciencias sociales, no formula proposiciones permanentes, sino aquellas que se ajustan al mismo.

           Así como en el Derecho los casos son similares, pero no exactamente iguales, en la Economía sucede algo semejante; dos situaciones pueden parecerse al extremo de buscar fórmulas comunes, pero la constatación empírica muestra, especialmente en la aplicación de políticas públicas, que los resultados son diferentes.

           En este caso la historia económica funcionaría como una suerte de “jurisprudencia”, en el sentido de mostrarnos las consecuencias de las políticas públicas

           Siendo el marco institucional, de carácter esencialmente coactivo, y la economía de carácter espontáneo, es claro que el primero limita la libertad de los actos económicos. Esa limitación está directamente relacionada con las denominadas políticas públicas, es decir el accionar del Estado que incide en el devenir cotidiano de las actividades de los individuos y sus consecuencias en el orden económico.

           Así, volviendo a la definición de Godelier, las normas organizan la vida de los individuos y, por consiguiente, enmarcan la actividad de las estructuras económicas que integran el sistema social en su conjunto.

           La historia económica es el resultado de la dinámica de ese sistema y no es teorizable en sí, como tampoco lo son sus actores. Podemos admitir semejanzas entre los seres humanos y sus vidas, pero ninguna es idéntica a la otra. Eso no significa, empero, que en nuestro análisis desconozcamos el instrumental teórico de las ciencias sociales y hagamos uso del mismo, pero sin pretender hacer aquello que Toynbee denominó “la versión oficial de la historia”.



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1 Deriva de la ponencia presentada en el II Congreso de Historiadores Latinoamericanistas: “La historia de América Latina y el Caribe entre los desafíos del siglo XXI”. La Habana, Cuba, Noviembre de 1999.

2 Louis Althusser y Etienne Balibar, Para leer el Capital. Siglo XXI. México, 1970: 19.

3 Héctor Omar Noejovich, “Historia económica e institucionalismo”. Economía XIX, 31/38. Lima, Fondo Editorial PUCP, 1996.

4 Walter Eucken, Cuestiones fundamentales de economía política. Madrid: Revista de Occidente. 1967 [1938].

5 Ibídem: 52; cursiva en el original.

6 Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas. México: FCE, 1969. Reproducido en Jorge Issa (Comp.) Aproximación a las Ciencias Sociales. México, Universidad Autónoma, 1994: 177.

7 Ibídem, 178-

8 Carlo Cipolla, Entre la historia y la economía,. Barcelona, Crítica, 1991.

9 Robert Rollinat, “De l’economie à l’histoire”. Economies y Sociétés 18, 3. Paris, 1994.

10 Robert Rollinat,…op. cit., 1994.

11 Oscar Cornblit, “Las concepciones de Hempel y Von Wright de la explicación de la historia”. En, Manuel Reyes Mate (Ed.), Filosofía de la historia, Madrid, Editorial Trotta. 1993.

12 Esto coincidiría con Karl Popper, The Logic of Scientific Discovery. London, Hutchinson. 1980; La lógica de la investigación cientìfica. Madrid: Tecnos, 1982.

13 Cf. Carl Gustav Hempel, Aspects of Scientific Explanations. And Other Essays in Philosophy of Science. New York, Free Press, 1965.

14 Georg Henrik Von Wright, Explanation and Understanding. London, Routledge and Kegan Paul, 1975.

15 Bloch había sostenido respecto de la historia que no era una cuestión de “saber” sino de “comprender”.

16 Hace muchos años, al distinguido historiador peruano Franklin Pease García Yrigoyen le preguntó un periodista: “¿Doctor, usted cree que la historia se repite?”; la respuesta fue: “La historia no, pero los errores sí”.

17 Robin George Collingwood, Idea de la historia. México, Fondo de Cultura Económica, 1996: 189,

18 Benedetto Croce, “La Storia ridotta sotto el incetto generale dell’Arte”. En Primi Saggi, Bari, 1919 [1893].

19 Héctor Omar Noejovich,….op. cit., 1996.

20 André Marchal, La metodología de la ciencia económica. Buenos Aires, El Ateneo, 1957.

21 Héctor Omar Noejovich,…op. cit., 1996.

22 André Marchal,…op.cit., 1957: 20.

23 Me refiero al seminario sobre Hegel realizado en el Colegio de Francia, en 1967, bajo la dirección de Jean Hyppolite, en el que participaron Louis Althusser, Jacques Derrida, Jacques D’Hondt y otros, publicado en: Jacques D’Hondt (Ed.), Hegel y el pensamiento moderno, México, Siglo XXI, 1973.

24 Ibídem, 102.

25 Adam Smith, Investigación sobre la naturaleza y causa de la riquezas de las naciones., México: FCE, 1958 (1776): 31.

26 Muy especialmente en América Latina, en el mundo subdesarrollado en general, aunque también en sectores académicos europeos y norteamericanos dedicados a la historia económica para la “reivindicación de las masas”.

27 Louis Althusser,…op.cit., 1973, 103 y ss.

28 Karl Marx, Líneas fundamentales de la crítica de la economía política, 2 volúmenes (Grundrisse). Barcelona, Crítica 1977 [1857-58], 38; Introducción general a la critica de la economía. México, Siglo XXI, 1990 [1857], I, 11.

29 Witold Kula, Problemas y métodos de la historia económica, Barcelona, Península, 1973, 16.

30 Vicente Vázquez-Presedo, Economía, ciencia e ideología. Buenos Aires: Editorial Tesis, 1984, 89.

31 Cf. Rodolfo Stöltzmann, Introducción filosófica a la economía. Buenos Aires: El Ateneo, 1956 [1925].

32 Cf. Louis Lavelle, Introducción a la ontología. México: FCE, 1953.

33 Karl Popper,…op.cit., 1982, 39.

34 Pierre Vilar, “Pour une meilleure compréhension entre économistes et historiens: ‘historie quantitative’ ou économétrie rétrospective? » Revue historique, 233, 1965.

35 Pierre Chaunu, “Histoire quantitative et histoire sérielle”. Cahiers Vilfredo Pareto, 3, 1964, París. Passim.

36 Como se conoce a la New Economic History y a los historiadores que teorizan desde la utilización de métodos cuantitativos.

37 Maurice Levy-Leboyer, “La ‘New Economic History’ ” .Annales, 24: 61. París, 1969.

38 Cf. Simon Kuznets, Crecimiento económico y estructura económica , Barcelona : G. Gili, 1970 (1930).

39 También denominados “ciclos de Juglar”.

40 Semejante a las “ondas largas” (long waves) de Kondratieff.

41 Por ello las críticas acerca de poner a la función producción Q = f(K, L), como el eje central de la investigación (Q = Producción; K = Capital; L = Trabajo; semejante a la composición orgánica = o = c/(c+v) = 1/1+(v/c) = composición orgánica del capital, donde C = capital constante; V = capital variable.

42 Douglass North, Instituciones, cambio institucional y desarrollo económico. México: FCE, 1993, 139.

43 Douglass North y Robert Paul Thomas, El nacimiento del mundo occidental: una nueva historia económica (900-1700) Madrid ; México : Siglo Veintiuno, 1991.

44 Fogel, Robert, Railroads and American Economic Growth, Essays in Econometric History. Chicago, UP, 1964.

45 Robert Fogel, y Stanley Engelman, Time on the cross Boston, Little Brow, 1974.

46 Claudia Goldin, “Cliometrics and the Nobel”, The Journal of Economics Perspectives, vol. 9, nº 2, 1995.

47 A partir de 1945 se denominó Annales. Économies, Sociétés, Civilisations.

48 Héctor Omar Noejovich, …,op. cit. 1996, 39.

49 Presidente de la Sociedad Estadística de París en 1921.

50 También se interesó en el problema del ciclo económico, pero más bien desde una perspectiva de largo plazo. En 1932 se publicó Fluctuations économiques à longue période et la crisse mondiale.

51 André Marchal, …op. cit., 1957. 138-

52 El análisis de series de tiempo data de principios de siglo. Su objeto es diferenciar los fenómenos en el tiempo descomponiendo la serie en tendencias –continuidad en el tiempo--, variaciones cíclicas, variaciones estacionales –en series con datos mensuales, trimestrales, etc. — y los hechos erráticos que distorsionan la serie.

53 Ernst Breisach, Historiography. Chicago: UP, 1983, 370 y ss.

54 De allí su frase, “la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”. Marc Bloch, Introducción a la Historia. México, Fondo de Cultura Económica, 1952, 38.

55 Conferencia inaugural en el Collège de France, 1950.

56 Robert Forster, “Las realizaciones de la escuela de Annales” ECO, T°XLIII/5, n° 239. Bogotá, Buchholtz, 1981, 525.

57 Fernand Braudel,…op.cit. 1958, 594,

58 Reparar que el término structure = estructura no se corresponde con el significado atribuido por el materialismo dialéctico.

59 “Hay además, más lenta aún que la historia de las civilizaciones, casi inmóvil, una historia en relación con la tierra que los sostiene y los nutre” (Fernand Braudel,…op. cit. 1969, 48/9).

60 Nuevamente debe aclararse que cojonture = coyuntura no debe confundirse con la terminología de los ciclos económicos o teoría de la coyuntura.

61 Joseph Fontana, Historia. Barcelona: Crítica, 1982, 206.

62 Por otra parte en boga en la Francia de la época.

63 Cf. Fernand Braudel, …op.cit. 1989, passim.

64 Robert Forster,...op. cit. 1984, 566; J. H. Hexter, , On Historians. Harvard, UP, 1979. 113.

65 Pierre Chaunu”...op. cit. 1964, 166.

66 François Furet, “Lo cuantitativo en historia”. En: Jacques Le Goff y Pierre Norah, Hacer la historia, Barcelona, Laia, 1974.

67 Iniciador de este tipo de análisis fue Ferdinand de Saussure (1857-1913), filólogo suizo que introdujo una serie de conceptos clave para la lingüística, que se han extendido a las ciencias sociales. Estos pueden resumirse en: (1) la lengua, como sistema de expresiones convencionales usadas por una comunidad y el habla como uso individual; (2) la sincronía, como el estudio de la constitución y el funcionamiento de un sistema; (3) la diacronía, como la evolución de ese sistema, y (4) la distinción entre significante y significado.

68 Un ejemplo de ello, en el espacio andino, son los trabajos de Nathan Wachtel, Vision des vaincus. Paris, Gallimard 1971 y Ragnar Tom Zuidema, The ceques system of Cuzco. Leiden, International Archives, 1964.

69 Fenand Braudel,…op. cit., 1985, 12.

70 Pierre Vilar,…op. cit., 1965.

71 Véase también Jane Marczewski y Pierre Vilar, ¿"Qué es la historia cuantitativa?, Nueva Visión, 15, Buenos Aires ,1973.

72 Enrique Tandeter y Nathan Wachtel, Precios y producción agraria, Potosí y Charcas en el siglo XVIII. Buenos Aires, CEDES, 1984.

73 Cf. Jacques Soustelle, Los cuatros soles. Origen y ocaso de las culturas. Madrid: Guadarrama, 1969.

74 Para una discusión amplia del rol ideológico, cf., Eduardo R. Scarano (Coord.), Metodología de las Ciencias sociales—Lógica, lenguaje y racionalidad. Buenos Aires, Ediciones Macchi 1999.

75 Carlo Cipolla,…op cit., 1991: 27.

76 Maurice Godelier, Racionalidad e irracionalidad en la economía. México: Siglo XXI.1976, 254, cursiva en el original.

77 Max Weber, Economía y sociedad. México: FCE, 1964 [1922], 226 y ss.

78 La coacción no solamente es legal, sino que se incluye en la normas las provenientes de la tradición y costumbres.

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