Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA

ESCUELA DE HISTORIA
Año 4, Vol. 1, Nº 4, 2005
 

Articulos

DON CIRO TORRES LOPEZ,

HOMBRE EN TRANSICION

Gregorio A. Caro Figueroa*


Resumen

     Las historias locales suelen replegarse sobre sí mismas. Tienden a centrarse y a agotarse en un puñado de temas, escenarios y personajes. El "uso razonado del olvido" permite a grandes y pequeños poderes montar mecanismos de exclusión con los que tratan de suprimir acontecimientos y personas. Este es el caso de Ciro Torres López, nacido en Salta en 1898 y muerto posiblemente en Rosario de Santa Fe a mediados de los años de 1950. La falta de espacio social y de estímulos obligó a Torres López a emigrar en su juventud de Salta. Entre 1930 y 1955 editó ocho libros que totalizan 2.800 páginas; dejó inéditos otros tantos; publicó centenares de artículos en periódicos de Buenos Aires, Madrid, Nueva York, Lima, Santiago de Chile y La Paz. La biografía del personaje y la historia local se entretejen y se iluminan mutuamente. 

 Ciro Torres Lopez:

A virtually unknown individual.

Abstract

 Our local history is often limited in itself. It tends to focus on a few topics, settings and personalities. The intentional omissions allow the authorities to exclude some events and people from history. This is the case of Ciro Torres López. He was born in Salta, in 1898 and died -most likely- in Rosario, Santa Fe in the mid 1950s. The lack of motivation and social territory made Torres López leave Salta in his youth. Between 1930 and 1955, he edited eight books and wrote several that weren't published. He wrote hundreds of essays for newspapers around the world: Buenos Aires, Madrid, New York, Lima, Santiago and La Paz.

DON CIRO TORRES LOPEZ,

HOMBRE EN TRANSICION

En memoria de

Salvador Tury Paz

El historiador no tiene que rehabilitar solamente lo que tuvo lugar, sino los proyectos de la gente del pasado".

Paul Ricoeur, 1996

 

"Los hechos de la historia contemporánea son también hechos relativos al triunfo y al fracaso de hombres y mujeres individuales"

C. Wright Mills, 1959

Al igual que nuestras historias nacionales escritas entre finales de los siglos XIX y XX, las locales suelen replegarse sobre sí mismas. Por lo general, ellas están centradas y tienden a agotarse en la glorificación de un puñado de temas, escenarios, "próceres" y personajes notorios. Este es el caso de la historia escrita de la provincia argentina de Salta, en la cual el general Martín Miguel de Güemes (1785-1821) y el escritor Juan Carlos Dávalos (1886-1959) se reparten la memoria y la gloria. La militar aquél, la literaria éste.

El "uso razonado del olvido" que caracteriza la escritura de la historia, puede encubrir rasgos de un olvido más discriminador que selectivo. El abuso de este recurso permite a los grandes y pequeños poderes montar mecanismos de exclusión orientados a la supresión, más o menos deliberada, de acontecimientos y de personas. Resulta contradictorio que una sociedad como la de Salta, que se jacta de su apego a la memoria, haya tejido un grueso manto de olvido sobre Ciro Torres López, uno de sus personajes más singulares y andariegos, uno de sus escritores más prolíficos, el primero, y casi el único, de sus críticos sociales.     

Ninguna calle, escuela o biblioteca lleva su nombre, aunque editó nueve libros que totalizan 2.700 páginas, dejó inéditos muchos más1; publicó más de 3.000 artículos en revistas de Buenos Aires, Bolivia, Santiago de Chile, Lima y Madrid y en "Social Forces de la Washington University de los Estados Unidos; dictó más de 3.200 conferencias2; visitó ocho países; recorrió "más de dos millones y medio de kilómetros del Amazonas, en las zonas brasileña, boliviana y peruana"3; fundó periódicos efímeros; con sus recursos escasos costeó la edición de todos sus libros; creó decenas de bibliotecas públicas en sitios apartados; advirtió la importancia de la radio como medio de difusión cultural, reunió un museo amazónico itinerante; fue uno de los primeros en cruzar los Andes en aeroplano y vivió apasionados romances en cada uno de los pueblos por los que pasó.

Aunque hizo todo eso, además de recorrer más de una vez y, en algunos casos, pueblo por pueblo, todo el territorio argentino, desde Humahuaca hasta Tierra del Fuego, ningún diccionario biográfico y ninguna historia literaria local incluyen su nombre. El único que lo menciona, al pasar y desdeñosamente, es Juan Carlos Dávalos quien se ensañó con las juveniles incursiones teatrales de Torres López, a quien apodaba "Ciro Tarro Lata"4 Una de las excepciones locales es Walter Adet que, en 1972, reprodujo un texto suyo en una recopilación de escritores salteños5.

Pese a que sus libros publicados a lo largo de un cuarto de siglo (1930-1955) están impregnados de elementos autobiográficos, muchos detalles de su vida no fueron consignados en ellos, quizás por las urgencias de su caudalosa prosa. Nació el 6 de junio de 18986  en el pueblo de Chicoana, aunque sus padres residían entonces en Calvimonte, paraje de ese pueblo, en cuya parroquia de San Pablo fue bautizado el 17 de julio de aquel año. Sus padrinos fueron Efraín Corvalán y Carmen Díaz de Corvalán. En la partida de bautismo su nombre Ciro aparece escrito con "S".

Antiguas raíces familiares

Fueron sus padres Asunción López Cabezas de Torres y Juan Torres Carrasco. Su madre, nació en Santa María, Catamarca, el 10 de agosto de 1869. Era hija de Casimiro López y Petrona Cabezas. Murió, a los 70 años, entre agosto y octubre de 1939 en El Carril. Su padre Juan Torres Carrasco, era salteño y tenía al momento de nacer Ciro de 24 años. Juan Torres era hijo de Clemente Torres y Vicenta Carrasco. Asunción y Juan se casaron en El Carril el 3 de septiembre de 1897. Testigos de casamiento fueron Efraín Corvalán y Antolina Torán. Su padre murió cuando Ciro era niño. De ese matrimonio nació además una hija, Elvira.

Su madre residió, hasta su muerte, en la casa de El Carril en la que Ciro pasó su infancia. "El Carril es mi pueblo", recordó Ciro, aludiendo a esa localidad nacida como desprendimiento de una vieja estancia, cuyos pobladores se dedicaban al pastoreo y al cultivo del tabaco y cuya vida se animó a partir de la llegada del tren. Al reconocerse como integrante de una familia con diez generaciones en los valles de Lerma y en el de Calchaquí, Torres López acreditaba una condición de salteño viejo perteneciente al núcleo fundador y también un arraigo que su trashumancia no parecen ni disminuir ni desmentir7.

El suyo era uno de esos antiguos hogares criollos y hospitalarios donde el viajero encontraba lecho y mesa generosos. Sus padres, al igual que su tío Antenor Justiniano López Cabezas, nacido el 10 de septiembre de 1859, hermano de su madre, eran propietarios de tierras y ganado y de un almacén de ramos generales. Don Antenor era hijo de Casimiro López y de Clara del Rosario Enríquez, con la que se casó en segundas nupcias en 1852. Don Antenor fue padre de Francisco Eloy López Enríquez, primo hermano de Ciro y padre de Esther y María Marta López Méndez, quienes me aportaron datos genealógicos y fotografías de Torres López.  

Antenor era hijo de Casimiro, un navarro aragonés que a los 20 años, había combatido en España como Requeté en los brotes Carlistas de 1847. "El se vino a las Ferias de Sumalao donde comenzó a comprar ganado para revenderlo, llevándolo a pie al Norte de Chile ayudado por Ramón López Tanco que fue comisario en Taca - Taca. Se puede decir que el espíritu andariego de Ciro era de familia, casi genético", informaron las hermanas López Méndez. Otro de los socios comerciales en esas travesías andinas fue un señor de apellido Abaroa.         

En ese ambiente familiar transcurrieron sus primeros años. "Desde niño amé todo ello por libre, bello, solitario, varonil, trashumante, imaginativo, generoso y profundo", recordó. Mientras estudió en la escuela y en el bachillerato residió en la ciudad, regresando en las vacaciones a El Carril "donde vivía mi madre, mis buenos amigos eran los turcos Simón, Amín, José, árabes todos, de Siria los primeros, del Líbano el último". Pronto ese buen pasar se trocó en pobreza. "Víctima de la rapiña de amigos y parientes que dieron fin con nuestro acervo paterno, fui almacenero y, como tal, empecé a saber distinguir, unas de otras, las almas de las gentes (...) La pobreza me obligó a cambiar", explica Ciro en Las maravillosas tierras del Acre.

Rebelión juvenil     

Al cumplir diecisiete años Torres López decidió emanciparse, abandonando su bachillerato en cuarto año, por considerar que esos estudios eran "excesivamente apelotonados, presuntuosos y fútiles". Prefirió entregarse a la lectura con libertad, intensidad y avidez. Para el joven Ciro, abrazar una profesión era enclaustrarse, esterilizarse. "Me apasionó el mundo en su realidad grande que es su verdad interna". Con igual entrega e intensidad, trabajó en una ferretería, fue cazador en la puna salteña, se inscribió como pasante de abogado, consiguió empleo público, retornó al campo, fue leñador, sembró tabaco, comenzó a publicar en revistas porteñas, se enamoró y se desengañó.

A los 21 años escribió "Güemes", breve ensayo que publicó en la revista de ese mismo nombre que fundó y dirigió Benita Campos. "En verdad, Güemes no fue un general ni fue un santo. Fue un caudillo y tuvo de tal la energía indomable, la reconocida fe y el infatigable ardor que le llevaron a identificarse con sus elementos físicos y humanos de tal modo, que fue su jefe espontáneo". En tono irreverente y desafiante añade: "Hoy, como en todos los aniversarios, las gentes pusilánimes sollozarán quizá porque ni una sola página de piedra en alto relieve se levanta perpetuando el recuerdo del Caudillo. Más, ¿que importan la eternidad del granito ni la gloria del bronce, cuando nada dirán al espíritu de esas pobres gentes? Y las otras, no lo han menester, porque Güemes no necesita monumentos. Ellos están bien para los hombres oscuros amenazados del olvido"

"Y es que - en síntesis - Güemes, es aquí algo más que un guerreo y algo más que un patriota. Es el símbolo de todas las energías indomables y de todas las bravuras y agudezas de la raza; es la expresión de la vieja nobleza y de la nueva sociabilidad, y es el substráctum de las virtudes criollas. Es el Héroe, a la manera de que Carlyle lo entiende".8    

Repartiendo su tiempo entre el trabajo de oficina y el de incipiente escritor, "transportado como en una fiebre por la dicha de crear", comenzó a redactar cuentos gauchescos y algunas novelas rosa, ("cursilerías ridículas") que firma con seudónimo y luego con su nombre y envía a Buenos Aires. En 1921 aparecieron sus primeros textos en "Caras y Caretas" y al año siguiente en "El Hogar" y luego en "La Nación", "La Razón" y "Atlántida", entre otras.  

A los 22 años publicó Aves de presa, en el número 192 de la popular colección "La novela semanal". Tres años después, la prestigiosa revista "Nosotros" (fundada en 1907) publicó, en el número 167, uno de los textos luego incluidos en Miñur en Sumalao (1941) En el número 171, aparece en "Nosotros" su trabajo "El sentido trágico de nuestra existencia". También publicó en: la "Revista de Derecho, Historia y Letras", fundada y dirigida por Estanislao Zevallos; "La Nación", "La Razón" de Buenos Aires; "Plus Ultra"; "El Mercurio" de Chile y Zig Zag" de Perú. 

Entre 1922 y 1924 escribe El maleficio, novela en las que se propone plasmar "el alma, las costumbres, los dolores y las esperanzas de las gentes y de las tierras de Salta". Obra que recién verá luz en 1938 y que formaba parte de su ambicioso plan de escribir en quince volúmenes El Valle de Lerma, que denominó "obra cíclica", y de la cual, aunque dijo tenerlos todos escritos, alcanzó a editar sólo los dos primeros. Según ese proyecto, iniciado en 1918 y que debía concluir en 1930, el último volumen se titularía Significado sociológico del Valle de Lerma. De 1923 son dos novelas inéditas, cuyos manuscritos, según nuestra investigación, conservan en Santa Fe en la Biblioteca Argentina "Dr. Juan Álvarez" de la ciudad de Rosario: El relincho y Los senderos del destino, ambas fechadas en 19339.

Viajeros audaces y tenaces

Los primeros pobladores de Salta estaban acostumbrados a los riesgos, la exploración de lo desconocido y los viajes de largas travesías. Los salteños "se destacaron en la especialidad de viajeros audaces y tenaces, durante las épocas en que los viajes en tropas o carretas o de hacienda equivalían casi a campañas militares"10. "La alejada ubicación de esta provincia, en el cordón de los Andes, y la urgente necesidad de artículos manufacturados de ultramar para una población que crece rápidamente, han desarrollado el espíritu de empresa de los salteños, y dado gran vuelo al comercio" 11

En los comienzos, la supervivencia del pequeño caserío exigía afrontar los costos de esos riesgos, como también requería obtener ventajas de esas largas travesías. La influencia arábigo andaluza podría explicar ese impulso viajero y también, "ese amor hondo al caballo", que hacía posible tal nomadismo.

Torres López ama a su tierra pero se siente enclaustrado, incomprendido y menospreciado en ella. La reacción que prevalece en aquella sociedad provinciana oscila entre ignorar al joven crítico o mostrar su desagrado y rechazo hacia él. El escritor se siente constreñido, sin espacio y sin oxígeno en aquel medio mezquino y cerril. Marcharse es el único camino que tiene por delante para eludir esas restricciones impuestas por la geografía y por la historia, pero también por un presente menos grato que ese pasado, y por el entramado social tejido bajo esas condiciones.

 "Un rumiante provinciano"

Que apareciera su nombre en letras de molde en dos de las revistas más leídas de Buenos Aires, lejos de ser motivo de orgullo de sus coterráneos, desencadenó celos y envidias. "Acreció esa animadversión, se me sitió por aislamiento y por silencio, creyendo reducírseme", anotó. Ese cerco fortaleció su rebeldía y redobló su rechazo a convertirse "en un rumiante provinciano". Pero rechazo y apego a la sociedad local no son señales de ambigüedad sino de coherencia en el crítico social.  El crítico "que olvida la importancia de su propia tierra no escribirá una crítica vigorosa o persuasiva", dice Michael Walzer12. Amando con "desesperado cariño" a su "madre Salta", pero despreciando la sordidez de muchos salteños, Torres López se marchó a Buenos Aires en 1922, cuando tenía 24 años.  

Cuatro pasiones con otras tantas rupturas dolorosas definirán su personalidad: con sus estudios, con su familia, con un amor de juventud y, finalmente, con su lugar de nacimiento. La primera y, quizás, más marcada diferencia con la mayoría de los habitantes de su provincia es esa negativa a sujetar su existencia a la vida sedentaria, rutinaria y conformista. Veinte años después, en su "viaje a una ciudad interior", Eduardo Mallea vio a nuestros pequeños centros urbanos como símbolos "de un sopor" y "de la emotividad estancada, invertebrada". 

Ciro se va de Salta con dos valijas repletas de manuscritos13, convenciendo de que su "amor inacabable" por la naturaleza es lo que lo limpia y lo "salva de las miserias de los hombres"; "porque quien no ha sido alguna vez nómada no puede tener el verdadero sentido del hombre frente al hombre y frente a las cosas, que es el del existir frente al Universo, y por consiguiente, el de comprender, el de medir, el de situar"14

Es el penúltimo de esos viajeros tan dispuestos a deslumbrarse y a leer en el enorme libro de la naturaleza como a escribir sobre ella. Si no quiere convertirse "en un repetidor de segunda o tercera mano", el intelectual debe apelar a la observación directa. Su mirada no es la del turista en busca de exotismo ni la del viajero erudito que lo registra todo, ni el del viajero en busca de meros pasatiempos y, menos aún, de riquezas.

En su caso no se trata solo de buscar el frío dato: es necesario comprender y también buscar el sentido, más allá de la información, de referencia topográfica o estadística. Si demuestra una codicia insaciable es por acopiar información útil, por inventariar, describir y poseer todo lo que ve. Sus libros de viajes no son "meros pasatiempos sino pedazos de vida", define. El suyo es un peregrinaje cultural, humano, amistoso, con discretos toques moralizadores y civilizadores. "Vine con el afán de verte y de vivirte", le dice a Riberalta cuando llega a esta joven ciudad de la Amazonia boliviana.  

Campo virtuoso. Ciudad viciosa        

Torres López se da cuenta que Salta debe salir de su aislamiento y tiene que dejar de ser "pequeña y nepótica" y que para que ello y su futuro sean posibles, debe situarse dentro de la Región Noroeste y ésta recuperar, actualizando, esa buena tradición de apertura mental y material al mundo exterior a través de los viajes, la mejora de las vías de comunicación y los medios de transporte y la intensificación de los intercambios humanos, culturales y comerciales. Esa cerrazón tiene "resultantes espirituales de nihilismo destructor, de agriamiento colectivo y de egocentrismo negativo y desmesurado". Su visión no se reduce al de una integración subregional andina ni mediterránea: en su último libro publicado en 1955 anuncia la próxima edición de otro sobre El mar en la argentinidad.

Aunque se considera que sus viajes, conferencias y libros apuntan a la formación de una conciencia territorial y regional, sus ideas están lejos de lo que considera erróneos, simplistas y estrechos conceptos de patria y del patriotismo deshumanizado. Sobre todo, siente la necesidad de librarse de "la asfixia del patrioterismo feroz, guillotinesco y robesperiano (...)". Su idea de región tampoco es aquella que la reduce a territorio. "Porque no basta que una región exista simplemente, ya que ese fragmento del mundo puede estar sí en el mundo, pero ignorado, invalorado, menospreciado". Es por la cultura y el espíritu que esos fragmentos adquieren significación y universalidad.

Si la pérdida del antiguo dinamismo regional obedeció al paulatino aislamiento, la recuperación de esa vitalidad debía pasar por la reversión de esa tendencia. Como sucede a tantos emigrados, Torres López la toma de distancia del espacio del medio social de Salta le permiten, desde fuera y tomando "distancia crítica", comprender mejor una realidad local que, desde su interior, aparece opaca. Tan pronto como su irrefrenable impulso viajero lo llevó a Buenos Aires, su rechazo a los rasgos paródicos de la gran ciudad lo hicieron alejarse de ella. La América que él buscaba no estaba allí: su centro y su alma estaban en Bolivia.  "Tenía que marcharme, pues, de Argentina para saber qué era realmente Argentina"15 

La gran ciudad se le aparece como la sede de la simulación de lo europeo, además de ser reducto del parasitismo, el hedonismo, el "rastacuerismo", la "tilinguería", el lujo y el egoísmo. La urbe es el gran laboratorio de la hibridez. Su elogio al campo y a la vida campesina proviene, por un lado del que siempre se consideró un campesino ("soy un intelectual salido de las montañas") y, por el otro, de contraponer la pureza, la virilidad, la moral y la productividad del campo con la impureza, lo femenil, la inmoralidad y la improductividad de la vida urbana16. Contradictorio, a fuerza de percibir pero no siempre poder descifrar una realidad compleja, Torres López no corta de raíz las también complejas relaciones entre el campo y la ciudad. "La ciudad es hija de la fecundidad campesina", afirmó17. Pero también esa hija es "deformadora de lo rural". 

Su defensa de lo telúrico no resulta antagónica con su adhesión a la idea de universalidad ni su "Indolatinidad" no parece incompatible con su ecumenismo. La prédica y la acción suramericana de Torres López se desplegaron a lo largo del cuarto de siglo (1920-1955) del mayor auge de las ideas de los totalitarismos nazi, fascista y comunista, de cuyo dominio en el campo intelectual resultaba difícil sustraerse. Aunque conocedor de ese clima, resulta sorprendente que Torres López haya podido resistirse a tan fuertes presiones ideológicas. 

Sabe y dice que sus libros no son definitivos: son provisorios, son aproximaciones, tanteos, exploraciones. "El libro rígido, definitivo, sabihondo, es un pasatismo fósil y vacuo que hay que destruir", dice Ciro. Años después Borges dirá: "El concepto de libro definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio".

En una época signada por el afán de encontrar una identidad nacional que acreditara pureza y marcada por el opuesto deseo de disolverla en un amorfo internacionalismo, Torres López pudo escapar de esos cepos ideológicos apelando a su realismo de "intelectual salido de las montañas". "¿Qué somos, cómo somos, de qué estamos forjados, qué caudal de valores humanos y de qué índole hay en nuestra sangre hay en nuestra sangre y en nuestra alma?", se preguntaba. Y respondía: "Estamos hechos de la madre india, del padre español, del abuelo árabe (también hebreo) y del realizador italiano"18.

Esta simplificación del más complejo proceso de mestizaje producido a partir de la conquista y colonización española; multiplicado, agregado y diversificado con el flujo inmigratorio, a partir de la segunda mitad del siglo XIX resulta, con todo más próxima a la realidad que los esquemas sobre los que se apoyan las definiciones de unas macro identidades nacionales puristas, nada pluralistas y excluyentes. Según Manuel Gutiérrez Estévez, el término identidad se ha convertido en "una cárcel conceptual" que es preciso abandonar.

Antes que incurrir en grandes definiciones y clasificaciones Torres López prefiere describir. Carlos Medinacelli observa que Ciro "concede mayor importancia no a los hechos grandes, aparatosos, relumbrantes, sino a lo menudo, a lo menudo, menospreciado por el vulgo, de puro cotidiano, pero que, para el observador agudo y profundizador, esconde, en su pequeñez, un mundo de significado".

Torres López usa como herramienta de estudio, aunque cautelosamente y más destinada a estudiar los caracteres de grupos humanos que los de los individuos, la "fisiognomía", antiguo instrumento  de cuño aristotélico con el que se buscaba interpretar el carácter, los rasgos morales y los hábitos psicológicos, estableciendo las relaciones de éstas con "las cualidades somáticas, corporales o naturales". Según Fritz Lange19, la "fisiognómica" puede resultar de utilidad "para la acertada comprensión de la personalidad histórica". Librada de sus exageraciones, la "fisiognomía" fue valorada luego como un precedente de mero valor histórico, de las modernas investigaciones antropológicas.        

El largo peregrinaje

En 1924, poco antes de cumplir 25 años se lanzó a Buenos Aires, ciudad que descubrió y recorrió con "espejeante brillo en la pupila, diez pesos como haber, un violento afán de análisis y dos valijas llenas de manuscritos", recordó. Cuando se sumerge en la corriente del cosmopolitismo, se afirma como un argentino de seis generaciones y aboga por una mirada hacia el país interior. Pero cuando está en provincias rechaza el ensimismamiento, el atraso y la abulia. Pronto advierte que la gran ciudad "estaba aislada en América en medio de una evidente egolatría".

Exagera y caricaturiza algunos rasgos de Buenos Aires. Ve en los gallegos, genoveses y polacos seres hostiles, "aldeanos desarraigados, enfierecidos de dinero, brutales, rapaces y desconfiados". "Conocí toda una fauna de arquetipos sociales: el vividor, el fifí, el escruchante, el loco lindo, el burrista, el macrof distinguido, el sablista, el guitarrista de sociedad, el tiburón, el atorrante dorado, el patotero, el tanguista, el caballero de industria, el negociador de personerías jurídicas para timbas, el poeta para reclame comercial, el pintor pornográfico (de mucha salida), el periodista de sistemáticas alabanzas pagadas (....), el chantajista -en 18 clases, admirables alguna de ellas-, el clubman irreprochable (...) el cocktelista vanidosísimo, el heredero desbocado, el gran señor trasatlántico, el arribista de gran tren (...) el redoblonero, el niño bien, el quineliero, el tilingo, el atorrante - en 12 especies curiosísimas, el vagabundo internacional (...) el curioso, el dilettantti, el híbrido exitista, el esclavo endomingado, el provinciano bobo (...)"20

Luego atravesar la Cordillera de los Andes en avión y estar en Chile, regresó por Mendoza, San Juan, Córdoba, Santa Fe y de allí a Buenos Aires. El hartazgo de la ciudad, su rechazo al ambiente de la redacción de uno de los grandes diarios porteños, "donde la gran masa de los hombres son limones a succionar" y un nuevo desengaño amoroso, lo deciden a dejar Buenos Aires.

Fundador de "La Brasa" 

"Fui a dar a Santiago del Estero, caldeado arenal que desequilibró más mi salud". Luego de permanecer dos meses en el hospital, trabajó como periodista "en la mayor pobreza". En septiembre de 1925, junto a un grupo de intelectuales santiagueños, firma el manifiesto del grupo "La Brasa". La firma de Ciro Torres López es la segunda de la lista, después de la de Bernardo Canal Feijóo, poeta vanguardista y más tarde ensayista y de las rúbricas de Manuel Gómez Carrillo, Emilio Wagner, Orestes Di Lullio y Carlos Abregú Virreira, entre otros21.

"La Brasa", dice el Manifiesto, "quiere ser lo que hace falta: un centro de pura actividad espiritual". El grupo trató de encontrar el modo de "no acabar de constituirse" y se definió por lo que no era: Ni una sociedad de beneficencia, ni "una empresa comercial de corretajes artísticos". Tampoco se proponían "redimir a nadie" ni ofrecer "dulces mentiras para curar a nadie de su amarga verdad". ¿Qué es "La Brasa"? "Una inquietud, un problema de porvenir planteado entre muchos (...) es un problema serio propuesto a todo aquel que sea capaz de recogerlo". "La Brasa" no tiene estatutos, "para mantenerse siempre fiel a su necesidad". Tampoco tiene autoridades "para evitar en su seno vanas emulaciones presidencialistas". 

Cuatro años después, Torres López no la mencionará por su nombre pero recordará haber participado de la fundación de "una sociedad" en la que propuso la necesidad de "educar los sentimientos". El título del primer ciclo de conferencias de "La Brasa" fue precisamente ese: "La educación del sentimiento". Entre otros, hablaron en él Canal Feijóo, Dardo Herrera y Torres López que expuso sobre "La influencia de la novela en la educación del sentimiento". La armonía en el grupo pronto se quebró: "un conjunto de viejos fósiles y camanduleros lanzaron sus jaurías contra mí, el "forastero", se queja Ciro.

El corazón del continente

Disgustado con algunos integrantes de "La Brasa", Torres López reinicia su largo y nunca acabado peregrinaje. Sólo reconstruir su trajín resulta fatigoso. De Santiago pasó a Tucumán, provincia que recorrió casi íntegramente en 1927.  Ese mismo año el infatigable viajero y conferencista estuvo en San Juan, Mendoza, San Luis y Córdoba. En 1928 viaja a Jujuy, donde visitó Ledesma y para seguir luego La Quiaca. El 3 de marzo de ese mismo año cruzó la frontera e ingresó a territorio boliviano.

Recordó entonces sus charlas con su amigo Juan B. Justo quien le habló largamente de ese pueblo "en extremo sugestivo". ¿Qué sabía Ciro de la vecina Bolivia? Poco o nada: los vendedores de manzanas de Sococha; los yungueños "unos herboristas medio brujos que recorrían los cerros con su alforja al hombro y su fama milenaria" y, de mentas, los "maravillosos tordos cruceños y los toros". De Tupiza fue a Oruro y de allí pasó a La Paz, donde "no halló la necesaria comprensión y cordialidad". De allí siguió a Cochabamba, Potosí, Sucre, Mizque para viajar luego en avión a Santa Cruz de la Sierra.

¿Qué era Santa Cruz?, pregunta. "Pues una diminuta ciudad de 20.000 habitantes, poblada por hombres cansados, viviendo la más lamentable indigencia, profundamente decepcionados, vencida el alma por un escepticismo sonriente y trágico (...)". Desde allí, refiere, inició "uno de los más hermosos viajes que aún puede hacerse en este siglo, por comarcas fabulosamente ricas, henchidas de sugestiones", anota en Las maravillosas tierras del Acre. Del aeroplano que cubre 250 kilómetros por hora, pasó al buey que no alcanza a recorrer 5 kilómetros en ese mismo tiempo.

En 1929 volvió al Altiplano, fue a Cuzco, Puno, Arequipa y Mollendo. En 1930 escribió Las maravillosas tierras del Acre, libro de 747 páginas, mapas y fotografías tomadas por él mismo, que salió de imprenta a mediados de noviembre de ese mismo año. Durante esos años dictó en Bolivia numerosas conferencias, escribió más de un centenar de artículos, fundó un museo itinerante que trasladó "del occidente al oriente y del norte al sur". Conoció a Franz Tamayo. En 1932 protestó contra el crimen de la guerra, exhortando a los jóvenes bolivianos y paraguayos a evitar su destrucción mutua en las selvas del conflicto. 

En 1948 en su libro "Bolivia en el continente" recordó aquel viaje: "Penetré en Bolivia en marzo de 1928, con 29 años, 63 kilos de peso y 45.000 pesos en los bancos argentinos. Salí en septiembre de 1932, con 55 kilos, de segunda en ferrocarril y 37 pesos, prestados, en el bolsillo". Su paso por La Paz le dejó un mal recuerdo pues encontró allí "una cerrada y agria hostilidad, especialmente por parte de los escritores locales".

El más duro de sus críticos fue Jorge Canedo Reyes a quien llama "xenófobo de patria cerrada". ¿Cuál fue el pecado de Torres López? Haber llamado la atención de la importancia y el valor de aquellas aisladas, disputadas y poco conocidas tierras del Acre, que habían experimentado un importante desarrollo de la explotación del caucho entre 1890 y 1912. ¿Se reprocharían sus charlas con Nicolás Suárez, ese "Rockefeller del comercio del caucho", propietario de millones de hectáreas, amo de miles de "siringueros y vaqueros" y señor de Riberalta, que apoyó con un cheque parte de su viaje por aquellas tierras?

Una noche, navegando, Torres López siente que tiene que ser leal con su acompañante, el cruceño Virgilio Oyola: "sepa que en el caso mío el Sr. Suárez es quien costea todos mis gastos de transporte y de estadía, desde Trinidad de Mojos hasta Cobija del Acre, ida y vuelta y que lo hace espontáneamente y aún con la prevención expresa mía de que ninguna actitud ni gesto alguno de generosidad me harán variar ni en un punto para decir y sostener la verdad, tal cual yo la vea en estas comarcas, se refiera a hombres, cosas, problemas o lo que fuere". Su relación con Suárez no le impide recorrer las barracas, describir la miseria y padecimientos de los "siringueros", cuestionar la explotación.   

Desmesurado proyecto intelectual

Luego de criticar la Guerra del Chaco, en septiembre de 1932 regresa a la Argentina. Ese retorno le sirve para volver a la ciudad de Salta donde expuso sus ideas en la Sociedad Sirio Libanesa, y luego en Embarcación y Tartagal. El regreso no significa un alto ni un reposo en su trajín viajero. Entre ese año y 1954 recorre varias veces el país, desde el norte de Jujuy a Río Gallegos, regresando desde allí a Santiago de Chile pasando antes por Punta Arenas, Concepción, Curicó y recorriendo después Quillota, Valparaíso, Viña del Mar, Copiapó, Antofagasta para llegar por último a Tacna y a Lima.

En 1936 publica en Rosario Sumarios de las categorizaciones orales de Ciro Torres López22, folleto de treinta y tres páginas en el que sintetiza su ambicioso, y desmesurado, proyecto intelectual que remite a centenares de instituciones culturales de todo el país. Dirigiéndose a los presidentes de las mismas, dice que lo hace convencido de que "por su cultura y su sentido de responsabilidad institucional",  se habrán "librado ya de esa pereza mental y de ese complejo de gana que caracteriza a buena parte de los sudamericanos. Atonía que hace que ni siquiera se tenga la curiosidad de leer - y mucho menos de analizar - aquello que se les pone a ojo, reclamando su atención, en un deber ineludible de índole colectiva y de acento civilizador". Para Torres López esa pereza mental es la que explica nuestro atraso y "nuestra supeditación a otros pueblos del mundo".

El programa de trabajo comprende los "aspectos sustantivos, originales y decisivos" de la vida local, nacional, continental y universal. Estas categorizaciones, "son síntesis de una larga sucesión de viajes, de estudios y de meditaciones, en diferentes países, fuentes y temas...". Son trece los ciclos: 1) Básico argentinista; 2) Telúrico argentinista; 3) Poético argentinista; 4) Arabista expositivo; 5) Israelita crítico; 6) Hispanista reconstructivo; 7) Integralista caracteriológico argentino; 8) Intelectual bolivianista; 9) Amazonista informativo; 10) De vuelos de América; 11) Pedagógico conciencial americanista; 12) Ciclo novelista crítico y 13) Complementario argentinista.

Incipiente clase media

Así como el destino personal de Torres López no se comprende fuera de nuestra historia social, su trayectoria de vida permite iluminar las permanencias y los cambios en ese entramado social. El historiador, no sólo el sociólogo, debe procurar "percibir la interrelación del hombre y la sociedad, de la biografía y de la historia, del yo y del mundo"23  Para esbozarlo, nos parece pertinente asomarnos a la vida de un "hombre común salteño", de una generación anterior a la de Torres López, que también se vio forzado a emigrar de Salta, casi a la misma edad en que lo hizo Torres López.

Esas emigraciones personales son una consecuencia de la estrechez del espacio social para el desarrollo de una incipiente clase media la que, con muchas dificultades a finales del siglo XIX, comenzó a abrirse paso dentro de una sociedad que conservaba fuertes rasgos estamentales y que aún se reconocía en el esquema "gente decente" - "plebe". Consideramos pertinente esta comparación pues ambas trayectorias biográficas permiten detectar esas paulatinas transformaciones en la estructura social. 

Aunque con diferentes trayectorias de vida, el caso de Torres López tiene semejanza con el de ese otro desconocido  y también trashumante personaje salteño: Alberto Delac. Nacido en la ciudad de Salta a finales del año 1867, días antes de la entrada de Felipe Varela y 30 años antes que naciera Torres López, Delac dice pertenecer a un hogar "De modestos padres, sin más bienes de fortuna que el penoso trabajo personal"24.

El padre de Delac tuvo que trabajar como carpintero aunque, antes de la crisis de la última década del siglo XIX, fue propietario de una de las más extensas y valiosas fincas de Rosario de Lerma, heredada de su bisabuela Lorenza Delac. Esta caída convirtió a la familia Delac en "pobres decentes": por no tener fortuna no podían relacionarse con los pudientes y por provenir de familias que lo habían sido, tampoco podían hacerlo con indios, negros y mulatos. Al no existir inmigración europea no eran tampoco de clase media. 

"Por aquel tiempo, Salta era una población colonial de sólo 16.000 habitantes (ésta era la población de la capital según el Primer Censo Nacional de 1869. GCF) capital y único centro importante de la Provincia. Era un feudo donde imperaban varias familias aristócratas dueñas de casi todo el territorio, parientes entre sí, y que se repartían por turno el Gobierno local y representación nacional y provincial; menospreciando a los que no eran de su clase y fortuna".

De ese grupo adinerado "salía la totalidad de intelectuales, abogados, médicos, etc.". Los dos casos más notorios son los de José Félix Uriburu (n. 1868) y de Luis Linares, (n. 1867), condiscípulo suyo en la escuela de Jacoba Saravia. Aunque se fuera inteligente, en aquella Salta "era inútil esperar mejoría de vida". Para un hijo de artesano, el único camino de progreso era el de la emigración de la provincia. 

Hasta los 16 años estudió en la Escuela Normal. Luego inició el Colegio Nacional donde sólo permaneció seis meses pues "la lucha por la vida" lo obligó a dejar los estudios parea ayudar a sus padres, trabajando en el pequeño taller de carpintería de su padre. Allí vio "la triste suerte del artesano criollo de provincia". Era muy aficionado a leer. En 1887, cuando tenía 20 años, tomó "la diligencia hasta Cobos, que era el punto terminal del Ferrocarril en construcción, y en donde se llega al oscurecer, cansado y molido del viaje...". Luego de permanecer una semana en Tucumán, donde hace reposo pues enfermó de paludismo, emprendió viaje en tren a Buenos Aires.  

En julio de 1887 llegó a Buenos Aires llevando solo dos cartas de recomendación y poco dinero. Después de varios meses de penurias en Buenos Aires le ofrecen un modesto empleo como escribiente auxiliar en una oficina de Aduanas en un pueblito de Corrientes. En 1890 es trasladado al puerto de Campana. Dos años después, cuando tenía 27 años, se casó. De ese matrimonio nacen seis hijos. En 1893 ingresa como empleado al Departamento Nacional de Higiene, donde al cabo de tres años es dejado cesante por ser secretario de un comité de la Unión Cívica Radical.

En sus memorias recuerda haber sido "corredor, guarda de tranvía, portero de circo". Trabó amistad con el dirigente radical José Camilo Crotto, con el que trabajó en su estudio de abogado. Allí conoció a Hipólito Irigoyen. En esas oficinas, recuerda Delac, se gestó el levantamiento radical del 4 de febrero de 1905. Fracasado el alzamiento, Delac huyó a Montevideo desde donde regresó dos meses después al decretarse una amnistía.

Perdido su empleo público, instaló un criadero en Lomas de Zamora en un lote cedido por Crotto el que, poco después, le encomienda un trabajo en Santiago del Estero a donde se traslada Delac para residir allí dos años. Delac ve en Santiago del Estero a una de las provincias argentinas con mayor personalidad y criollismo y una en donde menos se percibe la influencia de la inmigración europea. Hay en ella más amor a la tierra, más criollismo y argentinismo que en ninguna otra. En Salta y en Jujuy la influencia indígena boliviana hace el de Güemes y sus gauchos que parezca un mito mientras que, en Mendoza, la influencia chilena le resta purismo.  

En 1938, a los 70 años, publica en Buenos Aires su libro Toda una vida. En 1942, a los 74 años, publica "El linyera. Estudio y análisis de algo que pasa en nuestra tierra y llamada civilización contemporánea moderna". Se define como "un viejo argentino muy apegado a su tierra, que desde niño ha sido un apasionado por viajes y aventuras". Se define como un profano que no tiene pretensiones de escritor. Describe "con la mayor sencillez", las nueve provincias y un territorio nacional y ciudades de los cuatro países limítrofes que visitó. Decepcionado por la falta de apoyo de los dirigentes radicales, Delac terminó criticando a la UCR y saludando el golpe de Estado de 1930 encabezado por su ex condiscípulo el general José Félix Uriburu, a quien exaltó como "salvador de la patria en ruinas". 

Un hombre en transición

Podemos decir que nuestro personaje es tiene mucho de los rasgos del "hombre en transición". ¿Qué y quien es ese hombre en transición? El concepto es de Daniel Lerner25 quien, luego de estudiar el proceso de transformación en Oriente Medio en 1950, marca tres etapas dentro de él: tradición, transición, modernidad. La característica principal de la estructura de la personalidad del "hombre en transición", dice Anthony Smith, es su dinamismo.

Torres López es un personaje desmesurado, caudaloso, inclasificable. Su trayectoria de vida puede compararse con la que él mismo describió en otros "hombres meteoros que son como bólidos caldeados por su propia impetuosidad". Ejerció la vida con fervor. "El vivir me apuró", anotó en su autorretrato.

"Para mí Ciro Torres López tiene mucho de moruno. Sus mismos rasgos físicos me lo dicen: tez morena, cara larga, ojos y cabellos negros, nariz prominente, formas gráciles, pero duras... Luego, en su psiquis se revela a sí mismo el nómada empedernido", lo describe el escritor boliviano Jaime Mendoza26. Don Ciro, añade, "es uno de esos hombres dínamos que ruedan por el mundo acometidos de incontenible movilidad". 

"Exteriormente presentan una inquietud febril". "Exhiben los rasgos claves de la incongruencia y la ambivalencia sobre los valores y estilos de vida antiguos y nuevos". Están desgarrados por el conflicto entre "las nuevas aspiraciones y las viejas tradiciones. Son psíquicamente móviles" y, a menudo, también lo son físicamente y geográficamente. Son inquietos, heterodoxos, seculares, insatisfechos y solitarios. Se interesan y opinan sobre todas las materias; poseen gran capacidad para transmitir información27. De Torres López, además de otros parecidos, se puede decir lo que se dijo de su contemporáneo Ignazio Silone: que "era una anomalía: autopropulsado, naturalmente en movimiento"28.

El crítico social

Ese irrefrenable deseo de movilidad, la frecuencia de los desplazamientos, la diversidad de escenarios y la rapidez con la que ellos van cambiando, el caudal de información en ellos acopiada, su vertido casi torrencial en libros, además de la intermitencia y fragmentación expositiva pueden crear la impresión de que, con Torres López, estamos frente a un voraz coleccionista de deshilvanados datos y a un desordenado narrador de anécdotas.

Si la crítica literaria lo excluye del canon, recusando su condición de literato, otro tanto puede ocurrir con la historia, la antropología y el folclore, materias que abordó, aunque de modo general y no sistemático. El hecho que no encaje en esas clasificaciones ¿autoriza a ubicar a Torres López dentro del poco cultivado género del ensayo, adjudicarle esa antigua condición de "publicista", conferirle el título de periodista, el más peyorativo de panfletista o el de mero notario de la época que vivió, las gentes que trató y los territorios que recorrió?

Creemos que las características de su obra y de su acción autorizan a definirlo como un crítico social y, en consecuencia, como un intelectual que cultivó esa actividad que "puede ser considerada, plausiblemente, una creación moderna"29. Como moderna es la visión que tiene Torres López del intelectual en quien ve un ciudadano que trabaja y que, como tal, tiene sus deberes para con la sociedad a la que pertenece pero ante la cual tiene también derechos.

Los tiene porque escribir supone un enorme "desgaste vital" que debe ser reconocido y recompensado económicamente. Como en la España de Larra, escribir en nuestros países "es llorar", es ejercer un oficio "con dolor, con duro trabajo, con lágrimas, con sangre". Cada libro escrito "es un esfuerzo dolientemente realizado" en donde el autor va dejando "pedazos de su vida", anota Torres López.   

El crítico se propone arrancar las máscaras con las que una sociedad cubre sus apariencias: describe el malestar e indica el remedio. Según Walzer, a partir de su sensibilidad moral, elabora esperanzas, interpreta los ideales y contrasta unas y otros con su imagen "en el espejo de la realidad social". La crítica social se fundamenta en la esperanza y se orienta al futuro, explica Walzer.

El escritor auténtico, define y se define, "es un descubridor, un animador, un encauzador". Pero, por encima de todo, es un ser comprometido con la verdad, con su búsqueda e impulsado por el afán de mejorar la vida de su sociedad y mejorar la suya. Puede y debe ser comparado con los pioneros, con la misma capacidad constructora de ellos, pero dotados de "un sentido de universalidad en espacio y tiempo que ellos no poseen".

Ellos tienen, además, una especial perspicacia para ver aquello que otros no ven. Pueden descubrir y apreciar valores que no son los mismos que estiman el mundo de la producción y las finanzas. El espiritualismo de Torres López no desdeña el mundo material: lo contempla procura integrar producción cultural y material.  Está convencido de que el pensamiento potencia y transforma. 

Ese intelectual genuino es una voz fuerte, clara, firme y libre, exenta de toda traba, añade. La crítica se deriva de la queja común y, aunque sin romper con ella, no se encierra en sus limitaciones, la trasciende, buscando conectar intuición con comprensión. Sin embargo, dice Ciro, no hay que confundir al crítico con el "criticastro frío y no humanista comprensivo, recio de vanidad y no jugoso de amor". Los rasgos del "intelectual auténtico" de Torres López se parecen bastante a los del "crítico social" de Walzer.

Para Torres López un "intelectual de verdad" tiene que reunir las siguientes condiciones30: a) tener una acrisolada honradez intelectual; b) ser un observador directo; c) abordar la complejidad sin hacer concesiones al simplismo; d) tratar de perfilar las fisonomías de los grupos sociales y comunitarios sin olvidar que todos ellos están sometidos a constante procesos de evolución e involución; e) no aplicar mecánicamente cartabones europeos para comprender la realidad de nuestros pueblos indoamericanos; f) buscar la verdad con amor, esto es con humildad y comprensión sin eludir auscultarse a sí mismo y g) ser honrado, innovador y sentirse representante y "conciencia cierta de su pueblo como fragmento humilde e inseparable de ese mismo pueblo", señala en Las maravillosas tierras del Acre.    

Soledad, compañía del crítico

La soledad sigue al crítico como la sombra al cuerpo: "esta grande y vieja amiga mía", anotó. El crítico está sentenciado a la soledad intelectual y política, dice Walzer. Ese insistir en las "virtudes de la soledad heroica y la sabiduría solitaria", que este mismo autor señala en los críticos sociales, se manifiesta en Torres López como dolor: Acompañado de soledad se va de Salta; seguido por ella viaja por la Argentina y por varios países latinoamericanos.

Su destino es "andar, andar trabajando por mi estirpe, hasta que en una noche vulgar, en un pueblo cualquiera, en la soledad gris de una hosca habitación de hotel, la muerte me sorprenda simple y callada, como el vidriarse del ojo de un mastín, en inclinarse del cuelo de un pájaro o el desprenderse de la hoja silenciosa que cae", escribe en La Paz a los 32 años.

No abandona, sino que acentúa, ese tono sombrío cuando tiene 45 años y escribe en Rosario: "¡Soledad y espanto y desamparo todo! Indiferencia absoluta, inconsciencia anulante, para la publicación de libros y de ideas nuestras, para que los pensadores y el pensamiento argentinos no yazcan en el más sórdido y oscuro anonimato". Agrega: "Después de treinta años de labor intelectual pura, honrada, limpia y seria, hoy estoy más solo, más incomprendido, más saturado de noche y de angustia, pero más firme y más esencial, más irreductible. Cumpliré con mi deber hasta el fin"31.

En vísperas de cumplir 57 años vuelve sobre el tema: "Cuando ya no pude más, desvencijado de cuerpo y mucho más de espíritu, luego de un cuarto de siglo de andar y trabajar para nada, tuve que refugiarme en algún rincón de sol y de paz. Fui a dar a Río Ceballos, en Córdoba".

Humanismo universalista

No alimentaba su amor por la patria chica con la cerrazón del localismo sino con la apertura hacia el universalismo. "Me interesó mi alma, pues. Me apasionó el mundo en su realidad grande, que es su verdad interna", escribió. No hay que tener conciencia de "ayllu" sino de nación, repitió. El enclaustramiento empobrecía cultural y materialmente. Nuestros pueblos mediterráneos tenían que abrirse al mar, respirar a dos pulmones: hacia el Atlántico y hacia el Pacífico, entre cuya tensión habían desarrollado su historia y tendrían que construir su futuro. Cuando se recupere la memoria de los proyectos de integración habrá que rescatar las fuertes intuiciones de Torres López respecto a nuestros vecinos de América Latina.

No fue don Ciro un trotamundos sin equipaje intelectual ni un devoto practicante de la ignorancia activa. Pero tampoco se sentía un intelectual apoltronado entre papeles ni un nostálgico detenido en la contemplación del pasado. El pasado, escribió, tiene que actuar como una de las fuerzas para transformar el presente32  Fue un lector y crítico severo y, por momentos, excesivo de Alcides Arguedas, al que llama "sociólogo de pared cuadrada", "teorizante, clasificador y despreciador de lo sudamericano". También lo fue también, admirativamente, de Oswald Spengler, cuyo libro «La decadencia de Occidente» le obsequió Benjamín Villafañe en la primera edición española de 1923. Leyó además al discutido conde Hermann Keyserling y Waldo Frank.

Como también fue admirador de Sarmiento, Alberdi, Gabriel René Moreno, Manuel Ugarte o de su comprovinciano Joaquín Castellanos. Periodista, descubre y denuncia las miserias de ese ambiente saturado de intrigas y odios personales. En 1940 anuncia "Civilización y salvajismo" donde critica al pasquinismo como negación del periodismo. Explica por qué en provincias no se puede hacer periodismo civilizador y por qué "le sustituye, entonces, su caricatura y su fracaso que es el pasquinismo".

Tiene títulos suficientes para ser considerado un precursor del enfoque regional e integrador. En Vías de argentinidad (1940) recoge sus ideas pregonadas a partir de 1927 abogando por un federalismo de cooperación hacia el interior de la nación y abierto e integrador hacia América Latina. La región es un escalón previo a la federación de naciones, dice. La Argentina debe "dejar de ser mero zarcillo de Europa". Lo nacional no debe excluir sino contener lo ecuménico y universal. El patriotismo debe ser un concepto humanizado pues sino respeta al hombre y su libertad, se convierte en un fetiche dominante.

Critica el caciquismo y el nepotismo, productos y productores del aislamiento, la rigidez social y el espíritu cerril. Hay que remover ese seudo aristocratismo que paraliza la energía social transformadora. Es preciso que esos fragmentos pequeños e impotentes que son las provincias se perciban como partes de un todo regional, se reúnan para ser más fuertes, trabajen en cooperación recíproca, potencien su cultura, conozcan su geografía, su historia y hagan un inventario de sus recursos humanos y naturales. Federalismo no es caciquismo arbitrario, no es localismo cerrado, tampoco falta de solidaridad o ánimo de confrontación.  Por el contrario, federalismo es democracia, gobierno de la Ley, ejercicio de la ciudadanía, apertura, respeto a la diversidad, cooperación y equilibrio no sólo territorial sino de poderes. 

La falta de organización nos perjudica, nos empobrece. Carecemos de precisión: no somos puntuales, dilapidamos el tiempo, abusamos de los días feriados y festivos que reducen la semana de trabajo a cuatro días. Desdeñamos las estadísticas y el rigor. Despreciamos las ideas. Somos enfáticos, retóricos, poco prácticos, escasamente reflexivos y críticos33.  

No comprendemos aún que el único modo de asegurar la libertad efectiva es creando riqueza, "destruyendo el desierto del suelo y de las almas, movilizando el afán de los hombres", activando los capitales, abriendo nuevos caminos, sembrando ideas y valores. La historia, explica, tiene sentido cuando se vuelve sociología; el pasado cuando ayuda a construir el futuro. Quiere una sociedad más humana con hombres más justos y generosos. Para mejorar la vida humana es preciso desterrar el hambre, el dolor, la prepotencia y la ignorancia. La emancipación de la mujer es necesaria para que nuestros pueblos salgan del atraso. Cree que la exclusión de la mujer empobrece a una sociedad y que relegar a la mujer a tareas menores supone una enorme "energía humana desgastada en lo pequeño". Habla de un hombre argentino que resultará de la síntesis del viejo criollo y los nuevos inmigrantes.

Seis generaciones y un ocaso 

En 1955 cumple 57 años y se siente fatigado. La tarea que se impuso en su juventud: "buscar la verdad", "despertar conciencias" y "mejorar la vida", es desproporcionada, ardua, inabarcable e ingrata. Cree que sus esfuerzos han sido en vano, que su prédica en miles de conferencias y cientos de charlas radiofónicas cayó en sacos rotos, y que sus miles de notas y sus ocho libros publicados no han sido leídos ni comprendidos. Sabemos que se casó con una boliviana con la que tuvo hijos y a la que sólo menciona por su nombre (Josefina) en la dedicatoria de su libro Vías de argentinidad que tuvo dos ediciones (1944 y 1948) Según datos que recogí en Rosario, el apellido de la esposa de Torres López sería Oyanarte

Esas páginas están dedicadas a Josefina. "Ahora marchas a mi lado. Ahora con nuestros hijos (...) Y has querido que este libro fuese para ti; para tu tierra, para tu sangre (...) Es todo tuyo (...) Y por serlo, acaso tenga algo del perfume de tu vida: flor humana, compañera de mis horas, sonrisa de mi otoño, lumbre viva de mi invierno largo". Su último libro publicado, El abuelo árabe, está fechado en Córdoba y editado en Rosario, provincia de Santa Fe en donde residió con su familia. En 1948 figura como domicilio el de la calle 3 de Febrero 1845 de esa ciudad, sede de la Sociedad Filantrópica Belga.

Este último dato se añade a una serie de indicios sobre la posible pertenencia de Torres López a alguna logia masónica. Nuestras averiguaciones en logias de Rosario no confirmaron hasta ahora esas relaciones que en Salta no fueron desmentidas por las fuentes orales familiares que consultamos.

En 1955 se pierden las huellas documentales de Ciro Torres López. No pudimos establecer aún cuándo murió ni dónde murió ni que pasó con sus muchos escritos inéditos. Un ejemplar de su libro "Las maravillosas tierras del Acre", en poder de Carlos Fernández Iriarte y dedicado a su primo Francisco López Enríquez y a la esposa de éste Berta Méndez (hermana de Nelly Méndez, su primera novia), quedó en poder de Daniel Méndez, buscador de oro que murió pobre a comienzo de los años '60 en un asilo en Cafayate.

Cuando se alejó de Salta treinta años atrás, intuyó que se lanzaba a la ardua empresa de buscar la verdad "aún a trueque de merecer malquerencias e incomprensiones". Don Ciro no pudo quizás cumplir con su último deseo, escrito siendo joven, poco después de marcharse de Salta. Invocando a su tierra, dice: "hogar de mis padres, heredad donde apagaron sus ojos amándote y bendiciéndote seis generaciones de mi casa, lar donde nací y donde alguna tarde también he de mirar mi noche próxima llena de melancólica dulzura pidiéndote un espacio donde descansar los viejos huesos, después de haberte dado todo, completamente todo (...)"34. A cambio de esa en la ingratitud de los hijos de esa tierra le devolvieron el silencio y el mayor de los olvidos.-

 


* Editorialista de la revista "Todo es Historia". Presidente del Centro Regional de Servicios Sociales y Culturales. Codirector de la Biblioteca Privada J. Armando Caro de Cerrillos, Salta.

1 Ellos son: Las maravillosas tierras del Acre. En la floresta amazónica de Bolivia, Perú y Brasil. (La Paz, Bolivia. Tipográfica Don Bosco. 1930); Sumarios de las categorizaciones orales de Ciro Torres López. (Rosario, Santa Fe. Edición del autor. 1936); El maleficio. Novela regional del Noroeste Argentino. (Rosario. Edición del autor. 1938); Miñur en Sumalao. Tipos y escenas regionales del Noroeste Argentino (Tucumán. Editorial La Raza. 1941); Vías de argentinidad. Ensayos sociológicos sobre problemas argentinos y americanos. (Rosario. Edición del autor. 1944); Bolivia en el Continente. Panorama integral de una Nación americana. (Tucumán. Edición del autor. 1948); El Puerto de Santa Fe y su hinterland provincial, nacional y continental. (Rosario. Edición del autor. 1951); España en América. (Rosario. Edición del autor. 1953); El abuelo árabe. Su influjo en las raíces y en el destino de la estirpe argentina (Rosario. Edición del autor. 1955) A lo largo de sus obras menciona treinta y un trabajos escritos, entre libros y folletos en preparación o inéditos.

2 Torres López. Bolivia en el continente, página 189. Según Torres López sólo durante los cuatro años y medio que permaneció en Bolivia, dictó "alrededor de 450 conferencias" esto es, un promedio dos disertaciones por semana. En ese mismo período escribió alrededor de 140 artículos, además del ya citado Las maravillosas tierras del Acre, su primer libro de 747 páginas que, con una tirada de 5.000 ejemplares.

3 Eduardo Francheri López, citado en Torres López. El abuelo árabe, página 314.

4 Roberto García Pinto. Desde el mirador austral. (Salta. Ediciones Fundación Canal 11. 1984. Página 98)

5 Walter Adet. Poetas y prosistas salteños (1582-1973) (Salta. Dirección de Cultura de la Provincia. 1973. Página 126) Antes habían mencionado sólo su nombre, sin aludir a su vida y tampoco a su obra, Atilio Cornejo en "La cultura de Salta" (Salta. Boletín Instituto San Felipe y Santiago N° 2. 1938) También José Fernández Molina en Panorama de las letras salteñas (Salta. Editorial Cepa. 1964. Página 37) Veinte años antes lo había hecho el crítico Germán García en La novela argentina. Un itinerario. (Buenos Aires. Ed. Sudamericana. 1952. Página 285) García lo incluye en la zaga de escritores de cuentos y relatos breves que, sin entrar a valorar su obra, pertenecen "al activo de nuestra literatura". Torres López publicó en la colección La novela semanal en donde, desde 1917, muchos escritores como Benito Lych, Ricardo Rojas, Enrique Larreta, Bernardo González Arrili y César Carrizo editaron novelas breves. También lo hizo en Nosotros y Caras y Caretas (1921) y en El Hogar (1922)

6 Libro Parroquial de Chicoana. Libro 17. Folio 280. La partida de casamiento está asentada en los libros de la misma Parroquia, Tomo 10. Folio 110.

7 "Yo soy un montañés argentino, nacido y crecido entre los ásperos breñales del Acay, con ocho o diez generaciones sucesivas sobre estos valles titánicos del Cachi", escribe Torres López en El abuelo árabe, página 16

8 Ciro Torres López. "Güemes" en "Tribuna Libre" de la revista "Güemes". Salta, Junio de 1920, página 568. Las cursivas son de G.C.F.

9 Información proporcionada por la profesora Clides C. Gajate, directora de la Biblioteca Argentina "Dr. Juan Álvarez". Correo electrónico 18 de junio de 2001.

10 Joaquín Castellanos. Salta. El territorio y la raza (1904) Ensayo incluido en su libro Acción y pensamiento. Páginas.336 a 337. Se trata del primer ensayo de interpretación sociológica de Salta. Dada la relación que mantuvo Torres López con Castellanos, es posible que haya leído este trabajo y haya sido influido por sus ideas. "La historia tiene significado cuando se vuelve sociología que construye henchida de porvenir", escribe Torres López. Según Castellanos los despotismos locales degradaron a las personas, haciéndolas temerosas, precavidas, inactivas, pasivas, retraídas y sedentarias. Torres López habla de hombres "conformistas", "entristecidos y acobardados", "estáticos" y "sumidos en sopor vital". Conf. Vías de argentinidad, páginas 46, 47 y 51

11 V. Martín de Moussy. Descripción geográfica y estadística de la Confederación Argentina. Tres volúmenes. Edición a cargo de Beatriz Bosch (Buenos Aires. Edición de la Academia Nacional de la Historia. 2005. Volumen III. Página 275)

12 Michael Walzer. La compañía de los críticos. Intelectuales y compromiso político en el siglo XX. (Buenos Aires. Editorial Nueva Visión. 1993. Página 228)

13 Salvador Paz Occipinti. "Ciro Torres López, palabra y vida". Buenos Aires, 1990. Texto inédito en poder del autor.

14 Torres López. Las maravillosas tierras del Acre, página 26.

15 Torres López. Las maravillosas tierras... página 75.

16 Torres López. Las maravillosas tierras... Referencias a las relaciones campo-ciudad en páginas 58, 61, 146, 155, 544 y 549

17 Torres López. El Puerto de Santa Fe, página 17.

18 Torres López. El abuelo árabe.

19 Fritz Lange. El lenguaje del rostro. Una fisiognómica científica y su aplicación práctica a la vida y el arte. (Barcelona. Luis Miracle Editor. 1957. Página 350)

20 Vividor: el que vive de otros. Fifí: individuo elegante, afectado. Escruchante: Ladrón que viola una casa o el lugar donde comete robo. Macrof: Rufián. Sablista: el que vive pidiendo dinero. Burrista: aficionado a la carrera de caballos. Tiburón: seductor. Atorrante: desfachatado, desvergonzado. Redoblonero: pasador de juegos prohibidos. Tilingo: presumido, jactancioso. Quinielero: que organiza quiniela (juego de apuestas) Conf. Oscar Conde. Diccionario etimológico del lunfardo. Ed. Perfil Libros. Buenos Aires, 1998.

21 Marta Cartier de Hamann. La Brasa. Una expresión generacional santiagueña. (Santa Fe. Ediciones Colmegna. 1977. Página 15)

22 Torres López. Sumarios de las categorizaciones orales de Ciro Torres López.

23 C. Wright Mills. La imaginación sociológica. (México. Fondo de Cultura Económica. 1969. Página 23)

24 Alberto Delac. Toda una vida. Viajes y recuerdos de un argentino en su patria y países limítrofes. (Buenos Aires. Juan Castagnola Impresor. 1938. Todas las citas de Delac son de este libro. A los 74 años, Delac publicó El linyera (Buenos Aires. Edición del autor.1942

25 Daniel Lerner The Passing of Traditional of Society. (Nueva York. 1964), citado en Anthony D. Smith Las teorías del nacionalismo. (Barcelona.

Sociologicus, 11. Ediciones Península. 1976. Páginas 136 1 150)

26 Citado en Torres López Bolivia en el Continente, páginas 185 a 188.

27 Anthony Smith Las teorías del nacionalismo, página 140.

28 Michael Walzer. La compañía de los críticos. Capítulo 6, página 103

29 Michael Walzer. La compañía de los críticos, página 13. Del mismo autor Interpretación y crítica social. Capítulo dos. "La práctica de la crítica social" (Buenos Aires. Ediciones Nueva Visión. 1993. Páginas 39 a 68.

30 Torres López. Las maravillosas tierras, páginas 389 a 399.

31 Torres López. Vías de argentinidad, página 192. Al final de este libro, su autor incluye unas reflexiones fechadas en Rosario en marzo del año 1944.

32 Torres López. Miñur en Sumalao, página 215. El autor abogaba allí por "una auténtica medicina civilizadora, organizada y eficaz; su acción contra el alcoholismo y el pauperismo, contra el fanatismo y la superstición, contra la blasfemia, contra el mal pensar y el mal obrar, contra la ignorancia en sus múltiples formas (...)" Se manifestaba a favor del "espíritu de agremiación" y de cooperación.

33 Torres López. Las maravillosas tierras, página 469.

34 Torres López. Las maravillosas tierras, página 29.

Nota: Todos los libros, folletos y artículos de Ciro Torres López citados en este trabajo pertenecen a la Biblioteca Privada "J. Armando Caro" de Cerrillos donde pueden ser consultados. Algunos de estos textos están en la Biblioteca Atilio Cornejo y en la Colección Rafael Zambrano del Archivo y Biblioteca Históricos de Salta. Se consultaron, además, los fondos de la Biblioteca Nacional y los de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez de Rosario, provincia de Santa Fe. El resto de la bibliografía citada también pertenece a la Biblioteca J. Armando Caro.

 

 

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