Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 7 

ESCUELA DE HISTORIA
Año 7, Vol. 1, Nº 7, Año 2008
 

Artículo



DESARROLLO, SUBDESARROLLO Y TEORÍAS DEL DESARROLLO EN LA  PERSPECTIVA DE LA GEOGRAFÍA   CRÍTICA

(DEVELOPMENT, UNDER-DEVELOPMENT, AND DEVELOPMENT THEORIES IN A CRITICAL GEOGRAPHY PERSPECTIVE)

Héctor E. Ramírez

Licenciado en Geografía,  Facultad de Humanidades, UNSa, Obispo Romero 1675, 4400 Salta hramirez@unsa.edu.ar , hecramirez@arnet.com.ar

Resumen: En este trabajo se intenta una aproximación a las teorías del desarrollo desde la perspectiva de la geografía crítica, teniendo en cuenta que durante mucho tiempo conceptos tales como desarrollo,  subdesarrollo, países adelantados, países atrasados fueron transmitidos en las aulas de una manera lineal y a-crítica, prácticamente desde el sentido común, naturalizando sus significados e inclusive atribuyendo el nivel de desarrollo de los países a las condiciones de la naturaleza. Esta forma de describir la división del mundo en países ricos y países pobres contribuyó a su legitimación ideológica y, por otra parte, se convirtió en uno de los ejemplos más claros de la trivialización de la enseñanza de la geografía que en muchos casos sobrevive hasta la actualidad. Fundamentalmente esta aproximación se realiza desde los postulados teóricos de geógrafos que desde la teoría social critica y desde el marxismo, como Peter Taylor, David Harvey y Milton Santos, develaron las consecuencias de esa geografía y aportaron explicaciones profundas sobre la verdadera naturaleza de la división del mundo en desarrollado y subdesarrollado.

 Abstract: This paper holds a critical approach of development theories in Geographic and the teaching of geographic. For many years notions like development, under-development, developed countries, under-developed countries were taught a-critically. Those concepts were taken as general truths and the levels of development of the different countries were attributed to their environmental conditions. The description of the world in terms of rich and poor countries those became legitimate ideologically, and it has trivialized the teaching of geography up to these days. This paper is based on the devised the social critical theoricians and marxist geographers like David Harvey, Peter Taylor and Milton Santos who unveiled the consequences of those approaches in the teaching Geographic and provided further explanations about the real causes of conceptual division of the world in developed and under-developed countries

Palabras clave: Desarrollo; Subdesarrollo; Territorio; Capitalismo; Economía-Mundo

Key Words: Development; Under-development; Territory; Capitalism; World-economy.

 

 

Introducción

 A través de este trabajo se expondrán y analizarán algunos conceptos tales como desarrollo, subdesarrollo, centro, periferia, entre otros, y las perspectivas de abordajes vigentes en la enseñanza de la geografía. Los conceptos del primer par eran  utilizados para la diferenciación del espacio geográfico a escala mundial; en la geografía tradicional no implicaban un abordaje teórico del origen, significado o las implicancias de tal diferenciación. Considerados como supuestos, los países se dividían casi de manera  natural en Desarrollados y Subdesarrollados a partir de su “puntuación” en una serie de indicadores socioeconómicos que los ubicaba desde los más (desarrollados) hasta los menos (subdesarrollados). Esto implicaba una descripción muy superficial de la situación de los países, que no permitía explicar por qué el mundo se divide de esa manera ni tampoco como llegó a configurarse como tal. Será la Geografía Social, también denominada Radical, hacia mediados de la década de 1970 la que pondrá en evidencia el origen de la desigualdad entre Estados como resultado de la expansión territorial capitalista y el carácter de mito que cumplió la promesa de que los países “atrasados” algún día alcanzarían el nivel de desarrollo de los países más “adelantados”. La geografía crítica, partiendo de conceptos tales como Sistema-Mundo, Centro-Periferia y de un análisis más profundo del Estado Territorial Moderno, permitirá una explicación socialmente significativa de la configuración espacial del mundo contemporáneo.[1] Este trabajo se apoya fundamentalmente en la perspectiva teórica de los geógrafos Peter Taylor,[2] David Harvey[3] y Milton Santos.[4]

Los conceptos de desarrollo y subdesarrollo

El abordaje tradicional de esta temática (nos referimos a su abordaje en la enseñanza de la geografía) coincide en señalar que en el mundo existen contrastes. Todos los autores parecen identificarlos con la existencia de unas condiciones socioeconómicas concretas, las cuales estarían reflejadas por indicadores socio-económicos; la puntuación obtenida por los países en este “ranking” fundamenta su diferenciación y clasificación en Países Desarrollados y Países Subdesarrollados.

 La dualidad entre países desarrollados y subdesarrollados, que los supone como realidades dicotómicas, ha intentado ser suavizada y hasta desdibujada, con términos como “Países Altamente desarrollados”,[5] “Países en Vías de Desarrollo”, “Países Menos Desarrollados”,[6] según se lee en los documentos del Banco Mundial y de la ONU. La utilización de estos nuevos términos “en-vías-de” disminuye la carga peyorativa (nadie se sentiría orgulloso de vivir en un país “subdesarrollado”) a la vez que mantiene vivo el optimismo, la esperanza de que el desarrollo prometido algún día será alcanzado.

 Teorías del desarrollo basadas en la economía neoclásica

Se denomina así a las teorías  basadas en los supuestos del liberalismo económico en las que  se concibe al desarrollo como un proceso lineal y de carácter unívoco seguido por todos los países. Con esta interpretación, todos los países habrían estado subdesarrollados en un determinado período histórico, encontrándose en la actualidad en un punto más o menos avanzado de su evolución hacia el desarrollo en función de su dinamismo interno. Por tanto, lo que deben intentar todos los países es acelerar su recorrido de las diversas etapas hasta “alcanzar” a los “más adelantados”. La evidencia histórica de esta formulación se basa en el proceso seguido por la economía británica, a la cual se la divide en cinco etapas:[7]

  • Sociedad Tradicional, basada en una economía de auto subsistencia, de baja productividad, escasa tecnología, estructura sociopolítica estática, escasez de inversiones, etc.

  •  Condiciones Previas e Impulso Inicial: a partir del incremento del capital Financiero y Humano, la existencia de recursos energéticos, aumento de la productividad agraria  y profundas transformaciones sociales y económicas.

  • Fase de Despegue: expansión de las fuerzas productivas, rápidas mejoras tecnológicas, inversión productiva por encima del 10% del Producto Bruto, desplazamiento de la mano de obra rural a la industria, consolidación de una burguesía capitalista industrialista.

  • Fase de madurez: difusión del crecimiento y expansión de las mejoras técnicas al conjunto del sistema productivo (proceso que podría durar entre tres y cuatro décadas).

  • Sociedad de consumo de masas: El sector terciario de la economía se convierte en dominante junto a las industrias de bienes y equipos respecto a los de primera necesidad. Se generaliza el acceso de la población a mayores niveles de consumo.

 

Estos supuestos teóricos formulados a fines de la década de 1950 por W. Rostow dieron origen a los postulados desarrollistas que se aplicaron en distintos países, especialmente en América Latina; la cuestión era sólo de tiempo, de diseñar y aplicar las políticas económicas “correctas”, acelerar el proceso ya seguido por los países ricos y esperar que se produzca la “convergencia” entre éstos y los que empezaron la carrera más tarde. La utilización, generalización y naturalización de este par de términos, supone eso; se trata de una carrera, un juego en la cual los países compiten, las reglas son las mismas para todos, todos persiguen el mismo fin y no hay relaciones entre los participantes.

Lo mismo postulan más recientemente las teorías del desarrollo endógeno, que ponen énfasis en la ampliación de las infraestructuras de comunicaciones y la innovación tecnológica a las cuales les agregan factores de orden extra-económico tales como las instituciones, la cultura o las relaciones sociales; de este modo, “las raíces del desarrollo se encontrarían en la interacción entre la actividad económica y la cultura social por lo que tienen carácter localizado y son inherentes a cada territorio”.

Por otra parte no se puede ignorar el aporte realizado por lo que se denomina “determinismo geográfico” en la justificación de los distintos niveles de desarrollo en los que se encuentran los países: esto se debería a la ubicación geográfica de cada uno de ellos; los ubicados en zonas templadas y llanas, las cuales son “mas aptas” para la “laboriosidad humana”, son los países más desarrollados.[8] Las condiciones de mayor temperatura, mayor humedad o mayor altura existentes en las zonas tropicales y/o montañosas explicaban la “escasa laboriosidad” de sus habitantes y esto se transformaba en el por qué son subdesarrollados los países localizados en estas zonas.

Desarrollo y Crecimiento

Al basar la diferenciación entre países en unos indicadores socio-económicos (renta per cápita, consumo de distintos tipos de bienes desde cemento hasta televisores, kilómetros de carreteras, utilización de maquinaria agrícola, consumo de fertilizantes, líneas de teléfonos, etc.) ya se está suponiendo qué se debe entender por desarrollo; mayores niveles de consumo y consecuentemente crecimiento de los niveles de producción; lisa y llanamente se asimila la idea de desarrollo a la de crecimiento económico. Así, se invirtió un enorme esfuerzo para medir ese crecimiento económico a través de sofisticadas técnicas matemáticas y estadísticas dándose por sentado que de esa manera se estaba cuantificando el nivel de desarrollo.[9]

Cuantificar los niveles de consumo de los países puede constituir una primera aproximación a la cuestión del desarrollo, pero no explica las desigualdades existentes entre países; en la práctica esto significó que durante mucho tiempo, la cantidad de actividad económica fuera “el” indicador de desarrollo. Así se consolidó la idea de que para ser un país desarrollado hay que producir más y esto se difundió ampliamente por el mundo, especialmente desde 1949, cuando en Estados Unidos se acuñara el concepto de subdesarrollados para referirse al resto de los países fuera de Europa Occidental y Japón. Esta concepción resultó a medida de las necesidades de expansión de la economía capitalista[10] (fundamentalmente la estadounidense) basada en las grandes empresas, ya incipientemente multinacionales y luego transnacionales.

Desde la década de los cincuenta alcanzar el desarrollo va a constituir una de las principales tareas de las naciones “subdesarrolladas”. Para ese objetivo van a tener la ayuda de los organismos y programas para el desarrollo de la recientemente creada Naciones Unidas. Luego de más de cinco décadas de aquella “ayuda” o “cooperación” para el desarrollo, la misma no redujo las desigualdades; por el contrario, las estadísticas ponen en evidencia que han aumentado. En 1961, inaugurando el “Decenio de las Naciones Unidas para el Desarrollo”, el documento rector era prologado de la siguiente manera:

“Es asombroso el hecho de que, en una época en que la abundancia está empezando a ser la condición, al menos en potencia, de países y regiones enteras, y no solo de individuos aislados, al mismo tiempo que las proezas científicas superan los mas atrevidos sueños pretéritos de la Humanidad, resulta que hay en el mundo mas seres padeciendo hambre y necesidad que en ninguna otra época anterior. Tal situación es intolerable, y tan contraria al verdadero interés de todas las naciones, que debe decidir a los países adelantados, conjuntamente con los países en desarrollo, a acabar con ese estado de cosas”.[11]

 

REH07 Articulo 09 Figura 1

Fig. 1: La  brecha entre países ricos y países pobres no ha hecho más que aumentar desde que los primeros ayudan a los segundos a desarrollarse (Atlas Le Monde, 2003).

El mismo PNUD ha reconocido en 1992 que entre 1960 y 1990 la brecha entre el Norte desarrollado y el Sur subdesarrollado había aumentado. Otro dato relevante es el referido a la magnitud de las ayudas al desarrollo, cuyo objetivo había sido fijado por los propios países industrializados en el 0,7 % de sus P.B.I. a fines de la década de 1960; hacia 1996 el promedio se ubicaba en torno al 0.33 %[12] (las cifras reales varían entre el 0.89 % de los países Nórdicos y el 0.2% de los Estados Unidos). Esto pone en tela de juicio el rol que han jugado tales planes y tales ayudas, a la vez que cuestiona de raíz tanto el significado como la posibilidad real de alcanzar el ansiado Desarrollo.

Desarrollo y subdesarrollo: dos caras de una misma moneda

Siguiendo a Méndez y Molinero podemos afirmar que el desarrollo, entendido como el proceso seguido por los países que lideraron la revolución industrial y cuyo ejemplo debían seguir todos los países, constituye uno de los mejores ejemplos del papel que juegan los mitos en las ciencias sociales[13] ocultando dimensiones significativas de la realidad. Esta forma de conceptualizar el mundo ha sido muy popular entre los geógrafos que aplicaron los modelos por etapas a múltiples fenómenos; desde extensión de vías de comunicación hasta la “transición demográfica”. Al dar por cierto que el subdesarrollo era una etapa, se asumía como lógico y natural un proceso lineal y evolutivo que llevaría al desarrollo. He aquí el mito: los actuales países desarrollados no han sido nunca subdesarrollados,  se oculta el hecho de que las condiciones en que los países centrales han conquistado su posición corresponden a un proceso histórico no reproducible ni imitable. Coincidentemente, Peter Taylor agrega:

 “Las políticas de desarrollo (imitar lo que había sucedido en los países ricos) convertidas en mitos consisten en llegar, a partir de una evidencia histórica de cómo se enriquecieron los países poderosos, a una especulación futurista sobre como, a su vez, pueden lograrlo los países pobres”.[14]

 

 

Fig. 2: el cumplimiento de los países ricos en ayudar a los países pobres. Nótese especialmente  el interés en el desarrollo del resto del mundo por parte de los Estados Unidos (Atlas Le Monde 2003).

En realidad desarrollo y subdesarrollo se muestran como procesos dinámicos e interdependientes; desarrollo y subdesarrollo son dos manifestaciones de un mismo proceso: la expansión mundial del capitalismo, que posee un carácter acumulativo en el tiempo y afecta de manera diferente a cada territorio. Considerada a escala de países, la expansión mundial del capitalismo produjo un desarrollo desigual: el crecimiento generado en una región alcanza cierto nivel y dinamismo; la acumulación de plusvalías y de ventajas competitivas favorecen la progresiva concentración en detrimento del entorno, cualquiera sea la escala que se considere.

Fig. 3: La teoría de Rostow y el Desarrollismo: La secuencia en la izquierda del gráfico corresponde al modelo de desarrollo por etapas de Rostow, la evidencia histórica. La secuencia de la derecha es la ilusión en la  que se basa el desarrollismo contemporáneo.[15]

La Economía-Mundo o la escala que verdaderamente Importa

La geografía tradicional y especialmente la geografía política tradicional tomaba como unidades básicas de análisis los Estados -sin nombrarlos como tales- y aún en las célebres geografías regionales o universales, la descripción se realizaba país por país: a cada territorio le correspondía una sociedad específica y diferenciada. Así, entonces, al darse por sentada la existencia de un territorio y una sociedad japonesa, era lógica la existencia de una geografía de  Japón, al igual que una geografía de Sudán o de Canadá.

La existencia de un mundo dividido en países era un punto de partida obvio.  Pero cómo fue que la superficie de la tierra llegó a dividirse en países, o cómo se originaron los Estados territoriales, no eran cuestionamientos que representaran problemas para la geografía. Los países y sus territorios eran datos casi naturales, y de allí se partía. Desde una perspectiva actual se afirma que esa forma de concebir la geografía política era “Nación-Céntrica” y esto la “embotó mortalmente”.[16]

La renovación de la geografía política de los años 70 a partir de los aportes del marxismo y de la escuela de Frankfurt va a dar un giro copernicano al enfoque país por país y se va a pasar a un análisis mundial del funcionamiento de la economía y de las relaciones internacionales. Así, el problema de los países subdesarrollados y de las relaciones de dependencia va a ser enfocado teóricamente desde el modelo centro-periferia; el análisis de los sistemas mundiales[17] en la línea de Wallerstein y desde una nueva conceptualización de la naturaleza del Estado Territorial Moderno[18] y su lógica de existencia, funcionamiento y relación en y con el sistema capitalista.[19] Con esta nueva perspectiva teórica se supera la división y separación tradicional del análisis geográfico en Geografía Local, Geografía Nacional y Geografía Mundial, ya que esta división tripartita pasa a ser parte del funcionamiento del sistema.

Aquella división, naturalmente aceptada, consideraba como compartimientos estancos dichas escalas, especialmente en el caso de los países; esto es lo que permitía verlos como competidores soberanos en la carrera hacia el desarrollo. La conceptualización de Economía-Mundo cuestiona de raíz dicha competición, dado que, en realidad:

“… el hecho de que algunos países sean ricos y otros pobres no se debe simplemente a que recorren con diferentes ritmos un supuesto camino universal que conduce a la opulencia; al contrario, ricos y pobres forman parte de un único sistema y experimentan distintos procesos en el seno de este sistema: El desarrollo y el desarrollo del subdesarrollo. El hecho mas importante en lo que respecta a los países que actualmente están en los escalones inferiores de la escala de Rostow es que hay países que disfrutan de la ventaja de estar por encima de ellos en el escalón superior”.[20]

Por tanto, la economía–mundo consiste en un único mercado mundial, el cual determina tanto la cantidad como el tipo y la ubicación de la producción; el resultado palpable del proceso de imposición del sistema ha sido un desarrollo económico desigual del mundo. (Esto refuta también el supuesto de que las reglas de juego de la competencia fueron asumidas soberanamente por los países participantes). Este proceso ha tenido instituciones específicas (los Estados Nacionales y su instancia supranacional; Las Naciones Unidas y sus Programas de Desarrollo) y actores ejecutores; desde la finalización de la segunda guerra mundial las empresas multinacionales han dominado el mercado mundial. Entonces la economía mundo capitalista es un único proceso que se manifiesta en tres escalas. Veremos eso más adelante.

Un sistema de múltiples Estados

El hecho de que la superficie terrestre se encuentre parcelada en aproximadamente 190 Estados es coherente y funcional con la definición del sistema o economía-mundo; la existencia de un sistema interestatal es vital e indispensable para la competencia intercapitalista. El Estado es la institución encargada de velar por la continuidad del modelo de acumulación vigente; en él reside el poder formal y la salvaguarda de las leyes que definen las normas por las que se rigen todas las instituciones. En prácticamente todas las constituciones liberales actuales, lo primero que se declara es la protección de la propiedad privada; todo el conflicto social por la apropiación de la riqueza generada socialmente derivado de esa declaración primaria es atendido por el Estado como atenuante de las fricciones entre los distintos sectores sociales involucrados en los procesos económicos.[21] En la misma línea teórica de análisis Peter Taylor refuta la tesis de “neutralidad” del Estado y, por tanto, también la supuesta separación entre economía y política. Basándose en Miliband, Poulantzas y Gramsci, entre otros teóricos de la relación entre Estado y Capitalismo, lo afirma así: “… el Estado es Capitalista porque funciona dentro de los parámetros del modo de producción capitalista (no por “fuera” de él –el Estado árbitro- como proponen los “neutralistas”) lo cual pone límites a su campo de acción, de forma que el Estado no tiene otra opción que adaptarse a las necesidades del capital.[22]

De allí todo el origen de la “Política Social” y la legitimidad de las “Políticas de Desarrollo”. Pero estas políticas como todas las otras, (por ejemplo, la “Política Económica”) no son ni pueden ser autónomas, no pueden ir contra el funcionamiento global del sistema, sólo tienen un margen de maniobrabilidad que varía según se trate de un Estado central o de uno periférico; dado que en el centro las instituciones estatales llevan siglos consolidándose simultáneamente a la consolidación del capitalismo. Allí la legitimidad social se basa en el consenso más que en la coacción derivada del monopolio de la violencia que se arroga el Estado y también de la sólida posición que ocupan en la economía mundial las grandes empresas.

Esta situación es totalmente distinta en un Estado periférico, dado que son básicamente las mismas empresas que operan en sus territorios y que envían sus ganancias a sus casas matrices ubicadas en las metrópolis; en estos lugares prácticamente no hay recursos para brindar una seguridad social similar a la de los países centrales; entonces el equilibrio del Estado periférico se mantiene en base a una mayor dosis de coacción que de consenso. Equilibrio siempre precario dado que en períodos de recesión mundial debe recurrirse a mayores dosis de represión

Estructuras tripartitas: Centro, Periferia y Semi-Periferia

Comúnmente suelen usarse los términos centro y periferia para referirse a países; los países ricos son los países centrales y los países pobres son los países periféricos. Así expresado pareciera decirse que los países tienen de por sí dichas características; de esta manera quedan naturalizadas y dan la apariencia de ser características estáticas: En la perspectiva geográfica crítica el espacio geográfico es una construcción social, y las asimetrías y desigualdades existentes en la concreción material del espacio geográfico, es decir entre territorios, deben ser entendidas como resultado del tipo de relaciones sociales de producción que entre ellos se establecen.

El espacio geográfico mundial de por sí no posee características de centro o de periferia; centro y periferia son términos que se refieren a relaciones y procesos y a la forma en que se modela la estructura espacial; no a zonas, regiones o Estados. Una zona es central porque en ella predominan procesos de estas características y una zona, región o Estado es definido como periférico/a porque en él/la predominan procesos de estas características. Los procesos de centro y de periferia son relaciones opuestas  pero complementarias en la economía-mundo capitalista. En aquellas zonas en que existen una dominancia de salarios elevados, alta tecnología y producción diversificada queda configurada como centro y, complementariamente, donde se acumulan bajos salarios, escasa tecnología y mono-producción o productos simples se configura como periférica (tampoco es el tipo de producto el que define si una zona es central o periférica; las zonas tropicales producen maderas al igual que Escandinavia y Canadá pero en la primera se combina maderas caras con mano de obra barata y en la segunda, maderas baratas con mano de obra cara). En la economía capitalista cualesquiera sean las escalas analizadas encontramos procesos de centro y procesos de periferia: local/nacional/global. De todas maneras, el espacio geográfico está siendo construido y reconstruido permanentemente y la expansión geográfica de la economía mundo, cuyo objetivo básico era ampliar la división del trabajo, implicó la incorporación de nuevas zonas a la economía-mundo en condiciones desfavorables respecto de los antiguos miembros, es decir; esos territorios cuando fueron incorporados ya sea mediante saqueo, control político o “apertura”, no eran periferia sino que esa “asimilación” significó su periferialización, en palabras de Peter Taylor:

“… la economía mundo europea se extendió asimilando al resto del mundo aproximadamente por este orden: El Caribe, América del Norte, India; Asia Oriental, Australia, África  y por ultimo las islas de l Pacífico. Esta asimilación se produjo de diversas maneras. La mas simple era el saqueo, el cual solo podía ser un proceso a corto plazo, complementado necesariamente con nuevas actividades que dieran lugar a nuevos asentamientos; este proceso de asimilación  es el que se dio en América Latina: En el resto del mundo los sistemas aborígenes fueron destruidos y se crearon economías totalmente nuevas ,como en el caso de América de Norte y Australia, es decir se reorientaba su economía para que satisficieran las necesidades  mas amplias en el ámbito de la economía-mundo; este proceso se podía llevar a cabo mediante el control político directo, como en la India, o sencillamente mediante la apertura de una zona a las fuerzas del mercado, como en China”.[23]

La relación básica entre centro y periferia es, entonces, de explotación. Pero esta característica intrínseca del sistema capitalista no puede manifestarse abiertamente; es necesario mostrar y demostrar que es posible el progreso y el desarrollo, que están dadas las condiciones para que un país deje de ser periférico y pase al centro.

A manera de un colchón amortiguador y para dar mayor estabilidad al sistema (un formato de tres niveles es más efectivo que uno de dos donde las partes en conflicto se verían las caras. P. Taylor, citando a Wallerstein, ejemplifica esto con la existencia de partidos de “centro” entre los de derecha y los de izquierda o la existencia de la clase “media” entre la clase alta y la clase baja). Aparece la semi-periferia,  la cual se manifiesta en regiones o Estados donde no predominan ni los procesos de centro ni los de periferia, ya que no hay procesos semi-periféricos. Esto implica que estas regiones o países son , a la vez, explotadores de la periferia y explotados por el centro, pero pueden aprovechar las oportunidades de “ascenso” que se presenten en épocas de crisis; la expansión del capitalismo es cíclica, con fases de crecimiento y fases de estancamiento o recesión.

Siguiendo a Taylor basado en Wallerstein, la función primordial de la semi-periferia es política al -como se dijo- fomentar la existencia de una categoría intermedia que separe intereses en conflicto. Esta estructura espacial tripartita coincide con otra estructura tripartita vertical; en el centro se ubica el Estado-nación como instancia “ideológica” generadora de sentido para un grupo humano organizado políticamente. Recordemos con Hobsbawm la idea de nación como  “novedad histórica”,[24] o la nación como “comunidad imaginada” capaz de ocultar los conflictos de clase bajo el manto del patriotismo, siguiendo a Benedict Anderson[25], que legitima nociones tales como “el pueblo” o “economía nacional” y que separa la escala de la “experiencia” cotidiana- lo local- de la escala de “realidad” representada por la economía –mundo-. Con estos elementos podemos afirmar que la política estatal-nacional sólo puede reducir o ampliar la influencia de los procesos globales que operan y afectan a las comunidades locales; no puede ni anularlos ni evitarlos; la realidad es la realidad holística del sistema-mundo; en ultima instancia las explicaciones de lo que sucede en la realidad cotidiana de la escala local se encuentran allí. Aunque siempre existe la esperanza y la posibilidad de “ascender al centro”, siempre será a costa de otros; es imposible que toda la semi-periferia ingrese al centro.[26]

El papel del imperialismo en la configuración del mundo actual

Geografía e imperialismo

A finales del siglo XIX fueron creadas las grandes sociedades geográficas de los Estados europeos, como así también la mayoría de las cátedras universitarias de geografía. Este auge de la geografía se debió a dos necesidades de la época; al interior de los Estados poseer un discurso científico que legitime ante los otros Estados y ante los ciudadanos la posesión de un territorio.[27] Hacia fuera, con la creación de las ramas especializadas; geografía comercial, geografía colonial, geografía política, se pone ese saber a disposición de la empresa imperialista. Era una época en la que todo aquel que aspirara a cargos en el Estado tenía que saber geografía.[28] El imperialismo era una empresa casi altruista desde la perspectiva de las potencias de la época y sus súbditos estaban orgullosos de ello. Hacia la finalización de la segunda guerra mundial, el imperialismo entra en decadencia y supuestamente ese período de la historia termina con la descolonización. Así, el imperialismo desaparece de las agendas políticas.[29] Sin embargo, en la perspectiva del sistema mundo, el papel del imperialismo en la configuración del mundo actual fue crucial; por tanto es imposible obviarlo/olvidarlo en la perspectiva de la geografía crítica:

“… el olvido no solo ha afectado a la geografía política sino que ha ido mucho mas lejos. Por ejemplo, una de las críticas más severas que puede hacerse a todas las escuelas de la modernización y desarrollo de la ciencia social moderna es que parece que “olvidan”, o por lo menos “ignoran” la contribución del imperialismo a la situación del mundo actual”.[30]

La razón de la expansión del imperialismo

Aunque las explicaciones tradicionales decían que la razón de la expansión del imperialismo eran el comercio y la búsqueda de nuevos mercados para los productos del centro, desde la perspectiva de la economía-mundo el motivo principal de la expansión del imperialismo es, en realidad, la ampliación de la división del trabajo.[31] Todas las zonas incorporadas a la economía-mundo daban lugar a la incorporación de nuevos contingentes humanos como mano de obra siempre más barata. Las sociedades no capitalistas no daban muestra de estar demasiado interesadas en los productos del centro, pero sí podían constituirse en productores para las metrópolis, lo que tornaba más importante la producción que el intercambio, aunque luego por supuesto que las necesidades podían ir siendo creadas a medida que la conquista política y cultural se iba consolidando. Por tanto, lo que define en cada momento los límites de la economía-mundo son las posibilidades de ampliar la división del trabajo; es el proceso que creó la periferia y continúa recreándola.

El imperialismo formal

Este fue el método político para crear nuevas zonas de producción para la economía-mundo; fue la forma de asegurar la incorporación de las regiones hasta entonces exteriores, en la división del trabajo de la economía-mundo. Ya Holanda, potencia económica y marítima, bregaba por la libre navegación de los mares. Surge así el derecho internacional basado en la libertad de navegar y, al ser los productores más eficaces los Estados hegemónicos del centro, éstos fomentan e intentan imponer las ventajas del libre comercio sabiendo de antemano que sus productos pueden derrotar a otros potenciales productores recién llegados; el libre mercado favorece a los productores eficaces y éstos son los de los países centrales. Así, el libre comercio fue presentado como algo natural, como una ley universalmente válida, y la intervención política como una interferencia, lo cual enmascara las ventajas de los Estados hegemónicos conseguidas políticamente. Las características proteccionistas o de libre comercio dependen de la oportunidad de las mismas o se pueden combinar ambas; no hay una política mejor por naturaleza. Por lo tanto, se puede decir que los Estados hegemónicos ya tenían y siguen teniendo ventajas estructurales que forman parte del entramado del funcionamiento de la economía-mundo.

África como dramático ejemplo

La parte central del continente africano fue “integrada” como proveedora de mano esclava  al agotarse el trabajo provisto por los aborígenes americanos. Primero la zona productora era el nordeste de Brasil y luego el Caribe. Francia, los Países Bajos e Inglaterra van a crear colonias en esta ultima zona para satisfacer la creciente demanda de azúcar a partir del mejoramiento de las condiciones de vida de grandes sectores sociales en Europa. Con la abolición de la esclavitud por parte de Inglaterra en 1807 se logró un nuevo aprovechamiento de los brazos africanos, llevando factorías allí donde se encontraban los “trabajadores” para que continúen produciendo a bajísimos costos para las metrópolis, además de proveer otros productos tropicales como cacao y maderas duras. Esta es la razón de la “pelea por África” entre las potencias imperialistas del siglo XIX y lo que profundizó la periferialización del continente.

Paulatinamente los hombres africanos (emigrantes) van a empezar a trabajar en las “islas de desarrollo” produciendo artículos para la economía-mundo y, simultáneamente, van a empezar a aportar dinero a la familia. Pero en realidad los demás miembros de la unidad doméstica, al permanecer en la zona de subsistencia, realizan trabajos no asalariados, que son los que en gran parte garantizan la subsistencia; el dinero se utiliza para el pago de los impuestos y para comprar algo en el mercado. Pero lo que se necesita cotidianamente se produce en el seno del hogar. Este modo de subsistencia es lo que permite que a los hombres se les pague salarios tan bajos.

De este modo las mujeres son las que subsidian a los hombres que trabajan produciendo para la economía-mundo. Las unidades domésticas basadas en el trabajo de emigrantes son muy comunes en la periferia. De esa manera se separan los costes de reproducción de la mano de obra de los costos de producción para el mercado mundial; los costos de criar los hijos para la siguiente generación de trabajadores o los costos de mantener a los que ya han trabajado, no están incluidos en el costo de los productos fabricados en la periferia como sí lo están en los productos fabricados en el centro. Cuando compramos productos fabricados en el centro estamos pagando los precios que contribuyen al bienestar de los productores del mismo, en tanto que los precios pagados en el centro por los productos fabricados en la periferia no contribuyen al bienestar de los trabajadores de la periferia.

De esta manera  la organización territorial del continente se estructuró en tres partes: zonas productoras para el mercado mundial, zonas productoras para el mercado local, y zonas que sólo producían mano de obra. Todas las colonias tenían una o más zonas de la primera clase y los ferrocarriles y los puertos generaban el patrón espacial: las islas de desarrollo, el resto del continente, sólo tenía una agricultura de subsistencia. Pero forma parte de la economía-mundo dado que exporta mano de obra.

¿Cómo lograron esto las potencias imperiales?: Mediante la introducción de algo novedoso: los impuestos. Para pagarlos, los agricultores se vieron obligados a convertirse en trabajadores asalariados; las migraciones laborales continúan en la actualidad. Así, este tipo de migración brinda al capital todas las ventajas posibles; bajo costo salarial, pocos derechos, y el costo de reproducción de la misma se halla en otra parte y es fácil deshacerse de ella en épocas de recesión. Esto es, en definitiva, lo que está en la base del intercambio desigual en todas las transacciones. Los precios son los del mercado mundial y éstos son el reflejo de la desigualdad, y la mantienen. Los artículos de la periferia son baratos y los del centro son caros; el cacao de Ghana incluye los salarios bajos de Ghana y un Mercedes Benz alemán incluye los altos salarios alemanes; no se trata sólo de diferencias de tecnologías sino también de la fuerza relativa de los trabajadores alemanes comparados con los trabajadores ghaneses.

 

Fig.4: La periferialización de África al ser incorporado a la economía-mundo[32]

Según cálculos de Gunder Frank,[33] en 1966 las exportaciones de la periferia representaron 35.000 millones de dólares que hubieran representado 57.000 si se hubieran producido con salarios elevados. Y el proceso continúa ante nuestros ojos.

La enorme desigualdad del mundo actual se basa en el libre mercado, y los salarios de subsistencia pagados en la periferia del sistema son parte de su funcionamiento. En la economía-mundo no hay forma de solucionarla; puede haber (de hecho las ha habido y las sigue habiendo) estrategias estatales que puedan sacar a un país del subdesarrollo, pero siempre será a expensas de los demás. Aunque todos los países adopten políticas perfectas para progresar económicamente no todos ascenderán al centro; para que haya centro es preciso que haya periferia y si no existieran las dos no habría economía-mundo. En esto también tiene que ver la connivencia entre las elites o burguesías nacionales y los intereses de los capitales de las metrópolis, ya que fue (y es) mayor la comunidad de intereses entre estos grupos que el interés de las dirigencias locales por desarrollar sus países.

Los Estados periféricos –más precisamente periferializados- jamás se beneficiaron al abrir sus economías (o por lo menos no se benefició la gran mayoría de sus poblaciones); ni en Europa oriental ni en Asia ni en África ni en Latinoamérica. Los beneficios del aperturismo propuesto por los grupos libre-mercadistas de esos países fueron a parar a pocas manos. Simultáneamente, los Estados invocan a sus  habitantes a trabajar en aras de la grandeza de la nación; de allí  la necesidad de la legitimación de la comunidad imaginada y las dudas sobre el verdadero interés de las naciones que refiere el documento de Naciones Unidas citado más arriba.

Fig. 5: El África que actualmente le  importa a la economía-Mundo (Atlas Le Monde, 2003). Los tigres asiáticos como  países vidriera.

 Se suele argumentar que hay ejemplos de Estados que han adoptado políticas de desarrollo exitosas y que han logrado dar el salto del subdesarrollo al desarrollo (gran parte de estos argumentos forman parte de la Vulgata neoliberal difundida en todo el mundo desde mediados de los ochenta y en el contexto de la reestructuración capitalista posterior a la crisis de los setenta) intentado demostrar la validez de los postulados desarrollistas. Sin embargo, el hecho de que hayan sido precisamente los países del sudeste asiático y no otros, ha llamado la atención sobre el cómo y el por qué del milagro asiático.

Según Ramón Gosfroguel, coincidente con la argumentación de Peter Taylor seguida hasta aquí, hay más elementos que lo explican; en parte hubo un gran esfuerzo, una “estrategia simbólica”[34] por parte de Estados Unidos (aunque también de Europa ) para que se produzca el “milagro” en aquellas regiones del mundo donde los regímenes comunistas representaban una amenaza: Hong Kong, Taiwán, Corea del Norte, e Indonesia. Por eso hubo una ayuda económica enorme, préstamos altamente flexibles, tarifas especiales y un sinnúmero de acuerdos especiales para que sus productos se exportasen sin dificultades a los mercados metropolitanos e, inclusive, transferencias de tecnologías sin restricciones. Además, la intervención militar en Corea del Sur forzó un reforma agraria sin precedentes en la región; en Taiwán no se puso objeciones a tales  reformas (como sí se lo hizo en Latinoamérica). Todo esto, además del respaldo al fortalecimiento de las instituciones estatales y ciertas restricciones a la sindicalización. Por otra parte, las grandes empresas tuvieron en esa estrategia, una enorme oportunidad de abaratar costos al aprovechar los enormes contingentes de campesinos convertidos rápidamente en trabajadores (y también campesinas convertidas en disciplinadas trabajadoras, especialmente en la industria textil y electrónica ) sin tradición de sindicalización, lo que evitaba mediante una estrategia espacial el conflicto clasista existente en el centro.[35]

Subdesarrollo y reestructuración capitalista

El análisis realizado precedentemente corresponde temporalmente al período que va desde la finalización de la segunda guerra mundial hasta mediados de la década de los setenta; es decir entre la consolidación del Estado de Bienestar en los países centrales –concomitante a los intentos desarrollistas de la periferia- y la nueva crisis de sobre acumulación. La total recuperación de Europa y de Japón y la saturación de sus mercados, al igual que el estadounidense, estaban disminuyendo significativamente la tasa de ganancia del capital; se hacía evidente la necesidad de buscar una nueva salida a la crisis; debía dar comienzo la creación de nuevos mercados para la exportación de sus excedentes. Debía reimplantarse, aún con mayor fuerza, el discurso (neo) liberalizador que va a promover la “apertura” y las bonanzas de libre mercado. El dominio del centro sobre la periferia ya no necesita de la fuerza; basta el libre mercado (aunque el centro se reserva el derecho de recurrir a la fuerza cuando sea necesario). En la semi-periferia esto significó abortar los incipientes procesos de industrialización sustitutiva. Las innovaciones en las formas de organización de la producción, la posibilidad de fragmentar el proceso productivo, las innovaciones a través de los nuevos materiales y la revolución de la electrónica, la informática y las telecomunicaciones van a facilitar una nueva vuelta de tuerca en la posibilidad de profundizar la división del trabajo, tanto en su faz técnica como territorial. Recordemos, con Joachim Hirsch, que la tecnología no es causante de la globalización sino un medio para imponerla.[36]

 

 

Fig.6: Territorios y costo del trabajo para la industria manufacturera. (Atlas Le Monde).

Esto implicaba también el ataque contra las instituciones clave que sostenían políticamente el modelo; alta inversión social por parte del Estado, altos salarios y garantías sindicales de los trabajadores.

 

Fig. 7: Desequilibrios en la distribución del PNB mundial después de cincuenta años de políticas de desarrollo (Atlas Le Monde 2003).

 Es la etapa del ajuste estructural pregonado por instituciones como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El papel político de la deuda externa contraída por la periferia es clave en esta puja; se debe recordar aquí que también había sobre acumulación de dólares en la década de los setenta, gran parte de ellos petrodólares que el sistema financiero de los países centrales  prestó a la periferia para sus “planes de desarrollo”.

 En la semi-periferia el ataque neoliberal contra los incipientes logros de los intentos desarrollistas significó el abandono de los planes de desarrollo de escala nacional; ni hablar de las posibilidades inexistentes de la periferia; allí ahora el capitalismo puede maximizar la extracción de plusvalías y combinar el trabajo robotizado con mano de obra cuasi-esclava para mejorar sus ganancias. Entre las múltiples combinaciones productivas de las empresas; fragmentación, deslocalización, tercerización, subcontratación, hay una vuelta del trabajo a domicilio donde un tío u otro familiar hacen trabajar a los niños y niñas de las familias a cuenta de las grandes empresas.[37]

 Con estas nuevas condiciones  ya no se puede diferenciar con claridad cuáles son productos del centro y cuáles son de la periferia; las nuevas estrategias territoriales de las empresas transnacionales desdibujan la anterior división territorial del trabajo y los reconfiguran de manera mucho más compleja. Bajo ciertos aspectos se puede decir que este nuevo “orden” se está concretando con cobertura política de instituciones como los ya nombrados B. M., F.M.I. y la O.M.C. a través de “recomendaciones” para flexibilizar la legislación laboral, disminuir los aranceles aduaneros, condicionando el otorgamiento de créditos, etc. Estos organismos han opacado (deliberadamente, es decir políticamente) el rol de Naciones Unidas como instancia supranacional.

 

Epílogo

 La ilusión del desarrollo,[38] la esperanza de salir del atraso, sigue plenamente vigente. Los documentos de Naciones Unidas siguen empleando términos que proyectan en el futuro la esperanza (países “más adelantados”, “menos adelantados”, “atrasados”, “en vías de desarrollo”). El desarrollo es como el horizonte del que hablaba Eduardo Galeano: “Yo avanzo un paso y el horizonte se corre tres”.

 

¿Cómo abandonar tamaña promesa tan cara a los “decisores” y que permite convocar tantas voluntades? La cuestión del desarrollo no es asunto de un solo Estado; es probable que algún Estado mejore su situación pero no todos podrán hacerlo; está fuera de sus posibilidades (ya que en una carrera, siempre, para que uno gane, tiene que haber muchos perdedores). Un problema global no puede tener solución nacional o local: requiere de soluciones globales.

 Sin embargo, pareciera ser que el mito del pasaje del subdesarrollo al desarrollo aún continúa vigente en la enseñanza de las ciencias sociales, ya que los alumnos ingresantes a los estudios superiores no dudan en aplicar esa diferenciación entre países pero sin conectarlos entre sí. Aparentemente, en la geografía enseñada en los niveles primario y secundario continúa vigente la transmisión del par de términos de manera natural y a-crítica, quizás debido todavía a la presencia inercial de la geografía tradicional, pero quizás también al carácter tranquilizador de creer en la promesa para quienes vivimos en esos países. Si bien desde un tiempo a esta parte textos  para el nivel secundario han   incorporado conceptos como centro y periferia y desarrollo desigual, algunos de ellos luego vuelven a contrastar a través de cuadros las características de ambos grupos de países para reafirmar finalmente las “ventajas de la integración y el libre comercio.[39] Esta afirmación es sólo a modo de hipótesis para futuras investigaciones que den cuenta del alcance de la renovación en la enseñanza de la geografía en esta temática. Quizás sea necesario intentar que tanto los docentes como los alumnos tomen distancia crítica de los conceptos que motivan este trabajo, sin caer en un tono desesperanzador, ya que siempre será más significativo proponer comprender la realidad tal como es para luego intentar transformarla.[40]

 

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[1] Raquel Gurevich, Notas sobre enseñanza de una geografía renovada (Buenos Aires: Aique grupo editor, 1995), 22.

[2] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002).

[3] David Harvey, Globalización y urbanización. Discurso inaugural del  6º Encuentro de Geógrafos de América Latina  (Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras,  Universidad de Buenos Aires,  1997).

[4] Milton Santos, La naturaleza del espacio. Técnica y tiempo. Razón y emoción (Barcelona: Ariel, 2000).

 

[5] Peter Haggett, Geografía. Una síntesis moderna (Barcelona: Omega, 1988), 530.

[6] Isidro Carlevari, Geografía económica mundial y argentina (Buenos Aires: Macchi, 1985), 55.

[7] Ricardo Méndez y Fernando Molinero Espacios y Sociedades; introducción a la Geografía Regional del mundo (Barcelona: Ariel, 1997), 50. 

[8] Geografía económica mundial y argentina (Buenos Aires: Macchi, 1985), 57.

[9] Ricardo Méndez y Fernando Molinero Espacios y Sociedades; introducción a la Geografía Regional del mundo (Barcelona: Ariel, 1997), 54.

[10] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002),175.

[11]Ricardo Méndez y Fernando Molinero Espacios y Sociedades; introducción a la Geografía Regional del mundo (Barcelona: Ariel, 1997), 341, el subrayado es mío.

[12] El Atlas de Le Monde Diplomatique (Buenos Aires: Capital intelectual, 2003), 51.         

[13] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 8.

[14] Peter Taylor, Geografía…, 9.

[15] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 8. 

[16] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 232.

[17] Innmanuel Wallerstein, citado en Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 8.

[18] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 142.

[19] Milton Santos, Por una geografía Nueva (Madrid: Espasa Calpe, 1990), 196.

[20]Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 180.

[21] Raquel Gurevich y otros, Notas sobre enseñanza de una geografía renovada (Buenos Aires: Aique, 1995), 63.

[22] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 166.

[23] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 116.

[24] Eric Hobsbawm, Naciones y nacionalismos desde 1780 (Barcelona: Crítica, 1997), 17.

[25] Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo (Buenos Aires: F.C.E., 1993), 27.

[26] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 18.

[27] Marcelo Escolar, Crítica do discurso geográfico (Sao Paulo: Hucitec, 1996), 51.

[28] Tim Unwin, El lugar de la geografía (Madrid: Ediciones Cátedra, 1992),118.

[29] David Harvey, “Globalización y urbanización” (Discurso inaugural del  6º Encuentro de Geógrafos de América Latina  Facultad de Filosofía y Letras,  Universidad de Buenos Aires,  1997).

[30] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 99.

[31] David Harvey, La condición de la Posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural (Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998), 178.

[32] Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002), 118

[33] Andre Gunder Frank, (1984) citado en Peter Taylor, Geografía Política. Economía-Mundo, Estado – Nación y Localidad (Madrid: Trama Editorial, 2002),131.

[34] Ramón Gosfroguel, “Cambios conceptuales desde la perspectiva del sistema-mundo”, Revista Nueva Sociedad, núm. 183 (ene-feb, 2003): 153.

[35] David Harvey, La condición de la Posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural (Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998), 259.

[36] Joachim Hirsch, “¿Qué es la globalización?”, Cuadernos del Sur, núm. 21 (1997).

 [37] David Harvey, La condición de la Posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural (Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998), 178.

[38] Gilbert Rist, El Desarrollo: Historia de una creencia occidental (Madrid: Los libros de la catarata, 2002), 22.

 [39] Bertone de Daguerre y Sassone, Espacios y Sociedades del Mundo: Política, Economía y Ambiente (Buenos Aires: Kapelusz, 1999).

[40] Henry Giroux, Los Profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje, (Barcelona: Paidós, 1997). 

 


 

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