Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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ISSN 1669-9041
Es una publicación anual de la Escuela de Historia para contribuir a la divulgación del conocimiento histórico.
Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA

ESCUELA DE HISTORIA
Año 3, Vol. 1, Nº 3, 2004
 

Arqueología Histórica del extremo Sudoccidental del Chaco y vertiente oriental de las Sierras Subandinas: Nuestra Señora de Talavera (1566-1609).

Damiana Curzio
Silvia Soria
Alfredo Tomasini


 

Resumen

Las tareas de investigación acerca de ciudades, reducciones y fuertes hispánicos erigidos a mediados del siglo XVI, se llevan a cabo desde el año 2000 en los departamentos de Anta y de Metán, de la Provincia de Salta. Dichos puntos fueron localizados por uno de nosotros en años anteriores. El sector de estudio específicamente está ubicado en el área de influencia del Río Pasaje y de la vertiente oriental de las Sierras Subandinas.

El sitio que está siendo investigado con detalle, a partir de diferentes campañas, corresponde a las ruinas de Nuestra Señora de Talavera ( 1566-1609). Las técnicas aplicadas consisten en prospecciones de superficie,  relevamiento planímétrico, localización, sondeos estratigráficos y análisis de los materiales recuperados. Damos a conocer los avances alcanzados hasta el presente.

 

 

Historical Archaeology in the Chaco Southwest and Oriental Side of the Sub Andean Range:  Nuestra Señora de Talavera (1566-1609)

 

                    Abstract                                                         

Since 2000, Investigations of Hispanic cities, reductions and forts from the XVIth century were developed in the Anta and Metán Districts, Province of Salta. These places were located by one of us in the previous years. The region of study is situated in the area of Pasaje River and the Oriental side of the Sub Andean Range.

The archaeological site "Nuestra Señora de Talavera" (1566-1609) has been chosen to be studied profoundly through various field work periods, and surveys, mapping, test pits and laboratory analysis were made. The preliminary results of this work are presented in this article. 

 

Arqueología Histórica del extremo Sudoccidental del Chaco y vertiente oriental de las Sierras Subandinas: Nuestra Señora de Talavera

(1566-1609).

 

Introducción

    En 1566 un grupo de amotinados contra el gobernador de Tucumán, Francisco de Aguirre, organizó un embrión de ciudad en las cercanías de la ribera oriental del río Salado del Norte, a no menos de 40 y no más de 50 leguas al norte de Santiago del Estero, a la que denominaron Cáceres. Pero al haber efectuado su fundación fuera del marco jurídico vigente en las Indias, fue refundada oficialmente un año después y puesta bajo la advocación de Nuestra Señora de Talavera. Sin embargo, tanto en el habla popular como en los documentos oficiales la ciudad siempre fue más conocida como Esteco, una palabra de etimología no bien determinada, que probablemente haya sido utilizada para designar a una parcialidad indígena autóctona de esa zona. El lugar de su emplazamiento es el extremo occidental del Chaco Austral, que pocos kilómetros al oeste pasa transicionalmente a las Sierras Subandinas.

Talavera fue abandonada en 1609, año en que se fundó Nuestra Señora de Talavera de Madrid, que también fue llamada Esteco. No obstante, el abandono de la primera Esteco no fue total, al menos por algunas décadas. Subsistió algún tiempo como finca, encomienda o pueblo de indios, bajo la denominación de Esteco el Viejo, en jurisdicción de la segunda Esteco, junto a las poblaciones de Yatasto y Culicas. (Torre Revello, 1943: 631)

 

El marco geográfico

 

El sector de la llanura chaqueña correspondiente a la provincia de Salta permite distinguir cinco tipos de paisajes menores. La vieja Esteco estaría ubicada la llanura albardonada; mientras que un gran sector de los llanos salteños se encontraría sobre el antiguo macroabanico del río Pasaje-Salado. Se trata de una superficie subcircular, cuya altura máxima -en su ápice originario- se halla en las inmediaciones de la localidad de Joaquín V. González, y posee pendientes radiales que abarca un giro de aproximadamente 105 grados. (Igarzábal, 19912)

Un relieve suave, casi esfumado, descubre un sistema de depresiones pandas y lomadas chatas alternantes que acompañan a las pendientes radiales. Sólo en el extremo inicial las depresiones adquieren el carácter de bajos y de cañadones angostos, por los que se escurren y se infiltran los caudales estacionales. Igual función cumplen las depresiones menores, que en conjunto forman una amplia trama de canales abandonados del abanico original y hacen las veces de interrelación entre el desagüe superficial y la alimentación de aguas subterráneas. Las lomadas, los albardones carentes de función y las depresiones están protegidos por una cubierta arbórea y por plantas arbustivas raleadas, que en gran parte fueron reemplazados por cultivos.

Esta extensa unidad está integrada por materiales no gravíferos, ante todo limos y arenas. El horizonte superior del suelo corresponde a un sedimento loéssico que refleja un período de clima seco y ventoso que habría afectado a la mayor parte de los llanos de América durante el Holoceno. Ese aventamiento y acarreo eólico sepultó, en buena parte, la densa trama de canales que estructuraban la superficie del abanico fluvial (Igarzábal, op. cit.)

Los restos de la ciudad están cubiertos por bosque chaqueño degradado, que fue y es explotado para la extracción de leña para carbón. El relieve es plano en su mayor parte, aunque posee algunas ondulaciones mayores (viejos cauces) y menores (por erosión diferencial). Mediante una calicata practicada en el sitio se pudo distinguir en la parte inferior del perfil, una mayor participación de elemento fluvial sobre lo eólico, y en la parte superior del mismo perfil, de medio metro de espesor, una mayor prevalencia de componente eólico.

 

Cabe enfatizar aquí la significación de la evolución climática de la región en los últimos 500 años. Allí se sucedieron períodos secos y húmedos marcados por la influencia de la "pequeña Edad de Hielo", como quedó registrado en las crónicas del tiempo de la conquista y colonización (Prieto, 1992, 1995, 19973; Tomasini y Alonso, 20014: 36-7). La cubierta vegetal que hoy cubre las ruinas probablemente estuvo ausente cuando se fundó la ciudad. En esa época habría imperado un clima más seco que el actual y el Pasaje-Salado o alguno de sus cauces probablemente haya estado más al Este, es decir, más cerca de la ciudad. El surgimiento de un clima y de una cubierta vegetal diferente durante la segunda mitad del XVI puede inferirse a través del análisis de la documentación de la época, como lo señaló Prieto (1997: 65-6). El salitre fue uno de los elementos determinantes de la decadencia y abandono de la ciudad, la misma habría aparecido, según la autora citada, con posterioridad a la instalación española. Ello indicaría que la falta de aguas mencionada en algunos documentos oficiales habría comenzado antes, esto es, en el último cuarto del siglo XVI (Tomasini y Alonso, op. cit.: 37-8).

 

El indigenato

 

En las numerosas encomiendas que abarcó la extensa jurisdicción de Talavera, habrían coexistidos nativos de distintas parcialidades. Seguramente estuvieron allí cazadores-recolectores como los llamados Lule, y agricultores como los TonocotéMatará, entre otros. Las excavaciones efectuadas hasta el momento hicieron evidente que la cerámica indígena prevaleciente en Esteco -y hasta ahora la única identificable con certeza- es similar a la propia de la llanura chaco-santiagueña, vale decir, en el área donde moraron los Tonocotés. Resta determinar si éstos ya poblaban la zona a comienzos de la conquista, en tiempos de Núñez de Prado y de Aguirre, o si fueron llevados hasta allí precisamente en virtud del sistema de encomiendas utilizados por los españoles.

 

La ciudad y su traza

 

No se halló hasta la fecha  el plano de la primera Esteco, como sí sucedió en el caso de la segunda (Torres Lanzas, 1988: 9-105). La identificación de las ruinas cercanas al actual caserío llamado El Vencido fue hecha en el invierno de 1999. Al respecto, nuestra conclusión coincidió con la de Juan Alfonso Carrizo y la de Atilio Cornejo, quienes muchos años antes afirmaron que esos vestigios corresponden a Nuestra Señora de Talavera (Carrizo, 1933a; 1933b6: XXIII-XXVI; Cornejo, 1937: 6357). Fue nuestro orientador y guía el señor Policarpo Fernández, nativo de El Vencido y excelente conocedor del terreno que ocupa el sitio. Guiados por él recorrimos el cuadrilátero que forma un conjunto de elevaciones de terreno longitudinales que en muchos casos convergen, formando ángulos rectos. Se trataría, probablemente, de restos de paredes de adobe o tapia, cuyo material ha sufrido alteraciones a través del tiempo. Dicho cuadrilátero posee, aproximadamente, la forma de un rombo, y aún permite intuir el clásico modelo en forma de damero que fue adoptado en la organización de la mayoría de las ciudades de Hispanoamérica. Ese rombo tiene unos 600 por 700 metros, lo que permite pensar que la ciudad contó con poco más de 40 manzanas. De acuerdo con ese modelo fueron organizadas, entre otras, Mendoza (según planos de 1561 y 1562), San Juan de la Frontera (1562), San Juan Bautista de la Ribera (1607) y Nuestra Señora de Talavera de Madrid (1609) (Torres Lanzas, 1988: 10, 12, 13; Torre Revello, 1988: 25, 308). También se encuentra a la vista parte del cauce de una acequia, que posee un alto valor para la determinación de que efectivamente las ruinas corresponden a la primera Esteco.

 

Esa acequia tuvo en su tiempo unos 15.000 metros de largo y, en la actualidad, unos 150 metros, variando su ancho entre 5 a 12 metros de ancho. Su profundidad máxima es de unos 3 metros, y su rumbo general NNW-SSE. El cauce nace de una represa situada al NW, que hace pocos años fue excavada nuevamente en parte, para el aprovechamiento de las aguas de lluvia. Junto a la acequia, en las proximidades de la traza urbana, se encuentran parcelas de terreno curiosamente niveladas que se extienden a lo largo de unos 400 o 500 metros y que están separadas entre sí por elevaciones rectilíneas que distan entre 200 y 300 metros la una de la otra, y cuyo espesor es de 2 a 3 metros. El señor Fernández y otros vecinos del lugar, inducidos en parte por la observación personal y en parte por la tradición oral, tienen la convicción de que esas parcelas habrían sido, antaño, campos de cultivo. Ello cobra una especial significación si se considera que la existencia de campos de labrantío fue señalada en el siglo XVI por varios autores que  visitaron Esteco o que residieron en ella. Entre ellos cabe destacar la conocida relación hecha por el capitán Pedro Sotelo de Narváez (En: Jaimes Freyre, 1915: 959). Semioculto por el monte se encuentra el ladrillal de la ciudad, cerca de su extremo Noreste. Según vecinos antiguos existiría también un tejar, que hasta ahora no hemos localizado.

En 1999 efectuamos una recolección superficial indiscriminada; encontramos en esa oportunidad numerosos fragmentos de teja, de ladrillos de dos tipos distintos -uno de ellos parece corresponder al llamado de bovedilla-, loza de Talavera y fragmentos de cerámica indígena. Efectuamos una excavación de sondeo de 2 por 3 metros. A unos 0.40 m. de profundidad apareció un techo de tejas que conserva, en parte, su integridad. A unos 3 metros de distancia otro sondeo, de 1 por 1 metro, reveló la existencia, aproximadamente a la misma profundidad que el techo citado, de una capa de suelo endurecido de unos 0.05 m. de espesor, que podría corresponder al piso de una vivienda o a una calle.

Para relacionar las ruinas de El Vencido con Talavera, desde un punto de vista geográfico, nos han sido de utilidad los datos que enumeramos a continuación:

1-El sitio está muy cerca del que indicó el Padre Joaquín Camaño S.J. en su célebre mapa -la diferencia es de 19 minutos con respecto a la que determinamos mediante el posicionador satelital (GPS)- y más o menos en el mismo lugar que el padre José Jolís -doctrinero de la reducción de  Macapillo desde su fundación hasta 1767- señaló como el probable asiento de la ciudad en su Ensayo sobre la Historia Natural del Gran Chaco (Jolís,1972: mapa frente a p. 26,365-610)

2-Las ruinas distan unas 46 leguas (unos 260 Km aproximadamente) de Santiago del Estero, en consonancia con la distancia indicada por Diego Pacheco, fundador oficial de la ciudad en 1567, y Ruy Díaz de Guzmán (Torre Revello, op. cit.: 15-6). Utilizamos como medida de longitud -de modo algo arbitrario- a la legua castellana de tierra, que equivale a 5572 metros. Además del mapa de Camaño, empleamos el que fue editado en 1886 por el Instituto Geográfico Argentino. En él figuran los caminos carreteros y de herradura que se transitaban en el siglo XIX. Muchos de ellos hoy han desaparecido y, en los casos en que subsisten, por lo general no figuran en la cartografía moderna. Recurrimos también a la cartografía elaborada por Carrizo para reconstruir los caminos de los siglos XVI y XVII, y para fijar la distancia que media entre Santiago y Talavera. Sobre el mapa del IGA proyectamos dos caminos: el que se extendía entre el Perú y Santiago del Estero, ya antes de la fundación de San Miguel de Tucumán (1565), a cuya vera se efectuó la organización urbana de Esteco, y otro más reciente, que unía al Perú con San Miguel. Este es conocido como el camino de postas y fue descripto, entre otros, por Concolocorvo (Carrizo, 1942: lámina II11). El instrumento empleado para determinar las distancias fue el curvímetro.

 

Las campañas arqueológicas

 

Efectuamos hasta el presente tres viajes de investigación a Nuestra Señora de Talavera. Tuvieron lugar en la estación seca -vale decir, el invierno de Sudamérica- de los años 2000, 2001 y 2003. Aquí expondremos los resultados correspondientes a las dos primeras, pues el material hallado durante la última aún está sujeto a estudio.

Ante todo se efectuó una cuidadosa observación de la zona en que había tenido lugar el sondeo de 1999. Se determinó que el nivel de tejas, que en algunos lugares aflora en superficie, posee unos 30 m de lado y una orientación Norte-Sud. Fuera del sector cubierto de tejas practicamos varios barrenados hasta -2,25 m de profundidad. Todos ellos resultaron arqueológicamente estériles.

Posteriormente hicimos varias pruebas de pala. Después de analizados y ponderados sus resultados, efectuamos sondeos de extensión y profundidad diferentes, con el objeto de ampliar la información obtenida mediante las pruebas antedichas y de registrar el sitio desde el punto de vista arqueológico.

 

Exposición sintética del material recuperado

 

1-Material de elaboración local. Desde el comienzo de los trabajos ha sido constante la mayor cantidad de objetos de origen indígena -especialmente los cerámicos- con respecto a los de origen europeo. Son frecuentes también los objetos de alfarería elaborados mediante técnicas nativas mas dotados de formas inspiradas en modelos europeos. La cerámica de tipo indígena es muy semejante a la que fue propia de la llanura chaco-santiagueña. Los representantes históricos de esa cultura fueron los llamados Tonocotés, sedentarios, de hábitos pacíficos y provistos de una organización económica que privilegiaba la agricultura, sin excluir, es casi superfluo señalarlo, la caza, la recolección y la pesca. Según los documentos más antiguos que a ellos hacen referencia, esos cultivadores apacibles habrían estado, al comenzar la conquista, acosados por los Lules, una nación nómade o seminómade, de economía cazadora-recolectora, similar a la de los nativos del Chaco aún subsistentes, y que habría poseído una marcada tradición guerrera.

Para el ordenamiento de la cerámica indígena de Esteco hemos adoptado -de manera provisoria- las propuestas de Lorandi et al (1974, 197912), en técnicas, formas, tipos de bordes y variedades decorativas. La mayor parte del material recuperado está constituido por fragmentos de distinto tamaño, sobre todo lisos; siguen en orden de cantidad bordes semejantes a muchos hallados en varios sitios de Santiago del Estero.

 

Tipos cerámicos hallados en Esteco

Ordinario rugoso. Tosco, de superficie áspera, irregular, obtenida por alisado somero. La barbotina está dispuesta en el interior de las piezas. Los tiestos están muy quemados en el exterior, llegando a presentar un aspecto vitrificado, con restos de hollín. Posee pasta con arena y fragmentos de cuarzo y mica, antiplástico de tiestos y huesos molidos. Su decoración está constituida por bordes con ondas. Unos pocos ejemplares poseen protuberancias coniformes, pero de acuerdo a los tiestos, no permiten establecer cuál era la posición que ocupaban en el ceramio. Su espesor medio es de unos 10 mm. Fragmentos de bases de pequeñas dimensiones con porciones de cuerpo no mayores que los anteriores, por lo cual resulta imposible determinar la forma completa. Poseen asas transversales al cuerpo formadas por prolongación de la pasta.

Ordinario simple. Poseen superficie alisada, pasta con arena y mica, antiplástico de tiestos y huesos molidos. La cocción fue efectuada en atmósfera oxidante con un control no muy regular. Algunos tiestos están tan quemados que es imposible determinar el color externo. Su espesor medio es de 7 mm. Se halló un tiesto pequeño con peinado y un borde de ceja inciso. Ausencia de pintura.

Ante pulido. Poseen superficie pulida o de alisado intenso. Color externo ante con tendencia al rojizo y al beige claro. Pasta con abundante arena, escasez de tiestos y huesos molidos de grano fino. La cocción fue efectuada en atmósfera oxidante y regular. El espesor medio es de 3 mm.

Complejo Averías Tricolor. Pequeños tiestos con engobe color ante, con motivos en rojo y negro, geométricos (círculos, líneas rectas, ondeadas y en zigzag).

Rojo liso. Fragmentos de pasta fina y compacta, con antiplástico de arena. Cocción en atmósfera oxidante y regular. Superficies rojas muy pulidas.

Hasta el momento no hemos hallado ciertos rasgos decorativos propios de la alfarería chaqueño-santiagueña, en especial algunos que distinguen al Complejo Sunchitúyoc. Ellos son la figura del búho y pintura negro sobre rojizo, negro sobre ante y negro sobre crema.

La decoración incisa está presente principalmente en algunos torteros y consiste en zonas de pequeños puntos delimitados por una o dos líneas rectas unidas en ángulo.

La composición fragmentaria de los elementos recuperados en general determina que sea poco lo que puede decirse con respecto a las formas, aunque algunos elementos que aparecen en Esteco se  encuentran también en yacimientos de Santiago del Estero. En el grupo ordinario aparecen asas verticales macizas con agujero y asas verticales cilíndricas en arco; asas planas e improntas de tejidos, especialmente en las bases; además -como elemento distintivo- bases con improntas de cestería. Un tiesto posee improntas de cestería elaborada con fibras delgadas. Se encuentran también apéndices zoomorfos, sobre todo como bordes de platos o cuencos y generalmente formados mediante la prolongación del borde.

 

No es nuestra intención afirmar aquí la asignación de la cerámica aborigen de Esteco I a alguno de los complejos que han sido propuestos por distintos autores para la llanura chaco-santiagueña. El análisis del material obtenido aún no fue terminado, y debe considerarse que las excavaciones se encuentran en su etapa inicial, más si tomamos en consideración las dimensiones del yacimiento y la probable diversidad étnica de los aborígenes que fueron concentrados en él.

Tenemos por un lado la traza de la ciudad, a la que se agrega su ejido y las encomiendas que se encontraban en su extensa jurisdicción. En lo que a ésta se refiere, los documentos de la época llevan a pensar que por el Noroeste habría llegado hasta la confluencia del río Piedras con el Pasaje (donde más tarde habría de levantarse la segunda Esteco). Por el Noreste parece haber llegado hasta las cercanías de la actual localidad de J.J.Castelli, en la provincia del Chaco, si aceptamos que las ruinas existentes en Pampa de Tolosa corresponden a la encomienda de Guacará, adonde llegó Alonso de Vera y Aragón muy poco después de haber fundado Concepción de Nuestra Señora o Concepción del Bermejo.

También aparecen en Esteco elementos propios de las culturas chaqueñas, como cuentas circulares hechas con valvas de molusco (las llamadas "chaquiras"), pequeños caracoles con orificios y escarificadores. Tanto las chaquiras como los escarificadores aún son usados en el Chaco. Las primeras suelen emplearse como adornos, adheridas a  tejidos, y los segundos en ciertas prácticas numinosas, vinculadas con el manejo de la potencia.

 

2-Material importado. Desde un punto de vista cuantitativo, hasta el momento los objetos de procedencia europea son escasos si se los compara con los autóctonos. Ello es así tanto en lo que atañe a la cerámica como a otros elementos. Contamos con fragmentos de alfarería pequeños (de no más de 4 cm). de lado, algunos de los cuales fueron identificados:

a- Fragmento de loza inglesa blanca con decoración azul.

b- 4 fragmentos de cerámica esmaltada celeste, con dibujos en azul de un tipo empleado en recipientes de boticario.

c- Fragmento de base de loza blanca, con decoración azul

d- Fragmento de borde de cerámica vidriada, color verde seco. Fragmento de borde de loza, ondulado, de color gris oscuro.

e- Fragmento de borde de cerámica vidriada, color verde seco.

f- Fragmento de cuello de cerámica vidriada verde. Este fragmento, como el anterior, puede corresponder a un tipo de recipiente empleado para envasar aceite y vino.

g- Botón de cerámica esmaltada en celeste verdoso, sin orificio.

 

Los restos de metal ferroso estuvieron expuestos a un proceso de oxidación muy intenso, de modo que resulta imposible -en la mayoría de los casos- determinar su forma original.

Están mejor conservados y son perfectamente identificables los objetos elaborados con otros metales, como el caso de un alfiler de cabeza redonda y de un dedal de costura, ambos de plata; de una esfera provista de argolla de suspensión, también de plata, y de un tupu del mismo material, que fue hallado por un poblador del lugar. Apareció también una esfera, aparentemente de plomo, de 11 mm de diámetro, que bien podría ser una bala de arma de fuego (se han fabricado arcabuces en ese calibre).

Pudimos, no obstante, identificar algunos objetos de hierro; son ellos algunos clavos, un fragmento de herradura y una rodaja, que podría haber sido la estrella de una espuela.

Los objetos de vidrio hallados no son más que una docena de fragmentos muy meteorizados.

La escasez de objetos de procedencia europea puede resultar llamativa si consideramos que Talavera fue una ciudad organizada por españoles, que gozó de prosperidad durante varias décadas y que tuvo una existencia de casi medio siglo. Fue de tránsito obligado para las carretas del tráfico de Norte a Sud y viceversa, y su organización económica estuvo basada en la agricultura y en la elaboración de productos que se exportaban al Alto Perú.

Hemos de señalar, sin embargo, que la población indígena reducida en la ciudad y su jurisdicción siempre fue mucho más numerosa que la oriunda de España. Además, los escasos metros cuadrados que llevamos excavados (aproximadamente 15) hasta la fecha constituyen una ínfima porción del yacimiento. Ya dijimos que la ciudad habría contado con unas 40 manzanas. Talavera de Madrid (la segunda Esteco) tuvo -según sus planos- 49 al momento de su fundación, Resurrección o Mendoza y San Juan de la Frontera 25 cada una, y San Juan Bautista de la Ribera 20. Además, la primera Esteco no fue destruida sino simplemente abandonada; es lícito suponer que al proceder a la mudanza, sus habitantes habrían dejado en la ciudad muerta solamente los elementos que ya no les eran de utilidad.

 

La población de la ciudad debió constituirse mayoritariamente por indígenas, desde un punto de vista demográfico, durante sus 43 años de existencia, por lo tanto conformó la mano de obra necesaria para las tareas de labrantío, de hilado y tejido de algodón y otros productos manufacturados, para la construcción de edificios y para el constante mantenimiento que demandaba la célebre acequia de regadío derivada del río Salado, cuyo costo en vidas humanas fue enorme, a tal punto que llegó a erigirse en una de las causales de su definitivo abandono en 1609.

 

    Participaron en las campañas de 2000 y 2001 las siguientes personas: Erica Schneider, Mabel Mamaní, María Claudia Zubelza, Fernanda V. López, Gabriela Cano, Damiana Curzio, Andrés Zarankin, Enzo Federico Viveros, Antonio E. Mercado, Carlos A. Calzadilla, Jorge E. Cabral Ortíz y Juan Alfredo Tomasini. Dichas campañas fueron efectuadas en el marco del proyecto de investigación "Arqueología prehistórica e histórica del extremo Sudoccidental del Chaco y vertiente de las Sierras Subandinas" el cual fue institucionalizado mediante un convenio celebrado por la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia de Salta y el firmante en calidad de director del equipo de investigación.


* CONICET. Programa de Investigaciones Históricas y Arqueológicas

*** CONICET. UNLP. Facultad de Ciencias Naturales y Museo

** UNSA. Facultad de Humanidades.

*** CONICET. UNLP. Facultad de Ciencias Naturales y Museo

1 TORRE REVELLO, José, 1943. Esteco y Concepción del Bermejo, dos ciudades desaparecidas. Facultad de Filosofía y Letras. Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas. Nº LXXXV. Talleres Casa J. Peuser, Buenos Aires.

2 IGARZABAL, A., 1991. Morfología de las Provincias de Salta y Jujuy. Revista del Instituto de Geología y Minería, Nº 8: 97-121, 1 mapa. Jujuy.

3  PRIETO, María del Rosario, 1992. Las perturbaciones climáticas de fines del siglo XVIII en el área andina. Cuadernos Proyecto NOA: El Noroeste Argentino como Región Histórica. Integración y Desintegración Regional. Estudio del País Interior, Nº 1, Universidad de Sevilla, Junta de Andalucía, Sevilla.

PRIETO, María del Rosario, 1995. Reconstrucción del clima de América del Sur mediante fuentes históricas. Estado de la cuestión. Revista del Museo de Historia Natural de San Rafael (Mendoza), Tomo XII (4), Mendoza.

PRIETO, María del Rosario, 1997. Variaciones climáticas en el NOA durante el período colonial. En Reboratti, Carlos (comp.). De Hombres y Tierras, una historia ambiental del Noroeste Argentino. Proyecto Desarrollo Agroforestal en Comunidades Rurales del Noroeste Argentino: 60-75, Salta.

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 5 TORRES LANZAS, Pedro, 1988. Catálogo de Mapas y Planos. Buenos Aires. Tomo I. Reimpresión. Archivo General de Indias. Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes y Archivos. Imprime: Artegraf, Madrid.

6 16 CARRIZO, Juan Alfonso, 1933 a. La legendaria ciudad de Esteco. En: La Prensa, año LXIV, Nº 22982, 3ª sección, 29 de enero de 1933: 2, columnas 4 a 6.

CARRIZO, Juan Alfonso, 1933 b. Cancionero popular de Salta. Buenos Aires.

7  CORNEJO, Atilio, 1937. Apuntes históricos sobre Salta. 2ª edición, Buenos Aires.

8 TORRE REVELLO, José, 1988. Catálogo de Mapas y Planos. Buenos Aires. Tomo II. Reimpresión. Archivo General de Indias. Ministerio de Cultura. Dirección General de Bellas Artes y Archivos. Imprime: Artegraf, Madrid.

9 JAIMES FREYRE, Ricardo, 1915. Universidad de Tucumán. República Argentina. El Tucumán colonial ( documentos y mapas del Archivo de Indias. Introducción y notas de Ricardo Jaimes Freyre. Consejero de la Universidad; Catedrático de literatura y de filosofía en el Colegio Nacional. Volumen I, Buenos Aires.

10 JOLIS, S.J., José, 1972. Ensayo sobre la historia natural del Gran Chaco. Traducción María Luisa Acuña. Estudio preliminar Ernesto J. A. Maeder. Universidad Nacional del Nordeste. Facultad de Humanidades. Instituto de Historia. Resistencia. (Chaco).

11 CARRIZO, Juan Alfonso, 1942. Cancionero popular de La Rioja. Tomo I. Universidad Nacional de Tucumán. Baiono y cía. Editores, Buenos Aires.

12 LORANDI, Ana María, 1974. Espacio y tiempo en la prehistoria santiagueña. Relaciones. Sociedad Argentina de Antropología, T. VIII, Nueva Serie. Buenos Aires.

LORANDI, Ana María, Jorge V. Crisci, María E. Gonaldi y Silvia E. de Caramazana, 1979. El cambio cultural en Santiago del Estero. Relaciones. Sociedad Argentina de Antropología, T.XIII, Nueva Serie. Buenos Aires.

 

 

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