Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico. Publicación de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, para contribuir y difundir el conocimiento histórico.

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Universidad Nacional de Salta
 


REVISTA

ESCUELA DE HISTORIA
Año 3, Vol. 1, Nº 3, 2004
 

TRABAJO Y POBLACIÓN EN LA CIUDAD DE SALTA. " 1865."
WORK AND POPULATION IN SALTA´S CITY. 1865.

Emma Teresita Raspi


 

RESUMEN:

 Es sabido que los estudios históricos que abordan los temas sobre el trabajo y los trabajadores urbanos revelaron importantes canales para la comprensión de las ciudades por su innegable peso en la dinámica social. A pesar del significativo impulso que cobraron tales líneas historiográficas en la región sobre la que se asienta la ciudad de Salta, ésta quedó rezagada especialmente en lo que se refiere a las investigaciones sobre el trabajo durante el complejo siglo XIX. Es por ello que el presente artículo pretende realizar un primer acercamiento para comprender a las sociedades urbanas del norte argentino a partir del complejo entramado de sus actores sociales, colocando especial énfasis en las características de la población de trabajadores de la ciudad de Salta hacia 1865. El estudio se efectúa en base a una fuente en especial: El censo de la Provincia de Salta de 1865.

  

WORK AND POPULATION IN SALTA´S CITY. 1865.

 Abstract:

 Urban Population Studies among the nineteenth century in Salta, was not a theme  of interesting to the local histories; although,  this kind of studies gives important lights to understand the life in the cities . So, the purpose of is paper is analyze the urban societies in the north of Argentine among the nineteenth century. Paying special attention to the urban worker population in 1865.  The principal source of information we take is the Salta´s state census of 1865.

 

TRABAJO Y POBLACIÓN EN LA CIUDAD DE SALTA. 1865."

 Introducción:

Es sabido que los estudios históricos que abordan los temas sobre el trabajo y los trabajadores urbanos revelaron importantes canales para la comprensión de las ciudades por su innegable peso en la dinámica social. A pesar del significativo impulso que cobraron tales líneas historiográficas en la región sobre la que se asienta la ciudad de Salta, ésta quedó rezagada especialmente en lo que se refiere a las investigaciones sobre el trabajo durante el complejo siglo XIX. Es por ello que el presente artículo pretende realizar un primer acercamiento para comprender a las sociedades urbanas del norte argentino a partir del complejo entramado de sus actores sociales, colocando especial énfasis en las características de la población de trabajadores de la ciudad de Salta hacia la década de 1860 1.

Durante la segunda mitad del siglo XIX los procesos de conformación del Estado y la expansión del mercado orientaron el desarrollo de la ciudad y le imprimieron nuevo vigor luego de los efectos de las guerras independentistas y civiles de la primera mitad de siglo2. Durante este período comenzaron a delinearse políticas orientadas a lograr la inserción de la economía local en el mercado externo mediante el desarrollo de algunas manufacturas y la modernización de la mano de obra.

Abordar el estudio del trabajo urbano, se hace intrincado por la diversidad y cantidad de actores involucrados; éstos diferían en orígenes, composición étnica y especialmente en los rubros y oficios, lo que implicó prácticas y formas de organización del trabajo diferentes; por ende, los abordaremos a partir de tendencias generales observadas en las modalidades que se configuraron en torno a cuatro grandes esferas: en el ámbito de las curtiembres; de la producción artesanal; del comercio y las actividades de provisión de insumos básicos.  Por otra parte el amplísimo espectro de fuentes para la consulta, en el caso de Salta resulta disperso y fragmentario. En esta oportunidad privilegiamos el análisis de fuentes censales, como es el caso del censo provincial de 1865, ya que ofrece la posibilidad de iniciar de forma sistemática una visión sobre la composición de los trabajadores de la ciudad. En este sentido es preciso señalar que se trata de un trabajo de carácter empírico y quizás sólo muestre una suerte de "fotografía instantánea" del tema en cuestión3.

El estudio dedica un primer apartado en el que particularizamos el análisis del Censo provincial de 1865, desde la perspectiva planteada por Hernán Otero, quien señala que: "...El aparato estadístico actuó definiendo matrices mentales y discursivas que desempeñaron un rol simbólico importante en la creación de una determinada imagen de la sociedad y de la nación..."4  Es decir, que examinaremos las diferentes variables a partir de las cuales se relevó la información contenida en esta fuente y algunas "marcas ideológicas" que permiten observar al censo como una de las herramientas empleadas por las elites locales para imprimir una imagen de la sociedad salteña de la segunda mitad del siglo XIX.

Nuestra unidad de análisis: La ciudad de Salta

Contexto histórico:

Para comprender el espacio y la sociedad que lo habitó durante las ultimas décadas del siglo XIX, consideramos relevante poner de manifiesto algunas características de la ciudad de Salta.

Emplazada al norte del Valle de Lerma y "cercada" por cordones montañosos de orientación Norte-Sur, los cuales disminuyen en altura en dirección Oeste a Este5, la ciudad fue fundada en tiempos coloniales(1582) para luego constituirse en un mercado de nutrido movimiento comercial, ya que se ubicaba sobre los caminos que conectaban a las "provincias del sur" con los mercados altoperuanos. El comercio de ganado en particular, había contribuido a otorgarle una destacable fisonomía mercantil, pues los centros de reunión para la compra-venta de ganado o los lugares de invernada de las mulas se ubicaban en puntos muy cercanos a la ciudad.

En los albores del siglo XIX Salta se vio afectada profundamente por los conflictos ocasionados durante el proceso independista, puesto que constituyó un punto de avanzada y campo de batalla. En tal sentido la actividad comercial se vio afectada durante el período bélico, sin embargo logró perdurar mediante una lenta reorganización sobre las bases del antiguo circuito mercantil 6; aunque se constituyó en una suerte de periferia del nuevo espacio económico mercantil, en un doble sentido: como periferia del mercado del Litoral vinculado con el Atlántico y como periferia del nuevo espacio económico andino resultante de ese proceso. La nueva coyuntura ofreció limitadas posibilidades para la colocación de los productos urbanos, tales como las manufacturas del cuero, aunque era la única vía posible en la obtención de metálico. En este sentido Salta no pudo escapar a la tendencia marcada en diversas regiones del interior argentino, en las que la vinculación de la producción regional con el mercado europeo a través del puerto de Buenos Aires, trajo aparejado una situación de competencia desfavorable para algunos productos locales respecto a los precios bajos y la mejor calidad de los bienes importados 7.

Así la impronta comercial heredada del pasado colonial determinó en gran medida las bases económicas del poder político de las "elites" locales; quienes se apoyaron sobre una base constituida por el prestigio social, los negocios y el acceso a las estructuras políticas locales8. Estos grupos de los que formaban parte hacendados y particularmente grandes comerciantes, extendieron su influencia hacia el resto de la sociedad urbana a partir del control local de sus actividades laborales especialmente.

La dinámica demográfica de la ciudad:

A principios del siglo XIX la dimensión poblacional de la ciudad era reducida en relación a otras urbes como Buenos Aires9. Sin embargo, dentro de la región del NOA, Salta constituyó una de las aglomeraciones más importantes y comportó el ritmo de crecimiento de las ciudades capitales de la región, con pendientes positivas y de ritmo acusado10, particularmente durante la segunda mitad de esa centuria.

Los estudios de población durante la primera del siglo se hicieron a partir de dos estimaciones de individuos de la época, pues se extraviaron las fuentes censales del período. Al respecto, Cecilia Mercado indica, según los referentes antes mencionados, que la población de la ciudad era de 5.000 habitantes hacia 1800 y de 8000 en 185011. La tendencia se manifiesta positiva  aunque es probable que durante el transcurso de los conflictos bélicos hayan existido importantes variaciones, como se puede apreciar en la cercana ciudad de Jujuy12.

Durante la segunda mitad del Siglo XIX, la ciudad mantuvo su ritmo creciente de población, pues el censo provincial de 1865 indica que la población alcanzó los 9703 habitantes13. Aquí se presenta una leve discordancia con las estimaciones de Cecilia Mercado que refieren una población de 10.286 habitantes para el año 186314. A fines de esta década contamos con la información que brinda el primer censo nacional (1869), que manifiesta que la población de Salta había alcanzado los 11.716 habitantes. Lo cierto es que a partir de 1850 el ritmo de crecimiento urbano se incrementa y acelera en relación a la primera mitad del siglo XIX.

Cuadro N°1

Evolución de la población de la ciudad de Salta 1800 - 1869

(a-b-c-e) Fuente: MERCADO, CeciliaOb Cit. Página 25

(a) Datos de Mariano Moscoso. (Maeder 1965); (b) Informe de Manuel Castellanos (Maeder, 1965; (c) Cifra estimada por Cecilia Mercado; (d)AHS. Censo de la Provincia de Salta de 1865; (e) 1° Censo de la Rep. Argentina.

 Tendencias en la distribución de la población:

Como la mayoría de las ciudades americanas que emergieron durante el período colonial, Salta organizó su trazado según las pautas codificadas de la corona española. Desde principios del siglo XIX, las tendencias de ocupación del espacio urbano estuvieron orientadas especialmente sobre las zonas sur y oeste de la ciudad15; y las tendencias adoptadas en la distribución barrial siguieron criterios socio ocupacionales y étnicos, como se verá más adelante.

El sitio donde se emplazó la ciudad contaba con tres divisorias de aguas que contribuyeron a delinear los límites del emplazamiento urbano y la distribución socioeconómica de los habitantes, especialmente la divisoria del Este, conformada por tres tagaretes que cruzaban la ciudad siguiendo el sentido de la pendiente del Valle, para desagüar en una zanja que constituía la "reunión de los Tagaretes, cuyas aguas salen al encuentro del Río Arias. Tales cauces de agua actuaron como una suerte de línea de demarcación simbólica en las tendencias de distribución socio económica de la ciudad.

Las dimensiones que Salta había adquirido a principios del Siglo XIX, llevó a las autoridades locales a subdividirla en siete "barrios", los cuales probablemente dieron origen a algunos de los cuarteles sobre los que posteriormente se relevó el censo de 1865. Es probable que el criterio funcional de división de las autoridades no coincidiera con los que a la larga se consolidaron en el imaginario social; en donde siguió vigente la cuatripartita demarcación colonial. Bernardo Frías ofrece algunas pistas acerca de la composición social de cada barrio; ello, sumado a la información que brinda el censo nos permitió delinear el siguiente cuadro:

El Barrio Central: rodeaba la plaza y se extendía tres manzanas hacia el este; si bien en él se emplazaban los edificios públicos de la comunidad, constituía el recinto aristocrático y rico, allí las viviendas y demás construcciones eran "espaciosas y alegres" según las impresiones de Temple16 construidas de piedra, ladrillo y adobes, con techos de tejas17 . A principios del siglo XIX comenzaron a levantarse las primeras casas de dos pisos, "o de alto", la parte superior era destinada para alquiler a los numerosos forasteros y los pisos bajos para el establecimiento de tiendas y almacenes18  que constituían las casas comerciales de mayor jerarquía.

El Barrio de la Banda: según las impresiones de Bernardo Frias se trataba de "verdadero barrio de artesanos, no se oía más que el golpe del martillo sobre las suelas de las numerosas talabarterías"19. Los talleres se agrupaban especialmente en la calle de las artes y en el interior de los mismos se tejían vínculos de sociabilidad doméstica, semiprivada a partir de la convivencia de la familia del maestro artesano junto a sus oficiales y aprendices 20.

El Barrio de Abajo: poblado con abundancia de negros y mulatos. "Allí vivían las mejores empanaderas y esclavas", el barrio terminaba en un campo abierto que daba al camino de las carretas.

 El Barrio de Arriba: fue hogar de cholos, en donde residían las familias de "segundo pelo", de escasos recursos que remataban el barrio en quintas.

Los dos últimos eran barrios pobres, y según las descripciones de Frías, las viviendas eran  silenciosas de día y bulliciosas de noche, por las numerosas fiestas de sus propietarios "calaveras". Aún en tiempos tardíos se perciben algunas peculiaridades pintorescas de localidades pequeñas, como aquellas que hacían fácilmente legible la vida de los habitantes más cercanos, es decir que todos parecían conocer la vida y milagro de sus vecinos; al punto de conocer al dedillo los precios de venta de algún comerciante competidor, la falta de necesidad de especificar en los testamentos el nombre completo de algún deudor o bien el de ubicar ciertos establecimientos no por el nombre de las calles sino a partir de su relación con ciertas casas de familias.

Hacia 1860 el censo provincial permite observar que el corazón de la ciudad nucleado alrededor de la plaza, constituía el centro de gravitación de la densidad poblacional y por lo tanto de casas y familias (según lo indican los cuadernos número uno, dos y seis, que atravesaban la ciudad en sentido este a oeste). Más allá de este radio y en dirección al sur, el sexto cuaderno en particular es el que registra una mayor concentración de personas (véase Gráfico 1). Al confrontar los datos que brinda el plano de la ciudad de Salta de 1807, con la información recabada del censo es posible observar que la tendencia de ocupación de la ciudad se realizó desde el corazón de la ciudad hacia el sur.  (Véase plano de la ciudad de Salta al final del artículo)

Es pertinente señalar que tanto las ocupaciones comerciales y artesanales manifiestan un franco declive a medida que se alejan del corazón de la ciudad y en los suburbios en donde la densidad de población era muy baja, sólo se registraron actividades vinculadas a la vida rural 21.

Apuntes sobre las fuentes:

Si bien la información del censo efectuado por la Provincia de Salta peca de variadas imprecisiones y la recolección de los datos implicó más de un año de trabajo censal, su valor reside en el hecho de ser la única fuente censal del siglo XIX que se logró rescatar, para esta ciudad, anterior al 1° censo Nacional de 1869.

 Los datos correspondientes al departamento de la ciudad capital están contenidos en diez cuadernos22. Los tres primeros corresponden al partido Catedral, los cuales constituyen el corazón de la ciudad; desde el cuarto al séptimo al partido Capital, y forman parte del núcleo urbano, el octavo releva información del Partido de la Cruz, el noveno al Partido de Velarde, ambos recogen información de los suburbios de la ciudad  y el décimo cuaderno pertenece al partido de Buena Vista, cuya población era la más alejada al núcleo urbano, pues releva información de ranchos y casas dispersos en fincas como las de Castañares, Castellanos y San Lorenzo.

El relevamiento de la población se efectuó a partir de una grilla general, para toda la provincia, que permite conocer los aspectos de la población típicos de la información estadística; al respecto es significativo destacar que conserva los criterios propios de los antiguos padrones censales:

La información volcada revela que las preocupaciones de las autoridades locales por la población de la ciudad excedieron los requerimientos formales de la grilla; así es como en el rubro referente a observaciones se incluyó información sobre la composición étnica y la salud de la población.

En el cuaderno que corresponde al octavo cuartel, figura una suerte de instructivo que ejemplifica el modo en que el "comisionado" debía relevar la información del censo, ello permitió comprender el sentido de algunas abreviaturas contenidas en las grillas 23; por otra parte, los modos en que los censistas llenaron cada celda nos permitió obtener ciertas apreciaciones sobre las miradas vigentes sobre la sociedad urbana de ese entonces, y más aún, las rivalidades existentes entre actores de cierta relevancia política y económica. Ello nos lleva a corroborar la idea planteada por Hernán Otero cuando se refiere a los sentidos que adquirieron las fuentes censales: "...La estadística estuvo llamada a desempeñar un rol fundamental en la imagen que los Estados dieron de sí mismos y de las poblaciones dinámicas y heterogéneas que albergaban en sus fronteras...."24 de allí la necesidad de analizar "... la matriz intelectual subyacente en los censos y de los efectos que en las interpretaciones censales tuvo la elección de determinadas formas de medir y de pensar el proceso social argentino..." 25.

 En este sentido y como primer paso para abordar esta perspectiva de análisis consideramos oportunas algunas observaciones sobre cada una de las variables contenidas en la grilla que componen el censo:

Ubicación: Esta variable permite conocer de forma aproximada pero no precisa la residencia de las personas pues sólo se consigna la calle. Aquí también se indica el tipo de edificación de las viviendas: las más frecuentes eran las casas con techo de "quincho" (consignadas con la letra: R) y las casas techadas con tejas (C); (algunas iniciales empleadas, tales como CA, CAA o bien AA, aún nos resultan confusas.). Cabe señalar que la numeración de las casas no corresponde a una numeración vigente en la ciudad, sino a una numeración efectuada en forma consecutiva por parte del censista. El cruce de la información contenida en la variable calle y ocupación permitió realizar algunas aproximaciones respecto a la distribución socio-ocupacional dentro de la ciudad.

Respecto al nombre y apellido: esta variable permite conocer la identidad de las personas, dato que en apariencia puede ser considerado "objetivo", sin embargo se observó que a medida que disminuía el status socioeconómico de las personas eran mas frecuentes los casos de individuos consignados como anónimos, o aquellos que sólo llevaban el nombre de pila (en especial las mujeres y niños de los suburbio urbanos).

Respecto a las familias: Los censistas efectuaron una enumeración consecutiva de las familias que detectaban, los criterios para identificar a cada grupo familiar no resultan del todo claro, puesto que los censistas no explicitaron el lazo de parentesco entre los integrantes de cada núcleo. Ello indica un cambio en el relevamiento estadístico, respecto a la consideración otorgada a la composición de las familias en relación a los padrones censales del siglo XIX de localidades muy próximas26.

El instructivo indica que en primer lugar debía ser censado el jefe del hogar, su esposa, hijos y demás parientes y finalmente el personal a cargo, resulta bastante arriesgado inferir la composición de los grupos familiares; Sin embargo se pudo observar que dentro entre los sectores populares abundaron las casas familiares múltiples, de acuerdo a los criterios de clasificación de Laslett27. Los sirvientes estuvieron sujetos a la jurisdicción del jefe de la casa y frecuentemente llevaban el apellido del empleador28.

La visión parcializada de quienes relevaban la información estadística puede detectarse en los modos de hacerlo; tal el caso de los registros que dan cuenta del estado civil de las personas donde sólo se consignaron las categorías consideradas oficialmente legítimas: casado, soltero, viudo; sin embargo, es posible detectar algunas "uniones de hecho", aunque sin ningún grado de certeza al respecto. Por otra parte, fue quizás el interés en considerar a la ciudad en relación al mundo lo que llevó a los censistas a consignar en la variable que da cuenta del lugar de origen de los habitantes, sólo los casos de migraciones interprovinciales y con otros países; omitiéndose mencionar las provenientes del interior de la provincia, por lo cual es imposible detectar movimientos migratorios internos entre zonas rurales y urbanas, por ejemplo.

Por otra parte, el rubro que da cuenta de la religiosa sólo menciona a quienes profesaban la fe católica y se omitió mencionar otros cultos y solo consignaron "no", es decir que no era católico29. También se consideró el grado de Instrucción de los habitantes, es decir si sabían leer y si sabían escribir, también se señalaron algunos casos de personas que fueron consignadas como estudiantes en el rubro Ocupaciones30.

Dentro del espacio reservado a las observaciones se consignaron variables de sumo interés para el estudio de la población como el carácter étnico y algunas notas sobre vacunación y otros datos de salud de toda la población; también quedaron registrados  los motivos de la ausencia de algunas personas que habitualmente convivían con el resto de los censados.

Esta información permitió observar que las únicas categorías étnicas registradas fueron: Blancos, mestizos, indios y negros.

La información relacionada con la salud incluía datos sobre la vacunación de las personas, probablemente contra la varicela (anti varicolea) y algunas características físicas visibles y evidentes, que llamaban la atención del censista, así agrupamos las siguientes:

* Discapacidades físicas: tales como mudos, sordos, ciegos, cojos o rengos, tuertos paralíticos, inválidos y tullidos.

* Enfermedades de carácter psicofísicas: opas, locas, sonsos, tontos, gálicos.

* Mutaciones: manco.

* Enfermedades endémicas de la región como el bocio, (conocida como "coto").

* Rasgos físicos llamativos: con suchos (resabio de alguna enfermedad como la varicela o la viruela) mellizos, ñatos y enfermos.

Es notorio que los criterios empleados por los censista no se relevaron según parámetros médicos sino según la cosmovisión prevaleciente en la comunidad.

De la lectura del conjunto de variables se observa que la información contenida en el censo se relevó según la mirada del censista y no sobre el criterio de autodefinición de las personas. En la medida en que se descendía en el estatus social de los encuestados, aumenta el silencio y por ende la desinformación, es decir que las posibilidades de referirse sobre ellos mismos menguaban.

Respecto a la profesión de las personas:

 Las ocupaciones u oficios de los habitantes de la ciudad nos permiten visualizar la características de la actividad económica, así como también los patrones de convivencia entre trabajadores y patrones y nos dan indicios para pensar en un espacio urbano con fuertes rasgos precapitalistas. La agrupación de las ocupaciones supone siempre la adopción de criterios que necesariamente tienen limitaciones y que implican opciones restrictivas de la información. En este caso hemos tratado de utilizar una clasificación que nos permita conocer al estructura ocupacional y perfilar la estratificación social.

Debido al amplio espectro de oficios que desempeñaban los habitantes de la ciudad, hemos delineado 15 categorías en las que se detallan los oficios que la componen; tales categorías permiten dar cuenta de la heterogeneidad de las actividades que hacen a la vida urbana:

1.- Esfera comercial: El censo da cuenta de las siguientes categorías comerciales: comerciante, almacenero, revendedor, placera, pulpero, bolichero y cigarrero. Ellas incluyen tanto a los grandes comerciantes que conformaron parte de las elites, como aquellos que tenían pequeñas tiendas o pulperías, a comerciantes residentes y con establecimiento propio, como aquellos que llevaban una vida itinerante debido a su oficio. El conjunto de integrantes de esta corporación se convirtió en el elemento central y distintivo del escenario urbano, pues convirtieron a la ciudad en la base para sus operaciones de diversa escala.

2.- Esfera artesanal: en este rubro incluimos los siguientes oficios: platero, lomillero, albañil, sastre, herrero, zapatero, curtidor, carpintero, fundidor, pintor, relojero, latero, sombrerero, talabartero, peinetero, riendero, molinero y blanqueador. Si bien desde tiempos coloniales en España como en América los oficios de mujeres fueron excluidos de los gremios artesanales, optamos por incluir aquí las ocupaciones de costurera, ollera, e hilandera, pues se trata de trabajo manual estrechamente ligado a las artesanías textiles, aunque carezcan del modo de organización gremial.

3.- Abastecimiento de Insumos básicos: En este rubro se incluye una heterogénea variedad de individuos, algunos de poca especialización laboral, aunque todos ellos estuvieron abocados a la producción y venta al menudeo principalmente de productos de consumo urbano básico, sus ocupaciones eran las de: abastecedor, panadero, carnicero, aguador, leñatero, amasandera, empanadera, lechera, chichera, confitera, chocolatero.

4.- Actividades Domésticas: En este rubro incluimos al extenso contingente de individuos abocados a las actividades de servicio doméstico, es decir que trabajaban en el ámbito de lo privado, es probablemente en este rubro donde se identifiquen con mayor claridad relaciones de trabajo de tipo precapitalista. Dentro de esta esfera podemos deslindar dos subgrupos:

* Los que trabajan en relación de dependencia con una familia; trabajan y viven dentro del ámbito núcleo familiar del empleador, tales como sirvientes, cocineros, amas, nodrizas y caceros. En algunos casos los sirvientes son identificados con el apellido de la familia a la que sirven.

* Los que trabajan para una o varias familias fuera del ámbito del hogar; efectúan labores que implican cierta especialización, además trabajan y viven fuera del hogar que los emplea, ellas son las planchadoras y lavanderas. Se trata de oficios netamente femeninos, sin embargo se detectaron siete lavanderos son varones, tres son niños y fueron contabilizados en el oficio de sus madres, pero el resto eran hombres que se ocuparon como lavanderos. Un planchador hombre también.

5.-  Esfera ilegal: quizás la heterogeneidad de las personas involucradas en este rubro merezca denominarlo con el apelativo de "varios", sin embargo, todos ellos lindan con la promiscuidad, y aquellas actividades ilícitamente consideradas: Así aparecen ocupaciones como el de "traviata", ejercido por mujeres en los suburbios de la ciudad, tampoco sabemos qué atributos las distingue de la única prostituta consignada. Aunque con características diferentes también incluimos aquí aquellas mujeres mencionadas como "hembras de..."algún personaje de prestigio de la época, en esta oportunidad la peyorativa visión machista se entremezcla con probables rivalidades políticas que pretenden dejar a la luz las relaciones ilícitas de los integrantes de facciones políticas adversarias; al respecto cabe mencionar la alusión a la ocupación de Ladrón asignada a distinguidas familias de comerciantes de la época. Finalmente incluimos también la categoría de Jugador.

Dentro de este rubro también incluimos algunas actividades que nos resultan aún difícilmente catalogables tal como la de: Enamorado pues desconocemos el sentido atribuido a esta posible actividad. En un plano diferente y actuando en una esfera plenamente marginal y claramente ligados a la indigencia incluimos a los pordioseros y aquellos casos aislados de actividades que por los daños sufridos por las fuentes no pudieron ser identificados. En resumen se trata de un grupo extremadamente reducido como heterogéneo y ligado a las actividades consideradas  socialmente ilícitas.

6.- Profesionales: Rubro integrado por abogados, escribanos, procuradores, Notario, quienes se vincularon estrechamente con actividades político administrativas; por otra parte incluimos a médicos, enfermeros y barberos a pesar que estos últimos no tuviesen estudios de grado específicos y finalmente los profesionales que comenzaron a surgir con los adelantos propios del desarrollo tecnológico: impresores y fotógrafos.

7.- Dependientes: los rubros que integraban esta categoría mantuvieron relaciones laborales de carácter precapitalista, tal el caso de: empleados, dependientes y changador. Las dos primeras ocupaciones solían convivir con la familia del empleador y guardaban algunas características del aprendiz en el sentido gremial.

8.- Educación: Optamos por distinguir por aparte este grupo debido a que su calificación y modo de integración social especialmente no es comparable al rubro de los otros profesionales: maestro, estudiante, educando, preceptor, celador, director. También decidimos incluir en este apartado a quienes se dedicaban a las actividades artísticas tales como: músico, cantores, artistas, retratistas y tambores.

9.- Corporaciones: este rubro fue subdividido en dos sectores: por un lado incluimos a quienes formaban parte de las milicias: tanto a los soldados como a quienes componían la jerarquía militar y por otra parte agrupamos también al contingente que compone la amplia gama de la jerarquía eclesiástica.

10- Rurales: Si bien se trata de una aglomeración urbana, las actividades rurales están presentes; en especial aparecen en los distritos de los suburbios en donde los límites de lo urbano se confunden con lo rural, en este caso incluimos dentro en el mismo grupo a propietarios y trabajadores rurales: hacendados, estancieros, quinteros, peones, jornaleros, labradores, troperos, arrieros, peineteros y poceros.

11.- Alquiler de viviendas: La interpretación de esta categoría nos crea dudas pues incluye a Propietarios e inquilinos, estos últimos son registrados como si esa fuese la ocupación de la cual viven y no una condición como residente. Llamativamente el número de inquilinos registrado es mucho menor que el de propietarios, lo cual indicaría que se trata de personas sobre las que el censista tuvo problemas para identificar sus medios de vida y optó por mencionarla bajo esta condición. Respecto a los propietarios también se trata de un rubro que crea dudas pues incluye a un grupo de individuos que bien podría pertenecer a los estratos más altos de la sociedad, siendo su actividad la de un "rentista"; sin embargo, en algunos casos parece simplemente referir el hecho de ser propietario de la vivienda en que reside frente a otros habitantes de la misma supuestamente inquilinos.

12- Administración: Alguacil, comisario, alcalde, vigilante, rematador, edecán, aduanero, alumbrador, ordenanza, alférez, escribiente, correo, sereno.

13.- Viajantes: Optamos por considerar a este grupo por aparte pues se trata de individuos que se encontraban en tránsito por la ciudad sin que quede en claro el tipo de actividad que desarrollaban y lo prolongado de su permanencia.

La composición de la población urbana según sus actividades económicas estaba distribuida de la siguiente forma (véase gráfico 2)

Resulta llamativo observar que el 40% de la población activa se dedicaba a las distintas actividades domésticas; en este sentido es importante recalcar aquí que el rubro que nucleaba mayor cantidad de personas era el de la "servidumbre", aquí es preciso señalar que figuran dentro del rubro todos aquellos que fueron así consignados, incluidos los niños y familiares del personal de servicio.

Los sectores correspondientes a artesanos y comerciantes agruparon a un importante contingente de trabajadores, sin embargo es preciso señalar que en ambos casos cada corporación estaba jerárquicamente organizada y sólo una  minoría de comerciantes detentó poder político económico. En el caso del sector artesanal (21% de la población con ocupación identificada) los modos de relaciones que entablaron guardaban aún, una estrecha relación  con las formas de organización gremial de tipo medieval31.

 

El trabajo femenino:

El análisis de la composición del trabajo femenino indica que la mayoría de las mujeres volcaron sus actividades al campo productivo y actuaron como cuentapropistas, con un grado de relativa independencia respecto al empleador; la mayor parte de ellas se abocaron a las actividades textiles, dentro de la esfera artesanal. (véase gráfico 3)

El contingente que ocupó un segundo lugar en cantidad de trabajadoras fue el de carácter doméstico, con la particularidad de no estar integradas al grupo familiar de los empleadores, las profesiones mas extendidas fueron las de lavanderas y planchadoras.

En el rubro comercial conformaron una considerable porción de la población de comerciantes (véase Gráfico 4); sin embargo integraron los rubros de menor consideración social y peso económico, la mayoría de ellas fueron placeras, revendedoras y pulperas; en los dos primeros casos la venta era de carácter ambulante en lugares públicos. (véase el gráfico 5)

 

Algunos apuntes sobre las actividades comerciales:

El desarrollo comercial y la difusión de establecimientos abocados a este rubro son indicadores del dinamismo económico de la ciudad, como así también de la intensa potencialidad de la sociabilidad urbana.

Los comerciantes pueden clasificarse en dos grandes rubros, aquellos comerciantes itinerantes, y los considerados "mercaderes", según los criterios de Catherine Lugar, es decir aquellos que operaban desde diversos tipos de "casas comerciales", las cuales, además de ocupar un espacio físico, eran empresas particulares donde se agrupaban variadas actividades mercantiles y financieras, y fue el fundamento de diversas formas de negociar en el ámbito de lo privado32. El conjunto de establecimientos así entendidos, estaba compuesto por una variedad de negocios que se diferenciaban entre sí por los montos con que operaban y por ende los alcances de sus actividades mercantiles, los tipos de productos que expendían y los diferentes roles de sociabilidad que cumplían; así en Salta operaban Tiendas, Almacenes, Boticas, Boliches y Pulperías. Resulta notorio destacar que a pesar de haberse encontrado establecimientos de café y distintos tipos de lugares de reunión de concurrencia pública masculina, estos no aparecen en el censo, sus propietarios quizás fueron considerados dentro del amplio grupo de comerciantes. Por otra parte, ello se condice con la imagen de sociedad recatada y laboriosa que las autoridades provinciales pretendían mostrar al exterior, tal como puede apreciarse en los discursos de la época.

Entre los comerciantes operaba una jerarquía determinada por la capacidad de la empresa mercantil y la posición socioeconómica del comerciante33. La condición de tendero la ejercieron, individuos blancos, grandes comerciantes que se abocaron a todas las gamas a las que la actividad mercantil les permitía acceder; disponían de variadas capacidades de inversión, pues además de ofrecer artículos al mayoreo, provenientes de circuitos comerciales regionales o interregionales, combinaron sus negocios con algunos de carácter financiero como el de ser prestamistas de importantes montos de capital, o bien, apoderados de otros mercaderes de igual o menor categoría34.

El grado de inserción en el mercado urbano las convirtió en puntos clave para comprender el entramado socioeconómico urbano; pues, concentradas en el corazón de la ciudad35  (véase Gráfico 6), las tiendas ofertaban un amplio abanico de mercaderías destinadas al comercio mayorista preferentemente, de los cuales los efectos de ultramar constituían el grueso de los artículos de oferta, seguidos por efectos del país provenientes del comercio regional36. Ello les permitió abastecer a pequeñas pulperías y talleres artesanales, y en ocasiones ofrecieron los productos manufacturados de los talleres37.

El  gráfico 6 indica que dentro de la ciudad operaron criterios jerárquicos de carácter socioeconómico en las pautas de distribución espacial de los establecimientos comerciales, por supuesto que ello se planteó así por la estrecha vinculación que el comercio tiene con la composición de la clientela y de los integrantes del sector mismo.

A lo largo del siglo XIX y aún en 1865 las pulperías superaron el volumen de las tiendas (véase Gráfico 7), ambas alcanzaron un significativo peso en los mercados urbanos, especialmente en el abasto público; sin embargo, la esfera de las decisiones y por lo tanto del control político dentro del sector, estuvo en manos de los grandes comerciantes representados en el Tribunal Mercantil38, especialmente aquellos que formaron parte del poder político39.

La heterogeneidad de esta corporación también puede analizarse si se tiene en cuenta el tipo de actividad comercial que ejercía cada uno de sus integrantes. Así el gráfico 7 indica los diferentes rubros de actividades y establecimientos comerciales que operaban en la ciudad; de el se desprende la visión de una esfera económica profundamente jerarquizada, en cuya reducida cúspide se ubicaron los tenderos y algunos comerciantes. El rubro que constituye el grueso de esta población es el de comerciantes, muchos de ellos tuvieron su residencia en la ciudad pero llevaron una vida itinerante. La importante proporción de placeras (superior a la de los pulperos) es un interesante indicador de la intensidad de los intercambios al menudeo dentro del radio urbano.

Por otra parte, si focalizamos el estudio hacia el interior de cada uno los rubros del gráfico es posible observar que en cada uno de ellos operaban fuertes criterios jerárquicos que nos devuelven la visión de una sociedad teñida de gran heterogeneidad; un ejemplo de ello es el caso del rubro de las pulperías.

 

Acerca de las pulperías.

Pilar Gonzalez Bernaldo40  señala que los establecimientos de "Pulperías" provienen de dos tradiciones que se remiten a tipos de prácticas diferentes: Lugar de sociabilidad popular presuntamente originado en una costumbre americana, autóctona, de beber en público. O bien, lugar de intercambio ligado al mundo de los conquistadores y que no implica forzosamente un ámbito de encuentro.

La pulpería tal como la encontramos en Salta durante el siglo XIX, corresponde a las dos definiciones: despacho de bebidas y casa de venta al menudeo al mismo tiempo; a los ojos de las autoridades las pulperías se inscribieron especialmente en la tradición de la sociabilidad de las tabernas, lo cual supone un tipo de control y represión específico, que poco lograron para erradicarlas como centros de sociabilidad popular; sin embargo la tradición hispana también fue contemplada en términos fiscales. Fueron las necesidades del fisco, precisamente, las que delimitaron el concepto de pulpería y lo que debía venderse en ellas: establecimientos minoristas41 donde se expendía artículos agrupados en tres rubros: bebidas alcohólicas para el consumo en el lugar o bien "para llevar" en pequeñas cantidades, efectos de ultramar por escaso capital y especialmente efectos del país, excepto frutas, verduras y leña, expendidos por vendedores ambulantes. También ofrecían artículos manufacturados a nivel local, como velas, jabón, harinas, pan y quesos. Sus dimensiones edilicias variaban desde cuartos con mostrador y mesas para la atención al público, hasta pequeños espacios en los umbrales de modestas casas42

Los pulperos provenían de estratos sociales diferentes al de los mayoristas, el censo registra un número mayor de "mestizos" en esta categoría y al analizar las listas nominativas de pulperos, ninguno figura entre los apellidos emparentados con las elites locales y por otra parte, sólo un reducido número de propietarios de pulperías pertenecía al grupo de los importantes comerciantes que componía la matrícula de integrantes del Tribunal de Comercio.

Engranaje clave dentro del sistema socioeconómico local; el pulpero gozaba de cierta relevancia ante los ojos de la comunidad menos pudiente, ya que podía vender de fiado artículos básicos de consumo y otorgar pequeños préstamos43. Estas operaciones, consideradas como el último eslabón de las formas de crédito mercantil, eran por montos reducidos, efectuadas con total informalidad, manuscritas y sin membrete. La consideración del pulpero "benefactor" al momento de otorgar el préstamo, decaía a la hora de reclamar a los morosos, siendo objeto de bromas e improperios44.

Por su tradición de sociabilidad popular las pulperías fueron identificadas por las autoridades como espacios de dudosa reputación y prohibieron la entrada de los "hijos de buenas familias"; las peor consideradas fueron las periféricas, frecuentadas por "vagos y mal entretenidos", donde se ejercían actividades ilícitas, tales como el tráfico de objetos hurtados, casa de empeño, juegos de envite o la promiscuidad45.

 

Apuntes sobre la actividad artesanal:

 La figura del artesano puede definirse de acuerdo a los criterios de David Sowell46, desde el punto de vista de la producción y según criterios europeos, artesano es aquel que ejerce su labor como un trabajador calificado, y que además"…gana su pan diario con el trabajo de sus manos; tiene un taller público y está involucrado en la comercialización de sus productos" 47. En el contexto hispanoamericano, tal concepción se adscribe también a una posición social y el estigma de carácter cultural del trabajo manual; así es que tales labores fueron socialmente consideradas como una forma poco honorable de ganarse la vida. Es decir que el trabajo manual traía consigo un estigma, que forjaba sobre los artesanos una obscura identidad en oposición a aquellos que se creían por encima de tales faenas.

La conceptualización del artesano se extiende así del campo económico al sociocultural y familiar, pues estos contingentes de individuos que trabajaban como "artífices con destrezas", compartían no sólo patrones de trabajo sino también experiencias de vida, la pertenencia a los gremios, la posición social y las prácticas culturales.

Los artesanos, trabajadores calificados, adquirían sus habilidades en un lento proceso de aprendizaje, que les proporcionaba un mediano status social, un grado económico e independencia social, especialmente a los maestros. Las modalidades de organización de la estructura artesanal, heredadas de  la colonia y de lejanos tiempos feudales, continuaron vigentes en el espacio latinoamericano, durante la primera mitad del siglo XIX, por ello encontramos a maestros, oficiales y aprendices participando de los procesos de trabajo. Dentro de esta estructura el maestro constituía el engranaje clave que posibilita el vínculo con el ámbito comercial, debido a la necesidad de proveerse de insumos y vender sus productos; por lo cual establecieron fuertes contactos con los tenderos y pulperos de la ciudad48.

El conjunto de los sectores artesanales constituyó una considerable parte de la sociedad y los rubros que alcanzaron mayor desarrollo en cantidad de integrantes fueron los correspondientes al textil, (téngase en cuenta la incorporación de las mujeres) y en segundo lugar la producción de cueros: alentados por la demanda de carácter interregional (en este ámbito hacia donde se volcó la producción manufacturera); y fueron seguidos por los rubros de construcción y mobiliario: que crecieron según el ritmo de la ciudad. En las márgenes de la ciudad se ubicaron los establecimientos productores de ladrillos y tejas, elaborados con materiales provenientes de localidades muy cercanas. Dentro del ámbito de la construcción, los oficios más numerosos eran los ejercidos por carpinteros y albañiles y luego los pintores. En estos grandes rubros encontramos profesiones muy humildes y numerosas, como las de zapateros y albañiles; entre ellos se registró la mayor cantidad mestizos.

Otras profesiones fueron de gran demanda y prestigio como los herreros, y plateros, estos últimos especialmente gozaron de notable reputación entre las élites, pues empleaban gran maestría en el revestimiento de los utensilios y adornos que los diferenciaba del resto de la sociedad.

En el rubro considerados como "otros", en el gráfico 8, se incluyeron cesteros y olleras, en este caso la producción estuvo en manos de mujeres especialmente. Si bien, ellas estuvieron excluidas de los gremios artesanales, de acuerdo a las pautas fijadas por la tradición española, el trabajo de cesteras y oyeras estuvo a cargo de manos femeninas especialmente, sin embargo su incorporación en los "gremios tradicionales"  fue paulatina y vinculada a lazos de parentesco.

De acuerdo a las leyes coloniales, sólo los españoles de pura sangre podían conformar los gremios. La realidad indica que en más de una región mestizos, mulatos e indígenas regularmente se unieron a los gremios49. Así el factor étnico, que impregnaba todas las relaciones entre los grupos humanos, también fue un elemento presente en la composición y consideración del sector; así hacia 1865 el contingente de artesanos estaba compuesto por un setenta y uno por ciento de mestizos, un veintisiete por ciento de blancos y un dos por ciento de negros. Estos últimos se abocaron a diversas especialidades, especialmente las vinculadas al ámbito textil (sastres) y de la construcción (albañil).

Los indígenas son los grandes ausentes del censo, es muy probable que ello sea así por las razones que esgrime Otero cuando señala: que la licuación de indios y negros estuvo ligada a  las concepciones sobre el indio que prevalecían en la sociedad blanca, identificados como tales a partir de su capacidad militar y de su condición de enemigo real o potencial50.

Dentro del sector se mantuvo latente la difundida tendencia entre maestros, oficiales y aprendices de convivir en el taller del maestro, es por ello que la casa - taller era el ámbito de convergencia de la vida doméstica familiar, la vida laboral y de educación profesional del núcleo de artesanos51.

 

Como se habrá podido apreciar el trabajo realizado es primordialmente empírico y descriptivo, sin embargo del análisis de la documentación se desprende la idea de la ciudad como un lugar de poder, de allí la necesidad de comprenderla y controlarla. Acto que se ejerce desde la elaboración de las fuentes que dan cuenta de ella y delinean una imagen social, hasta las formas en que se proyectaron las relaciones económicas. Por otra parte, el análisis del censo de 1865 nos permite comprender la  heterogeneidad de la población  de trabajadores, y algunos rasgos sobre los modos que definieron sus relaciones. En ellas intervinieron diferentes criterios de distribución como los étnicos, de género, y lógicamente los estrictamente económicos.

La imagen que ofrece el censo es la de una ciudad que conserva aún los modos de organización artesanal del pasado colonial, aunque nuevos tintes "modernizantes" impregnan a esta ciudad, tales como la presencia de nuevas profesiones vinculadas a los "progresos" tecnológicos. Otro rasgo a destacar es el de la presencia femenina en todos los ámbitos y rubros de la vida laboral de la ciudad; aunque en carácter de subordinación respecto a las labores de los hombres.

Por último, el censo deja en claro el carácter netamente comercial de la sociedad, rasgo que logró mantener a pesar de las vicisitudes por las que atravesó la naciente república.

 

 

 

 

 

 

 

 


· Universidad Nacional de Jujuy. UNHIR y Universidad Nacional de Salta.

1 Las referencias historiográficas escasean durante esta etapa, aún en los tiempos que circunscriben a este período; lo cual dificulta la visión sobre los alcances de los cambios y las continuidades de los procesos experimentados por estos grupos sociales. Asimismo, el estudio de este sector social presenta una realidad bastante compleja y fragmentaria debido particularmente a la escasez de fuentes, las cuales lejos de expresar de modo directo las experiencias de estos sujetos, se hallan teñidas de los prejuicios propios de la época

2 Los conflictos bélicos afectaron los circuitos comerciales establecidos durante la colonia causando gran desorganización, por el quiebre del eje Potosí-Buenos Aires sobre el cual giraban las economías regionales que constituyeron el Virreinato del Río de la Plata hasta principios del siglo XIX.

3 Agradezco los aportes y cometarios del Dr Hernán Otero, a una primer versión de este trabajo.

4 OTERO, Hernán: Estadística censal y construcción de la Nación. El caso argentino, 1869-1914. Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr Emilio Ravignani" Tercera serie, N° 16 y 17. 2° semestre de 1997 y 1° de 1998.

5 El Valle de Lerma es una geoforma perteneciente a la provincia geológica Cordillera Oriental, al pie del flanco occidental de la actual sierra del Mojotoro, a una altura de 1187 msnm, en una planicie con una leve pendiente nw-se, ello es evidente por el sentido en que se desplazan las aguas para alcanzar cursos fluviales de mayor caudal, como el río Arias.

6 CONTI, Viviana: "El Noroeste Argentino como región histórica. Integración y desintegración regional. Estudios del país interior". Junta de Andalucía, Nº 1. Sevilla, 1992.

LANGER, Erick y CONTI, Viviana: "Circuitos comerciales tradicionales y cambio económico en los Andes Centromeridionales". En: Desarrollo Económico. IDES. VOL. 31. 1991

7 ROSAL, Miguel A.: "El Interior frente a Buenos Aires: flujos comerciales e integración económica, 1831-1850" en: Secuencia, Nueva Época, N° 31, 1995

8 Véase: MATA, Sara: "Comercio regional. Salta a comienzos del siglo XIX". En: Andes Nº 4. CEPIHA. UNSa. 2º Semestre. 1991

9 Hacia 1810 Buenos Aires contaba con una población de 44.371 habitantes. en: SOCOLOW, Susan y JOHNSON, Lyman: Población y espacio en el Buenos aires del Siglo XVIII, en Desarrollo Económico, Vol.20, num. 79, octubre - diciembre de 1980.

10 Véase: BOLEDA Mario: Ciudades del Noroeste Argentino, Buenos Aires, Alianza, 1999. Pp.45

11 MERCADO Cecilia: Algunas Cifras Atinentes a la Evolución Poblacional de la región NOA (Siglo XIX). En: GREDES. Grupo de Estudios Socio Demográficos. Universidad Nacional de Salta, Julio 1988. Pág. 25.

12 Véase: GIL MONTERO, Raquel: La ciudad de Jujuy y su campaña circundante: algunos aspectos de su población entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX. En: LAGOS Marcelo (Coord): Jujuy en la Historia. II. UNIHR UNJU. 1995. La autora indica que la ciudad de San Salvador de Jujuy contaba con 2250 habitantes hacia 1800, la cifra desciente considerablemente en 1812 a 1500 habitantes, a mediados de siglo ligeramente recupera las proporciones de 1800 y hacia 1869 San Salvador de Jujuy apenas alcanza los 3072 habitantes.

13 Consideramos valioso incluir las cifras del censo provincial puesto que curiosamente no fueron tomadas en cuenta por los estudios demográficos de la región.

14 MERCADO, Cecilia: Ob Cit.

15  CARETTA de GAUFFIN Gabriela y MARCHIONNI Marcelo: "Estructura urbana de Salta a fines del período Colonial" en: ANDES. Antropología e Historia. N° 7.CEPIHA, Salta, Argentina, 1995/96.

16  TEMPLE, Edmund: Córdoba, Tucumán, Salta y Jujuy en 1826. San Salvador de Jujuy, U.N.Ju. 1989.Pág. 121

17 SOLA Manuel: Memoria descriptiva de la provincia de Salta. 1888-1889. ed Mariano Moreno, Buenos Aires 1889.

18 VAN ROSEN, Eric: Un mundo que se va. San Salvador de Jujuy, U.N.Ju, 1990. Pág. 62.

19  FRIAS B.: Ob Cit.Pág. 35.

20  RASPI, Emma: :"Los talleres artesanales de los mercados urbanos salto-jujeños en la primera mitad del Siglo XIX".en: GAMEZ Moisés, Dalla Corte Gabriela, FERNANDEZ Sandra y ZEBERIO Blanca:"Familia, empresa y mercado en América Latina, siglos XVII-XX" Colegio de San Luis, IHES. México. En Prensa

21  Por este motivo cuando hacemos alusión a las diferentes actividades económicas sólo consideramos los datos de los cuadernos que dan cuenta del núcleo urbano, tal como podrá observarse más adelante.

22  Los cálculos se efectuaron a partir de los datos que ofrecen los cuadernos  y no sobre los cuarteles, puesto que la delimitación de estos últimos es poco precisa.

23  En las primeras páginas de los  cuadernillos N° 9 y 10  puede observarse un modelo explicado sobre el modo de llenar los distintos casilleros de la grilla. AHS C.P.S.  

24  Otero Ob Cit.

25  Ibídem.

26  En el caso de San Salvador de Jujuy los padrones censales efectuados para cada una de las décadas de la primera mitad del siglo XIX, indican los diferentes tipos de lazos familiares que unen a cada integrante del grupo familiar con la cabeza de familia.

27  LASLETT, Peter: La Historia de la Familia. En: GONZALBO, P.: Historia de la Familia. México, UNAM, Instituto Mora. 1993.

28  Ibídem. Pág 48

29  La inclusión de esta variable resulta atípica para los datos que se solían consignar en la época.

30  La consideración de los estudiantes en el rubro ocupacional ha sido habitual entre los censistas, aún en la actualidad.

31  véase en RASPI, Emma: El mundo artesanal de dos ciudades del norte argentino. En: Anuario de Estudios Americanos. LVIII-1, Enero - Junio,Sevilla, 2001.

32 Boletín de Fuentes. América Latina en la Historia Económica. Casas Comerciales. Instituto Mora, N°9, Enero - Junio, 1998. Introducción.

33  Yuste Carmen: "Casas y Compañías de comercio en la ciudad de México, siglo XVIII. Fuentes para su estudio". En: Boletín de Fuentes. América Latina en la Historia Económica. Casas Comerciales. Instituto Mora, N° 9, Enero - Junio.1998

34  Véase RASPI Emma: "Sobre tenderos y pulperos: Minoristas Urbanos de Salta y Jujuy (SigloXIX)"en: CONTI Viviana y RASPI Emma (coord.): Entre los negocios y la política. Salta y Jujuy hacia fines del siglo XVIII y mediados del XIX". Revista CUADERNOS N°21 de Historia. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy. En Prensa.

 35 Véase gráfico N°:

36  AHS SH: Periódico: "El Comercio". 17-05-1856. Año I N°10 y 10-12-1856. Año II N°163.

37  AHS SH: Periódico: "El Comercio". 17-05-1856. Año I N°10.

38  MORILLO, Edith: "Elites, redes mercantiles y Tribunal de Comercio en Salta durante la primera mitad del Siglo XIX" en: CONTI Viviana y RASPI Emma (coord.): Ob Cit.

39  GOMEZ GANDARILLAS, Rebeca: "Los comerciantes de Salta a Través del Tribunal Mercantil." en: CONTI Viviana y RASPI Emma (coord.): Ob Cit.

40  GONZALEZ BERNALDO, Pilar: Civilidad y Política en los orígenes de la Nación Argentina. Las sociabilidades en Buenos Aires, 1829 - 1862. FCE, Buenos Aires, 2000.

41  Las pulperías operaban con una reducida cantidad de insumos, que no superaban los doscientos pesos; la mayoría con mercaderías que oscilaban entre los doscientos y cien pesos y sólo un pequeño número de comerciantes era propietario de establecimientos de menores dimensiones; tal vez porque en ese entonces, era más rentable sacar un permiso de vendedor ambulante. AHS CG 1813 N°2 Expte 12-12-1814.

42  Cfr RASPI, Emma: "Los sectores populares urbanos de Salta y su jurisdicción, 1810- 1862". Tesis de Licenciatrura, Universidad Nacional de Salta, 1999. MS.

 43 Archivo Histórico Uriburu, AHU. Cuaderno de cuentas del pulpero Don Sarverri. Quien fío durante el mes de enero: un sombrero a un negro por 3 pesos 6 reales; un caballo a Pedro Villafañe, y otro a Lorenzo Zárate, por 2 pesos en plata c/u. En general las fianzas no estipulaban un tiempo concreto, pero la mayoría se extendía como máximo un año, según lo que consta en esta fuente.

44  FRIAS, Bernardo: Tradiciones Históricas de Salta. Ed Fundación M. Torino, Salta, 1976. pp 89 a 91.

45  AHS Registro Oficial de Salta N°4 Libro 2. Disposición del 09-03-33.

46  SOWELL, David: The early Colombian Labor Movement. Artisans and Politics in Bogotá, 1832 - 1919. Philadelphia, Temple University Press,1992 Ob Cit.1992. P. 10

47  Definición tomada por David Sowell del: Diccionario de la lengua castellana (Madrid: Imprenta Francisco del Hierro, 1726) P. 424.

48  AHS CG 1825 N°4 En las listas de pagos de la ciudad de Salta del 17de Septiembre de 1825, el maestro pintor "Eugenio" recibe $22 por los materiales que consiguió para la Sala de Representantes.

49 SOWELL, David: Ob Cit.

50  OTERO, Hernán: OB Cit. Pp129 a 131.

 51 AHS PN. Escribano Arteaga, Protocolo N°316, Carpeta N°30, Expediente 78.

 

 

 

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