Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA

ESCUELA DE HISTORIA
Año 4, Vol. 1, Nº 4, 2005
 

Articulos

En torno al pensar contra uno mismo. El archivo como pasión, la pasión de los archivos

Hernán Ulm


 

En torno al pensar contra uno mismo. El archivo como pasión, la pasión de los archivos.

 RESUMEN

Se propone un acercamiento a la obra de Arlette Farge a partir de sus consideraciones en torno a la cuestión del archivo. A partir de la misma se intenta mostrar el carácter fundamental que tal cuestión adquiere de cara a re-pensar las formas de narrar la singularidad y las alternativas que se abren para una consideración crítica del estudio de las prácticas culturales

Palabras claves: archivo, singularidad, prácticas, cultura, Foucault

Abstract:

 

About thinking against oneself. The archive as passion, the passion for archives

An approach to Arlette Farge's work starting from her considerations about the issue of archives is proposed. This paper intends to show the fundamental character that this question acquires in order to rethink the ways of narrating the singularity and the alternatives possible for a critical consideration of the studies in cultural practices.

Key-words: Archive - Singularity - Practices - Culture – Foucault

En torno al pensar contra uno mismo. El archivo como pasión, la pasión de los archivos.

 Hernan Ulm

 "La idea de que la Historia está dedicada a la 'exactitud del archivo', y la filosofía a la 'arquitectura de las ideas', nos parece una tontería. Nosotros no trabajamos así" Farge. A.-Foucault, M.; El desorden de las familias; Gallimard; 1982; pág. 9

La obra de Arlette Farge es seguramente una obra poderosa: obliga a pensar. Ese poder ya bastaría para que su propuesta valga la pena de ser abordada. Sus investigaciones en torno a la formación de una subjetividad femenina, sus estudios en torno a las formas de pensar de las clases populares en el siglo XVIII, se acompañan de una fuerte reflexión en torno a la propia práctica historiográfica que da cuenta de las inquietudes que acosan hoy al trabajo historiador: la pretendida pérdida de cientificidad por el relato ficcional, la posibilidad de brindar herramientas para transformar el espacio en el que se diseñan las dominaciones en nuestros presentes, la necesidad de explicitar los presupuestos políticos de las decisiones metodológicas, son algunos de los temas que se pueden encontrar meticulosamente analizados en sus escritos.

Hay un posible devenir filosófico de la historia y quizás un necesario devenir histórico de la filosofía. Este trabajo quiere establecerse en esa fisura que permite el paso de uno a otro para poder pensar, con uno y otro, alternativas que permitan escapar a los lugares comunes que parecen acosarnos a la hora de intentar analizar nuestra actualidad.. Esta, al fin y al cabo como sostenía Michel Foucault, no es sino un devenir que no cesa de construirse, y la historia, como quiere Farge, debe aceptar el desafío que lanza ese devenir actual: ¿a qué formas puede dar lugar nuestro presente?

La obra de Farge parte de una profunda insatisfacción, de una inquietud: ¿cómo pensar lo singular de nuestra actualidad? en el convencimiento de que en lo singular habita la novedad que puede finalmente romper con esos lugares comunes del pensamiento y la política. Y la vía de acceso a esas singularidades, Farge la encontrará en los archivos (la pregunta fundamental es para ella ¿dónde se está constituyendo ahora el archivo de nuestro presente, ese archivo en el que se reservan nuestras singularidades?). Frente al estereotipo de las historias clásicas de las ideas, el encuentro con el archivo, teatraliza, dramáticamente, la ruptura con lo siempre ya pensado, escenificando una forma de la puesta en obra del ejercicio de pensar contra uno mismo.

Este ejercicio contra uno mismo, puede desdoblarse en dos interrogaciones: 1) ¿cómo es que nos hemos constituido en esto que somos? 2) ¿de qué manera podremos constituirnos como diferencia?

En el espacio abierto por estas dos preguntas, entre ellas, se abre un lugar el proyecto de elaboración de una ontología histórica de nosotros mismos que se muestra como alternativa ética y política de cara a pensar nuestra actualidad, es decir aquello que todavía estamos por ser, nuestro devenir posible.

El archivo es para Farge, un operador diferencial: bajo la indicación de la mirada foucaultiana, éste se transforma en piedra de toque a partir de la cual poner en cuestión todo intento de totalización: en el archivo rezuma la singularidad que escapa (o al menos intenta) a las redes de lo Mismo. La historia de las ideas, fracasa inexorablemente en su enfrentamiento con él: siendo sus ropajes (reiterando una cita de Bergson) demasiado estrechos, o demasiado amplios, el archivo resulta irreductible a la simplicidad de todo concepto general. Arlette Farge (hemos intentado señalar el mismo movimiento en la obra de Roger Chartier) intentará navegar por los archivos intentando una búsqueda penosa: la búsqueda de las vidas en el pasado, la atención a esos murmullos que resuenan sin nombrarse, de esas voces que gritan en el vacío, la búsqueda, en fin, de esas singularidades que la historia tradicional aprendió (y enseñó) a desechar, constituirán para Farge la premisa básica a partir de la cual repensar nuestra relación con el pasado, como instancia política imprescindible para pensar nuestra relación con el presente: "...he inventariado algunos espacios del siglo XVIII, preocupada de la relación a mantener con el presente (...)...para que el historiador guarde su contenido y su potencia es necesario vigilar, no arriesgarse al anacronismo, comprender los mundos pasados sin aplastar sobre ellos juicios demasiado modernos... (...) Dado esto, el historiador está en derecho de preguntarse: de cara a lo que es, de cara a lo que viene, ¿qué dice la historia? Manteniendo como íntima convicción que es paradojal interrogar el relato histórico sobre el porvenir. Pero el discurso histórico puede también ser una práctica de anticipación"1 Ontología histórica de nosotros mismos, entonces, puesto que lo que se libera por la vuelta al pasado no es un mundo dorado y perdido, sino antes bien la expresión de modos singulares de poder ser.

Para Farge, la historia de las mentalidades, era incapaz de efectuar tal liberación. Elaborando una "media" a partir de la cual construir sus nuevas abstracciones, "el burgués", "la mujer del siglo XII", etc., resultaba incapaz de hablarnos de tal burgués, tal mujer. Quedando siempre exterior a sus objetos, describía con puntillosidad todo menos aquello que resultaba interesante: ¿qué pensaban tal hombre, tal mujer, cómo enfrentaban su situación en el mundo, cómo se construían una identidad? Y esa incapacidad podría traducirse en una parálisis política a la hora de aventurar un juicio en torno a lo que, hoy, es construir una identidad (sea esta femenina, obrera, marginal). Estudiar los modos en que se han inventado identidades en el pasado, es el punto de partida para interrogar los modos en los que se inventan hoy, nuestras identidades, para enfrentar este presente. ¿Cómo se construye esto que somos? A la mentalidad se le escurre entre los dedos lo singular de aquellas existencias concretas y sólo puede dar cuenta de lo ya sabido: no hay espacios allí para pensar la singularidad inventiva de las prácticas sociales trasformadas y en transformación. No hay espacio para pensar el devenir de lo que somos. Por ello, la pregunta ¿cómo piensa la gente?  debe constituirse en la pregunta capital para Farge a la hora de dar cuentas de esas vidas minúsculas que, contra toda visión estereotipada, producen pensamiento: "Usted dice "el pueblo piensa". Encuentro extraordinario siempre, aun del lado de los historiadores, que eso sea percibido como un descubrimiento (...) Ha habido todo un período de la historia de las mentalidades, en la cual he trabajado, en la que se decía: "El pueblo se alimenta así, ama así, se viste así..." Toda esta descripción de lo cotidiano, la encuentro bien, pero un día, se tiene necesidad de saber lo que piensa el pueblo, y allí todo el mundo se queda con la boca abierta. Como si la posición del oprimido, fuera buscar vestirse, dormir, amar...(falta) (...) En la historia de las mentalidades, lo que me ha enervado mucho -como cuando he comenzado a trabajar sobre la historia de las mujeres- es que se lo resuma todo en cuestiones bastante planas. Es una de las cosas que me revuelven. Si se quiere encontrar trazas de prácticas sociales que expresan pensamientos, no digo que esto es simple, sino que es factible. Pero es verdad que descifrar  los archivos representa mucho trabajo"2.

Visiones coaguladas, arquetípicas, estereotipadas que definen de antemano el objeto e imponen un modo de acercamiento que impide captar la singularidad de lo que pasa. Del mismo modo, la historia filosófica de las ideas es incapaz de pensar sin abstracciones conceptuales universales, aquellas únicas que le permiten pensarse a sí misma como una totalidad: la historia de las ideas no puede articularse sino borrando toda especificidad de lo singular. Es necesario abandonar nuestras tradicionales herramientas metodológicas y filosóficas para captar aquello que la mentalidad o la historia de las ideas son incapaces ya de ver. Un empirismo del concepto, un concepto singular, al decir de Gilles Deleuze; una construcción del objeto, que lo revele en su multiplicidad y heterogeneidad al tiempo que ponga bajo análisis las propias herramientas teóricas de tal construcción, trastocando las tradicionales relaciones teoría práctica, dice Pierre Bourdieu. Arlette Farge forma parte de este grupo de estudiosos que lejos de conformarse con repetir el gesto conocido de la disciplina, arriesga su nombre y su vida al encanto de estas derivas. Para ella como ya dijimos, las singularidades habitan en el archivo. Pero no en cualquier archivo: la enseñanza foucaultiana ha sido clara. Para Farge, es en el archivo judicial, ese archivo de "hombres infames", hombres y mujeres minúsculos y cuya fugaz existencia brilla en el encuentro enmarañado con las redes de poder, donde es posible capturar esas existencias subsistentes: es en las formas de reclamar la presencia del rey, en los modos de escapar del agobio policial, en las maneras de responder, mentir o decir la verdad en los interrogatorios, como dejan sus marcas en los archivos los hombres y mujeres sin nombre: "El archivo no dice quizás la verdad, pero dice de la verdad, en el sentido en que lo entendía Michel Foucault, es decir en esta manera única que tiene de exponer el Hablar del otro, tomado entre relaciones de poder y sí mismo, relaciones que no solamente él sufre sino que actualiza verbalizándolas. Lo que es visible, allí, en estas palabras dispersas, son elementos de la realidad que, por su aparición en un tiempo histórico dado, producen sentido. Es sobre su aparición que es necesario trabajar, es aquí que se debe intentar el desciframiento" (...) "Lo real del archivo deviene no solamente traza sino también ordenamiento de las figuras de la realidad; y el archivo mantiene siempre un número infinitos de relaciones con lo real"3. El archivo queda señalado como instancia de constitución del sí mismo en las relaciones de poder que quieren sujetar las diferencias. En el archivo hombres y mujeres actúan frente a esas redes que quieren nombrarlos: escamoteando esas redes, rompiéndolas, las reelaboran cargándolas de un sentido nuevo e inesperado: "vidas frágiles" que se enuncian como pura distancia con toda legalidad de lo ya establecido. El archivo construye esa singularidad reacia a todo gran discurso, esquiva a toda estadística, refractaria a todo concepto económico a toda grilla social y política previa: el archivo se muestra como espacio de lucha, de conflicto en el momento de su construcción: no hay un territorio en el cual los hombres y las mujeres se instalan y disputan; antes bien, las disputas se construyen a partir de y por la invención y la apropiación de los territorios inventados. Nada de ilusiones de reconciliación por la lucha. El archivo muestra que la historia se escribe y se inventa en el espacio abierto de la conflictividad: "Inútil buscar a través del archivo lo que podría reconciliar los contrarios, porque el acontecimiento histórico está también en el brote de singularidades tan contradictorias como sutiles y a veces intempestivas. La historia no es el relato equilibrado de la resultante de movimientos opuestos, sino la toma en cargo de asperezas de lo real referidas a través de lógicas disímiles que se chocan las unas con las otras"4. Es en el detalle, en la mirada microscópica donde la unidad homogénea del objeto y sus discursos se muestra como la heterogeneidad múltiple de lo diferente. Multiplicidad de los discursos que intentan decir el archivo, multiplicidad de prácticas que se disputan aparición en el archivo, diferencia irreductible entre las lógicas del decir los archivos y de practicar los conflictos por él atrapados. Lejos de toda ilusión, no debemos caer en la tentación de soñar que el archivo transparenta las prácticas que enuncia: "Contra estas formulaciones radicales, estructuralistas o postestructuralistas, es necesario, creo, recordar la ilegitimidad de la reducción de las prácticas constitutivas del mundo social a la lógica que gobierna la producción de los discursos. Afirmar que , para el historiador, la realidad no es accesible más que a través de los textos que quieren organizarla, someterla o representarla no es, por tanto, postular la identidad entre la lógica hermenéutica, letrada, logocéntrica, escrituraria, y la 'lógica práctica' que gobierna las conductas cuya trama define las identidades y relaciones sociales. De esta irreductibilidad de la experiencia al discurso, toda historia social debe dar cuenta, guardándose de un uso incontrolado de la categoría de 'texto'..."5. Estamos habitados de cosas ya dadas, evidentes y por tanto impensadas, comunes, que van de suyo. La historia, ese pasado que se escribe, ese pasado que es escrito, esa práctica de la escritura, narración de aquello que fue y que instaura en su selección aquello que fue, no cesa de ofrecer al espectador las formas consagradas de lo que aconteció: el gran suceso, los grandes hombres, las grandes empresas, los hechos vueltos cantidades y transfigurados en increíbles series.

El gusto por el archivo no es sólo la pasión por regodearse en lo extraño, en lo extravagante, en aquello que simplemente llama la atención por su extremada singularidad: "El archivo es una brecha en el tejido de los días"6. En el archivo se encuentran aquellos elementos extraños, pero también y quizás especialmente, los más comunes y que por su vulgar evidencia, pasan por más desapercibidos (como la famosa carta) Aquella singularidad que, subvirtiendo el estereotipo, arroja al asombro al pensamiento, obliga a nuestra forma habitual de pensar, a volverse sobre sí misma. Después de todo, tiene la extrañeza de nuestro rostro conocido: de tanto verlo, ya no lo vemos más. El archivo muestra en lo cotidiano del pensamiento, la persistencia inextinguible de aquello que no deja de incomodar todo lugar común: al fin y al cabo, nuestro rostro ofrece rasgos que con esmero nos esforzamos por ocultar. La mirada se ve allí desviada por esas pequeñas señales, sutiles incomodidades que indican que el modelo "falla", hace "falla", tiene "fallas": "Por más pequeño que parezca, el campo resulta inmenso, como sucede cada vez que los archivos ofrecen un sentido a descifrar; se parte de un acontecimiento que se considera cierto; en verdad resultará falso"7  "El detalle instruye sobre el minúsculo grano del acontecimiento, al mismo tiempo que informa e incluso explica los fenómenos, sacando de la ruta al observador y situándolo al margen. Al margen de sus estereotipos, de sus juicios acabados, al margen de sus propios conocimientos"8  Ver esas "fallas" en el pasado es descentrar la historia que nos constituye y obligarnos a pensar distinto de como pensamos como instancia ética de toda investigación. Al fin y al cabo cuál es el valor de una investigación que sólo va a confirmarnos en lo que ya sabíamos. Obligación de volver a constituirnos, de volver a reconocernos, de distanciarnos del que somos por y a favor de la fuerza de ese acercamiento a lo singular, que una vocación de totalidad no deja de empujarnos a olvidar, y que la prescripción de sistematicidad anula en toda diferencia que habita y se manifiesta en la plenitud del sistema. Allí, no deja de resonar la voz que nos dice: "La voluntad de sistema es una falta de honestidad"9.

Aforismo de la historia, sólo se trata de dejar que el archivo muestre su oscura evidencia, que formule su propia existencia, con la banalidad de su lenguaje y la compleja simplicidad de su hacer. Nada se esconde aquí. Todo se hace y se dice en la luz esplendorosa de su propia incandescencia. El archivo es fosforescente. Es una deflagración: "El archivo es siempre una deflagración cuyo sentido no se adquiere nunca de una vez por todas. En ese caso no es ni fiel a la realidad ni totalmente representativo de ella, sino que desempeña un papel en esa realidad, interviene como diferencia, separa en relación con otros enunciados posibles"10. Imposible seguir todos y cada uno de sus pequeños fragmentos, imposible reconstruir una trayectoria: la deflagración es siempre múltiple e ilumina de forma peculiar un sector de lo real. Imposible decir un discurso único que englobe de una vez todos los fragmentos: el archivo, que nada esconde, que todo lo dice, escapa a la ilusión de ser de una vez, dicho. Sus restos hieren de muerte todos los discursos previos tejidos sobre él (o mejor, sobre la ignorancia de él): "El archivo provoca, desafía los discursos que sobre él sostienen los pensadores; por poco que se lea bien, rompe los discursos aceptados (...) "Entonces el archivo se convierte posiblemente en un desafío a los significados que de antemano queríamos otorgar a los acontecimientos, y un desplazamiento en relación con todos los intentos de teorización globalizantes"11. Dinámica entre la mirada que busca y se interroga a sí misma por su sentido, por un lado, y el archivo con sus voces allí desplegadas, expuestas, abiertas y refractarias, por el otro.

Fosforescencia del archivo que no oculta ni niega sino que se ofrece en la plenitud de lo que ha sido dicho sin ofrecer más ni menos que aquello que allí ya ha sido dicho. "El archivo habla de algo a alguien, este alguien debe repetirlo de forma que se multipliquen al infinito las posibilidades de análisis. El archivo no esconde secretos sino que pone al desnudo lenguajes que el historiador primero vive y luego explora. En este sentido, un libro escrito así no tiene fin"12. Como con los aforismos, es el modo de interrogar el que (se) multiplica (en) los sentidos.

 Los modos de contar la historia: el archivo, seducciones y peligros

Hay por cierto, una ilusión seductora del archivo: tal vez esperamos demasiado del encuentro con él: la confirmación de nuestras más inesperadas esperanzas, la conquista de una verdad definitiva, el dominio de un territorio hasta entonces desconocido. El archivo es la ilusión que encierra nuestro anhelo de una cita perfecta: en su encuentro y en su desarrollo, podremos justificar toda investigación. Cita amorosa que autoriza, al pie de página, todo nuestro saber: "El historiador, cautivado por las fuentes originales, sostiene con los archivos una relación de fascinación tal, que no deja de justificarse y de controlar en él y en los demás todo lo que a partir de esos archivos pudiera hacer creer que se ha despojado de su sistema de racionalidad. En ocasiones, el efecto que el archivo ejerce sobre él -y que casi nunca es reconocido de manera explícita- tiene como consecuencia la negación de su valor: el archivo es hermoso pero en una trampa que tendría como corolario de su belleza toda una escenificación de la ilusión. Atrae pero engaña, y el historiador, al adoptarlo por compañía, nunca desconfiará lo suficiente del improbable trazo de las imágenes que emite"13. ¿Por qué entonces no dejar simplemente hablar al archivo, negarnos a toda interpretación, puesto que el archivo debe ser capaz con su canto de ensueño, de decir todo aquello que tiene por decir?: "Decidimos no interpretar el discurso de Rivière, ni imponerle ningún comentario psiquiátrico o psicoanalítico. Primero porque nos sirvió de punto de partida para enjuiciar la distancia entro los otros discursos y las relaciones entre ellos. También porque no era posible hablar de él sin mencionarlo en uno de esos discursos (médicos, judiciales, psicológicos, criminológicos) de los que, partiendo de él, queremos hablar. En ese caso le habríamos impuesto esa relación de fuerza de la que queríamos mostrar el efecto reductivo, y del que, en el caso que nos ocupa, nos habríamos convertido nosotros mismos en víctimas"14. ¿Hablar del archivo o ser hablados por él? Refractario a toda interpretación, rechazando desde el comienzo toda reducción al comentario, el archivo no deja de mostrar los perfiles de su figura seductora y expectante. Extraña fascinante belleza del archivo que autoriza y engaña, promete y olvida, seduce y abandona al investigador en el territorio desolado que sigue a todo encuentro demasiado sobreestimado. (Proust: el archivo produce el celo). En esta ambigüedad de toda relación (con los archivos) Farge reconstruye el recorrido de la historiografía contemporánea (pág. 8/9). De lo global a lo singular y de lo singular a lo global, la situación de la historiografía contemporánea no deja de estar atravesada por la cuestión del archivo: objeto de estudios intensivos, ejemplo de toda teoría, señalamiento de la incoherencia de todas las generalizaciónes, sustento de nuevas críticas, alabado y despreciado, querida ilegítima que no deja de hacerse notar en el disimulo de sus ropajes a la vez comunes y extraños, cautiva a amantes y detractores que no cesan de diseñar a partir de él el campo de batalla en el que resuenan hoy, de modos diversos, las múltiples voces que quieren decir la historia. En la geografía que contornea esa ambigüedad, el archivo que engaña, que embota los ojos ingenuos del investigador; el archivo que emerge del fondo de la historia para hacernos ver lo que todavía no había sido visto, se muestra tal y como es. Ningún lugar misterioso (texto sagrado) y ningún operador divino (historiador, filósofo clarividente, sociólogo hermeneuta) se hacen presentes en este encuentro: el archivo en su singularidad es la expresión de la multiplicidad de voces que hablan (han hablado) y que dicen (han dicho) todo lo que tenían para decir. Nada se esconde en el archivo. Ningún inconsciente que fuera la manifestación de una verdadera verdad oculta hay allí para develar: "¿Con qué derecho podemos suponer y cómo podremos identificar a estas unidades que se hallan a medio camino entre lo consciente y lo económico? Ocupan el lugar de un 'alma colectiva' y siguen siendo la huella de un ontologismo" (...) " Esta concepción manifiesta que es imposible eliminar del trabajo historiográfico las ideologías que lo penetran.- Pero al concederles el lugar de un objeto, al aislarlas de las estructuras socioeconómicas, suponiendo por añadidura que las 'ideas' funcionan de la misma manera que las estructuras, paralelamente y a otro nivel, la 'historia de las ideas' solo encuentra bajo la forma de un 'inconsciente', la inconsistente realidad donde sueña descubrir una coherencia autónoma. Lo que de hecho manifiesta, es el inconsciente de los historiadores, o más exactamente, del grupo al que pertenecen. La voluntad de definir ideológicamente la historia es propia de una élite social"15. El archivo no reconstruye una totalidad. No es el encuentro con una nueva coherencia, más profunda, más verdadera. En todo caso señala que otras coherencias son posibles, otras racionalidades, otras "lógicas" son posibles (lógicas de las de las multitudes, pero también las lógicas de la infamia, lógicas prácticas...). En esa geografía, es posible tal vez jugar un juego arriesgado: arriesgado porque nos pone en riesgo en nuestra capacidad de aprehender las formas en que se articula el juego de lo verdadero y lo falso, arriesgado porque no deja de interrogar nuestra propia relación con lo verdadero y lo falso. Y es que en esa geografía despojada alcanzan finalmente a delinearse los límites imprecisos que articulan nuestra actualidad. Nuestra actualidad, va constituyendo su propio archivo. Y el trabajo político del historiador puede consistir quizás en la atención que nos ayuda a prestar al modo en que se constituye nuestro propio modo de hacer y decir quiénes somos. A decir y hacer un "somos" singular. Lo singular es aquello problemático (Deleuze) que abre nuevos devenires posibles a lo que se quiere instalar cono evidencia de lo que es. Los conceptos generales, no explican nada y, ante todo, deben ser ellos mismos explicados. Lo problemático que irrumpe en el archivo es esa otredad que habita explícitamente en lo que se presenta como unificante, alterando el principio mismo de la unidad, incomodando toda explicación y obligándonos una y otra vez a recomenzar, interrogándonos en nuestro propio modo de interrogar.

 No hay espacios en blanco, no hay sentidos reprimidos o escondidos a la espera de que mediante el artificio demiúrgico de una interpretación audaz seamos capaces de extraer lo no dicho, lo inconciente en los discursos que agobian la historia y nos agobian en la historia. Por el contrario, el archivo está allí, manifiesto y explícito. El archivo se constituye como un modo de pensar el la singularidad de la actualidad, aquello que pasa en el presente: lo actual, el Acontecimiento de lo Actual. El archivo, tal como Farge se lo apropia y produce, introduce una distancia entre lo que es y nosotros mismos. Es en esa distancia, en esa íntima alteridad con nosotros mismos que queda indicada por el archivo, por donde van a desplegarse todas nuestras interrogaciones, todas nuestras problematizaciones. Es en esa íntima alteridad, en la que lo exterior habita en el interior mismo de nuestro presente en donde se hace posible para la historiadora la pregunta por lo actual, como ontología histórica de nosotros mismos. No hay reserva de sentido en el archivo. Lo que sucede es que cambia nuestros modo de interrogación. El archivo siempre dirá lo que ya ha dicho. Es la modificación de nuestro punto de vista lo que acentúa unos contornos ahora y olvida otros. Es nuestra pregunta la que ilumina u opaca la fosforescencia del archivo. Es la interrogación por nuestro presente lo que nos hace iluminar esa opacidad. Esa pregunta que es ya un índice de la incomodidad con esto que somos. Es la incomodidad con este presente la novedad que nos obliga a interrogarnos, una y otra vez, por esto que somos y cómo nos hemos constituido en esto que somos. El archivo marca esa incomodidad. Si buscamos un lugar en el que el sentido se reserve, ese lugar es nuestro propio devenir una actualidad que no deja de callar, de apartar para más adelante, de "reservar" un sentido que es lo que nos constituye. Al fin y al cabo, ya desde la arqueología sabemos lo que sucede: una época se define por su incapacidad por decir aquello que la constituye como tal: es lo indecible de una época lo que la constituye como época y la posibilidad de descifrarse es el signo del cambio, el síntoma que permite diagnosticar que el archivo es otro. Si de alguien habla el archivo es del presente: "Aunque sea una perogrullada, es necesario recordar que una lectura del pasado, por más controlada que esté por el análisis de los documentos, siempre está guiada por una lectura del presente" 16. El análisis del archivo se revela como la ocasión en que por el enfrentamiento, la emoción y el desafío que provocan esas voces se manifiesta la actualidad del pensamiento historiográfico. Pensar con-contra-a favor del archivo historiográfico, es el intento por intentar descifrar esto que nos pasa, en el momento que nos pasa, mientras que nos pasa. Esa "reserva" que es nuestra actualidad es la posibilidad de constituirnos de otro modo a aquel en el que somos. Esa reserva es la actualidad que nos transforma en otra cosa de esta que somos, que nos permite transformarnos a nosotros mismos a nuestro pensamiento, en la interrogación, en la problematización que se niega a estabilizarse en lo que es. Adentrarse el archivo es volver a visitar un territorio ya conocido. El territorio coagulado de nuestra Historia de las ideas: no hacemos sino volver a un lugar que ya conocíamos o creíamos conocer de un modo y sorprendernos por los cambios, las mejoras, las pérdidas, etc. que han acontecido desde la última vez que lo visitamos (hay que llegar a pensar contra uno mismo: en los archivos judiciales o bien tratando a esos textos menores de la filosofía con espíritu judicial. Si el lugar en que la lucha por lo verdadero y lo falso de una sociedad se encuentra en el juego institucional y judicial, no menos cierto resulta que será posible construir (inventar) un archivo de la historia de la filosofía que muestre las fracturas, las líneas de fuga por las que esa totalidad se resquebraja. Una historia "menor" de la filosofía produce en ella un devenir inesperado del pensamiento. Hay que acudir a testigos que revelan que otra forma de ver el caso es posible: estoicos, epicúreos, etc. Archivo judicial y archivo filosófico no dejan de impugnar estas figuras en las que nos hemos constituido como sujetos ahistóricos, para dar lugar a la posibilidad de constitución de un sí mismo) Y en esa geografía estamos obligados a volver a recorrer algunos viejos caminos para dejarnos sorprender por la distancia que nos separa del primer encuentro: el archivo permite volver a contemplar los viejos paisajes con ojos diferentes de tal manera que nos permitimos ver cuánto ha cambiado, cuanto se han modificado esos lugares habituales que creíamos conocer tanto y que sin embargo se aparecen ahora como los más extraños: el archivo permite el asombro ante la evidencia de lo cotidiano, ese asombro, que de creer en la tradición, fue el disparador conceptual de la empresa filosófica: "También es necesario atravesar, de manera distinta a lo previsto, el espacio de la estética y de la emoción, que de cualquier modo, cómo negarlo, es consustancial al descubrimiento de ciertos textos. Las vidas ínfimas, las existencias desprovistas y trágicas, los personajes risibles e insignificantes forman la arena fina de la historia, su trama frágil aunque esencial. Al surgir del olvido, se alejan de la literatura porque están envaradas torpemente en las formas estrechas que impone el aparato judicial; son fragmentarias porque están fragmentadas o simplemente interrumpidas en un día de interrogatorio; encontrarlas de nuevo provoca emoción.." (...) "En mi opinión, la emoción no es (...) una exclusión de la razón (...) es uno de los muros de apoyo sobre el que se funda el acto de comprender, de investigar; pues por la brecha que abre entre sí y el objeto mirado se introduce la interrogación. La emoción no necesariamente genera contemplación, ni tampoco oblación; asimismo, es el ensañamiento empleado en comprender la violencia y la debilidad de las cosas, la mediocridad y lo inaudito de las situaciones; es también la confrontación con lo insólito al mismo tiempo que una manera de dejarse conmover por lo que ya se conoce" 17. El archivo es una forma de problematizar en la historia, de problematizar la historia. El encuentro con el archivo, está compelido entonces al desplazamiento de uno mismo, al descentramiento de lo que se es. Esa singularidad que constituye el acontecimiento archivo, no deja de empujarnos a volver una y otra vez sobre lo que pensamos: "La emoción no es una fusión entre el archivo y el historiador, lo cual aniquilaría toda capacidad de pensar len lo concreto, sino la constitución de una reciprocidad con el objeto en que la distancia introduce significación. La emoción se abre a una actitud operativa, y no pasiva... (...) Puede proyectar aquello que la aprueba fuera de los gustos, de las ideologías, fuera de las formas de pensar mas estereotipadas. Trastorna porque asombra: la sorpresa o el terror, el asco o el miedo hacen que uno habite fuera de sí mismo (...) La emoción es accionante (...) El archivo no es exacto en el sentido en que lo entendería la ciencia matemática: no revela ni el secreto ni el lugar de origen donde se organizaría la verdad (...) Al poner en escena los papeles insignificantes obliga a la emoción a desplazarse, a detenerse en lo modesto, pequeño, imperfecto vil, para construir, razonar, leer el sentido"18. Lejos de toda la pasividad reactiva, de todo comentario que se agota en la repetición de lo que ha sido dicho, la emoción requiere de la actividad productora de sentido. No interpretamos sino que producimos sentidos nuevos actuando, accionando sobre el pasado. El archivo judicial se muestra como un lugar para encontrarnos con esa diferencia: es allí donde aparece ( en los ajustes que el archivo singular señala) la "verdad" de una sociedad sobre sí misma (y sobre aquellos que la componen) en sus desplazamientos, sus efectos, su interiorización como evidencia política del sistema en el que (y del que)expresa su sentido. El archivo judicial es el momento de entrecruzamiento manifiesto de aquellos discursos que dicen el saber y los mecanismos en que se articulan las relaciones de poder. Es también así, ese momento en que el juego de lo verdadero y de lo falso se pone en obra: allí se trata justamente de que se haga lugar a la verdad y de los efectos políticos que esa puesta en obra tiene lugar sobre los individuos.

 Revelar ese momento de archivo en que nuestra política de la verdad queda constituida, es una tarea posible para seguir las líneas de fractura por las que nuestro presente se actualiza como un puro devenir otro. Una tarea a la que la historiografía de Farge parece enfrentar con beneplácito.

 


1 Farge, A.; Les lieux pour l'histoire; Editions de Seuil; pág. 7-10; 1997.

2 Farge, A.; Y-a-t-il- un espace public populaire? Entrevista con Eustache Kouvelakis; junio de 1997

3 Farge, A.; Le goût de l'archive; de Seuil; pág. 40-4 1; 1989.

4 Ibid. pág. 105.

5 Chartier, R.; El mundo como representación; Gedisa; España; 1999; pág. IX

6 Farge, A.; Le goût de l'archive; de Seuil; pág. 13 ; 1989

7 Farge, A. La vida frágil. Violencia, poderes y solidaridades en el París del siglo XVIII; Instituto Mora;; pág. 245; 1994

8 Ibídem; 276 (subrayado nuestro)

9 Nietzsche, F.; Crepúsculo de los ídolos; Alianza; Par. 26; Pag. 33.

10 Farge, A; La vida frágil; Instituto Mora; México; 1994; Pág. 11.

11 Ibid; pág. 11

12 Ibid pág. 302

13 Ibídem; pág. 7

14 Foucault, M.; Presentación en Yo Pierre Rivière, habiendo degollado a mi madre, a mi hermana y a mi hermano...; Tusquets; 2001; pág.20.

15 De Certeau, M.; La escritura de la historia; Universidad Iberoamericana; (3ra ed.) pág. 44, 1993

16 Ibid. pág. 37.

17 Farge, A.; La vida Frágil; Instituto Mora; pág. 9/10

18 Ibídem; pág. 19/11

 

 

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