Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA

ESCUELA DE HISTORIA
Año 4, Vol. 1, Nº 4, 2005
 

Articulos

SEMIÓTICA Y MATERIALISMO HISTÓRICO: UNA OPORTUNA CONFLUENCIA PARA LA TEORÍA DE LOS GRUPOS SOCIALES

Edgardo Adrián López* 

 


 

RESUMEN

En este trabajo intentamos mostrar que, al lado de la teoría “ortodoxa” de las clases, en Marx existe una teoría de los grupos sociales, más amplia y flexible, pero que requiere explicitarse para sortear las observaciones de sociólogos al estilo de Giddens, entre otros. 

SEMIOTIC AND HISTORICAL MATERIALISM: AN ADECQUATE CONFLUENCE FOR THE THEORY OF SOCIAL GROUPS

ABSTRACT

In this paper we try to show that next to the “orthodox” theory of classes, in Marx exists a theory of social groups, which is largest and flexible, but it requires clarification to elude observations of sociologists like Giddens, among others.

SEMIÓTICA Y MATERIALISMO HISTÓRICO: UNA CONFLUENCIA OPORTUNA PARA LA TEORÍA DE LOS GRUPOS SOCIALES

 “Al trabajo, esclava, al trabajo ... (La) Naturaleza ...  creó ... seres fuertes y débiles; su intención fue que éstos estuvieran subordinados a aquéllos, como el cordero lo está siempre al león ...”

Marqués de Sade

 

“... Contrarrestemos la fortuna ...”

                            Sófocles

 El presente análisis corresponde a un fragmento del Apéndice II de la Segunda Parte de la Tesis Doctoral, que será oportunamente evaluada a fines de 2005 o a principios de 2006, trabajo que fue dirigido por el Lic. Juan Ángel Ignacio Magariños Velilla de Morentin.

En ese “topoi” académico, terminamos de comprobar lo que ya sabíamos desde hace más de diez años: lo fructífero que resulta la intersección de la Semiótica (un conocimiento la más de las veces, ponderado “esotérico” en el campo de las Cienciaas Sociales y en particular, en el de la Historia), con el de la teoría materialista deconstructiva. Sin embargo, en el estrecho margen de una comunicación de escasas páginas no nos es factible exponer en detalle los innumerables “cruces” entre ambas corrientes de pensamiento, por lo que nos abocaremos a lo que desde tales saberes, puede reconstruirse en torno a los grupos sociales.

Para “legitimar” la lectura que plantea una afinidad casi estructural entre determinadas ofertas semióticas y lo que, con alguna imprecisión, se convino en llamar “Materialismo Histórico”, bastaría recordar una cita del semiólogo lituano Greimas cuando nos instruye que es insoslayable “... captar e interpretar una dimensión autónoma de (las) sociedades, la dimensión significativa, gracias a la cual una sociedad existe, en tanto que sentido, para los individuos y los grupos que lo componen, así como para las otras sociedades, que la miran y la reconocen. Históricamente convendría ver ... cómo ... son elaboradas ... formas de (‘socialidad’) ... e inciertas cohesiones. Se trata, en suma, de ... comprender ... cómo el individuo ... consigue reunirse con el otro, cómo se integra y vive su integración ..., cuáles son estas representaciones colectivas’ ... que (lo) hacen ... un ser social.”.

En un estrato desparejo de cuestiones, Greimas elogia a Marx por su modelo y por la descripción acrónica de un capitalismo puro. Sin embargo, efectúa apreciaciones por las que cree que enriquece la apuesta, cuando en el fondo no hace más que ratificar lo que el “desconocido” de Londres propuso: en los modos de producción históricamente concretos, se comprueba una interferencia entre las estructuras profundas supervivientes (i), las actuales (ii) y otras que anuncian el futuro (iii). Confiamos en que los desajustes entre la conceptuación de un modo genético de tesoro paradigmático y las manifestaciones históricas, se salvan con la categoría “formas de economía y sociedad”.

 II 

Luego de esta introducción “rapsódica”, quisiéramos plantear específicamente en las actuales Jornadas, que junto a la teoría de las clases existe otra, que podríamos denominar de “los grupos”, mucho más amplia que la primera pero cuyo trabajo de explicitación apela al uso de las herramientas inventariadas por el fallecido intelectual radicado en Francia. Y si el acento de la ponencia en el materialismo crítico asoma desproporcionado, es en virtud de que la “sutura” que elegimos para mostrar las “interfases” entre Semiótica y las elucubraciones de Marx, apelan a despejar primero lo que su letra nos “comunica”.

De una manera casi “apriorística”, postulamos que la teoría de las clases se corresponde con el elevado nivel de abstracción de un categorema poco comprendido (el de “modo de producción”), en especial, por el “ruido de fondo” de los marxismos ortodoxos del siglo XX. La de los grupos (asumiendo por el momento que ésta es inferible de los escritos del pensador lucreciano), tiene por correlato la también difícil idea de “formas de economía y sociedad”. La idea es entonces, que mientras la teoría de las clases le permite a Marx describir un modo de producción a gran escala y para los tiempos históricos de la larga y larguísima duración, la teoría de los grupos (que, insistimos, se puede ubicar en el inmenso palimpsesto de su escritura fragmentaria...), posibilita dar cuenta de las alianzas, los movimientos, etc. de los segmentos sociales que hilvanan determinadas formas concretas de economía y sociedad.

Para demostrar que son imprescindibles grandes conjuntos que engloben a fragmentos que “acompañen” a las clases, hay que encontrar “sumatorias” de agentes que no sean clases. Hay dos tipos: los obreros improductivos y los sectores independientes.

Según los textos, la diferenciación entre trabajo productivo e improductivo, y entre obreros productivos e improductivos se debe a la distinción que separa el trabajo ejecutado según la lógica “pura” del capital y la labor que pertenece a etapas precapitalistas10 . La tarea productiva es la que “… entra en la producción de mercancías, ... fuese cual fuere el tipo de trabajo aplicado, sea o no trabajo manual, (incluida la labor) científica, y trabajo que no entra en la producción de mercancías, y cuyo objetivo y propósito no es esta producción ... (Todos) los otros tipos de actividad influyen sobre la producción material y a la inversa ...”11 . No obstante, es impostergable ser conscientes que la producción burguesa es hostil a ciertas ramas de la producción espiritual, vg. el arte y la poesía12 .

Los trabajadores improductivos son caracterizados por el “oscurecido” a causa de las ortodoxias, como practicantes de profesiones ideológicas13 , obreros de categoría “superior”14 , parásitos de los productores reales15 , miembros de “clases” ideológicas16  (que, por ende, se identifican con los intereses de las clases dominantes17 ), pobres “respetables”18  y en tanto que “presupuestívoros19 . Componen lo que se denominan “subclases” que, a medida que se diversifica el capitalismo, pueden vivir mejor que antes e incrementar su número20 . En esas situaciones, pueden acceder a un mejor consumo las mismas clases dominadas21 ; incluso a un consumo de lujo22 . No obstante, respecto a ello Marx advierte que la situación de estos segmentos (clases expoliadas y “subclases”) depende más del salario relativo que del monto del salario23  (o del “estipendio” que corresponda, si el individuo es miembro de los sectores independientes).

En cuanto a lo que se debe retribuir por los objetos de disfrute gestados por ese tipo específico de laborantes, Marx establece que el “... valor de los servicios ... de (los obreros) improductivos ... (puede determinarse) en la misma forma ... u otra análoga ... que la de los trabajadores productivos: es decir, por los costos de producción involucrados en mantenerlos o producirlos. También entran en funcionamiento ... otros factores.”24  (lo destacado y las negritas son nuestras).

Luego, prosigue: “... cuántos trabajadores hacen falta para producir ...productos inmateriales’ ... (y cuánto) ... trabajo necesario (es imprescindible) para llegar a un resultado determinado es tan conjetural como el resultado mismo. Veinte sacerdotes ... tal vez pueden lograr la conversión que uno no ha conseguido ... (Y es que la) cantidad de soldados ..., de policías, ... de funcionarios, ... etc. (que requiere una sociedad son) ... cosas problemáticas y (que) muy a menudo se discuten ...”, al igual que son difíciles las otras cuestiones en liza25  (la negrita y el cambio de tipo nos pertenecen).

Con los debidos matices, las nociones explanadas son ideas que sirven para gran parte de la historia transcurrida: los obreros no productivos son miembros de los grupos que Engels denomina en sentido amplio “no trabajadores”26 . En los conglomerados pre-capitalistas (sean de clases o no) de base y superestructura, son laborantes que consumen riqueza sin participar como fuerza de trabajo en la producción real, directa, concreta y material. Casi siempre, estos obreros que consumen improductivamente el tesoro se encargaron de funciones de mando, organización, coordinación y/o significación del mundo. Por eso es que los hemos rotulado como trabajadores que cumplen roles de semiotización (sin embargo, conocemos que otros marxistas entienden que los obreros improductivos, al ser el resultado de una división gigantesca del trabajo en el capitalismo, son una fracción “sui generis” de la clase obrera enfrentada al capital27 ).

Uno de los argumentos que permiten ampliar la categoría de una manera poco ortodoxa, es la apreciación que sostiene que “... las prestaciones de servicio ... (por las que se) ...  intercambian ... dinero ... (son) consumo de (renta) ... Desde una puta hasta el Papa hay una buena cantidad de esta gentuza. Pero también se incluye aquí el honesto y laboriosolumpenproletariado; por ejemplo, grandes bandas de serviciales rufianes, etc. ...28 .

Por lo demás, enfaticemos que existen obreros improductivos “no privilegiados” y “privilegiados”. Marx los menciona como consumidores capaces de gastar29  o en tanto que obreros improductivos que son “amos”30 . Los trabajadores improductivos marginales son llamados “criados”31 .

Por otra parte, en el vol. I de Teorías sobre la plusvalía encontramos un apartado jugoso que el IMEL divulgó bajo el rótulo “Concepción apologista de ... las profesiones”, cuando en el fondo es una lúcida argumentación acerca de las influencias sutiles de todas las esferas de actividad entre sí y en torno al reparto de labores en el ejercicio de la dominación. Leamos pues, en esta hora de pronósticos y desaciertos, a Marx: “Un filósofo produce ideas, un poeta poemas, un sacerdote sermones ... Un criminal, ... delitos ... (Gesta) ... también la legislación ... y, con ello, al mismo tiempo, al profesor que diserta ... y ... el inevitable compendio ... (El) criminal produce todo el conjunto de la policía y la justicia ..., los alguaciles, jueces, verdugos, jurados, etc.; y todos estos ... ramos de negocios que constituyen ... muchas categorías de la división ... del trabajo, desarrollan distintas capacidades del espíritu humano ... (También suscita) ... bellas letras, novelas e inclusive tragedias ... (Estimula) las fuerzas productivas ... (El) crimen aparta una porción de la población superflua del mercado de trabajo, y de tal manera reduce la competencia entre trabajadores ...; la lucha contra el delito absorbe a otra parte ...”32 .

Ahora bien, un atajo para coronar una demostración que nos resulta agobiante, a causa del grado de represión a la que se vio sometida la teoría crítica (conduciendo a que se ignoren proposiciones claves como la que acabamos de citar), es observar que las trabajadoras del sexo han ofrecido sus habilidades desde comunas anteriores al nacimiento del Estado e incluso, con las facetas que marcan los rituales. Por añadidura, el papado es medieval.

Advirtamos que muchos segmentos del lumpenproletariado, que soportan sus noches de frío con el cálido abrigo de la indiferencia humana y económica, ingresan en el plano de los excluidos, por lo que los “no trabajadores” no están compuestos sólo por obreros improductivos. La posibilidad clasificatoria de que conjuntos de “no garantizados” extremos constituyan un segmento aparte, justifica la necesidad de realizar un paciente desgranamiento de las fracciones sociales que funcionarán, junto a las clases o no, en tanto que colectivos dirigentes o subalternos33 .

Las matizaciones en torno a los obreros productivos e improductivos, se enmaraña con los lexemas “funciones improductivas”34 .

Existen grandes funciones consumidoras de riqueza, como la de gobierno35  que divide a los “agentes” en gobernantes y gobernados36 . Pero no siempre tales “roles” son ocupados por obreros no productivos, ya que el “papel” de dirección, fiscalización, etc. de la labor en una empresa (gerentes, ingenieros, capataces) puede ser efectuado por trabajadores sometidos al capital37 . Incluso, funciones derrochadoras de tesoro son cumplidas por segmentos de las clases dominantes (por ejemplo, los mercaderes asumen el “rol” de intermediar producción y consumo38 ).

Los sectores independientes son los campesinos39  medios y pobres, algunos40  artesanos, ciertos comerciantes al menudeo y los integrantes de las fuerzas armadas. Los tres primeros son propietarios trabajadores, trabajadores propietarios y/o agentes que acumulan dinero por vía patrimonial; los últimos, no reciben estrictamente un salario sino un “estipendio” bajo el aspecto de renta. En los miembros de los sectores independientes que acabamos de enumerar, también hallamos a “privilegiados” y “no privilegiados” al igual que en los laborantes improductivos.

Sin embargo, algunos de los que aceptan parcialmente que en Marx pulsa una teoría de los grupos sociales más amplia que la de las clases, son críticos de sus diagnósticos. Por ejemplo, Daniel Bell, uno de los tantos intelectuales orgánicos41  del aparato de Estado norteamericano dedicados a alucinar la sociedad post-industrial o post/capitalista (ideologemas que procuran reemplazar la historia de los modos de producción, por las “distinciones” entre comunas pre-industriales, industriales y de la formación científico/técnica42 ), afirma que existen sectores sociales divergentes de las clases43 . Digamos de paso que esas categorías, temas y problemas pseudo/científicos componen la “globalización” que pretenden imponer los Estados Unidos y que, en el plano cultural, trasvasan fenómenos y preocupaciones que son atribuibles a naciones particulares, al resto del planeta (conjunto que, obviamente, al estar desindustrializado o no industrializado, no puede nunca ser una comunidad “post-burguesa”, post/capitalista, “post-civilizada” o post/moderna44 ). Obreros improductivos privilegiados y miembros de las clases dominantes atareados en funciones simbólicas, se dedican a instalar en el resto de lo comunitario (en especial, en el limitado universo de unas Ciencias Sociales cada vez más derechizadas y cautivas de los imperativos económico-políticos de los grupos dirigentes) polémicas, opiniones, dilemas, posturas, modas, etc. En suma pareceres que un investigador no debe dejar de tener en cuenta porque son inducidos por “personas que cuentan”45 .

Daniel Bell y los suyos, sin enterarse de que estudiosos del pensamiento que marginan ponen en duda que el mecanicismo y el economicismo sean “propios” de Marx46 , sentencian que es determinista47 , tanto en su versión “dura”48  (que sería la del vol. I de El capital), cuanto en sus espirales “blandas” (compendiadas en el vol. III –cabe aclarar que el español incurre en cierto humanismo metafísico, en concebir una “esencia humana” y en sostener la existencia de una filosofía marxista49 ).

Pero y retomando el hilo, ¿cómo habrá de caracterizarse al grupo de las clases expoliadas, de los obreros improductivos “sin status”, de los sectores independientes restringidos en su consumo y de los “no garantizados” en situación extrema?; ¿cómo habrá de englobarse al grupo de las clases que apropian excedente, de los trabajadores improductivos con acceso diferencial a la riqueza y de los sectores independientes “con status”? El “sociólogo” epicúreo adelanta una respuesta: a partir de la expresión de Aristóteles “lo que el esclavo tiene que saber hacer, el amo debe saber dirigirlo”, deduce que el dominio en los campos político y económico obligan a quienes detentan el poder a jugar el rol de dirigentes50 . Es el lexema más explícito respecto a que los miembros que ejercen el poder en los campos citados (y que por la generalidad con la que Marx los menciona, no son sólo las clases explotadoras de plustrabajo), son “grupos dirigentes”. Aprovechando el lexema aconsejado por Gramsci, son por igual “grupos hegemónicos”. Simultáneamente, se les puede adosar el categorema “élites” (noción que encontramos cuando Marx comienza a pincelar la acumulación originaria en el conocido capítulo XXVI del vol. I de El capital 51 ). En consecuencia, los otros grupos son dirigidos o subalternos52 .

 III

 En otro registro de matices y recobrando la pertinencia de la Semiótica para el delineamiento de la estratificación social, en la estimulante obra de Greimas se entiende que los desiguales conjuntos humanos (grupos, clases y sectores) son grupos semióticos, es decir, aglomeraciones capaces de significar el mundo (i), a los otros (ii), a la significación en juego (iii) y a ellos mismos (iv)53 . A su vez, propone que la dialéctica marxista entre base y superestructura puede ser asimilada a una interacción entre estructuras profundas (a1) (que serían económicas, sociales, etc.) e historia profunda (a2), estructuras de superficie (b1) (que se corresponderían con la superestructura) e historia de la superficie (b2) y dimensión de los aconteceres (b3) (que no es susceptible de ninguna descripción exhaustiva54 ). Las masas se encuadrarían en el nivel de los acontecimientos y serían analizables a partir de un querer/hacer y un poder-hacer colectivos55 .

Los tipos de universos humanos citados al principio de la frase anterior (grupos, clases y sectores), serían conjuntos semióticos ubicados en el plano de las estructuras de superficie y de la historia de superficie.

Las fracciones de tales constelaciones, se comportarían en calidad de sujetos colectivos sintagmáticos que no son una “... colección de hombres concretos ... sino una colección de hombres considerados ... en tanto que agentes de un hacer programado ... (e) histórico ...”56 . Es decir, son dichos sujetos las fracciones de clases, de obreros improductivos privilegiados y los sectores independientes con consumo de prestigio (lo mismo es viable enunciar de los que integran los grupos subalternos).

Ahora bien, los grupos dirigidos in toto (clases dominadas + obreros improductivos no privilegiados + sectores independientes “sin status” + “no garantizados”), y cada uno de sus componentes mencionados sin “particionar”, son actantes colectivos o sujetos paradigmáticos por hallarse en el estrato de la historia profunda57  (idénticas apreciaciones son extensibles a los grupos dirigentes).

En suma, una manifestación de protesta en cuanto acaecer se ubica en el registro de los sucesos. Sin embargo, este diagnóstico no agota el análisis: hay que atribuir a los miembros de esa columna de agentes a la estructura de superficie primero (desglosándolos en calidad de conjuntos semióticos y bajo el aspecto de sujetos sintagmáticos), y a la estructura profunda (desgajándolos en sujetos paradigmáticos o actantes). 

Un diagrama, afincado en el Greimas que deshilvanamos pacientemente, aclararía mejor lo que conceptuamos:

En otro plano de reflexiones, la disposición o uso de los medios de producción nucleares para la continuidad de la comuna en el tiempo, el consumo no equitativo (aunque sea en el ámbito de lo simbólico y por objetivos simbólicos) y el “derecho”, que las más de las veces no da origen a un sistema jurídico en regla, a apropiarse o controlar de alguna forma los bienes que surgen del trabajo colectivo, no son significantes que resulten pertinentes para aludir sólo a las clases. En efecto, aun los obreros improductivos con roles de conducción y/o “mediatizadores” que pudieron existir en lo que Sahlins denomina “economía de la Edad de Piedra”, son aprehensibles con al menos una de esas condiciones.

Empero, Sahlins emplea esa “lógica” para contrarrestar los supuestos planteos economicistas58  de Marx, sin entender que economía, en tanto estrategia para administrar el tiempo (como recurso escaso, valioso y que hay que “racionar”) y en cuanto proceso de producción destinado a la objetivación de artículos59 , hubo desde que los homínidos avanzados se vieron obligados a convertir sus miembros en los primeros instrumentos de labor (of course, también lo hubo en las tribus en las que se contaba con un amplio campo para el “tiempo propio”60 ). Entonces, si puede ser acertado que en las economías tribales de la transición61  del Paleolítico Superior a los ecotipos62  del Neolítico, no existía espacio para invertir grandes cantidades de tiempo en el trabajo63 , a causa de que existen elongados períodos de “paro” o de muy baja actividad64 , que las estructuras de parentesco son omnipresentes en todos los ambientes colectivos65 , o que no hay niveles diferenciados66 , de manera que lo económico puede cumplir con funciones que van allende lo económico67 , el lexema discutido tiene eficacia crítica. Al punto que Sahlins mismo se obliga a desmenuzar la “economía política”68  de las asociaciones del Paleolítico Superior y de las pertenecientes al Neolítico69  (observemos que acepta unos términos a los que Marx ya no daba crédito70 ).

Verdad es que una visión de tan larga duración es muy polémica; sin embargo, los conceptos que articuló el materialismo crítico son tan flexibles que posibilitan arriesgar hipótesis acerca de períodos que duran millones de años. Simultáneamente, esto no implica que caigamos en la tentación de algunas figuras de la Modernidad (Kant, Hegel, etc.) que, acorde a las intervenciones de los post-modernos, formulan relatos afincados en filosofías de la Historia y en paradigmas omniexplicativos71 .

 IV 

A manera de “cierre”, la importancia de la teoría de los grupos que, según nuestro parecer, enriquece a la de las clases para explanar (en el análisis de “topo” de sociólogos e historiadores), la complejidad de las formas de sociedad y economía, se aprecia cuando matizamos el estudio de Bourdieu del campo editorial de Francia.

Por ejemplo, allí se establece una variable que incluye el número de asalariados en general72 . Sin embargo, y para el caso específico del capitalismo, no tiene idéntico devenir una empresa editorial en la que hay pocos obreros improductivos (privilegiados o no), que una en las que éstos son significativos y con peso en la adopción de decisiones. Tampoco es igual una editorial que es un negocio que pertenece a propietarios que laboran o a trabajadores propietarios, que contratan hasta cinco personas y no valorizan capital, que otra que es una pequeña o mediana empresa. Por lo demás, no es lo mismo una editorial que es un negocio situado en la esfera de la circulación y que, en consecuencia, extrae su ganancia de la cesión de plusvalía de otras ramas industriales (papel, tinta, diseñadores, etc.), que otro ubicado en el registro de la producción y que, por consiguiente, suscita el supervalor acumulado.

Hagamos un alto para advertir que, sin entrar a caracterizar con profundidad el modo genético de tesoro que imperó en las colectividades de la Europa del Este73  del siglo XX pasado, la Nomenklatura y el Pólit buró estuvieron compuestos por atareados improductivos privilegiados y por sectores independientes con acceso a un consumo de prestigio, que se unían en conjuntos de no trabajadores en calidad de grupos hegemónicos. Por ende, no eran clases74 .

En suma, la teoría de los grupos sociales, que incluye a conglomerados hegemónicos y subalternos y que pueden ser conjuntos sintagmáticos y paradigmáticos, es necesaria para completar la de las clases, puesto que “… la composición real de la sociedad ... en modo alguno consiste sólo en ... dos clases ...”75 .

 

  


 * Escuela de Historia y Escuela de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades, de la Universidad Nacional de Salta (UNSa.), Salta, Argentina.

1 Si empleásemos una imagen proveniente de los media virtuales e interactivos, lo que el trabajo engorroso de explicitación posibilita, es “manipular” la teoría-objeto con los “guantes” de la teoría-herramienta y “moverla” de un lado a otro para visualizarla desde distintos ángulos. Gran parte de esta inagotable labor torna irreconocible el pensamiento que así se reconstruye. Mas el hecho de que surja esa sensación, fruto de las topicalizaciones integradas sin socioanalizarlas, no debe conducir a la crítica fácil, sencilla, de adjudicar los enunciados sobre la teoría estudiada a los “dichos” del agente investigador.
También tenemos que esquivar aquí la salida, siempre a mano, de un autor-“esencia” que hablaría por sí solo: los palimpsestos son semiotizados por “destinatarios” que los leen en medio de determinados contextos; de ahí la necesidad de que los que se acerquen a un corpus sean capaces, hasta donde les sea posible, de desmadejar sus propios mitemas, axiologías, etc., desde las cuales y por las que inducen efectos/afectos de sentido.
López, Edgardo Adrián Semiótica, Historia y Materialismo crítico. Segmentaciones sociales y procesos semióticos: la dialéctica base-superestructura. Tesis de Doctorado en proceso de evaluación, 2004.
Marqués de Sade Los infortunios de la virtud. Edicomunicación, Barcelona, 1995, p. 120.
Sófocles Ayante. Electra. Las traquinianas. Espasa-Calpe, Madrid, 1976, p. 41. Sófocles “Ayante” en Sófocles Ayante. Electra. Las traquinianas.

2 A pesar de las abultadas referencias negativas en numerosos profesionales de la Historia a la “simple” investigación de archivo, que conduce de lleno a un historicismo fuera de época, sus cultores son reacios a identificarse con tales procedimientos y se autoconciben ejerciendo una variedad disímil.
Sirva en calidad de ejemplo que existen quienes opinan que la lenta y trabajosa reflexión en derredor de categorías que, al igual que las lentes que solía pulir Spinoza, amplían el “foco” con el que nos aproximamos a los objetos es una tarea que se empantana en los “prolegómenos” de la investigación, sin llegar nunca a vérselas con fuentes históricas y con variables “concretas”... Pero ya Marx supo advertir, que sin una “buena” teoría no hay nada, id est, sin nociones elaboradas, sin sentar tomas de partido, tomas de posición, etc., en el inmenso campo de las conflictivas Ciencias Sociales, es imposible eso que se denomina, con una fuerte carga empiricista, la investigación “anclada” en lo “real”.

3 Aunque no tenemos espacio para desarrollar las justificaciones necesarias, pensamos que la teoría del forastero de Occidente era una clase de crítica que se diferenciaba de la ciencia, de la filosofía y de la práctica política. Cada una de estas instancias (excepto la metafísica, a la que hay que superar en tanto que formación ideológica), cuentan con sus modos de construir los objetos, temas, problemas, etc.
En lo que respecta a la crítica en sí, ésta incluye la reflexividad de Bourdieu, la genealogía y arqueología foucaultianas, el deconstructivismo derrideano, entre otros. Sabemos que los fundadores de discursividad de las desiguales vertientes citadas, no comparten ser subordinados en la tradición marxista, pero confiamos en que su dialecticidad le permite absorberlas en su seno (empero, una demostración a tono de lo enunciado no es factible en el contexto actual).

Bourdieu, Pierre-Felix Intelectuales, poder y política. EUDEBA, Buenos Aires, 1999.
Derrida, Jackie Eliahou Espectros de Marx. Trotta, Madrid, 1995.
Foucault, Paul-Michel Nietzsche, Freud, Marx. Anagrama, Barcelona, 1970.

4 Greimas, Algirdas Julien Semiótica y Ciencias Sociales. Fragua, Madrid, 1980.

5 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, p. 56.

6 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, p. 180.

7 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, pp. 180/181.

8 A pesar de reconocer que existe una gran cantidad de bibliografía sobre lo que es o no una clase social y en torno a si Marx logró o no una definición satisfactoria, nosotros la definimos a manera de un conglomerado de «agentes» que se articulan en redor a cuatro variables fundamentales: (i) a si son o no controladores y/o propietarios de los medios de producción, los instrumentos de cambio y de circulación, y los medios de consumo; (ii) a si tienen o no la capacidad consiguiente de disponer del plusproducto sin el ejercicio de trabajo productivo y aprovechando las tareas de los que juegan el rol de fuerza de labor; (iii) a si cuentan o no con el suficiente poder como para hacer que plexos institucionales de la factura del Estado, adopten sus intereses con el carácter ideológico de intereses generales; (iv) y a si se insertan o no en la esfera del consumo, con un acceso diferencial a determinados bienes que otorgan «prestigio», y que los distinguen del resto de los miembros de otros sectores y/o clases o fracciones de clases. De esta manera, intuimos que Marx separa a los «conjuntos» de «individuos» que son clases dominadas de los que conforman las clases dominantes. Por añadidura, con los perfiles adoptados se evitan las objeciones de economismo que suelen enrostrársele a Marx y a determinados marxistas.
Pasando a otra esfera de cuestiones, en un trabajo antiguo pero no menos pionero, el historiador argentino Chiaramonte explicó que los marxismos “ortodoxos” (entre los que incluimos a pensadores al estilo de Gramsci o Althusser), evaluaban que las “fuerzas genéticas” y las “relaciones sociales de producción” eran elementos del modo para suscitar riqueza. Sin embargo, una lectura atenta de las obras posteriores a los Grundrisse posibilita argüir que los tres lexemas tienen el mismo plano de generalidad, ninguno incluye a los otros y ninguno es más “importante” que el resto.

Althusser, Louis La revolución teórica de Marx. Siglo XXI, Buenos Aires, 1973.
Chiaramonte, José Carlos Formas de economía y sociedad en Hispanoamérica. Grijalbo, México, 1983.
Gramsci, Antonio Escritos políticos (1917-1933). Siglo XXI, México, 1997.
Marx, Karl Heinrich Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. Borrador (1857-1858). Vol. I. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971

9 Somos conscientes que una clase no es propiamente una colección de individuos, pero los rigores de la escritura nos impiden caer en redundancias.
En otro hojaldre de asuntos, puntuamos que el mismo Marx da las pruebas documentales de la existencia de los “agentes” que integrarán los sectores independientes y los obreros improductivos, por lo que el derrotero que seguimos se afinca en esa base de apoyo, sin que por ello haya que concluir que queremos encontrar lo que hemos decidido buscar.

10 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. III. Cartago, Buenos Aires, 1975 b, p. 358.

11 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. III, p. 359.

12 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1974.

13 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, p. 254.

14 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, p. 147.

15 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, ibíd.

16 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, p. 148.

17 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1975 a, pp. 241, 488.

18 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1974, p. 185.

19 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. III. Cartago, Buenos Aires, 1975 b, p. 52.

20 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1975 a, pp. 480, 485.

21 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. II, p. 485.

22 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1983 b, p. 374.

23 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1975 a, p. 359.

24 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1974, pp. 133, 135.

25 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, p. 227.

26 Engels, Friedrich La guerra campesina en Alemania. Claridad, Buenos Aires, 1971.
Engels, Friedrich “La cuestión de la vivienda” en Engels La guerra campesina en Alemania, p. 124.

27 Como en el caso del lexema “clases”, estamos enterados de la ardua e inabarcable polémica, en el seno del marxismo y fuera de él, respecto a lo que habrá de englobarse por “trabajadores productivos” e “improductivos”. Mas su pluralidad nos impide que podamos siquiera ofrecer una rápida panorámica del tema, por lo que adoptamos sentencias casi “axiomáticas” a los fines de avanzar en la exposición de lo que nos convoca.
Y a pesar de que no se citan fuentes ni se analiza en detalle un caso histórico específico que encarne las categorías desplegadas, el estudio emprendido no es mera discusión de teoría a propósito de palabras sino que el debate origina ulterioridades políticas: si aceptamos que sólo basta la teoría ortodoxa de las clases para dar cuenta de las formas de economía y sociedad, y si convenimos en que los obreros improductivos son una fracción de las clases dominadas (y, en especial, de la clase explotada por el capital en las comunas burguesas), obtendremos una determinada visión de la Historia, del capitalismo, del pensamiento de Marx y de la acción revolucionaria.
Bach, Paula “El ‘sector servicios’ y la circulación del capital: una hipótesis” en Lucha de clases. Revista marxista de teoría política. Cooperativa Chilavert, Buenos Aires, N° 5 (segunda época, julio de 2005): pp. 105-120.
Lamelas Paz, Gabriela “¿Es productivo el trabajo de servicios?” en Lucha de clases ..., pp. 121-132.
López, Edgardo Adrián “Debate en torno a lo que es ‘trabajo productivo’ y ‘labor improductiva’ en el capitalismo”, ponencia leída en las VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historias e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frias. Facultad de Humanidades, UNSa., Salta capital, Provincia de Salta, Argentina, del 03 al 04 de noviembre de 2005. Inédito.

28 Marx, Karl Heinrich Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. Borrador (1857-1858). Vol. I. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971, p. 213.

29 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. III. Cartago, Buenos Aires, 1975 b, p. 42.

30 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. III, p. 44.

31 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. III, ibíd.

32 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1974, p. 326

33 Al sugerir una teoría de los grupos que, sumada a la de las clases, permitiría situar a segmentos como los “vulnerables”, los sectores independientes y los obreros improductivos, no pretendemos contribuir a desbaratar el pensamiento de Marx a favor de tesis como las de Giddens o Gouldner. Tampoco intentamos reemplazar la lucha de clases por una supuesta lucha de grupos. Únicamente una mala fe “típica” de personal del Estado o de sumariante o usurero, podría albergar tal suspicacia. En cambio, sí pretendemos intervenir en la pugna ideológico-política que, de la mano de weberianos, bourdieuanos, seguidores de Elias, Habermas, etc., se trazan el objetivo de mostrar que las intelecciones de Marx no son satisfactorias para una “radiografía” de la estratificación social.
En lo que respecta a los “excluidos”, los que componen los grupos subalternos a título de un segmento más (presos, “locos”, etc.) son los que quedan luego de separar a cierta fracción del lumpenproletariado (que puede integrar parte de los obreros improductivos y de los desocupados que juegan el papel de “ejército industrial de reserva”), al resto de los parados, etc., que también son “vulnerables” pero que figuran en las clases dominadas, en los sectores independientes “sin status” o en los laborantes improductivos no privilegiados.
Giddens, Anthony La estructura de clases en las sociedades avanzadas. Alianza, Madrid, 1993.
Giddens, Anthony Sociología. Alianza, Madrid, 1994.
Gouldner, Alvin W. El futuro de los intelectuales y el ascenso de la nueva clase obrera. Alianza, Madrid, 1980.
Gouldner, Alvin W. Los dos marxismos. Contradicciones y anomalías en el desarrollo de la teoría. Alianza, Madrid, 1983.

34 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1983 b, p. 125.

35 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1974, p. 251.

36 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. I, p. 49.

37 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. III. Cartago, Buenos Aires, 1975 b, p. 294.

38 Marx Teorías sobre la plusvalía. Vol. III, p. 295.
Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1983 b, p. 125.

39 Aunque la cuestión sobre cuáles son las características que definen a un campesino, es objeto de ardientes y no concluidas trifulcas, entendemos que es un “agente” que posee, controla o arrienda una determinada cantidad de tierra, que le permite reproducir su modo de vida con base en una economía familiar.
Si el campesino cuenta con hasta 30 hectáreas de suelo de problemática productividad y únicamente dispone de unas rudimentarias herramientas de labor, es un campesino pobre; en cambio, si posee más de 40 hectáreas y menos de 150, junto a una productividad no demasiado alta y con algunas máquinas, es un campesino medio. No obstante, tales “mínimos” y “máximos” varían según la época, la región y el lugar que un Estado ocupe, para el caso del capitalismo, en la división internacional del trabajo...

40 Decimos “algunos” porque determinados artesanos pueden operar como comerciantes de envergadura.
Una aclaración: en la distinción entre “privilegiados” y “no privilegiados” que se efectúa en el seno de los obreros improductivos y en los sectores independientes, a falta de una idea mejor, se considera si los “ingresos” alcanzan o no a superar determinado registro de consumo y/o el nivel de subsitencia fijado por el costo general de vida.
Sabemos que el sintagma “costo general de vida” quiere enunciar mucho y nada, por el grado de abstracción con el que se lo cincela, pero no es factible mayores “incisiones” en virtud de que las categorías que proponemos extraviarían poder analítico: lo que se deba evaluar como tal costo, dependerá de lo que el material de archivo permita reconstruir acorde al siglo y/o la década estudiada. Pero esta apertura en el ámbito de las definiciones, no es sinónimo de carencia de rigor y de confusión, sino índice de compartir el Paradigma de la Complejidad, en el que las nociones se elaboran poco a poco, antes que el Paradigma de las Positividades, en el cual los conceptos se acotan con una supuesta precisión que, en realidad, oculta cierta torpeza a la hora de recuperar la n dimensionalidad de lo humano. Mas en este elogio de la complejidad, no nos adherimos a la moda instaurada por el metodólatra Edgar Morin, sino a lo que aconseja el Marx de la imponente “Introducción” al vol. I de los Borradores.
Marx, Karl Heinrich Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. Borrador (1857-1858). Vol. I. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971.
Morin, Edgar El método II. La vida de la vida. Cátedra, Madrid, 1993.
Morin, Edgar Introducción al pensamiento complejo. Gedisa, Barcelona, 1995.
Morin, Edgar “Epistemología de la complejidad” en Fried Schnitman, Dora (comp.) Nuevos paradigmas. Cultura y subjetividad. Paidós, Buenos Aires, 1995.

41 Bell, Daniel El advenimiento de la sociedad post-industrial. Alianza, Madrid, 1991.

42 Bell El advenimiento de la sociedad post-industrial, pp. 94, 124, 133, 140, 142.

43 Bell El advenimiento de la sociedad post-industrial, pp. 76/77, 80-81, 90.

44 Bourdieu, Pierre-Felix et al. “Sobre las astucias de la razón imperialista” en Bourdieu, Pierre-Felix Intelectuales, poder y política, EUDEBA, Buenos Aires, 1999, pp. 208/209.

45 A tal punto esto es así, que en la academia se obliga a agotar lo más posible los estudios referidos a un ítem. Pero esa muleta, no tiene sólo el fin “inocente” de que seamos aptos para ofrecer un “estado de la cuestión” sino que distraen tiempo, esfuerzo y paciencia en la lectura de lo que se considera “legítimo” con el propósito de evitar las “desviaciones” de lo sopesado “correcto”.
Bourdieu, Pierre-Felix “La causa de la ciencia. Cómo la historia social de las Ciencias Sociales puede servir al progreso de estas ciencias” en Bourdieu, Pierre-Felix Intelectuales, poder y política, EUDEBA, Buenos Aires, 1999, p. 114.

46 Marx, Karl Heinrich Manuscritos: economía y filosofía. Alianza, Madrid, 1985.
Rubio Llorente, Francisco “Introducción” en Marx Manuscritos: economía y filosofía, pp. 16/17, 24.

47 Bell, Daniel El advenimiento de la sociedad post-industrial. Alianza, Madrid, 1991, pp. 74-75, 78, 82.

48 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1983 a.

49 Rubio Llorente, Francisco “Introducción” en Marx, Karl Heinrich Manuscritos: economía y filosofía, Alianza, Madrid, 1985, pp. 17, 24, 29, 33/34.

50 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. III. Cartago, Buenos Aires, 1983 c, p. 392.
Marx, Karl Heinrich Escritos sobre Epicuro. Cátedra, Madrid, 1988.

51 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. I. Cartago, Buenos Aires, 1983 a, p. 689.

52 Una de las razones por las que los grandes segmentos que denominamos “grupos” se “compactan” e interrelacionan “internamente”, es porque están recorridos por intereses, pulsiones, alucinaciones, esperanzas, apuestas distintas: unos anhelan conservar, ampliar y reproducir el statu quo que los favorece, y los otros desean subvertir o neutralizar un orden que los torna la “variable de ajuste” en situaciones en las que se contradice, parcial o totalmente, la capacidad de auto-reproducción del sistema (que en el capitalismo se conocen con el nombre de “crisis”).
Yendo a otro asunto, pensadores como Gramsci (y esto también lo apuntamos en otros sitios) llevan adelante una intelección que mezclan las nociones de “grupos dirigentes” y “subalternos”, que son de más universalidad, con la idea de “clase”, que es de menor grado de abstracción, obteniendo la expresión “intermedia” pero inexacta para nosotros, de “clases dirigentes” y “subalternas”*.
Es imprescindible recordar que para Marx las clases son dominantes o dominadas, explotadas o explotadoras, mas no dirigentes o dirigidas; esos rasgos son asignables a los grandes grupos. Volvemos a insistir, puesto que nunca será suficiente, dada la fijeza del sentido común instalado en el campo académico, que no hay “clases medias” en una perspectiva marxista rigurosa**. En una ponencia del año 2002***, había sentenciado que acaso hubiera un “desliz” en Marx**** cuando éste habla de “clases medias”. Sin embargo, Roces subraya idénticos lexemas en Engels pero advierte que lo hacía para diferenciar la alta aristocracia y la nueva burguesía*****; quizá en Marx haya acontecido lo mismo.
No obstante, la insistencia de puntos de vista “aberrantes” sobre lo que se anquilosó como “ortodoxia” con respecto al “muriente” en Inglaterra, nos atrajo la ira de algunos estudiosos que, amparados en el anonimato, blindan sus opiniones con la ventaja de la emisión de juicios que coartan la alternativa de contra-argumentación, ejerciendo con ello una virtual censura que cercena la libertad de pensamiento en el campo académico.
En este aspecto, el “parergon”, delimitado por la honestidad intelectual y por la cortesía elevada, tendría que ser que las discusiones se afincaran en el análisis de la cohesión y coherencia internas de la ponencia, y no en el grado de semejanza de los pareceres del “evaluado” respecto a los juicios formados del que confronta. Empero, ambos registros se mezclan casi inexorablemente, con lo cual se perjudica a los que se colocan en posiciones heterodoxas y se les otorga a otros, la posibilidad de una “sobreacumulación” de “antecedentes” que, andando el tiempo, “certifican” la suficiencia académica, cuando au fond lo que ratifican es el nivel de inserción en las “redes” institucionales de difusión de opiniones standard y el grado de “reciprocidad” conseguido en el llamado “tráfico de influencias”. Bien había expresado Lacan que Freud tuvo “... la dicha de que no fuese tras él la jauría universitaria”******. Y es que, tal cual imaginó Kant (aunque por razones diferentes a las nuestras), la supuesta “República” de la ciencia y las facultades, dejan mucho que desear por sus juegos y redes de poder.
*Bourdieu, Pierre-Felix “Campo del poder, campo intelectual y habitus de clase” en Bourdieu, Pierre-Felix Intelectuales, poder y política, EUDEBA, Buenos Aires, 1999, p. 31.
**Se apela a ellas en Bourdieu “Campo del poder ...”, pp. 27, 32.
***López, Edgardo Adrián “La historiografía neo-malthusiana: los supuestos de una tendencia cientifista”, 2002 a, comunicación leída en las III Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia, Facultad de Humanidades, UNSa., Salta capital, Provincia de Salta, Argentina, del 12 al 14 de diciembre de 2002. Inédito, nota 3 de p. 17.
López, Edgardo Adrián Las sombras de Marx. Revisión de la tesina de Licenciatura (que obtuvo Summa Cum Laude), adaptada para una eventual publicación, acorde a lo sugerido por el Jurado, 2002 b. Trabajo inédito.
****Marx, Karl Heinrich La guerra civil en Francia. Progreso, Moscú, 1980, p. 28.
***** Marx, Karl Heinrich y Friedrich Engels Obras fundamentales. Vol. II. FCE, México, 1981.
Roces, Wenceslao “Prólogo” en Marx y Engels Obras fundamentales. Vol. II.
Roces, Wenceslao “Notas” en Marx y Engels Obras fundamentales. Vol. II, nota 151 de p. 759.
******Lacan, Jacques «Prólogo» en Rifflet-Lemairf, Anika Lacan. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1986.

53 Greimas, Algirdas Julien Semiótica y Ciencias Sociales. Fragua, Madrid, 1980, p. 65.

54 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, p. 179.

55 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, p. 186.

56 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, ibíd.

57 Greimas Semiótica y Ciencias Sociales, p. 187

58 Sahlins, Marshall Cultura y razón práctica. Contra el utilitarismo en la teoría antropológica. Gedisa, Barcelona, 1997.
Sahlins, Marshall “Antropología y dos marxismos: problemas del Materialismo Histórico” en Sahlins Cultura y razón práctica. Contra el utilitarismo en la teoría antropológica.

59 Marx, Karl Heinrich El capital. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1983 b, p. 112.

60 Sahlins, Marshall Economía de la Edad de Piedra. Akal, Madrid, 1983.
Sahlins, Marshall Las sociedades tribales. Labor, Barcelona, 1984, p. 128.

61 Sahlins Las sociedades tribales, p. 12.

62 Sahlins Las sociedades tribales, p. 56.

63 Sahlins Las sociedades tribales, p. 128.

64 Sahlins Las sociedades tribales, p. 56.

65 Sahlins Las sociedades tribales, pp. 24, 110.

66 Sahlins Las sociedades tribales, p. 30.

67 Sahlins Las sociedades tribales, pp. 32, 110.

68 Sahlins Las sociedades tribales, p. 137.

69 Sahlins Las sociedades tribales, pp. 13, 21/22.

70 Nuestra postura no leninista, es que el exiliado por los Estados más reaccionarios de la península de Asia no funda ninguna ciencia y que vuelve imposible convertir en ciencia, un saber como el de la Economía Política. Of course, nos resulta prohibitivo en el transcurso de esta comunicación esgrimir razones para una afirmación tan hereje.

71 La teoría de Marx es un esquema interesante en el plano del análisis de los elementos de la base, superestructura y de su mutua retro-influencia. Para otros innumerables perfiles de lo social, habrá que ir construyendo los bocetos adecuados.

72 Bourdieu, Pierre-Felix “Una revolución conservadora en la edición” en Bourdieu, Pierre-Felix Intelectuales, poder y política. EUDEBA, Buenos Aires, 1999, p. 233.

73 Respecto a que el “economista” radicado en Londres no previó el afloramiento de una conjunción que, siguiendo al régimen burgués, fuese diferente del socialismo, baste por ahora enunciar que en el vol. I de los Grundrisse (obras a las que casi nadie frecuenta) sentenció que el autocontrol obrero por una Coordinadora, podía originar una autocracia*.
Au fond, no se trata de lo errado o filoso que pudo estar Marx respecto a tal o cual aspecto sino de procurar leerlo sin tantos prejuicios. Bien afirmaba Proust**, quizá el más grandioso literato que haya dado jamás la especie (aun cuando a veces sea aristocratizante), que en contadas ocasiones somos aptos para leer. Muchas otras, infinitas casi, permanecemos incapaces de reconocerlo; en particular, así ocurre con las instituciones que combaten esa habilidad para captar los matices de los “fantasmas” en aquellos marxistas que, si tuvieran la ocasión, podrían articular perspectivas multívocas en torno a un pensamiento que no callará, por más que haya “retractaciones” exigidas.
*Marx, Karl Heinrich Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. Borrador (1857-1858). Vol. I. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971, p. 83.
**Proust, Marcel La muerte de las catedrales. Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1993.
Proust, Marcel Crónicas. NEED, Buenos Aires, 1997, p. 159.

74 Cf. un parecer opuesto en Kohen, Alberto “El porvenir del socialismo”, en VVAA El nuevo orden mundial a fines del siglo XX. El socialismo como pensamiento y perspectiva. Homo Sapiens Ediciones, Rosario, 1994, p. 183.
En otro hojaldre de cuestiones, es viable sostener que gran parte de los temas, problemas y objetos “estrictamente” historiográficos acerca de los cuales hemos delineado bocetos en innumerables circunstancias (los modos de producción en América Latina en la época de la colonia, las formas de economía y sociedad de las comunas anteriores a la invasión y saqueo de las Américas, las transiciones de los modos de producción precapitalistas europeos hacia el capitalismo, la crítica a las pretensiones de cientificidad en Durkheim* y Weber**, la estratificación social en la Inglaterra del siglo XVIII, la debacle del siglo XIV y la crisis del ‘600 en Europa, las deconstrucciones de los pareceres de historiadores al estilo de Mousnier, etc.), son investigaciones que adoptan lo artefactuado por otros estudiosos y que se reinterpreta a la luz de un arduo trabajo con las categorías. Puede que esta manera de operar no implique una labor que bregue con los ácaros de los archivos, pero no es menos esencial por esa supuesta “falencia”.
Desde nuestra modesta opinión, no hay nada que legitime como el hacer verdadero de un historiador las tareas “en campo”, sin que ello implique el correlato de una postura idealista que se aleja de la pesada materia de las fuentes y/o que suscriba en positivo lo que alguna vez advirtió Bourdieu, respecto a que algunos marxistas son materialistas sin material recogido en el terreno.
*López, Edgardo Adrián “Apuntes sobre algunas ‘aporías’ del ‘sociologismo’ de Durkheim, según sus reglas metodológicas” en las VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historia e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frias. Facultad de Humanidades, UNSa., Salta capital, Provincia de Salta, Argentina, del 03 al 04 de noviembre de 2005. Inédito.
**López, Edgardo Adrián “Algunos componentes de la ‘mitosociología’ de Max Weber” en las VI Jornadas de Investigación y Docencia de la Escuela de Historia. Escenarios provinciales: historia e historiografías. A 75 años del fallecimiento de Bernardo Frias. 2005. Inédito.

75 Marx, Karl Heinrich Teorías sobre la plusvalía. Vol. II. Cartago, Buenos Aires, 1975 a, p. 423.

 

 

 

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