Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA 6 

ESCUELA DE HISTORIA
Año 6, Vol. 1, Nº 6, Año 2007
 

Artículo


 

Contingencia, catástrofe y subjetividad en los polizones africanos que arriban a la Argentina 

(Contingency, catastrophe and subjectivity in the Africans stowaways arriving to Argentine)

 Blanco, Pablo

Lic. en Historia. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad de la Patagonia San  Juan Bosco, Belgrano y 9 de Julio, Trelew, Chubut, e-mail: pabloblanco72@yahoo.com.ar

 

Resumen: Nos proponemos dar cuenta de las diferentes subjetividades de los actores involucrados, a partir de las siguientes preguntas: ¿Cómo se configura la subjetividad de una persona que no sabe adónde se dirige? ¿Qué cuestiones entran en juego en el viaje sin destino conocido que inician los polizones, emprendiendo un tránsito signado por el trauma de la pérdida, la incertidumbre y la catástrofe?

Recurriremos a la práctica de entrevistas etnográficas, con el objeto de recoger referencias biográficas de los migrantes. Desarrollaremos las mismas en diferentes lugares frecuentados por los africanos que residen en Buenos Aires: bares, organizaciones no gubernamentales, plazas e instituciones que trabajan con refugiados.

 

Abstract: This article is about the subjectivity by the people involved in these problems, from the following questions: ¿How does shape the subjectivity by the people who don’t know where is he going? ¿What happen in this trip without knowledge destiny that the stowaways begin, embarking a passage with trauma, loss, uncertainty and catastrophe?

We will resort to the practice of ethnographic interviews, to collect biographies by the migrants. These interviews will be achieved in different places that frequent the Africans stowaways who live in Buenos Aires: bars, no government organizations, squares and institutions who work with refugees.

 

Palabras clave: Migración forzosa; Subjetividad; Contingencia; Catástrofe; Supervivencia.

Key words: Unavoidable migration; Subjectivity; Contingency; Catastrophe; Survival.

 

 “(Ulises a Cíclope) ¿Saber quieres mi nombre famoso? Pues voy a decírtelo (…) Nadie es mi nombre; así me llaman. Nadie mi madre y mi padre y los compañeros que traigo conmigo”.

Homero[1]

“Los viajeros burgueses victorianos, hombres y mujeres, eran acompañados por sus sirvientes, en muchos casos gente de color. Estos individuos nunca alcanzaron la condición de “viajeros”. Sus experiencias, los vínculos de cruce cultural que trabajaron, su acceso diferente a las sociedades visitadas: tales encuentros rara vez obtienen una representación seria en la literatura de viaje. El racismo, sin duda, tiene mucho que ver con esto. Pues en los relatos de viaje dominantes, una persona no blanca no puede figurar como explorador heroico, intérprete estético, autoridad científica”.

James Clifford[2]

 

Introducción

Coincidimos con Fanon, cuando afirma, en Piel negra, máscaras blancas, que todo problema humano demanda ser considerado a partir del tiempo. La subjetividad migrante del africano-polizón-extranjero es resultado y, a la vez, creadora partícipe de un proceso histórico específico, único e irrepetible. Sin lugar a dudas, la década del 90 fue la consagración de la gran frustración con respecto a la liberación que debían alcanzar la mayoría de los países africanos en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y a la descolonización, donde se vislumbraban nuevas ideas políticas, nuevos movimientos que llevarían  adelante esas ideas y una nueva configuración ideológica que terminó fragmentando a los diversos sectores sociales, con la constante presencia de dictaduras, guerras civiles, conflictos denominados étnicos, conflictos religiosos y asesinatos a mansalva.

El presente trabajo se enmarca dentro de una investigación que surge a raíz de un interés personal respecto de la problemática de los refugiados de guerra a nivel mundial,  y donde nuestro país se ha convertido en uno de los destinos de los mismos; como tal, hace referencia a un primer acercamiento a dicho tema, ya que no existen estudios realizados sobre movimientos migratorios desde países africanos, con esas características y teniendo en cuenta las condiciones de viaje. Problema agravado durante los últimos cinco años, donde decenas de africanos han llegado huyendo de la miseria, la guerra, la persecución y el desarraigo. De esta manera, el trabajo está guiado a partir de las siguientes preguntas problematizadoras: ¿Cómo se configura la subjetividad de una persona que no sabe adónde se dirige? ¿Qué cuestiones entran en juego en el viaje sin destino conocido que emprenden los migrantes, iniciando un tránsito signado por el trauma de la pérdida, la incertidumbre, la catástrofe y el caos?

Cabe aclarar que el recorrido por instituciones u organismos que trabajan con refugiados dejó en claro varias cosas: no hay un trabajo mancomunado entre las mismas para abordar el problema; no hay datos concretos sobre la cantidad de seres humanos que arriban en esas condiciones, y existe, aún hoy y en esos lugares donde supuestamente se ayuda al inmigrante, mucha discriminación. “Viste cómo son”; “No les gusta trabajar”; “Vienen de un lugar donde son todas tribus”; “Siempre están en guerra”. El asco. La náusea en Sartre y Fanon.

Intentar dar cuenta de la experiencia migratoria de polizones que arriban a nuestro país es, en primer lugar, abordar el objeto de estudio sabiendo que la historia resultante es una historia desvalorizada o desoída.[3]  “¿A quién le puede interesar mi historia? ¿Por qué tengo que contarte mis problemas?”.[4] Estas preguntas fueron las primeras respuestas que dio Michael, al momento de comenzar la accidentada serie de entrevistas respecto de su situación y experiencia migratoria; situación que comienza a manifestarse cada vez más y más durante los últimos cinco años y que afecta a un creciente número de seres humanos desarraigados, luego de haber vivido el caos de la huida de sus países de origen, el peligro del viaje en barco durante 15 o 20 días, y el complejo escenario que deben afrontar al momento de insertarse en una sociedad que no conocen.

 

I- Pensamiento y experiencia en el tiempo y el movimiento. La subjetividad migrante en contingencia

 

Michael es liberiano y tiene 17 años. “Mi país está destruido… Mis padres murieron durante la guerra civil. No pertenecían a ningún ejército, pero igual los asesinaron. Tuve que presenciarlo, ya que me obligaron a verlo”.[5] Dice que fueron los rebeldes.

La percepción con respecto al conflicto por parte del entrevistado es muy confusa: apenas sabe por qué se generó, quiénes eran los grupos enfrentados, a quiénes respondían, cómo se fue incrementando dicho conflicto, ni cuándo terminó (si es que terminó). Le aclaro que los rebeldes llevaban el nombre de Frente Patriótico Nacional de Liberia (FPNL) y respondían a quién luego sería presidente, Charles Taylor. Parece no importarle demasiado. “Querían derrocar a Samuel Doe del gobierno, porque sólo favorecía al grupo de los Krahn ¿Tus padres eran Krahn?”. El desconocimiento es total: no sabe de qué estoy hablando. O no quiere decirlo.

La subjetividad en tránsito de Michael se ha ido configurando desde su niñez hasta su arribo a Buenos Aires. En Liberia pertenecía a un grupo social que lo marcó profundamente, grupo integrado por su familia (o lo que quedó de ella), sus amigos, sus compañeros de escuela. ¿Qué quedó de todo eso? ¿Cómo piensa su desplazamiento? ¿Desde qué lugar? Ese tránsito implica un viaje interminable: tuvo que huir de su país de origen hacia otro país vecino, en este caso Guinea Conakry; allí deambuló por pueblos y calles de la capital, Georgetown, para finalizar realizando pequeños trabajos en áreas cercanas al puerto principal, esperando el momento de huir hacia cualquier destino. No hay mucho para elegir: los migrantes consideran que cualquier destino, por más desconocido que sea, es mejor que lo que viven en ese momento.

Si la subjetividad se va configurando en una constante relación consigo mismo en la contingencia, y a su vez, esa contingencia, ese devenir histórico, permiten producir discursos específicos que van construyendo identidades, ¿cómo opera en Michael ese tránsito? La subjetividad “es un modo de hacer en el mundo. Es un modo de hacer con el mundo (…) Un modo de hacer con lo real (En definitiva) Es una serie de operaciones realizadas para habitar un dispositivo, una situación, un mundo”.[6] Pero también es un modo de relacionarse con el tiempo. Desde el punto de vista de la subjetividad, el tiempo “no es una idea ni una concepción filosófica; es una experiencia. Y la experiencia varía según cómo varían sus condiciones”.[7] La pregunta que ayudaría a seguir pensando la subjetividad en tránsito sería: ¿Qué operaciones se manifiestan en cada condición que se hace presente? Responder a esta pregunta implica pensar desde la contingencia. ¿Es posible saber qué puede suceder en cada instancia catastrófica que deben afrontar los polizones? ¿Cómo anticipar o calcular la siguiente etapa, si la muerte se hace presente en cada una de ellas? Del devenir aleatorio de las situaciones, no se sabe absolutamente nada. Por ello, en situaciones catastróficas como las que enfrentan los inmigrantes que viajan escondidos en los barcos, el pensamiento y la experiencia son contingentes.

La señora Irene Ortiz, presidenta de la Casa de África en Argentina, fue quien albergó en su hogar a los polizones provenientes de Guinea, en marzo de 2004, unos días después de haber arribado a nuestro país: “También han llegado de Nigeria. No quieren volver, no tienen perspectivas de nada en sus países (…) Por lo menos los casos que conozco, huyen porque perdieron sus afectos, sus países están en guerra, y las condiciones de pobreza continúan aumentando (…) Deambulan por campos de refugiados, calles y puertos”.[8] Pensar esa situación siempre remite al contexto histórico, político, económico y social del país de origen; sin embargo, en la mayoría de los casos son personas que jamás han intervenido en combate directo durante las guerras civiles.

Como hemos mencionado anteriormente en el caso de Michael, gran parte de los que escapan no conocen lo que sucede realmente. Sólo viven la experiencia; “son personas inocentes que indirectamente se ven involucrados en los problemas de los que tienen poder. En el caso de mi país, Sierra Leona, el principal problema era quien manejaba el tráfico de diamantes  hacia países vecinos, como Liberia. (…) La guerra la inician los que tienen poder y quieren tener más. Hacen ‘macanas’ (sic) La gente inocente es la que paga por ello y debe viajar a otros países para sobrevivir”.[9] Steve arribó a la Argentina hace siete años. Tiene 30, estudió Relaciones Internacionales pero, según expresa, con mucha indignación; mucho no le sirvió, ya que resulta muy complicado encontrar trabajo. Por suerte para él, pudo huir de su país antes de que se incremente  el conflicto (hecho que sucedió en el año 2000)  y no vivió la experiencia directa de viajar como polizón; sí conoce a varias personas de su país, como así también del Congo, Liberia y Nigeria, que han arriesgado su vida en esas condiciones de desplazamiento. Es que cuando un país se halla en guerra civil, en algunos casos, se obliga a los civiles a participar del conflicto y si se quiere desertar, la única salida es ser como un extranjero en el propio país. Comienza el viaje que será la huida del infierno. Y como todas las salidas oficiales se encuentran tomadas por el gobierno, la única opción posible es subirse a un barco. La condición condiciona.

Esta problemática ha comenzado a manifestarse desde 1995, aproximadamente, pero se ha presentado de manera más constante a partir de los últimos cinco años.[10] Los países de origen son variados: Senegal, Malí, Liberia, Sierra Leona, Congo, Nigeria, Costa de Marfil, Angola, Guinea Conakry, Ghana, entre otros. En el capítulo anterior se ha mencionado que el 14 % de los habitantes de los países africanos emigran; no existen datos respecto a cuántos de ese porcentaje arriban a nuestro país, y mucho menos de cuántos arriban como polizones. “El número varía según el año y el puerto (…) En mi jurisdicción arriban cinco por año (…) Cuando trabajaba en La Plata era más o menos la misma cifra. Pero no hay datos concretos. No está sistematizado”.[11] Y tampoco saben hacia dónde se están escapando: suben al barco y esperan. Michael tenía otro marco de referencia geográfico para cumplir el sueño de huir: “Pensaba llegar a Europa. Era mi idea. He oído que muchos africanos están viviendo en Europa, y que les va bien (…) Jamás oí sobre Argentina, pero estoy más seguro que en Liberia”.[12] Los pocos que puedan llegar a saber que están yendo hacia un país que no es potencia industrial, o los que arribaron sin saberlo, toman al nuestro como un paso previo para luego sí viajar a Europa o EE. UU.[13]

Si para Lewcowicz, contingencia es la posibilidad precaria de organización de la subjetividad, cada etapa del viaje está signada por la incertidumbre. Dice Alejandro De Oto al respecto: “Por un lado, (la contingencia) está representada en un espacio indiferenciado, donde lo contingente se presume cercano a lo imprevisto, a aquello que no puede ser estratégicamente dominado, en otras palabras, a aquello que resiste la impronta de una asignación de sentido (…) Lo contingente, entonces, es ante todo el sinónimo de una historicidad que emerge y se construye sobre la misma marcha”.[14] Insisto, el inmigrante debe pensar  a cada momento su situación, debe pensar desde lo que hay, desde lo que sucede, teniendo en cuenta que, más allá de llegar a un lugar determinado, lo que realmente importa es moverse e identificar movimientos convergentes y divergentes, que irán dando un valor histórico y social a su propia y traumática experiencia migratoria.

La guerra; la pérdida (afectiva y material); el deambular por diversos países o regiones; el deambular por diversas calles de la capital; acercarse al puerto para realizar cualquier trabajo; subirse a un barco; he aquí el paso previo. El viaje atravesando el océano Atlántico, en situaciones muy complejas de supervivencia, acomodados en las máquinas del barco, con poca alimentación y agua, soportando tormentas y en algunos casos bebiendo agua de mar, otorga al polizón la posibilidad de ser, literalmente, tragado por el mar. El arribo (los que lo logran); los controles médicos post-viaje para examinar su estado de salud luego de la traumática experiencia; el rondar por las diversas casas u organizaciones que brindan ayuda humanitaria; el recorrido por las oficinas que permiten brindar el beneficio de obtener la categoría de Refugiado, brinda al migrante la oportunidad de pensar en y desde la catástrofe. Todas estas acciones, más las que debe enfrentar en cada una de ellas, configura la subjetividad del polizón y permite otra construcción de sentido respecto a cómo experimenta el mundo.

En ese particular modo de hacer en el mundo, el trauma de la pérdida siempre se halla presente. En algunos casos han muerto, en otros ni saben dónde están. Han perdido todo: su familia, sus amigos, su hogar, sus objetos preciados, su cotidianeidad, su niñez. Para estos seres humanos no correspondió otra cosa que la expulsión de su sociedad hacia espacios, reales y simbólicos, que bien podrían ser considerados ajenos a la humanidad instaurada. Pero esa pérdida propone establecer nuevos proyectos en la subjetividad de cada migrante, en un escenario tan confuso. Aquí entra en juego la noción de pregunta antropológica, en tanto indagación acerca del ser humano o sobre lo que de él se desprenda.

Retomemos el problema ¿Cómo se configura la subjetividad de una persona que no sabe adónde se dirige? “Ni saben adónde llegan, ni siquiera oyeron alguna vez de Buenos Aires. Están perdidos totalmente y encima vienen de otro trauma, marcado por las guerras, los campos de refugiados. En el viaje, las cosas que se cuentan son terribles. A esa propia experiencia hay que sumarle el miedo a morir, la soledad, la preocupación por saber si la familia está viva, y si está viva, si encuentra bien (…) Creo que es peor cuando se trata de jóvenes”.[15] La desesperación es persistente en una experiencia como ésta. Lo imprevisto, lo indeterminado y lo innovador asoman en la subjetividad migratoria. De esta manera, siguiendo a Esteban Krotz, el polizón es la consecuencia y, a la vez, creador partícipe de un proceso histórico específico, único e irrepetible.

Miriam Gomes es hija de inmigrantes caboverdeanos, miembro de la comunidad Caboverdeana en Argentina y desde hace varios años trabaja por el respeto a la diversidad cultural y a los derechos humanos, sobre todo de los africanos que se han insertado (o intentan insertarse) en nuestra sociedad. Tiene muchos amigos provenientes de África y varios de ellos corresponden a la última oleada migratoria que está arribando a nuestro país, huyendo del infierno africano. “La emigración hacia cualquier lugar es supervivencia. Pero también les sirve a los que hicieron los desastres que actualmente se están viviendo en el continente: es una válvula de escape para descomprimir la situación social, les conviene que la gente se vaya, aunque no creo que solucione mucho (…) Ante esa circunstancia, meterse en un barco es, lisa y llanamente, la salvación. Salvación que no está dada por un lugar seguro, tranquilo y apacible; viajan durante 15 o 20 días en la bodegas de los barcos, en las máquinas, al lado de las hélices. Un conocido nigeriano lo hizo… Me contó cosas horribles”.[16] El señor Román Delmas, secretario general y jefe de prensa de la Casa de África en Argentina, completa: “La supervivencia no es sólo frente al agua de mar, las tormentas, la falta de aire u otros problemas de salud…Surgen conflictos en la convivencia durante el trayecto por la falta de espacio, por la comida, por el agua bebible. Luchan entre ellos”.[17] Irene Ortiz agrega: “Viajan colgados de los fierros (sic), muchos mueren en el viaje”.[18] La supervivencia atraviesa la subjetividad del africano que huye; éste construye sentido a partir de contingentes experiencias respecto a cómo descubre el mundo en el que vive, cómo percibe una experiencia catastrófica.

 

II- Desplazamiento en constante situación caótica. La catástrofe en la subjetividad migrante

La catástrofe desmantela por completo. El siguiente relato corresponde a una persona que sabe lo que deben sufrir los polizones: “Nosotros hemos visto que ellos viajan en un habitáculo muy chico, donde está todo el sistema de la pala del timón (…) El buque para que sea buque debe rendir tres condiciones: primero, que flote; segundo, que se propulse, y tercero, que vaya a donde yo quiera, que se pueda gobernar. Eso se llama sistema de gobierno. El sistema de gobierno está dado, básicamente por la pala del timón. El timón indica el rumbo (…) Este timón puede tener entre dos a seis metros de altura. Existe un perno por el cual el timón gira (…) Ese perno nace desde el sistema de gobierno y desde el sistema de gobierno y la pala del timón, hay un habitáculo muy chiquito donde puede pasar un hombre muy delgado y permanecer ahí adentro. Permanecer ahí adentro durante 10 o 15 días de navegación, realmente, es infrahumano. En algunos casos, hemos sospechado, que por ahí han venido trabajando a bordo (…) Se han detectado casos en el que han viajado en estos habitáculos, que son muy chicos, donde por ahí entra uno o dos hombres, y han venido cuatro o cinco. Cuando ven tierra  firme, ellos saben que se deben hacer ver, porque la autoridad va y lo rescata, porque no podemos permitir que este en un lugar tan inseguro (…) Esto ocurre cuando el buque no viene demasiado cargado (…) Porque cuando viene cargado todo ese sector del que le estoy hablando está inundado. Con lo cual, cuando hay un temporal, el agua está siempre. Son lugares muy difíciles”[19] Entran pocos seres humanos en estas condiciones a nuestro país y quizás por ello sea una “historia desoída”, pero arriban de ese modo.

Michael no quiere hablar. Es menor de edad (con todos los problemas que ello acarrea) y tiene miedo de perder la condición de refugiado que le han otorgado. Apenas menciona las condiciones en las que viajó. “Mucha agua en el lugar que viajábamos. Algunos de los que iban conmigo se murieron”[20] A la mayoría de los que vienen en esas condiciones les sucede lo mismo; Miriam Gomes adhiere a la idea del temor a la pérdida de ciertos beneficios, sumado a que no quieren confrontar con la sociedad receptora. Algunos polizones arribados durante el año 2004 han tenido una exposición bastante alta en los medios de comunicación, con lo que, aparentemente, se les han incitado a no hablar demasiado sobre el tema. Y a esto hay que sumarle la poca disponibilidad de datos concretos que permitan dar cuenta, o por lo menos brindar un acercamiento, del problema. La misma prensa apenas lo vuelve a tratar en sus espacios; los organismos vinculados a la protección de los refugiados no poseen información; los consulados apenas se enteran; las instituciones estatales hacen lo que pueden (como el caso de Prefectura o los hospitales que los reciben deshidratados y desnutridos); y algunas Ongs, si bien se interesan en casos específicos, no tienen datos concretos. No hay un trabajo mancomunado. O no importará demasiado.

Para Paul Ricouer, el testimonio que se recoge de una persona que logró sobrevivir a una situación catastrófica, debe ser despojado de la extrañeza absoluta que engendra el horror: “Una razón suplementaria de la dificultad para comunicar se debe al hecho de que el propio testigo carece de distancia respecto a los acontecimientos; no ‘asistió’ a ellos; apenas fue su agente, su actor; su víctima. ¿Cómo ‘contar su propia muerte’?, pregunta Primo Levi. La barrera de la vergüenza se añade a todas las demás. De ello se deriva que la comprensión esperada debe ser también juicio, juicio en el acto, juicio sin mediación, censura absoluta”[21] Ante esta situación, resulta muy complejo obtener referencias profundas respecto a cual es la percepción de polizón en relación a su propia experiencia migratoria. Schatzman y Strauss nos brindan otra posibilidad de pensamiento acerca del inconveniente: “(…) cuando el contexto no está dado, y tampoco es recreado por el hablante, el interlocutor se encuentra ante espinoso problemas de interpretación”[22] .

Mas allá del testimonio que haya brindado Michael, la catástrofe es percibida como “la ruptura del equilibrio anterior del sistema cuya estabilidad estructural resulta subvertida”[23] Retomando a Lewcowicz, pensar la catástrofe es pensar desde lo que hay. De ésta manera, la catástrofe instaura una dinámica, en la que prevalece la idea de cambio. Pero la cuestión es cómo piensan los propios polizones la catástrofe, y, si la piensan, desde donde lo hacen. Si la contingencia, como dice Lewcowicz, es la posibilidad precaria de organización de la subjetividad, el viaje en condiciones muy complejas de supervivencia, sin saber adonde están yendo, brinda la posibilidad de instaurar en la subjetividad del migrante diversos proyectos para afrontar la inseguridad que esta situación instituye a cada momento. Esa contingencia, es perpetua; desde cuando el conflicto en su país lo obligó a huir hasta su arribo y posterior inserción cultural en la sociedad receptora

En esa relación que el migrante tiene consigo mismo en la contingencia, Stuart Hall, citando el pensamiento Lacaniano, también considera necesario “tomar en cuenta los procesos psíquicos inconscientes y la relación con el otro”[24] . Los integrantes de esas experiencias caóticas, viajando en condiciones muy complejas de supervivencia, todos provenientes de diversas regiones que presentan casi las mismas problemáticas, están experimentando, todos juntos, un cambio que permite abandonar algunos aspectos de una identidad dada; comienzan a advertir sentimientos de angustia y temor. “¿Hacia donde estamos yendo? ¿Moriremos?” Y una vez en el destino “¿Cómo nos tratarán? ¿De qué viviremos?” Pero se configuran también nuevos aspectos que van conformando la subjetividad migrante.

Ahora bien, ¿qué características presenta la subjetividad de una persona que viaja en esas condiciones? ¿Qué parámetros permiten caracterizarlas? Nikolas Rose tiene su punto de vista: “(La subjetividad) tiene hoy características distintivas y novedosas como la incertidumbre, la reflexividad, el auto examen, la fragmentación y la diversidad. (Pero también se deben tener en cuenta) La pluralización de los códigos morales, la atenuación aparente de los lazos entre el gobierno político y la regulación de la conducta, la heterogeneidad de las formas de vida (…), la celebración simultanea de la individualidad, y la proliferación de técnicas de identificación y segmentación grupales”[25] Para Lewcowicz, la subjetivación dependerá de la toma de conciencia, la cual no asume como fundante cualquier dato contingente. “La conciencia se afirma en su potencia eminente cuando asume las condiciones que la determinan. En este esquema de pensamiento, la subjetividad depende de lugares: lugares familiares, lugares en la conformación institucional, lugares en la estructura de clases”.[26]

En este sentido, la subjetividad del polizón, ocupa el lugar del expulsado, de la escala más baja de la condición humana, del que se quedó afuera de toda posibilidad en el actual estado de cosas, desarraigado, desesperado, con hambre, con sed, y un largo etcétera. Subjetividad que se produce a partir de dispositivos complejos, heterogéneos, cambiantes y dinámicos, donde pensamiento, entendimiento, inteligencia, imaginación, intuición, sensibilidad y acción se hallan en constante relación con los factores naturales, sociales, económicos, políticos, culturales y tecnológicos en los que el sujeto se halla inmerso y en donde dialoga consigo mismo y con el otro. La subjetividad migrante es, por un lado, una subjetividad marginada, excluida, desinsertada, desechada, no reciclable; por otro, una subjetividad sobreviviente, que está dispuesta a toda clase de concesiones de sus derechos para subsistir como el último escalón del actual sistema[27] Pero está en un proceso de supervivencia.

En el mismo, lo que decide o lo que elige en cada situación contingente será muy significativo para lo que experimentará en el futuro próximo. En la Teoría de la Elección Racional se conjugan cuatro elementos fundamentales: deseos, creencias, acción e información; el deseo es estar mejor; y si bien, en la mayoría de los casos no saben hacia donde están yendo, si conocen algunas cuestiones vinculadas a la supervivencia. “Gran parte de los que viajan en esas condiciones, saben las normativas vigentes. Saben que una vez que el barco se acerca a tierra firme, los va a rescatar Prefectura. Y también conocen lo que tienen que decir si son encontrados”[28] La acción se orienta hacia una meta y activada por una razón, lo cual deja de lado del conjunto de acciones intencionales a aquéllas que son compulsivas y/o accidentales; pero no siempre sucede esto, sobre todo en el viaje en barco, ya que el escenario allí es mucho mas complejo. ¿Por qué huye una persona, soportando en la huida, situaciones infrahumanas de supervivencia? Frente a esto, ¿qué le queda al individuo? La racionalidad lo lleva a ir constantemente en tránsito, sabiendo (o no) lo que vendrá después.

La acción se realiza luego de haber analizado varios cursos de acción posibles Pero la incertidumbre surge a cada instante, porque, si bien antes de cada acción existe un proyecto, no siempre se puede planificar en el contexto que se hace presente en la experiencia migratoria del polizón. Pero los proyectos son “(…) utopías prácticas. Son utopías porque son algo irreal, esto es, representan lo futuro en un presente-como-si; son prácticas, porque anticipan el futuro mas irreal en un presente que adviene como la posibilidad real. De éste modo, el futuro motiva las utopías prácticas del presente”[29] Luckman considera que para tener en cuenta lo anteriormente expuesto, el agente es conciente de lo que quiere hacer, de las experiencias que debe afrontar. ¿Cuánto sabía Michael de lo que venía? “Me subí a un barco que pensé que iba a Europa…Nunca pensé que viviría algo así, pero mucho no me importaba. En mi país estaba muy mal”[30] Falco agrega: “No creo que sepan…En ese viaje inhumano les va la vida, con lo que realizan cualquier cosa para seguir viviendo”[31]

Aquí es necesario retomar los motivos “para” y los motivos “porque” de Schutz. El primero se relaciona con el futuro, con crear un estado de cosas, con alcanzar un fin preconcebido. El motivo “porque”, desde el punto de vista del sujeto que ejecuta la acción, alude a sus experiencias pasadas; éstas lo llevaron a  actuar como lo hizo. Si en su país no estaba bien, no podía estudiar, no podía caminar libremente, debía trabajar en un estado deplorable, esa experiencia migratoria es el paso a un modo diferente de ver el mundo, donde sus circunstancias específicas de migrante en tránsito le permitirán mejorar sus condiciones de vida, su lugar en el mundo como ser humano. La situación presente de Michael tiene su historia; es la consecuencia (parcial) de todas sus experiencias subjetivas anteriores.

De todos modos, la cuestión que se hace presente con más fuerza en esta problemática, es como se va configurando la subjetividad migrante de una persona que viaja en condiciones infrahumanas de supervivencia, desconociendo destino alguno, como así también situaciones contingentes que, conciente o inconcientemente, el polizón asimila a su humanidad. Citando a James Clifford, al comienzo del capítulo, decíamos que en los relatos de viaje dominantes, una persona no blanca no puede figurar como explorador heroico, intérprete estético o algo mas que un simple esclavo o sirviente de viajeros blancos.

¿Es esta experiencia migratoria un viaje? Sin dudas se la debe incluir como tal, ya que el polizón, como portador de una cultura específica, como heredero de una tradición, como nexo de una estructura comunicativa de larga duración, e, insisto, como resultado y creador partícipe de un proceso histórico específico, único e irrepetible, posee sus puntos de vista, y su modo de hacer en el mundo. Aquí el viaje, como discurso, sufre una alentadora transformación, donde el viajero-polizón-subjetividad migrante, adquiere y brinda, constantemente, conocimientos, historias, percepciones sociopolíticas e interculturales. Aquí, el africano ya no es sirviente ni dependiente de alguien. Posee autonomía y es conocedor de mundo. Algunos dirán que proviene de una situación de subordinación total en el actual sistema capitalista, como hemos mencionado anteriormente al hacer referencia a las subjetividades sobrevivientes y marginadas, pero, y concordando con Clifford, “el viajero es por definición alguien que tiene la seguridad y el privilegio de moverse con cierta libertad”[32] Son muchos que, expulsados de sus tierras por causa de la guerra, la persecución, la miseria, el hambre y el desarraigo, y siendo africano, han confluido en riquísimas experiencias culturales en las sociedades receptoras.

 

 Bibliografía

 

Bourdieu, Pierre et al, El oficio del sociólogo. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 2002.

Clifford, James. Itinerarios transculturales. Buenos Aires: Gedisa, Sin fecha de edición.

De Oto, Alejandro. Frantz Fanon: Política y poética del sujeto poscolonial. Mèxico DF: El colegio de México, 2003.

Hall, Stuart y Paul Du Gay. Cuestiones de identidad cultural. Buenos Aires: Amorrurtu, 2003.

Homero, Odisea Madrid: Editorial Planeta, 2001.

Lewcowicz, Ignacio. Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas. Buenos Aires: Paidós Educador, 2004.

Lewcowicz, Ignacio. Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Buenos Aires: Paidós, 2004.

Luckmann, Thomas. Teoría de la acción social. Barcelona: Paidós, 1996.

Otero, Gabriela, “Memorias sociales e identidades culturales; un abordaje antropológico posible”, Epistemología de las Ciencias Sociales. Cuaderno Nro.3. Ser antropólogo. Dilemas y desafíos (1993)

Ricoeur, Paul. La memoria, la historia y el olvido. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Universidad de Luján. Cuadernos de Antropología. Identidad e identidad étnica. Buenos Aires: Eudeba, Sin fecha de edición.

Página 12, Suplemento Especial: 3er Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos. “Capitalismo Planetario Integrado, Guerra y Subjetividades”, 30 de octubre de 2004. 


 

[1] Homero, Odisea (Madrid: Editorial Planeta, 2001), 143.

2 James Clifford, Itinerarios transculturales (Buenos Aires: Gedisa, Sin fecha de edición), 48/9.

 

3 La idea de “historia desvalorizada o desoída”, la tomo de Gabriela Otero, “Memorias sociales e identidades culturales; un abordaje antropológico posible”, Epistemología de las Ciencias Sociales. Cuaderno Nº 3. Ser antropólogo. Dilemas y desafíos. 1993.

4 Conversación entre Michael y el autor, el día 9 de marzo de 2005, en Buenos Aires.

5 Conversación entre Michael y el autor, el día 11 de julio de 2005, en Buenos Aires.

 

6 Ignacio Lewcowicz, Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas (Buenos Aires: Paidós Educador, 2004), 48

7 Lewcowicz, Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas, 51

8 Entrevista con Irene Ortiz, realizada por el autor, el día 1 de noviembre de 2004, en Olivos, Pcia. de Bs. As

 

9 Entrevista con Steve, realizada por el autor, el día 2 de noviembre de 2004, en Buenos Aires.

[10] Según dato brindado por Antonio Falco,  prefecto mayor Zona Delta. Entrevista realizada por el autor el día 13 de julio de 2005, en Tigre, provincia de Buenos Aires.

11 Entrevista al prefecto mayor Zona Delta Antonio Falco, realizada por el autor el día 13 de julio de 2005, en Tigre, Pcia. de Bs. As.

12 Conversación entre Michael y el autor, el día 9 de marzo de 2005, en Buenos Aires.

13 Entrevista con la Lic. Silvia Constanzi, asesora de la Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones, realizada por el autor el día 9 de marzo de 2005, en Buenos Aires.

14 Alejandro De Oto, Frantz Fanon: Política y poética del sujeto poscolonial (México DF: El Colegio de México, 2003), 136.

 

15 Entrevista con la Lic. Silvia Constanzi, asesora de la Fundación Comisión Católica Argentina de Migraciones, realizada por el autor el día 9 de marzo de 2005, en Buenos Aires.

16 Entrevista con Miriam Gomes, realizada por el autor el día 12 de julio de 2005, en Buenos Aires.

17 Entrevista con Román Delmas, realizada por el autor el día 3 de noviembre de 2004, en Buenos Aires.

18 Entrevista con Irene Ortiz, realizada por el autor, el día 1 de noviembre de 2004, en Olivos, provincia de Buenos Aires.

 

19 Entrevista al Prefecto Mayor Zona Delta Antonio Falco, realizada por el autor, el día 13 de julio de 2005, en Tigre, provincia de Buenos Aires.

20 Conversación entre Michael y el autor, el día 11 de julio de 2005, en Buenos Aires

21 Paul Ricoeur, La memoria, la historia y el olvido (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000), 229-230

 

22 L. Schatzman y A. Strauss, “La entrevista y las formas de organización de la experiencia” en El oficio del sociólogo (Buenos Aires: Siglo XXI, 2002), 241

23 Héctor Vazquez, “Consideraciones sobre el texto de J. Petitot: Identidad y catástrofes”, Cuadernos de Antropología. Identidad e identidad étnica. (Eudeba, sin fecha de edición), 7

 

[24] Stuart Hall, “Introducción: ¿quién necesita identidad?”, en Cuestiones de identidad cultural (Buenos Aires: Amorrurtu, 2003), 26

[25] Nikolás Rose, “Identidad, genealogía, historia”, en Cuestiones de identidad cultural (Buenos Aires: Amorrurtu, 2003), 241

26 Ignacio Lewcowicz. Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez Buenos Aires: Paidòs, 2004), 82.

 

[27] Estas tipologías fueron tomadas del psiquiatra Gregorio F. Baremblitt, “Capitalismo Planetario Integrado, Guerra y Subjetividades”, Página 12, Suplemento Especial: 3er Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos, 30 de octubre de 2004. El autor es miembro fundador del Instituto Félix Guattari de Belo Horizonte, entre otros. En el artículo, además, expone las siguientes tipologías: La subjetividad anónima, la subjetividad planificadora, la subjetividad genocida, la subjetividad consumística y la subjetividad delincuencial 

28 Entrevista al Prefecto Mayor Zona Delta Antonio Falco, realizada por el autor, el día 13 de julio de 2005, en Tigre, provincia de Buenos Aires.

 

[29] Thomas Luckmann, Teoría de la acción social (Barcelona: Paidós. Barcelona, 1996), 61.

 

30 Conversación entre Michael y el autor, el día 11 de julio de 2005, en Buenos Aires

31 Entrevista al Prefecto Mayor Zona Delta Antonio Falco, realizada por el autor, el día 13 de julio de 2005, en Tigre, provincia de Buenos Aires.

[32] James Clifford, Itinerarios transculturales, 50

                 

 

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