Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 6 

ESCUELA DE HISTORIA
Año 6, Vol. 1, Nº 6, Año 2007
 

Artículo


 

Descripción tentativa de grupos subalternos pertenecientes a dos zonas rurales de la Alemania de 1890: una discusión con cierta interpretación weberiana

(Tentative description of subaltern groups belonging to two rural areas in 1890 Germany: a discussion with a certain weberian interpretation)

 

López, Edgardo Adrián

Prof. Adjunto interino en Sociología, Ciencias de la Educación, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta (UNSa.), Avda. Bolivia 5150, Salta capital (4.400), Argentina.

 

Resumen: Procuramos destacar lo disparador que podría resultar una teoría de los grupos, a partir de la descripción de los agentes que vivieron en dos regiones no urbanas de la Alemania de 1890. El intento se concreta a través de una polémica con determinada interpretación weberiana de los segmentos sociales del período.

Abstract: We make an attempt to emphasise how thought-provoking a group theory might turn out to be, on the basis of the description provided by individuals who lived in two non-urban regions in 1890 Germany. Such an approach is performed through a controversy with a certain weberian interpretation over the social segments of the period.

 

 Palabras clave: Grupos; Clases; Marx; Bendix; Weber.

 Key words: Groups; Class; Marx; Bendix; Weber.

  

En el nordeste de las provincias orientales de la Alemania Imperial de 1890, los “... servidores... se fugan de la casa de amo... El bracero contratado por año renuncia..., a fin de seguir el camino azaroso de jornalero libre’... Innumerables agricultores prefieren pagar... un pedazo de tierra, y vivir en una abyecta dependencia de sus acreedores, que le imponen tasas... usurarias, con tal de conseguir la ansiada independencia...”.[1]

Max Weber

 A pesar de todo, lo “... importante (son) los pasajes comunistas desde un orden que se deshace hacia un orden que se construye”.[2]

 

1. Anticipaciones y “despejes”

Previo a enunciar escuetamente el objetivo del trabajo, querría proferir algunas palabras sobre el lexema “descripción” que aflora en el título (padrecabezacapital). Existe en el tensionado ámbito académico una corriente historiográfica que subraya que únicamente la investigación de archivo y la compulsa de primeras fuentes otorgan “patente” de historiador a quienes sienten una inclinación por esta práctica científica, pero el material ya acumulado en distintos “locus” y para innumerables temas, problemas y objetos de estudio es tan imponente que, con la ayuda de categorías teóricas delicadamente pulidas, lo que puede llevarse a cabo es una reinterpretación de lo disponible.

Por mi lado, en estos largos años y antes de conseguir el título de postgrado, me aboqué a desbrozar un marxismo no mecanicista, no lineal, intrincado y que pudiera ser aceptado como un antecedente de lo que Morin[3] puso de moda con el nombre de “‘Paradigma’ de la Complejidad”, a la par que efectuaba reflexiones acerca de la materialidad viscosa y opaca de la historia, que siempre coloca en jaque las nociones más apreciadas. Considero que luego de una tarea de más de 15 años, que implicó un debate continuo con un marxismo ortodoxo de raigambre leninista[4] y con las diversas líneas de pensamiento[5] que homologaron los asertos de Lenin con los dichos de Marx mismo, me encuentro en condiciones de mostrar con el análisis concreto de un fragmentario caso, lo que puede una teoría explicitada, al tiempo que se efectúa una deconstrucción de un ídolo académico (Max Weber[6]). Se comenta que cuando Darwin logró formular para sí su hipótesis de la génesis de las especies por selección natural, exclamó: ¡Al fin cuento con algo a través de lo cual observar![7]

En lo que hace a una nueva hipótesis acerca de los “grupos”, término que por igual figura en el título, debemos advertir que ésta no puede ser ahora inferida. Pero en virtud de que la estructura de la investigación asoma algo enmadejada, la explicación y justificación de por qué y cómo se demuestra la existencia de otros segmentos sociales que, enlazados (cuando se da la ocasión) a cada una de las clases nucleares en un modo de producción cualquiera, forman “grupos de interés” (aunque no en el sentido weberiano de procurar impugnar la teoría de las clases de Marx), se remite a un artículo difundido en 2005.[8]

Bástenos aquí postular que a la teoría de los grupos se tiene que apelar cuando nos enfrentamos con el escrutinio de formas de economía y sociedad históricamente constituidas y concretas, en especial, cuando el estudio se ubica en el registro del “tiempo coyuntural”, es decir, en la temporalidad de corta y mediana duración en la terminología de Braudel.

En el transcurso de la ponencia podremos constatar que en determinados contextos históricos pueden existir obreros improductivos privilegiados y/o sectores independientes destacados, sin que sean visibles las clases dominantes, en simultáneo con la existencia de los otros segmentos de los grupos subalternos, sin que se perciba el accionar de las clases dominadas, sin descontar otras tantas “combinaciones”. A raíz de este tipo de flexibilidad de la hipótesis de los grupos, es que consideramos que acaso debiera adoptársela para dar cuenta de las formas de sociedad y economía que surgen en determinado marco o “parergon”.

Sin embargo, cabe informar que en ese innovador artículo, que costó ser aceptado para su publicación a causa de que lo que argumentábamos “parecía” no ser “propio” de Marx, no incluimos a algunos tipos de agentes que no encajan en ninguna de las categorizaciones adelantadas. Por ejemplo, los estudiantes, allende que estén beneficiados o no con alguna clase de “estipendio” (becas en dinero, becas en la forma de tickets de comedor, etc.), constituyen lo que a partir del Marx del tomo 2 de los Grundrisse se podría llamar como un caso singular de “población económicamente inactiva”. Por descontado, en ella sería pertinente distinguir entre “acomodados” y “no privilegiados”.

El que renunciara valientemente a la nacionalidad prusiana y, por ende, al Estado y a sus “espíritus”, pinceló que en el capitalismo y en las condiciones de apropiación de plustrabajo ajeno,

 

“... está implícito que a la población necesaria –vale decir a la población que representa el trabajo necesario, (la labor) indispensable para la producción- corresponde una población excedente que no (se atarea)”.[9] (El cambio no nos pertenece). Aunque para los que se ajustan a la letra de lo expresado sería casi un sacrilegio o una torpeza universalizar el “axioma” para las formas de economía y sociedad precapitalistas, creemos que para la mayoría de ellas, sean de clases o no, es factible “semejante” generalización, sin incurrir en anacronismos.

 

Por supuesto, los que puedan ser abocetados en tanto que económicamente “no activos” podrían darse por incluidos en los segmentos de los grupos sociales que enumeramos, sin la necesidad de individualizarlos en un aparte. Empero, con el objetivo de que se perciba su participación en una teoría amplia de los grupos de interés es que se prefirió señalarlos.

Teniendo en perspectiva lo enunciado, la “taxonomía” alterada quedaría como sigue: 

I-          {Conjuntos hegemónicos “=” [clases dominantes (rurales y urbanas) “+” obreros improductivos privilegiados (altos funcionarios, etc.) “+” sectores independientes acomodados (personal jerárquico de las fuerzas armadas, artesanos económicamente “exitosos”, etc.) “+” % de población económicamente “inactiva” con un acceso diferencial al consumo (jubilados, niños de familias integrantes de los subconjuntos enumerados, estudiantes que reciben o no estipendios “especiales” y abultados, y que provienen de las disímiles “unidades domésticas” o de parentesco de los segmentos en análisis, etc.)]};

 

II-         {Grupos subalternos “=” [clases dominadas (los que son fuerza de trabajo gestora de excedente y los desocupados que integran el “ejército de reserva”) “+” laborantes improductivos no destacados (empleados de bajo rango del Estado) “+” sectores independientes no privilegiados (artesanos, campesinos medios y pobres, algunos segmentos del lumpenproletariado, etc.) “+” % de población no económicamente “activa” con dificultades en el usufructo de bienes de consumo (jubilados, pensionados, niños que no trabajan y que son de familias no pertenecientes a los conjuntos dirigentes, ancianos sin estipendio alguno y relativamente desprotegidos, alumnos sostenidos por sus familias e insertos en desiguales niveles de enseñanza, etc.) “+” “excluidos” (determinados sectores del lumpenproletariado, “locos”, presos, mendigos, etc.)]}. Entrecomillamos los signos “=” y “+”, a los fines de evitarnos las objeciones de quienes dirían que los grupos sociales no pueden ser “reducidos” a una “ecuación” que los absorba en una “sumatoria” de “individuos”, impugnaciones que se harían al estilo de los reparos de sociólogos de la Historia como Edward Palmer Thompson. Sin embargo, resulta más cómodo expresar en los sintagmas I y II lo que anhelamos.

 

Todavía es oportuno prolongar unos “acordes” más esta “introducción”, con una aclaración débil: de idéntica manera que se adopta a Lenin y los leninistas, en calidad de “ejemplos” de lo que se le fuerza a decir a un Marx sutil, así también se toma a Reinhard por lo que se esparce en torno a Weber. Ni en un caso ni en otro asumimos por “palabra única” lo esgrimido; no obstante, habrá que leer lo que condujo a convertir al crítico del admirador de Engels en un “fetiche” intocable al interior de los claustros.[10]

“Saliendo” del excursus para volver a él con otros “colores”, quizá podría expresarse que, de acuerdo a lo que nos anoticia Bendix,[11] comentador apologético pero algo sistemático de la voluminosa obra weberiana, uno de los enormes temas que ocuparon su proyecto sociológico[12] es el de buscar cómo lo que él entendía por material era influido y condicionado por lo subjetivo y hasta por lo psicológico, tratando con ello de “superar” el mecanicismo rápidamente endilgado a Marx y que se “encarna” en la desacreditada[13] dialéctica entre base y superestructura.

En incontables pasajes de sus textos, Weber entiende que por “condiciones de existencia” hay que concebir, según su marxismo, factores burda y toscamente económicos.

Para abreviar la demostración enviaremos al interesado a consultar las glosas de Reinhard, aun cuando se nos haya “amonestado” respecto a que es un “divulgador” del aspirante a sociólogo a deshilvanar. Lo cierto es que el autor cincela que las elecciones que efectuaban los labradores anclados a la tierra en las zonas campestres al este del Elba, eran opciones que acababan preferidas más allá de los cercamientos económicos (que quedaban así, en segundo plano...). Sin embargo, únicamente quienes se horrorizan por el “totalitarismo” comunista y quienes alucinan un marxismo estrecho y limitado pueden tomar por cierto que Marx era tan poco exquisito, que era capaz de empaquetar con esos perfiles la categoría “condiciones de existencia”, en “factores económicos”.

Con el horizonte ilustrativo de resaltar la distancia entre ambos conceptos, recordemos la “línea” de la weberiana Escuela de los Annales desplegada por Braudel (weberiana a pesar de sus réplicas en quien se inspira), entre “vida material” y “economía” (en esta última, diferenciaba entre “economía de mercado” y “economía capitalista”[14]). Lo que se compacta por “vida material” es lo que el cofundador de la Internacional, concebía bajo los lexemas “condiciones de existencia”. Mas la vida que “empujan” los hombres no es sólo y primordialmente económica, en el sentido de que todas las condiciones se mutilarían en ello. Sin embargo, y acorde a un Marx no leninista, habría que preguntarse por qué lo económico tuvo impacto en el respirar de los agentes: una fracción de la respuesta se halla en que los individuos no fueron capaces de evitar, a través de la solidaridad, el poder de la economía/poder. De ahí que en un socialismo no soviético, de ser viable, una de las causaciones terribles que se debieran superar es el “caosmos” (Guattari) de la economía (en este socialismo “imposible” no sería factible hablar de “economía socialista”, al menos, no como en el capitalismo).

Otra gran tópica que era correlativa de la precedente, fue la de analizar los innumerables procesos de racionalización[15] que acontecieron en el Occidente europeo y que, a diferencia de otras culturas (como la china, la islámica y la hindú), dieron nacimiento al capitalismo, aun cuando el adversario del compañero de Engels sea del inaudito parecer de que en todas ellas hubo “florecimientos”[16] de capitalismo, pero que fueron “abortados”.

El estudioso exiliado en Estados Unidos nos comunica que dentro de este panorama general y preliminar del recorrido weberiano glosará un trabajo de campo, realizado en 1892 y encargado a él por la preocupación del gobierno alemán de encontrar una solución a algunos aspectos de la cuestión agraria al este del Elba. En particular, a nosotros nos interesa no únicamente impugnar el “hilo conductor” tallado por Weber sino la descripción de los segmentos sociales rurales que efectúa, contrastándola con una hipótesis alternativa y con un boceto distinto de tales segmentos.

La sección[17] de la investigación weberiana a la que nos abocamos para desmadejar, tiende a mostrar que los labradores adscritos a la tierra, que es la situación al oriente del Elba, prefieren diversas vías de “escape” de la semi-servidumbre en la que se hallan y de los abusos del patriarcalismo de los terratenientes, en virtud de una alucinación con una supuesta libertad, libertad cuyo modelo, a pesar de todas las precariedades, lo daría el trabajo por un salario, propio de los jornaleros.[18] Así, el factor determinante[19] es la disposición subjetiva de los labradores a valorar una libertad en términos psicológicos, y no las consideraciones económicas.

2. Introducción: el enfoque weberiano

Planteado el asunto, veamos qué observa Weber según Reinhard en la geografía del norte de la nación que fuera, hasta Bismarck, un “puzzle” de “estados”.

Antes digamos que la Alemania de 1890 estaba sufriendo todavía los embates de la revolución industrial en el continente y se producía un despliegue del modo de producción capitalista con lógicas precapitalistas de subordinación del trabajo, que nos negamos a simplificar con el mote de “feudales”.[20] El desenlace capitalista es uno de los factores que ocasiona que las provincias orientales del Elba, operasen a manera del mercado consumidor de los productos de las regiones urbanas occidentales, industrializadas, y en tanto mercado de mano de obra inmigrante que despoblaba los campos orientales.

Nosotros enfocaremos la situación rural básicamente; por ello sostenemos que, ajustándonos a la letra del texto, al occidente del Elba, en Westfalia, no se volvían notorias las diferencias entre los labradores propietarios (a los cuales Bendix, y probablemente Weber, denomina “clases”) y los “alquilones” que rentaban una parcela y una vivienda simple, a cambio de atarearse determinado número de días en las tierras de labradores que poseyeran fincas de mediana extensión. Uno de los motivos del poco contraste entre los aldeanos westfalianos era que, por ejemplo, los braceros trabajaban junto a sus empleadores, compartiendo hasta la mesa en la que consumían alimentos.[21]

Desde el punto de vista de la tímida hipótesis de los grupos, lo que el autor desmantelado llama “clases”[22] no son tales sino que integran los sectores independientes no privilegiados,[23] ya sean labradores que no hacen trabajar a los “alquilones” o sean labradores que sí lo hacen. Los primeros podrían bautizarse como “campesinos pobres”[24] y los segundos en calidad de “campesinos medios”.

A su vez, los “alquilones” son campesinos pobres que deben laborar para terceros. En consecuencia, tenemos dos tipos de campesinos pobres: los que cuentan con unas hectáreas de tierra y con una casita, y los que son campesinos braceros, que además pueden ser migrantes[25] y atarearse en las industrias a domicilio.

Por este último detalle es que hay que inferir que había mercaderes buhoneros no radicados que valorizaban capital mercantil y que existían oficios, algunos de los que podían “repartirse” entre obreros improductivos o integrarse a los sectores independientes.

Ahora bien, y ateniéndonos a la descripción weberiana, que tenía que ser lo más exacta y fidedigna posible porque era un Informe para el gobierno, podemos apreciar que en las zonas rurales de Westfalia o en los lugares más poblados, casi no se apreciaban clases[26]: los que tenía un predominio relativo eran sectores independientes no privilegiados “representados”[27] por distintos tipos de campesinado, y quizá obreros improductivos no acomodados en la proporción en que se podía presumir la existencia de determinados oficios. Empero, y para no “asustar” a los ortodoxos, podríamos conceder que algunos de los mercaderes buhoneros insertos en los circuitos polimorfos de las industrias a domicilio llegaran a ser capitalistas[28] comerciantes y acaso fuesen residentes, pero con alguna seguridad que no en el campo, sino en las ciudades de cierta “importancia”.

Así, podríamos contar con un porcentaje modesto de campesinos que hacían el rol de clase dominada en los campos westfalianos y con mercaderes trashumantes jugando el juego de ser clases-amo, en determinadas urbes. Lo que nos muestra que tampoco las clases se ubican sí o sí en un mismo espacio social (f. e., lo rural), sino que pueden existir unas en el campo y otras en las ciudades, enredándose la lucha de clases con la refriega entre lo rural y lo urbano.

No obstante, queremos mostrar que el análisis de los grupos sociales se engancha con el objetivo de eludir el mecanicismo de travestir de “clases” a segmentos que no lo son, lo cual luego da aire a quienes gritan a voz en cuello, que muchos “subconjuntos” de individuos son “inclasificables” en la teoría marxista. Sí, en la teoría leninista, sin duda, pero no en esta otra posible versión de Marx...

En un hojaldre distinto de conjeturas, podemos abocetar, a partir del ejemplo de un lugar geográfico en el que apenas se detectan miembros de una fracción de los grupos dirigidos (los sectores independientes no privilegiados), que no es recomendable buscar en cada punto matemático de las regiones el indicio directo de la lucha de clases. Of course, la Alemania Imperial de 1890 era una sociedad fisurada en clases en pugna, pero a nivel “macro”, ya que no estimamos que el caso de Westfalia sea una “anomalía”, sino algo que puede resultar bastante común en zonas rurales de un marco precapitalista, acusado o no. Esto tampoco significa que en el capitalismo desarrollado, como el de principios del siglo XXI, encontremos un continuum de lugares en los cuales, sin excepción, veamos a cada uno de los integrantes de los desiguales segmentos que componen los grupos hegemónicos y los subalternos, pues cabe aguardar que aun en este siglo haya espacios geográficos “westfalianos”. Una de las razones es la que explicamos en la antepenúltima página, previa a la consignación de la bibliografía, del artículo in progress.[29]

A diferencia de Westfalia, en la Baja Sajonia había campesinos acomodados y aldeanos pobres que no detentaban tierras. Lo que Weber denomina “labradores ricos” son clase dominante rural, en virtud de que no son propietarios trabajadores al estilo de los campesinos medios, sino que ocupan a otros para extraerles plusproducto. Of course, no son los terratenientes con los que nos tendremos que ver en las provincias orientales del Elba (cf. infra).

Los supuestos aldeanos pobres, contemplada en simultáneo la alternativa de que sean fuerza de trabajo que suscita el excedente que acaparan los campesinos ricos, también podían componer los sectores independientes no destacados. Así, en este caso los grupos hegemónicos se integran por las clases dominantes, “representadas” por los campesinos ricos. Los grupos subalternos se componen de clases dominadas, que son los braceros que gestan plusproducto, y de distintos tipos de campesinos que constituyen los sectores independientes con dificultades en el consumo.

3. Algunas herramientas teóricas; tomas de posición derivadas

En las provincias orientales del Imperio, en las cercanías del río Elba, había pequeñas granjas y gigantescas propiedades (de donde inferimos que muchos de los dominios de las regiones occidentales no eran tan fértiles; de lo contrario se habría formado una capa de “landlords”). Por ende, las clases expoliadoras rurales estaban integradas por los “clásicos” terratenientes.[30] Al haber grandes propietarios, encontramos por igual trabajadores del campo que suscitan plusproducto. Como en la Baja Sajonia, había una multiplicidad de campesinos que se ubicaban en disímiles estratos de los asociados a los sectores independientes.

Hacia 1860 la mayoría de los campesinos que habitaban las posesiones de los “señores” eran campesinos que estaban adscritos al suelo y que eran obligados a toda clase de servicios. En consecuencia, eran clase dominada rural de rasgos precapitalistas (como en el caso anterior, nos negamos a evaluarlas “feudales” o “cuasi/feudales”).

Hacia 1890, y por las presiones del mercado mundial para la elevación continua de la productividad,[31] por las operaciones de especulación sobre el precio a futuro de las cosechas[32] y por las reticencias de los lugareños a emplearse sin la contrapartida de una buena paga,[33] poco a poco los landlords, a medida que mecanizan algunas tareas restan el número de campesinos que quedan adscritos y que se encargan de las labores anuales. Este tipo de campesinado es clase campesina dominada y progresivamente orientada a laborar bajo el imperio del capital.

Pero existe otra fracción de campesinos, que Weber incluye en la misma categoría y que a nosotros nos parece mejor deslindar: son los campesinos que pueden “compartir” un porcentaje en especie de la cosecha del “señor”. No nos surge correcto entender que estos campesinos participan de la “ganancia” del terrateniente, sino que hay que apreciar en esa “sociedad” una manera hábil que tuvo el señor de reducir costos de producción, dando en pago una parte de lo cosechado y sin erogar salario/dinero. Por lo tanto, estos campesinos eran miembros de los sectores independientes no privilegiados.

Ahora, esta evolución general en el Este presenta dos variaciones fundamentales. En el nordeste, las relaciones semi-serviles y los vínculos patriarcales son muy marcados; en el sudeste, la “modernización” capitalista es acentuada. No se aclara si encontraremos una estratificación similar a la del nordeste, pero es probable que así haya sido, excepto el hecho de relaciones capitalistas más “avanzadas” en el sudeste.

Si bien ni Weber ni Reinhard llegan a plantearlo, es presumible que en el nordeste aflorase un bache generacional. Los campesinos adscritos a la parcela y que son más viejos deciden continuar con su vida rutinaria, mientras los jóvenes aprovechan el largo aprendizaje de cómo administrar en todos los niveles una granja, para “aspirar” a convertirse en capataces o en jornaleros asalariados.[34]

A partir de este punto, las “trayectorias” que pueden seguir los campesinos o hijos de campesinos son múltiples. Pero antes de citarlas, conviene decir que los que se arriesgan a abandonar una vida llena de las arbitrariedades de los señores del suelo, incluso recurriendo a la huida, no sólo aceptan el desafío por una “adicción” a una libertad idealizada, como aconseja Weber, sino porque les resultaba atractiva una forma de existencia más monetizada a causa de la injerencia de una relación salarial de corte más definidamente capitalista (sin embargo, apreciaremos infra que las razones de elección no se agotan en ello).

Hemos sugerido ya que una de las vías de “escape” del tedio, del dolor, la humillación y del continuo padecer de la semiservidumbre y del patriarcalismo, es el convertirse en jornalero o en capataz. La primera vía cincela al agente en uno de los “escalones” más bajos de la clase dominada rural. Si se trata del otro “camino”, el individuo se integra a uno de los “gradientes” más o menos “holgados” de la misma clase. Pero si las elecciones son concretadas por esa fracción de campesinos que reciben una parte de la cosecha de los dominios del terrateniente, asoma el caso de que sectores independientes no privilegiados “pasan” a ser clase dominada.

Retomando el curso, es factible esgrimir que el que provenía de la clase campesina expropiada podía tener la “suerte” de ser capataz y “aprendiz” de dominador de sus pares (en consecuencia, “opresor” oprimido, al decir de cierto Pierre Bourdieu); en estas circunstancias podía llegar a “ahorrar”. En virtud de que el desgaste de las tareas del campo es profundo, la “vida útil” de un campesino en las condiciones generales del siglo XIX es de 30 años y por eso, debe sopesar con cuidado lo que habrá de disponer con su tiempo.

Puede intentar comprar unas hectáreas de tierra y entonces boyar como campesino pobre o, si lo consigue, en calidad de campesino medio. Esto es, puede procurar “salir” del segmento de los grupos subalternos que lo destinan a ser clase dominada y devenir sector independiente no destacado. Si únicamente es “apto” para ser campesino pobre, tendrá que vérselas con los usureros[35] que le presten lo necesario para no regresar a los despotismos de los terratenientes.

No dejemos de señalar que la mención de los usureros, supone escribanos, abogados, tasadores, agrimensores, jueces de paz, etc., que contribuían en el “ordeñe” del campesino endeudado, es decir, una serie de individuos que pertenecen, según sus “ingresos”,[36] a los obreros improductivos privilegiados o no acomodados, y hasta a los sectores independientes.

El campesino, sus descendientes directos o parientes “cuentan”, empero, con una “alternativa” más y es emigrar[37] de su aldea, con el consiguiente desarraigo.

Lo que queremos relevar de lo expuesto, es que son perfectamente aceptables tanto derivas que vayan de los sectores independientes no destacados hacia las clases dominadas, cuanto a la inversa. La “movilidad” no sólo acaece en sentido “vertical”,[38] sino dentro de los grupos dirigidos mismos. Sin embargo, el “caso medio” parece indicar que la transformación es desde los integrantes de los obreros improductivos con escollos en el consumo (cuando los hubiere) y de los sectores independientes no destacados (cuando existiesen), hacia las clases-fuerza de trabajo, id est, un empobrecimiento, antes que al revés (que es lo que parece aprehender Weber).

Desde un plano disímil de elucubraciones, es aceptable apuntar que la “movilidad” en el seno de los grupos dirigentes es factible de acontecer de diversas maneras. F. e., Reinhard “gubia” que los burgueses industriales y comerciantes urbanos de las provincias occidentales tenían la costumbre de adquirir tierras[39] en las orientales, con la intención de “aristocratizarse” y de alcanzar un título nobiliario o, al menos, para lograr introducirse en el Estado, ejerciendo determinadas funciones. En simultáneo, los landlords orientales también[40] procuraban ennoblecerse y/o insertarse en determinados niveles jerárquicos del Estado.

En el primer caso, observamos que los burgueses citadinos occidentales se convierten en señores absentistas y, en consecuencia, forman parte de las clases dominantes “camperas”. Pero también pueden ser meros laborantes improductivos acomodados y si alcanzan una pensión, convertirse en población no activa sin barreras en el consumo, al recibir un estipendio de “jubilación” que no es un salario.

En el segundo ejemplo, los terratenientes o sus hijos sueñan con cargos altos en el Estado para continuar con el ejercicio patriarcal del mando, dejando de ser clase dominante para ser obrero improductivo privilegiado y transcurriendo el tiempo, población inactiva destacada. En las dos situaciones vemos que secciones de las clases dominantes no se tornan obreros improductivos privilegiados y/o población no activa con acceso a un consumo de prestigio, en virtud de que sean creadores de semióticas que esparcen las visiones de las clases dominantes y del resto de los miembros de los grupos hegemónicos, sino para “aliviar” las incertidumbres del mercado con el refugio en tareas administrativas.

En definitiva, en el nordeste de las provincias orientales encontramos grupos colectivos más abigarrados. Los conjuntos dirigentes se integran de las clases “extractoras” de plusproducto (los landlords) y de ciertos usureros de envergadura que comercian con intereses elevados; de obreros improductivos[41] privilegiados (algunos de los sirvientes de los “señores”, los abogados, etc.) y de ciertos sectores independientes (los pequeños usureros, etc.) siempre que llegara a haber más que los mencionados o se los descubriera en estudios posteriores).

Por su parte, los grupos subalternos están formados por las clases dominadas (los campesinos adscritos en relaciones de semiservidumbre y los jornaleros asalariados), por obreros improductivos no destacados (jueces de paz empobrecidos) y por sectores independientes no privilegiados (los campesinos machacados por la usura).

Es perfectamente factible, aunque no lo enuncien ni Weber ni su apologista, que existan industrias a domicilio en la zona o en las regiones aledañas y, por ende, que haya obreros improductivos que no sean del tipo de los jueces de paz, pero que tengan un consumo limitado.

4. Discusión y posibles corolarios

Concluimos que el intento weberiano de explicar las opciones de los miembros de los grupos subalternos rurales, a partir de preferencias subjetivas y psicológicas por una libertad idealizada, hace mal en ponderar que por esos motivos citados, las causaciones “materialistas” no son pertinentes y hasta son de importancia relativamente marginal.

Los integrantes de los grupos dirigidos que deseaban huir de las duras condiciones de vida en el campo, en el nordeste de las provincias orientales del costado del Elba, en la Alemania Imperial de 1890, buscaban emanciparse con las vías históricas concretamente existentes del poder de la economía-poder, y de las alienaciones sufridas por generaciones en un contexto de semiservidumbre y patriarcalismo. Que todavía se detecten marxismos lineales, mecanicistas, etc., no invalida una teoría que aún está por rendir sus frutos.

Por lo demás, el mitoideólogo germano arranca del supuesto que para su rival de ideas, lo material es sólo y exclusivamente material y que, a su vez, lo inmaterial, como lo subjetivo, el sentido de las acciones y hasta lo psicológico, son puramente inmateriales. En nuestra Tesis Doctoral,[42] establecimos como una segunda hipótesis que para un Marx “etéreo” lo material es material pero también existen materialidades que, al inducir efectos “espirituales”, ocasionan que esas concreciones sean de alguna manera inmateriales. Por su lado, lo “abstracto” es, sin duda, inmaterial pero es factible hallar inmaterialidades que, al incubar consecuencias materiales, sean lo inmaterial material. Ejemplo de esto son lo simbólico, las ideologías, las illusio (Bourdieu), los intereses, etc., que hacen/hacer a los agentes, al igual que verdaderas fuerzas materiales. Material e inmaterial, base y superestructura se encuentran invaginados uno en el otro, una en la otra y no son, ni nunca lo fueron (excepto en marxismos torpemente “marxistas”), la negación radical del otro “polo”.

En este último sentido, las herramientas conceptuales conectadas con la descripción de los grupos sociales es lo que nos permitió complejizar incluso la perspectiva de Weber, además de propender deconstruirla.

Si es que es sostenible la idea respecto a que en la historia “pedestre” nos encontramos con espacios “westfalianos” en los que sólo existen parte de los miembros de los grupos subalternos, o incluso un porcentaje de cierto tipo de clases dominadas rurales, sin que haya ni integrantes de los grupos privilegiados ni, por ende, clases explotadoras (cf. infra); entonces es dable comprobar una variedad de reyertas que no son necesariamente lucha de clases. Pueden ocurrir conflictos entre los dirigidos que existan (i), entre los hegemónicos (ii), entre los subalternos que no son clases y los dirigentes de idéntica condición (iii), entre los dirigidos y los pocos elementos de las clases creadoras de plusproducto (iv), etc. ¿Significa negar la confrontación entre clases[43] en tanto que herramienta conceptual de interpretación de la historia? No. Sin embargo, conviene aclarar que Marx mismo contemplaba la posibilidad que en determinadas “etapas”, como la del feudalismo, la puja de las clases pasara como a “segundo plano”, respecto a peleas de otra índole. En una carta del muriente en Londres a Engels, del 2 de diciembre de 1856, afirma que no siempre la lucha de clases tiene una notable preeminencia.[44] Por ejemplo, parte de la temprana historia de Francia gira en torno a cómo los reyes “nominales” se transformaron en monarcas reales, a partir de intrigas, engaños, fraudes, enfrentamientos, etc. Por su lado, los sucesos de una región como la antigua Prusia pueden “reducirse” a los sobornos, los tratos bajo cuerda, las tensiones entre grandes familias por las herencias, entre otras artimañas. Y en general, en el feudalismo no interesan tanto los choques entre clases antagónicas sino las tensiones entre señor y vasallo, entre los dominios señoriales y las ciudades, etc.[45]

Para ir finalizando, llamamos la atención sobre algo que Reinhard confiesa respecto a las encuestas que hicieron los lugareños de cada zona rural. Mientras las preguntas no eran demasiado comprometedoras y no enfocaban el tipo de relaciones sociales de producción entabladas, hubo un porcentaje alto de respuestas. Mas cuando las interrogaciones intentaron aproximarse a ítems que permitieran estudiar lo anticipado, las respuestas se hicieron esperar y contestaron casi la mitad de los destinatarios (que fueron una cantidad sensiblemente menor a la de la primera encuesta).[46] Lo que quiere decir que aun el Estado más verticalista, burocrático y autoritario encuentra tabiques a la hora de entrometerse en lo más “privado”[47] de la vida hogareña, lo que puede significar, a su vez, que ni ese Estado es hábil para  “sombrear” con su “cobertor” a la sociedad.

Esta constatación, sumada al hecho “inaudito” para un marxismo “ortodoxo” y obcecado con la teoría de las clases, respecto a que en Westfalia sólo se contempla el accionar de sectores independientes con escollos en el consumo (id est, el accionar de una fracción de los grupos subalternos) y no clases (cf. empero, las matizaciones de algunas notas...), nos motiva a pensar un tanto especulativamente, que un modo de producción cualquiera no es sencillamente un “manto” que “cubre” y “colorea” la comuna en toda su diversidad y “extensión”. Se trataría más bien de una “red” que, por eso, deja innumerables “intersticios” que no “absorbe” en su seno y por los que es posible fugar de los ordenamientos “osificados” que critica el admirado por Engels.

Es creíble entender que los “hilos” de la “red” se pueden ir volviendo cada vez más “gruesos”, restando aire a esos “intermundos” epicúreos, pero no llegan jamás a “confundirse” con los relieves de la totalidad social: y es esto precisamente, lo que nos ofrece las esperanzas de imaginar que ningún poder[48] todo lo puede y que el “clinamen” o desvío con relación a cualquier poder, es factible.[49] O también, que ningún modo de producción-poder es tan complejo y absoluto, sin “fallas”, que sea apto para “domesticar” a tal punto la complejidad, sutileza, delicadeza y dimensionalidad de varones y mujeres, que anule cualquier alternativa de rebelión. Incluso, algunos que no sufran el destino de clases dominadas “fugarán”[50] al ser obreros improductivos de consumo limitado o sectores independientes no privilegiados.

Queda por decir que si no hemos mencionado a los “excluidos” de la época ni a los que sería pertinente capturar bajo el escurridizo concepto de “población económicamente inactiva”, tanto en el Este como en el Oeste del Elba, es porque Weber no da[51] elementos para analizarlos.[52] En esta omisión, observamos las consecuencias de una mirada propia de un obrero improductivo con consumo diferencial[53] y de quien, transcurriendo los años, funcionaría a manera de un integrante privilegiado de la población no activa:[54] tales “marginados” y los económicamente “inactivos”, en especial, los que se añaden a los “conjuntos dirigidos”, quizá tenían que serle “invisibles”.

Tanto en una como en otra circunstancia, reproduciría las clasificaciones, divisiones, visiones (Bourdieu), etc., de las clases dominantes y de los grupos hegemónicos, y produciría “teorías” que intentarían desbastar/devastar las armas intelectuales de lucha de las clases dominadas y del resto de los grupos subalternos.

Conviene aclarar que las tomas de posición que enarbolamos, no se hacen bajo el empuje de aplicarle a los demás una especie de “medidor” de “coherencia ideológica”, tal cual ocurre con penosa frecuencia en las izquierdas leninistas, ni por un autoritarismo no amortiguado que nos arrima peligrosamente a cierta intolerancia intelectual y hasta a determinado racismo encubierto, en nombre de una “vigilancia epistemológica”, sino para deslindar perspectivas. Bien mirado, podría concebirse que la explicitación de nuestras preferencias no se atiene a que tratamos de autopresentarnos más diestros que a quienes deconstruimos, sino que es fruto de la práctica del “autosociopsicoanálisis” recomendado por Pierre-Felix Bourdieu: la opción por Marx se comprende no únicamente en sí y por sí misma, sino por igual dibujando los contornos de los saberes con los cuales, en ejercicio de la libertad crítica, nos distanciamos.

Por si fuera escaso lo precedente, en el desgajamiento de quien se deconstruye no se trata de “defenestrarlo”. Acerca de Weber, consta que en otro trabajo[55] hemos relevado sus aciertos e intelecciones productivas. Incluso, lo mostramos como “representante” de una investigación más hábil en el uso de la dialéctica, que los marxistas leninistas y soviéticos.

 

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[1] Bendix, Reinhard Max Weber: semblanza intelectual. (Amorrortu, Buenos Aires, 1970), 40/41.

Puede que las notas abundantes impliquen alguna dificultad en el seguimiento de lo a razonar; la preferencia por ellas responde a una elección epistemológica consciente, donada por Derrida (intelectual al que tanto aprecio...), que conduce a “decapitar” el corpus “central”, con “márgenes” productivos y que diseminan lo “unívoco” en “exceso”. Curiosamente, es una estrategia que emplea Weber...

[2] Deleuze, Gilles y Paul-Michel Foucault “Un diálogo sobre el poder” en Un diálogo sobre el poder (Alianza, Madrid, 2000).

[3] Edgar Morin Introducción al pensamiento complejo (Barcelona: Gedisa, 1995).

Edgar Morin “Epistemología de la complejidad” en Fried Schnitman, Dora (comp.) Nuevos paradigmas. Cultura y subjetividad (Buenos Aires: Paidós, 1995).

[4] Vladimir Ilich Lenin, Cuadernos filosóficos (Buenos Aires: Estudio, 1972).

[5] Entre otros escritos, podemos citar como “representativos” de lo afirmado a:

Louis Althusser, La revolución teórica de Marx (Buenos Aires: Siglo XXI, 1973).

Jean Baudrillard, El espejo de la producción, o la ilusión crítica del materialismo histórico (México: Gedisa, 1983).

Deleuze, Gilles y Claire Parnet Diálogos (Valencia: Pre-Textos, 1980).

Jackie Eliahou Derrida,  Espectros de Marx El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la Nueva Internacional (Madrid: Trotta,1995).

Paul-Michel Foucault, Nietzsche, Freud, Marx (Barcelona: Anagrama, 1970).

Pierre-Felix Guattari, Caosmosis (Buenos Aires: Manantial, 1996) (en alguna lejana ocasión, se me apuntó como “error de ortografía” que no acentuara el nombre de Guattari y el de Bourdieu, ignorando los objetores que en estos casos especiales el acento en sí es ya un error).

[6] Se nos subrayó en alguna circunstancia que para “destejer” a un autor habría primero que conocerlo, sobre todo, en sus escritos centrales (procedimiento elemental que jamás descuidamos). Compartiendo lo positivo de la opinión, traemos a colación uno de los palimpsestos de quien imaginamos desmantelar: Max Weber, Economía y sociedad. Esbozo de Sociología comprensiva (México: FCE,1992).

En otro hojaldre de asuntos, aguardo alcanzar unos objetivos que asoman desmesurados.

[7] Faustino Cordon, “Prólogo” en Charles Robert Darwin, El origen de las especies por selección natural (Madrid. SARPE, 1983), 46.

Sir Julian Huxley, et al. Darwin (Barcelona: Salvat Editores, 1985).

[8] Edgardo Adrián López, “Semiótica y Materialismo Histórico: una confluencia oportuna para la teoría de los grupos sociales” en Revista Escuela de Historia, Nº 4 (2005): 267/286.

Es aquí donde también se define lo que habrá de concebirse por “clase” y lo que habrá de englobarse por “grupos”.

[9] Marx Levy Mordejái y Heinrich Kart, Elementos fundamentales para la economía política. Borrador (1857/1858), Vol. II (Buenos Aires: Siglo XXI, 1972), 116.

[10] Bien se dijo que el acorazamiento de opciones epistemológicas, metodológicas, teóricas, de técnicas de investigación, etc., responde a intereses blindados y que se defienden casi a muerte, “acusando” a los “herejes” de cometer gruesos errores de concepto...

Susan Buck-Morss, Origen de la dialéctica negativa. Theodor W. Adorno, Walter Benjamin y el Instituto de Frankfurt (México: Siglo XXI, 1981), 58.

[11] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual (Buenos Aires: Amorrortu,1970).

[12] En una ponencia* de 2005 delineé que la tentativa weberiana de fundamentar científicamente la Sociología no pasó de una “mitosociología” propia del sentido común o de un sociologismo de parte a parte, ideológico y que no se desembarazaba de prenociones que entonces dominan la enunciación por “detrás”, explicitando las tomas de posición político/ideológicas en  “vetas” que la “sociodicea” se esforzaba en ocultarlas (el precio que tuvo que abonar Weber fue que se las ocultó a sí mismo y no sólo a sus lectores...).

Al igual que Castells**, pensamos que tal cual se encuentra hoy en día la Sociología y por ser un campo de verdaderas trifulcas ideológicas antes que de discusión de teorías y análisis, esa disciplina no alcanzó el estatuto de ciencia, sin por ello adoptar la visión recalcitrante de negarle a las Ciencias Sociales el rango de ciencias o de imaginar que la cientificidad se alcanza cuando remedamos la lógica de las ciencias “duras”.

Empero, sea que se esté o no de acuerdo con lo señalado acerca de quien se canoniza en las instituciones como uno de los “padres” de la Sociología, o que se acepte o no con agrado lo que se estipula respecto a este saber con una tendencia a procurar ser científica, sin haberlo conseguido del todo, imagino modestamente que los disidentes o quienes rechazan tales asertos presuntamente “temerarios” podrían dar la ocasión para que lo sentenciado adquiera la oportunidad de ser debatido, antes que “censurar”, coartando así la alternativa de una polémica en el conflictivo y diverso campo de la ciencia.

No nos oponemos a Weber por calibrar que, en su defecto, Marx sí es un “fundador” de la Sociología; creemos que no fue padre de ciencia alguna (no habría entonces, un alucinado “Socialismo científico”).

* Edgardo Adrián López, “Algunos componentes de la ‘mitosociología’ de Max Weber”, VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historias e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frias, (Salta: 2005).

** Manuel Castells, “Introducción” en Problemas de investigación en Sociología urbana (Buenos Aires: Siglo XXI), 8.

[13] Dialéctica que también descarta el sociólogo weberiano de la Historia, Edward Palmer Thompson en “¿Lucha de clases sin clases?” en Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial (Barcelona. Crítica, 1984), 41, 315.

Por otro lado, una variante autóctona del marxismo leninista, representada por el fallecido trotskista Nahuel Moreno, fundador del MST, se adhiere a una de las interpretaciones soviéticas que contornea la hipótesis respecto a que la “infraestructura” son las fuerzas de producción, la estructura, las relaciones sociales de producción y la superestructura, las instituciones e ideologías, pinceladas a manera de “falsas conciencias”. No es un despropósito resaltar que no estamos de acuerdo con tal lectura; son ese tipo de concepciones las que originaron los “refutadores” de un Marx que fue infinitamente menos recio que sus seguidores dogmáticos.

Historiadores lúcidos, a su vez, dijeron que la “infraestructura” era la economía o modo de producción, la estructura, la lucha de clases o el registro político y la “hiperestructura”, lo ideológico y cultural. A causa de intelecciones de esa factura era que se volvía ineludible efectuar el engorroso trabajo para explicitar la “semiótica” de cierto Marx, con la orientación de ir desbrozando algunas de sus categorías elementales. Pero el riesgo era y sigue siendo hacer emerger un Marx no aceptado e “irreconocible”.

Nahuel Moreno, La visión marxista de la sociedad (Buenos Aires: Cuadernos socialistas – MST, 1999), 1/3.

Anderson Perry, Tras las huellas del Materialismo Histórico (México: Siglo XXI, 1988), 15.

Edgardo Adrián López, Historia, Semiótica y Materialismo crítico… .

[14] Fernand Braudel, La dinámica del capitalismo…,14, 50, 59, 120-121.

Sobre las otras nociones, habría que resaltar abultadas diferencias entre Braudel y el atacado por Bakunin; no obstante, es sugestiva la idea del que influirá en Wallerstein, que también expone Chomsky*, respecto a que en el capitalismo hay dos mercados: uno que es libre y “salvaje”, al que se dejan expuestas las mayorías no acomodadas y hasta a los segmentos de los grupos privilegiados que no son los rectores entre los hegemónicos (en los que se incluye un porcentaje de capitalistas), y otro mercado que está protegido y se regula por monopolios que impiden que los más acomodados de los privilegiados, sean destruidos por los sacudones del primer tipo de “market”**.

* Edgardo Adrián López, “Introducción a un posible análisis de las relaciones entre Ecología e Historia”, I Jornadas de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales, (Salta: 2 al 03 de noviembre de 2007), nota 3 de p. 1.

** Fernand Braudel, La dinámica del capitalismo…, 57-61.

[15] Como es sabido, estos procesos acaecen desde la ética a la música, pasando por la estructuración de un derecho racional, el nacimiento de una burocracia “automática”, etc., y terminando con una economía que a través del dinero, posibilita calcular beneficios y gastos.

No obstante, una de las aporías de un estudio con semejante “axioma” es que no se aceptan fácilmente patrones culturales de racionalidad divergentes a lo occidental, sin tener que observarlos como “irracionales”: ¿por qué las éticas y formas religiosas de China, la India y el Islam tendrían que sopesarse a manera de fenómenos “irracionales”?; ¿qué etnocentrismo “justificaría” ese prejuicio?

Por añadidura, se asume que la historia de la especie tiene que encofrarse poseyendo como horizonte de inteligibilidad las “racionalizaciones” que tuvieron lugar en Occidente, con lo que se descarta de antemano y sin polémica que sea perfectamente viable enfocar la misma historia, no por las racionalizaciones que no “alcanzaron” las otras culturas, sino por las racionalidades no occidentales que fueron ocluidas en Europa. Que Weber no se haya percatado de estas peticiones de principio en sus farragosos análisis, indica el grado en que se encuentra colonizado por una defensa de lo Occidental que deviene eurocentrista a ultranza. Por su lado, que sus seguidores bien rentados en las instituciones, se “espanten” ante lo propagado, indica la escala en que se hallan obnubilados por automatismos ideológicos.

Rememoremos que su comentador exclama y en eso le creemos, que el gran objetivo del ideólogo germano fue un permanente y continuo pertrechamiento de LA razón, de LA libertad (burguesa/capitalista) y de LA civilización Occidental*. Sin embargo, conviene sostener que, al lado del elogio de lo burgués, Weber admira con similar intensidad a Bismarck**, a los “sustanciales” y “genuinos” valores aristocráticos*** que apuntalaban los terratenientes orientales, normas que el autoritario káiser encarnaba****, etc. En adjetivaciones de esta índole, encontramos una de las consecuencias que radica en extraviar los reaseguros críticos, cuando se rechaza a un pensador corrosivo de los perfiles de Marx, sin que con eso opinemos que toda vez que se llevan adelante observaciones contra él, se enreda uno en lo conservador.

* Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual (Buenos Aires: Amorrortu, 1970), cf. entre otros locus, 459.

**Reinhard Bendix, Max Weber, 52.

*** Reinhard Bendix, Max Weber, 49, 53.

**** Reinhard Bendix, Max Weber, 52.

[16] En la comunicación ya citada mostramos el anacronismo que significa hablar de capitalismo en la Babilonia antigua, en la China de los mandarines y hasta en la India de los primeros budistas.

Edgardo Adrián López,  “Algunos componentes de la ‘mitosociología’ de Max Weber” VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historias e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frías, (Salta: 03 y el 04 de noviembre de 2005), 3.

Max Weber, Economía y sociedad. Esbozo de Sociología comprensiva (México: FCE, 1992).

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[17] A pesar de que este Informe no toca otro referido a la bolsa*, en él Weber se extiende sobre la situación general de la Alemania de 1890**; lo hemos decidido apartar para centrarnos en uno de los matices del trabajo del “sociologista” compatriota de Marx.

* Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual (Buenos Aires: Amorrortu, 1970), 42 y ss.

** Reinhard Bendix, Max Weber, 49 y ss.

[18] Que no se consulte la fuente en alemán por no tenerla al alcance, no representa una objeción a la deconstrucción en juego, puesto que lo que tamizaremos con la lectura otra del pensamiento del amigo de Engels, serán los datos que el mismo Reinhard* ofrece en su exposición, datos que son suficientes para el empeño que nos impulsa.

Señalemos de paso que es factible que, cuando nos encontramos en sociedades partidas en clases, los dominantes en los grupos dirigentes no tienen que ser sí o sí el “selecto club” de las clases explotadoras que supuestamente serían las más poderosas, sino que pueden ocupar ese rol los “escaños” más bajos de ellas. Al menos en los mil años que abarca la llamada Edad Media, pero no sólo en esta época, se nos informa que la pequeña nobleza feudal era hábil para dar golpes de tiempo en tiempo, que en determinadas regiones, vg. la Guadalajara de fines del siglo XIV**, la convertía en la que controlaba casi todos los aspectos de la vida comunitaria.

* Reinhard Bendix Max Weber, 41.

** José Miguel López Villalba, “Las ordenanzas municipales y la gestación de los cabildos hispano medievales y modernos” en Rubén Emilio Correa,  et al. Itinerarios de un intelectual español. Conversaciones con José Miguel López Villalba. Archivo de la Palabra, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Salta (UNSa.), 111/169. (Salta capital: Imprenta de la UNSa., 2006), 145.

Indicamos, empero, que en este historiador ibérico la acción sin las precauciones del caso, del discurso de la “Conquista”, lo lleva a imaginar que hubo un “descubrimiento” en lugar de un etnocidio y “culturicidio” de dimensiones de Holocausto.

[19] Subrayo el término, ya que Weber hace gala de emprender análisis complejos a causa de que la realidad social es tan infinitamente enmarañada que es imposible encerrarla en frases, y no obstante, como si no se percatara de la contradicción con sus propósitos, emplea lexemas (vg., “determinante”) que tienen un fuerte contenido mecanicista, en vez de otros (f. i., “condicionante”) que serían menos inadecuados a sus constantes críticas a la supuesta linealidad de Marx.

En la ponencia de 2005 decía que Weber es un genuino representante de las explicaciones monocausales y mecánicas, a pesar de sus aspiraciones o precisamente por ellas, por cuanto su obsesión por conseguir “amortiguaciones” quizá lo condujo a volver siempre a una tópica reiterada: la importancia de las acciones con sentido mentado. Agregaríamos ahora que esta insistencia ocasiona que el alemán rival de Marx le dé un fundamento “accionalista” a la Sociología y, por derivación, conductista.

Edgardo Adrián López, “Algunos componentes de la ‘mitosociología’…, 13.

Empero, ir a:

Max Weber, Sobre la teoría sociológica (Barcelona: Península, 1971).

Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica (Buenos Aires: Amorrortu, 1973).

Max Weber, Sobre la teoría de las Ciencias Sociales (Buenos Aires: Planeta-De Agostini, 1994).

[20] En este aspecto, como en otros, creemos haber dado con herramientas categoriales para escudriñar cuáles eran esas formas precapitalistas no feudales de subordinación del trabajo al capital, pero no tenemos espacio para explicitarlas, ni es por ahora nuestro principal objetivo.

Que sea suficiente anunciar que se trataba de lógicas en las que tenía cierto peso el capital mercantil acumulado en los circuitos de las industrias a domicilio, conviviendo con talleres y manufacturas en los que, con seguridad, había combinaciones multicolores de pequeños capitalistas explotadores de trabajo asalariado o semi asalariado, y comerciantes que usaban un monto de dinero que operaba en calidad de patrimonio/dinero y no de dinero-capital.

Asimismo y en un hojaldre de asuntos conectados con lo precedente, de manera análoga a que se puede expresar que había clases precapitalistas, también es legítimo inferir que había laborantes improductivos acomodados y no privilegiados, sectores independientes con consumo elevado y otros no acomodados, segmentos de población económicamente “inactiva” con “status” o sin él y excluidos, todos ellos de rasgos precapitalistas, conviviendo con segmentos de grupos hegemónicos y dirigidos ya orientados hacia el capitalismo y/o decididamente procapitalistas.

Aunque no estamos de acuerdo con más de un diagnóstico que hace el weberiano* E. P. Thompson, tanto su detallista estudio sobre la clase obrera en Inglaterra** cuanto el análisis de línea cultural que emprende en una obra posterior,*** nos ofrecieron material para comprender que colectividades como la Inglaterra de mediados del siglo XVIII y de la primera mitad del XIX son ejemplos de comunas en las que nos damos de bruces con estratificaciones sociales de los “vértices” arriba resaltados.

* Edward Palmer Thompson,  La formación de la clase obrera en Inglaterra, Vol. I (Barcelona: Crítica, 1989), 22, nota 12 de p. 22, p. 26, 394-396, nota 12 de p. 396, nota 14 de p. 397, nota 24 de p. 402, nota 26 de p. 405, p. 410, nota 36 de p. 410.

Aparece en lengua castellana su referencia explícita a Weber, sin estar acompañada de la más mínima reserva (excepto en p. 396), tal cual suele acontecer en contrario en sus obras con Marx y Engels. Ciertamente, una pequeña cita de este “mitoideólogo” glorificado por instituciones académicas de variada “estirpe” podría no suponer gran cosa para muchos, pero para nosotros es lo que vuelve inteligible el sentido de los estudios llevados a cabo por Thompson, confundido con marxista,**** y sus estrategias de análisis cultural.

** Edward Palmer Thompson La formación, 15 y ss.

*** Edward Palmer Thompson, Costumbres en común (Barcelona: Crítica, 1995), 29, 34, 40, 50, 54,  88, 100, 107.

**** Edward Palmer Thompson, Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial (Barcelona: Crítica, 1984), 304 y ss.

 

[21] La diferencia que se instaura es que entre los “alquilones” y los campesinos medios que los ocupan no se entablan relaciones matrimoniales y, en consecuencia, de parentesco. Es probable que, tal cual lo articulara una vieja investigación de Pierre-Felix Bourdieu, entre los braceros se diera un porcentaje de celibato, tanto del lado de las mujeres, por esperar la “fortuna” de emparejase con un extranjero o con un hijo de campesino medio, cuanto del de los varones, por ser “descartados” en las primeras elecciones de las casamenteras.

Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual (Buenos Aires: Amorrortu, 1970), 35.

[22] El crítico de Marx es del parecer respecto a que las “clases” no se definen por su posesión o no de los medios sustanciales de producción, sino por “innumerables” factores, convirtiendo el término “clase” en un conglomerado de “personas” que comparten ciertas características, “amasando” la categoría más en tanto que una “lógica clasificatoria” que en cuanto aspectos sociológicos.

[23] Uno de los criterios para separar a los que son “privilegiados” de los que no lo son, es que los primeros, sin importar si es factible o no cuantificar el “umbral” que mencionaremos y (mal) traducirlo a lo que se llama “costo de vida”, se encuentran liberados de los golpes de la desvalorización del dinero (i), de los vaivenes de la inflación (ii), de las incertidumbres del mañana (iii) y de la angustia por la vivienda, alimentación y vestimenta (iv), aflicción que es más aguda cuando hay pareja e hijos (v). Por lo que se infiere que los “no acomodados” tendrán un acceso al consumo que apenas si llegue o sobrepase lo imprescindible para sobrevivir.

En la Inglaterra de 1790 a 1830, un punto cercano al “límite” citado para los miembros de los grupos que existían en el campo era el salario de aradores o carreteros, que ascendía a 12s. o chelines por semana* (mediante inferencia, es factible que el “nivel de vida” haya sido de 17s.).

Sin embargo, ese “umbral” que permite distinguir entre “privilegiados” y “no acomodados” es muchísimo más intrincado y complejo que lo que encierran los lexemas “costo de vida” (que en la Argentina “no oficial” de octubre de 2007 ronda los $ 2.800).

* Edward Palmer Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra,Vol. I (Barcelona: Crítica, 1989), 224.

[24] Los “campesinos medios” son aquellos que, dueños de una extensión variable de suelo (que depende de la fertilidad de la tierra, del siglo, de las herramientas y de las máquinas –si las hay-, etc.), pueden emplear a terceros, a pesar de que ellos mismos deban comportarse en calidad de propietarios trabajadores.

En consecuencia, los “campesinos pobres” serán los que posean y/o controlen determinada cantidad de tierra o que no sean propietarios, y que deban agostarse en una lógica del autoconsumo y de la autorreproducción a través de un sinnúmero de sorprendentes estrategias. Casi siempre estos campesinos tienen que someterse a la explotación de su trabajo, en determinadas estaciones o períodos, por lo que cada tanto operan en calidad de clase dominada rural; el resto del tiempo se conservan como el “eslabón” débil del “sector independiente” del campo.

[25] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual (Buenos Aires: Amorrortu, 1970), 35.

Para el caso en que los campesinos pobres pudieran ser braceros, y laborar en las industrias a domicilio citadas, sería dable imaginar que actuarían bajo los parámetros de una clase dominada o de obreros productivos gestores de excedente. Sin embargo, el porcentaje en población de estos campesinos debió ser casi insignificante; de otra forma, Weber los hubiera destacado. Por lo que en Westfalia había un claro predominio de algunos miembros de los grupos dirigidos, sin la injerencia de clases o, si se anhela la prudencia científica, con un peso muy relativo de las clases expoliadas.

[26] Una afirmación de ese tono es escandalosa e inadmisible para un marxismo de raigambre leninista, que probablemente se exaltaría con la idea de que se está “encubiertamente” ocluyendo la puja de clases y que se procede con subterfugios a los fines de “borrar” incluso a las clases mismas. Lejos de nosotros, las estrategias de enunciación postmodernas que procuran “superar” a Marx y a cierto marxismo, mediante el alegato de que las clases son un mal invento del que uno se tiene que desembarazar.

[27] Aunque no hemos dejado de resaltar en otras investigaciones que aceptamos las lúcidas objeciones de Derrida a lo que denomina “Metafísica de la Representación”, entrecomillamos la palabra destacada en el cuerpo del texto atendiendo a que comentadores del calibre de Lyotard, enseguida protestarían por la inconsistencia entre una postura materialista en Historia y lexemas que responden a una tradición idealista.

[28] La aparente “redundancia” no es ociosa, ya que ponderamos que una probabilidad que se dio con frecuencia en la Historia es la de que los mercaderes buhoneros de las industrias a domicilio podían ser, por la escala de sus inversiones y de sus “ingresos”, comerciantes que hacían circular mercancías que simplemente eran valores de cambio en movimiento y no capitalmercancía. Este tipo de negociantes pertenecían a los sectores “intermedios” y no pocas veces, a los no acomodados.

[29] Por lo anterior, es que consideramos que en una mirada estimativa, las actividades económicas que son típicas de barrios periféricos de la capital de Salta de octubre de 2007, como las que hallaríamos en Castañares y en Ciudad del Milagro, absorben a casi toda la población de esos lugares, si no es a ella en su globalidad, en los obreros improductivos no privilegiados, en los sectores independientes sin un consumo diferencial, en los económicamente “inactivos” no acomodados y en los “excluidos”, aunque con un predominio notable de no privilegiados. Id est, en los integrantes que componen los grupos subalternos pero sin que se puedan identificar clases; si éstas existen allí, no adquieren un peso notable en la dinámica de vida de los barrios.

Empero, bien puede imaginarse que haya quienes empleen la estrategia de pincelar “grupos” cuando en el análisis no se arriba al plano de la “conciencia de clase” y en los instantes en que se deja en “suspenso” los vericuetos de la compleja lucha de clases. No obstante, el criterio supone en el fondo, incluir en las clases a segmentos que no lo son y es esto lo que cuestionamos.

[30] Como era de esperar, en la casa de los “landlords” había obreros improductivos* de diferente situación, que se encargaban de atender los requerimientos de sus habitantes.

Puesto que eran dominios que se autoabastecían en muchos aspectos, es dable imaginar que había oficios cuyos “maestros” podían llegar a vivir no como obreros improductivos, sino en calidad de sector independiente no privilegiado (herreros, etc.).

 

* Reinhard Bendix, Max Weber, 40.

[31] Esto motiva que se cultiven productos más comerciables y se restrinjan los productos-alimentos, con lo cual se deterioran las condiciones de vida de los autóctonos*. Por si fuera poco, los terratenientes sin competencia del mercado mundial, blindándose de la introducción de granos con leyes proteccionistas arrancadas** al Estado alemán “prusianizado”, venden caro** en el interior.

En otro plano de sentencias, cabe señalar que la “oscilación” entre el uso de la primera persona del singular y la primera persona del plural tiene su razón en que el empleo del “yo” tácito, deje claro que los asertos científicos y críticos son de la forma “(yo) digo que...”, tal cual lo deconstruye Greimas***. Parejamente, la apelación continua al “nosotros” se concreta no obstante, para borrar o deconstruir el “yo”, acentuando así un lado colectivo en la formulación y circulación del saber, tizando en simultáneo la soberbia y el narcisismo.

*Reinhard Bendix, Max Weber, 38.

** Reinhard Bendix, Max Weber, 51.

*** Algirdas Julien Greimas, Semiótica y Ciencias Sociales (Madrid: Fragua, 1980), 22.

Desplazándonos hacia otras “tópicas”, confesamos que desde hace tiempo intuimos que la imponente Semiótica estructuralista del lituano podría digerirse a manera de una asimilación estructuralista de temas, problemas y objetos de estudio postestructuralistas, en especial, deleuzianos y derrideanos, entre otros****.

**** Amalia Rosa Carrique Ibáñez, y Edgardo Adrián López “Aprender a mirar y mirar aprendiendo. Hacia una pedagogía audiovisual”, Cuadernos de Humanidades N° 9 (1997): 33/57, nota 30. Allí efectuábamos pioneramente un análisis que luego se puso de moda, con la referencia a las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TICs) para abordar dificultades de aprendizaje y para escudriñar los cambios de percepción, interpretación, cognición, etc., acaecidos con la emergencia de tales tecnologías.

[32] A su vez, dichas actividades bursátiles refuerzan la tendencia a cultivar productos fácilmente enajenables*, lo que conduce a que las exigencias de los empleados rurales se incrementen para compensar las dificultades en obtener alimentos.

* Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 38.

[33] Por la prescindencia de los landlords en ocupar adscritos al suelo, los así “liberados” desean salarios que “amorticen”* la incertidumbre del sustento, allende que ellos mismos prefieran esa “libertad”** para esquivar las prestaciones serviles***. En respuesta, los señores de dominios deciden emplear rusos y polacos que aceptan bajos sueldos****.

* Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 38.

** Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico (México: Siglo XXI, 1988), 17.

*** Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 39-40.

**** Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 38, 38.

[34] Los inmigrantes no tienen esa ventaja* y estimamos que es una razón adicional por la que cobran salarios más deprimidos.

* Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 40.

[35] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 40/41.

[36] Entrecomillamos la palabra, dado que en una perspectiva marxista el lexema “ingresos” rememora la descripción de la estratificación social en términos de las “rentas” de que gozan las diversas fracciones de individuos, en lugar de una taxonomía por clases y segmentos pertenecientes a grupos.

[37] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 41.

[38] Aunque es una alternativa que no puede ser descartada a priori, el derrotero de la historia de las comunas desgarradas en clases con el perfil del capitalismo demostró que es poco frecuente, a pesar de los asertos apologetas de un neomalthusiano como Wrigley*

* Edward Arthur Wrigley, Gentes, ciudades y riquezas. La transformación de la sociedad tradicional (Barcelona: Crítica, 1992).

Este corpus fue desmantelado en Edgardo Adrián López, “Un caso de historiografía neo-malthusiana: los supuestos de una tendencia cientifista en un palimpsesto de Wrigley”.

Aunque el artículo fue cuestionado en diciembre de 2003, acabó por ser aceptado con hospitalidad por el grupo EUMED.NET (SEJ 309), que es dirigido por el Dr. Juan Carlos Martínez Coll; la comunicación se ubica en http://www.eumed.net/ce/2007b/al-wrigley.htm, en la revista electrónica Contribuciones a la Economía (ISSN 1696-8360), (junio de 2007), Universidad de Málaga, España, revista indexada en IDEAS-RePEc y alojada en http://www.eumed.net/ce/.

[39] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 54.

[40] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 54, 57.

[41] Estamos en conocimiento de que para algunos marxistas los obreros improductivos, en particular, los que integran el Estado en sus desiguales niveles, son miembros de las clases dominadas, al menos, en el capitalismo. Incluso, hay quienes evalúan que el Estado es una forma que utiliza el capital social total para convertir el plustiempo que entregan los empleados estatales, en plusvalía que por medios muy indirectos, el capital aludido termina acaparando.

Si bien aceptamos con Marx y con cierto Engels que el Estado se apropia del plustrabajo de sus “asalariados” no acomodados, a pesar de no ser oportuno en este contexto la cita justa que avale lo que esgrimimos, no consideramos que ese plustiempo se transforme en plusvalor; sirve entre otros objetivos para asegurar la autorreproducción del Estado en tanto que conglomerado de instituciones que, a su vez, garantiza la defensa del orden en curso.

Para un intento de “clasificación” de las actividades económicas, que en el siglo XXI parecen estar a medio camino entre lo productivo y lo improductivo, cf. Edgardo Adrián López,  “Debate en torno a lo que es ‘trabajo productivo’ y ‘labor improductiva’ en el capitalismo”, VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historias e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frias, (Salta: 03 al 04 de noviembre de 2005).

En otro orden de asuntos, un sociólogo al que con frecuencia objetamos a pesar de sus agudas y originales apreciaciones, entiende que los obreros improductivos son parte de las clases dominadas* y que existieron en modos de producción anteriores al capitalismo*. En lo que se refiere a lo primero, incluso sugiere que el hecho de que sean detectadas actividades que no se encuadran en la génesis de plusproducto por laborantes productivos que operan en calidad de clases dominadas, aunque a la postre los agentes de tales actividades sean elementos “sui generis” de las citadas clases, tuvo y tiene en el capitalismo el astuto fin de mantener bajos** los salarios, puesto que el mercado “ofrece posibilidades” de “ingresos” extras.

Podríamos generalizar lo anterior y abocetar que los segmentos que incrementan el número de miembros de los grupos sociales, existen para que la rispidez del litigio entre clases se amortigüe y las revoluciones se atrasen.

En lo que hace a que los obreros improductivos respiraron en modos precapitalistas de producción, la sentencia es útil para demostrar que no somos los únicos que entienden que las categorías que ampliamos son aplicables en contextos no capitalistas.

* Inmanuel Wallerstein, El capitalismo…,14.

** Inmanuel Wallerstein El capitalismo…, 16/18.

[42] Edgardo Adrián López,  Historia, Semiótica y Materialismo crítico… . Una síntesis puede consultarse en http://www.centro-de-semiotica.com.ar/Lopez-Resumen.doc

[43] En un artículo* recientemente publicado decimos que lejos de nosotros la intención de negar las clases y el conflicto entre clases con una supuesta puja de grupos, aunque ésta también sea real y no haya que descuidarla.

Sin embargo, más “herética” que nuestra postura es la de Edward Palmer Thompson, quien imagina la alternativa de refriegas entre clases..., ¡pero sin clases!**.

* Edgardo Adrián López, “Dudas y precauciones: ¿desde cuándo hubo clase obrera en la Argentina?”, Periferias. Revista de Ciencias Sociales, Año 11, N° 14 (primer semestre de 2007): 88.

** Edward Palmer Thompson, “¿Lucha de clases sin clases?”…, 15, 39-41.

[44] Karl Heinrich Marx y Friedrich Engels, Correspondencia (Buenos Aires: Cartago, 1975), 86.

Edgardo Adrián López,  Historia, Semiótica y Materialismo crítico..., nota16 de p. 882.

[45] Así las cosas, una probable y deseable revolución socialista no sólo “debe” finalizar con las clases y sus conflictos, sino también con la distribución de los agentes en miembros del resto de los grupos sociales, esto es, tienen que disolverse por igual los obreros improductivos, etc. Justamente, uno de los acaeceres que ocurrieron en 1917 en Rusia fue que desaparecieron las clases, mas no lo que quedaba de los grupos, apropiándose del Estado inmensamente burocratizado, trabajadores improductivos y sectores independientes acomodados en contra de una mayoría de la población no privilegiada.

¿Quiere ello significar que no habrá intelectuales, artistas, científicos, etc., puesto que se los consideraría laborantes no productivos? No; lo que sería “aconsejable” procurar es que, en la medida en que todos los que estén en condiciones físicas y mentales de llevarlo a cabo, las tareas en el seno de la producción directa complementen las otras funciones, tal que no haya intelectuales que sean exclusivamente pensadores, etc. En muchos aspectos, la supuesta “revolución” cultural de la China de Mao, a pesar del seguro enojo que el aserto pueda suscitar en los maoístas, equivocó el problema que debía enfocar, por cuanto no se trataba de la desaparición de los “inductores” de semióticas y de sistemas simbólicos, sino de integrar su rol con la práctica en el trabajo cotidiano que es gestor de riqueza concreta.

Edgardo Adrián López,  “Semiótica y Materialismo Histórico…”,  285.

[46] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, nota 1 de p. 34.

[47] Empleamos con excesiva cautela el término, no únicamente por los reparos que escribió Jackie Eliahou (o Elyah) Derrida, que se enteró de su nombre “secreto” y que era el “antinombre” respecto al afrancesado “Jacques”, hacia 1990, en incontables obras, sino porque la época nos puede empujar a enredarnos en anacronismos.

[48] En otro hojaldre de asuntos, una esforzada investigación de 2000 acerca del teórico sobre el poder par excellence se publicó en el grupo EUMED.NET (SEJ 309), dirigido por el Dr. Juan Carlos Martínez Coll.

Edgardo Adrián López “Aproximaciones a un estudio de la recepción de Foucault en Argentina”, en N° 81, (junio 2007), http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ar/2007/al-foucault.htm.

[49] Las imágenes y teorías pesadillescas según las cuales nos toparemos en el futuro con un orden opresivo (burocrático, “lógico” o burocrático/lógico –como se “arguye” en el film la “Villa alfa” de Jean-Luc Godard), son reaccionarias en el fondo por cuanto apoyan los mecanismos de la resignación frente al modo de producción capitalista. Parecen “advertirnos” que es inútil inventar otra “línea de fuga” en la Historia, dado que siempre terminará por encadenarse con los sistemas de dominación, poder, desigualdad, jerarquía, etc., que ya palpitaron.

Hay otros que adivinan que para enfrentar un futuro inimaginable de ahogo, aconsejan que nada o muy poco de lo que ha sido pensado para el desmadejamiento de las formas de dominio, etc., que ya asomaron,  bastará; en suma, que hay que abandonar a Marx y a otros muchos, en virtud de que no es factible actuar y aprehender el mañana con esquemas mentales envejecidos. Este argumento de alguna habilidad, descuida que con un basamento semejante habría que olvidar vg., la Física porque fue reinventada por Galileo hace siglos.

De cualquier manera, las formas de lucha y las interpretaciones teóricas insurgentes van también mutando, y el neozapatismo es uno de los mejores ejemplos de la creatividad impostergable para delinear vías antisistema y orientadas hacia el socialismo.

[50] Wallerstein es del parecer que en contextos precapitalistas e incluso, en el mismo capitalismo de la periferia y semiperiferia, el trabajo asalariado que valoriza capital es un “alivio” en una economía de “unidad doméstica” no asalariada o no monetizada. Se le escapa, empero, la otra cara del asunto: que los que no están expoliados por el valor autócrata pueden considerarse relativamente “libres” de la tarea en cuanto labor enajenada.

Immanuel Wallerstein, El capitalismo histórico…, 17.

[51] Por eso mismo, evaluamos que tampoco basta “encerrarse” en un mero “deconstruir” parasitario de las investigaciones ajenas, porque bien puede acontecer que existan “blancos” que únicamente la indagación con fuentes de primera solucione. Y sin embargo, Europa está muy lejos para mis recursos actuales...

[52] Tal como de alguna manera lo hemos sospechado, alguien sería capaz de notar que el intelectual germano que intentamos deconstruir podría no haber informado acerca de las clases y que, al acodar nuestras conjeturas en fuentes secundarias y derivadas de traducciones, incurrimos en apreciaciones muy “osadas”. Empero, recordemos que ese pensador era propenso a hilvanar una categoría tan amplia de “clases” que, provisto de esa noción, podía incluir a todo tipo de actividades (ir a nota 22), entre las que sería dable toparnos con algunas que pudieran remitir a las “clases” en sentido marxista. Y no obstante, no es esto lo que acontece.

[53] Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 34.

[54] A propósito, se nos informa que decidió investigar sin ejercer ni la docencia universitaria ni labor concreta alguna a raíz de haber sido beneficiado con una herencia que le permitió esa vida. Son estas condiciones las que explican también, sin enredarnos en un mecanicismo psicológico y biográfico, su conservadorismo y su alergia a Marx.

Reinhard Bendix, Max Weber: semblanza intelectual…, 23.

[55] Edgardo Adrián López, “Aproximaciones al estudio de una posible recepción weberiana de Nietzsche, en la ‘Sociología’ de la religión (Economía y Sociedad)”, conferencia leída en el Panel “Cultura e ideología” de la IX Semana de Seminarios Internacionales del Grupo de Pesquisa en Historia Económica y Social Contemporánea (GPHEC) y del I Seminario del Instituto Brasileño de Estudios Contemporáneos (IBEC/GPHEC), bajo la temática América Latina hoy: revolución y contrarrevolución, organizados del 09 al 11 de octubre de 2007 en la Facultad de Ciencias y Letras, Campus de Araraquara, Universidad Estatal de Sao Paulo, Sao Paulo, Brasil. Inédito, nota 78.

 

 

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